viernes, 13 de junio de 2025

EL PECADO ESTÁ, NO SOLO EN EL ACTO EN SÍ, SINO TAMBIÉN EN LA INTENCIÓN

Mt 5, 27-32

    No se trata de mirar sino de que esa mirada lleve la intención de hacerlo, de poseer con deleite y satisfacción. Basta con la intención para que esa mirada sea motivo de pecado. Cometer adulterio no consiste solo en hacerlo sino en desearlo. Basta con la intención y el deseo para que la simple mirada sea constitutiva de pecado. Y eso cada cual lo sabe y lo intuye. Y basta también con el rechazo y la lucha por no admitirlo para que seas librado de caer en él.

    —¿Estás de acuerdo, Pedro?
    —De acuerdo, la simple intención hace que el pecado, aunque no se haya realizado,  se haya cometido. Porque, así lo creo, la simple intención y el deseo de satisfacerte y desearlo hace que hayas caído en el pecado. ¿Te parece? 
    —Sí, plenamente de acuerdo.

   Estaba claro, ambos amigos habían coincidido, la intención basta para que el pecado sea cometido aunque el hecho o acto en sí no se haya consumido. Y es que del corazón salen también todas las malas intenciones que manchan al hombre.

jueves, 12 de junio de 2025

SACERDOTES, PROFETAS Y REYES POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Jn 17, 1-2.9.14-26

    —Pedro, ¿sabías que desde la hora de tu bautismo no solo quedas purificado del pecado original sino que también quedas transformado en Sacerdote, Profeta y Rey?
    —Sí, he oído eso, pero, otra cosa es que no llego a entenderlo bien. 
  —Bueno, lo que yo entiendo es que al recibir el Espíritu Santo en nuestro bautismo, quedamos revestido de la misma misión de Cristo como Sacerdote, Profeta y Rey. Y esto significa que, por el Bautismo estamos llamados a vivir una vida de servicio a Dios y a los demás, siguiendo la referencia y modelo de Jesús.

    Y esto nos exige que prediquemos, no a nosotros, sino la Palabra de Dios, que está por encima de nosotros. Y, asistidos por el Espíritu Santo predicar con nuestra vida y obras la verdad, la justicia, la paz, la misericordia y todos los valores que nos vienen de Dios. Y, por supuesto, por el bautismo quedamos también transformados en reyes, es decir, capaces de conducir, gobernar, reinar y pastorear por la acción del Espíritu en actitud de servicio y misericordia.

    —Ahora me queda la cosa más clara. Espero, por la acción del Espíritu, dar todo lo que he recibido en aras de mi compromiso de bautismo. 
    —No obstante, remarcó Manuel, no debemos apurarnos ni tampoco echarnos encima una loza que nos aplastes y sus efectos sean los contrarios. Sabemos lo que realmente somos, pequeñas criaturas débiles y pecadores, por tanto, pongámonos siempre en manos del Espíritu y, en su nombre y por su Gracia, dejemos guiarnos aceptando el peso de nuestra propia cruz.

miércoles, 11 de junio de 2025

UN COMPROMISO: ANUNCIAR

Mt 10, 7-13

   Es evidente que cuando tienes una alegría sientes inmediatamente la necesidad de compartirla, incluso con desconocidos. Se experimenta en las competiciones, donde se funden en aplausos y hasta abrazos aficionados, tantos amigos como desconocidos. Y es que el gozo de tener una gran noticia no se puede mantener callado.

    Manuel que ensimismado en esos pensamientos estaba gozando de saberse hijo de Dios, y por tanto, llamado a la plena felicidad eterna, comento:

      —¿No se nota, Pedro, cuando estoy alegre, que hasta mi cara cambia de color y mi mirada está llena de alegría y esperanza hasta contagiar al que está a mi lado?
     —Es cierto, cuando nos sucede eso sentimos ese deseo de compartirla la buena noticia.—¿Hay mayor alegría que la de sentirse hijo de Dios y llamado a una vida eterna en plenitud de gozo y alegría? ¿Y somos capaces de transmitirla?
      —Supongo que ese es el reto, pero no parece que lo hayamos descubierto.—Esa es la cuestión, darnos cuenta y descubrir el tesoro que tenemos y darlo a conocer. Y es que cuando lo descubrimos vendemos todo, como hizo Bernabé, y nos entregamos a dar a conocer esa gran Noticia.

       Manuel y Pedro habían descubierto esa realidad a la que estamos todos llamados. Cada cual según sus posibilidades y talentos recibidos, pero todos dejando el centro de nuestro corazón para situar en él la gran Buena Noticia que salva al mundo.

martes, 10 de junio de 2025

SAL Y LUZ

Mt 5, 13-16

Es evidente que la sal se mezcla con el alimento y lo impregna de su sabor. Y lo hace de una manera silenciosa, sin llamar la atención sino transformando el sabor de ese alimento con el que se mezcla.

—Así debería contagiar yo mi fe en los ambientes donde me muevo, ¿no te parece Pedro?

—Supongo que sí, pero, una cosa es querer y otra poder.

—Para eso hemos recibido al Espíritu Santo, para, con nuestro esfuerzo, dejarle actuar y contagiar de fe nuestros ambientes. Y también de luz, porque, al mismo tiempo que damos sabor de la verdad y el bien, alumbramos el camino a seguir.

—Esa es la cuestión, ser consciente de que no estamos solos y que se nos ha dado la fuerza del Espíritu Santo. Pero, ¿lo somos?

—Debemos pedirlo y ser perseverante en esa petición. Con el Espíritu Santo podemos ser lo que Dios quiere que seamos, sal y luz. De no poder no nos lo hubiese pedido. Esa será nuestra lucha de cada día, ser sal y luz.

—Sí, estoy de acuerdo, pero nunca perder de vista que cada cual en la medida de los talentos que ha recibido. No vayamos a creernos capaces de todo. Y sin perder de vista la humildad.

—Nuestra referencia es el Señor. Él pasó por todo eso, y muchos no le hicieron caso ni le escucharon. A nosotros nos pasará igual. "Si no estamos abiertos a la guía del Espíritu Santo y no estamos dispuestos a cambiar nuestras actitudes, no podremos crecer en la fe y experimentar la plenitud de la vida en Cristo." Y menos ser sal y luz.

Ambos amigos habían decidido intentar ser luz y sal en la medida de sus posibilidades. Cada cual, se decían, según sus posibilidades y talentos. Lo verdaderamente importante era amar. En el amor está contenida la sal y la luz.

lunes, 9 de junio de 2025

UNA MADRE SIEMPRE NOS ACOGE

Jn 19, 25-34

    Al pie de la cruz, y desde ese momento, María se convierte en nuestra Madre. Es un ofrecimiento de Jesús antes de morir: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

    Creo que no caemos en la cuenta de que tenemos una Madre en el Cielo. Una Madre especial, aparte de la nuestra propia, que intercede a su Hijo por nosotros. Una Madre que nos acoge, nos acompaña, nos sirve de modelo, nos da testimonio con su vida y su perseverancia, y nos alumbra el camino hasta la Cruz de su Hijo.

    —Pero, también nos enseña que el dolor nos sirve para probar nuestra fe y perseverancia. María es Madre porque estaba al pie de la Cruz. No se escondió, se mantuvo firme y compartió su dolor con el de su Hijo. ¿Lo hacemos nosotros así?

    —Me dejas algo descompuesto – replicó Pedro – creo que no. Incluso, hablo por mí, pienso que pasa desapercibida para muchos de nosotros.

    —Sí, creo que está en lo correcto. Si bien es verdad que hay muchas manifestaciones piadosas, romerías y actos de piedad, pero al final se aprueba la ley del aborto. ¿Dónde están esos hijos de la Madre de Dios, que defiende la vida de esos niños nacidos en el vientre de su madres?

    —Al parecer la mayoría se esconden.

    —Pues eso al menos parece.

    De todos modos María es nuestra Madre, y ella siempre estará al pie de la cruz de cada uno de sus hijos que Jesús, su Hijo e Hijo de Dios, le ha dado simbolizado en Juan, para acogernos, para consolarnos, para acompañarnos y para hablarnos de su Hijo. Gracias Madre, Madre de Dios y Madre nuestra.

domingo, 8 de junio de 2025

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

Jn 21, 20-25

Manuel se había dado cuenta de que el Espíritu Santo que había recibido en su bautismo era el mismo que recibió Jesús en el suyo, precisamente aquel día en el Jordán por medio de Juan. En ese momento el Padre lo presenta como el Hijo amado y predilecto, y desciende sobre Él el Espíritu Santo.

Su admiración y gozo eran grande. Se consideraba asistido por ese mismo Espíritu, pues él no se consideraba capacitado para observar, comprender y darse cuenta por sí mismo de ese gran y maravilloso misterio.

Aquel día el Espíritu quiso revelarle algo, al menos así lo entendió Manuel. Regresaba de la Eucaristía nocturna diaria a su casa, y por el camino oía, como siempre, radio María. Pues bien, un sacerdote comentaba que lo de Pentecostés no fue algo que sucedió en aquel momento concreto a los apóstoles, sino que repetía muchas veces en nosotros a la hora de nuestra confirmación.

Experimentó un gozo interior porque se sabía visitado por el Espíritu Santo. Primero desde la hora de su bautismo; segundo, el día de su confirmación, aunque confesaba que en aquel momento no fue consciente de ello, pero, ahora, muchos años después, por su Gracia, el Espíritu le revelaba su presencia.

«¡Y es el mismo Espíritu que acompaño a Jesús al desierto, exclamaba lleno de gozo, alegría y confianza desde su corazón!». ¡Ven Espíritu Santo, llena mi corazón y enciende en mí la llama de tu Amor!

Realmente, así es, recibimos el mismo Espíritu Santo que acompaño a Jesús en su permanencia en la tierra en la hora de nuestro bautismo, y nos imprime carácter, fortaleza y sabiduría en la hora de nuestra confirmación, como a los apóstoles, para que, con nuestra vida y palabra, anunciemos la Buena Noticia.

sábado, 7 de junio de 2025

TÚ, SÍGUEME

Jn 21, 20-25

—Todos los días le pido a Jesús, el Señor, que me haga discípulo suyo, porque esa es mi meta, seguirle.

Me sorprendió esa oración que me confesó mi amigo Pedro. «Se hace difícil encontrar, aunque realmente las hay, personas que en medio de este mundo pidan eso. No es lo más corriente ni tampoco lo más frecuente». En esos pensamientos, Manuel discernía sobre el seguimiento al Señor.

No cabe duda de que solo la Gracia del Señor es la que puede darte esa capacidad de seguir al Señor. Porque seguirlo exige una condición imprescindible: amar. Y es que en el amor está implícito todo.

—¿Y has notado algún cambio?

—No es fácil advertirlo, pero en el tiempo, al igual que crece la semilla sin apenas notarlo, vas observando que te cuesta más odiar, buscar venganza, ensoberbecerte … y por otra parte descubres que te esfuerzas más en escuchar, servir, perdonar … etc. Vas tomando conciencia de que vas creciendo como persona en tu manera de vivir y de amar tal como el Señor nos ama.

—¿Y cómo lo haces?

—Yo no lo hago, respondió Pedro con absoluta seguridad, lo hace el Señor con su Gracia y Misericordia. Él va modelándome en la medida que yo se lo voy pidiendo. Claro, yo colaboro poniendo de mi parte todo lo que de Él he recibido. Sobre todo, la inteligencia y voluntad recibida.

—Sí, estoy de acuerdo. También yo creo que ese es el camino. Ser perseverante, confiar en que el Señor te escucha y, si te conviene, te irá señalando el camino por donde debes ir y dándote lo que realmente necesitas para que crezcas en amor y santidad.

—A veces - comentó Pedro -  la cosa se tuerce. Se complica el camino y no entendemos por qué ni lo que sucede. Ese es el sentido de nuestras cruces, porque, a veces conviene experimentar el dolor para crecer en amor.

—Sí, creo que es así. Tenemos que confiar en el Señor, el sabe a qué obedece cada cosa y lo que conviene en cada momento para nuestro bien y crecimiento. Son pruebas que sirven para confirmar la veracidad y firmeza de nuestro amor.

Ambos amigos compartían sus vivencias sobre el seguimiento al Señor. Y es que seguirle nos compromete, pero nos da lo que realmente buscamos, la felicidad eterna. Porque de eso se trata, de estar eternamente con el Señor. Él es la Felicidad Eterna.