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viernes, 13 de junio de 2025

EL PECADO ESTÁ, NO SOLO EN EL ACTO EN SÍ, SINO TAMBIÉN EN LA INTENCIÓN

Mt 5, 27-32

    No se trata de mirar sino de que esa mirada lleve la intención de hacerlo, de poseer con deleite y satisfacción. Basta con la intención para que esa mirada sea motivo de pecado. Cometer adulterio no consiste solo en hacerlo sino en desearlo. Basta con la intención y el deseo para que la simple mirada sea constitutiva de pecado. Y eso cada cual lo sabe y lo intuye. Y basta también con el rechazo y la lucha por no admitirlo para que seas librado de caer en él.

    —¿Estás de acuerdo, Pedro?
    —De acuerdo, la simple intención hace que el pecado, aunque no se haya realizado,  se haya cometido. Porque, así lo creo, la simple intención y el deseo de satisfacerte y desearlo hace que hayas caído en el pecado. ¿Te parece? 
    —Sí, plenamente de acuerdo.

   Estaba claro, ambos amigos habían coincidido, la intención basta para que el pecado sea cometido aunque el hecho o acto en sí no se haya consumido. Y es que del corazón salen también todas las malas intenciones que manchan al hombre.

viernes, 13 de junio de 2014

DESEOS E INFIDELIDADES

(Mt 5,27-32)


Somos propensos a confundir los deseos con lo correcto y hasta con el derecho. Pero antes está la fidelidad, y eso no se le esconde a nadie. Nuestros deseos y pasiones no están sincronizadas con lo correcto ni con los derechos. Hay deseos y también pasiones que desearlas despertarían la infidelidad y lo incorrecto. El compromiso y la responsabilidad fundamentan el amor. Y eso lo sabemos todos.

Ocurre que somos débiles y, apoyados solos en nuestras fuerzas sucumbimos a nuestras pasiones y deseos. No sólo en el campo de las pasiones sexuales, sino también en el terreno de los privilegios, riquezas y poderes de todo tipo. El hombre es una vasija de barro que necesita al Mejor Alfarero para que le modele y le dé forma a su vida. Y si no se pone en Manos de ese Alfarero, la infidelidad y el adulterio hacen presencia en su vida, porque solo nada puede hacer ante el poder del Príncipe del mundo.

Y ese es el sentido que el Evangelio de hoy nos quiere alumbrar. Aléjate de los peligros; corta con ese ambiente que te insinúa y abre tus apetitos sensuales y te invita a romper tu compromiso de fidelidad a lo moralmente correcto y bueno; separa de tu vida esas provocaciones e insinuaciones que te proponen como derechos tu derecho, valga la redundancia, a disfrutar y satisfacer tus pasiones rompiendo tu compromiso de fidelidad matrimonial.

No te escondas dentro de tu corazón, pues tus deseos nacen ahí y, aunque no los puedas hacer realidad, si los hacen tus pensamientos, y tú, recuerda, eres lo que piensas y no lo que haces, pues detrás de la apariencia está lo que tú verdaderamente piensas.

Es preferible soportar las renuncias a que te somete tu humanidad y, asistido por los dones del Espíritu, ser fiel al compromiso de fidelidad contraído en tu promesa de matrimonio. Porque al final sólo queda el amor responsable y verdadero. Y ese es el que ama en las dificultades y obstáculos que la propia vida te presenta.


viernes, 14 de junio de 2013

EL PECADO ANIDA DENTRO DE NOSOTROS

(Mt 5,27-32)

No se trata de solo actos externos, que descubren nuestras carnales apetencias egoístas e ilícitas, sino que donde radica el verdadero mal es lo que germina y se desea dentro de nuestro corazón. Tanto que, a pesar de no poder consumar externamente nuestros deseos carnales ilícitos (adulterio), el hecho de aceptarlos y desearlos en nuestro corazón hace realidad el pecado, tal y como si se hubiese cometido.

Tanta importancia tiene que Jesús lo compara con el valor de un ojo o mano. Se trata de alejarnos de todo aquello que puede provocar y ser ocasión de pecado. En este sentido, el entorno y ambiente puede ser decisivo y muy importante para mantenernos fieles a la Voluntad de nuestro Padre Dios.

Es la batalla que cada día libramos contra nuestros principales enemigos: mundo, demonio y carne. Y nuestras mejores armas son la Penitencia y la Eucaristía vividas en la comunidad eclesial juntos a los hermanos en la parroquia. No es bueno quedarnos aislados, solos y sin apoyo. El peligro siempre está al acecho y necesitamos el aliento, el consejo, la fortaleza de la comunidad que nos anima y nos alumbra en el Espíritu Santo.

 Pidámoslo convencidos de que podemos hacerlo, y también de que al hacerlo encontraremos el camino que en el fondo deseamos y buscamos: "Cumplir con la Voluntad de Dios, Padre Bueno que busca y quiere lo mejor para cada uno de sus hijos".