viernes, 3 de diciembre de 2021

UNA FE QUE REALIZA EL MILAGRO

 

Supongo que muchas veces te has dirigido al Señor -sobre todo si eres creyente y practicante- a la intercesión de su Madre o algún santo con la intención de pedirle una necesidad o curación propia o de alguien. Y no sé tu experiencia, pero, sí puedo hablar de la mía, y lo hago afirmando que el Señor siempre me escucha y me atiende. Posiblemente, mi fe no sea suficiente, pero, si sé que si estoy aquí en este momento es porque el Señor, a través de mis peticiones, ha querido que así sea.

En muchos momentos la respuesta del Señor no coincide con la mía, pero, a largo plazo voy comprendiendo que la mejor era la que el Señor ha elegido. Y, como esos dos ciegos, de los que habla hoy el Evangelio, no he podido quedarme quieto, sino que he sentido la necesidad de proclamar que el Señor Vive y nos salva.

Me pregunto si me celo apostólico – a través de las redes -  nace de ese deseo inevitable, como aquellos dos ciegos, de proclamar las maravillas que el Señor hace en cada uno de los que creen en Él. Porque, creer en una persona no es simplemente decirlo o confesarlo, sino ponerte en movimiento y dar pasos que descubren gestos y signos que crees en esa persona. Piensa que si hablas con Jesús y le ruegas para que te ayude o sane a alguna persona estás, de alguna forma, creyendo en Él. No dudes de que el Señor te escucha y te da lo que realmente te conviene para tu salvación, que es precisamente lo que importa.

jueves, 2 de diciembre de 2021

CONSTRUIR SOBRE ROCA

Mt 7,21.24-27

Sucede que muchos cristianos apoyan su fe en el cumplimiento de las normas o mandatos del Señor. No es nada nuevo, pues los fariseos del tiempo de Jesús – el Señor – apoyaban su fe en el cumplimiento de la Ley de Moisés más las que ellos habían agregado. Sin embargo, Jesús resumió sus mandatos en un solo mandamiento, que a su vez deriva en otro que está muy relacionado con el primero.

Se trata de amar a Dios, haciendo ese amor visible en el amor al prójimo. Sobre todo, a una clase de prójimo muy preferente para Jesús, los pobres, marginados e inocentes. Luego, todos los mandatos de la Ley son buenos, importantes y ayudan a lo verdaderamente importante, amar. Podemos decirlo de otra forma, amar a ese estilo que Jesús nos ha enseñado contiene todos los mandatos que Él nos ha sugerido y mandado.

Quien ama respeta, habla en verdad, es justo, no roba, no explota, no codicia…etc. Y quien hace eso con los más desfavorecidos lo está haciendo con su Padre Dios. Por lo tanto, no debemos poner nuestra mirada en la norma o mandato sino en el amor misericordioso, porque, lo segundo incluye a lo primero. Y pongo un ejemplo real. El otro día un compañero me decía esto: el domingo por la tarde iba a la santa misa, pero, me sentí indispuesto y regresé a casa. Al día siguiente me sentía intranquilo y no muy seguro si había cometido una falta grave, pues no celebré misa el domingo. La pregunta era, ¿puedo comulgar hoy o tengo que confesarme?

Mi respuesta fue que podía tranquilamente comulgar. El amor con el Padre y la relación de amistad no ha sido rechazada ni apartada. Simplemente, no se ha podido cumplir involuntariamente por tu parte. Por tanto, por qué motivo nuestro Padre misericordioso va a negarnos su Cuerpo y Sangre. Nuestro Dios es un Dios de Misericordia Infinita. Y lo verdaderamente importante es el amor. Un amor que de cumplirse contiene todo lo que el Señor quiere de nosotros.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

¿QUÉ ESTÁS DISPUESTO A DAR Y DESDE DÓNDE?

 

Si Dios te ha creado libre es porque espera y necesita que tú le des algo. Por ejemplo, poner en su Mano tu libertad, o acercarte a Él en señal de que le necesitas. Porque, sólo cerca de Él tienes la posibilidad de alcanzar, no sólo la curación sino la salvación. Es posible que tus defectos se te escondan y tú no quieras descubrirlos ni dejarlos emerger, pero, acercándote a Él y poniendo en sus Manos tu ceguera, tu parálisis, tu cojera o sordera, Él te curará.

Pero, necesitas acercarte y poner en sus Manos ese precioso don de la libertad, que Él te ha regalado. Necesita, a crearte libre, tu fe, tu confianza y que des lo que realmente puedas dar, aunque sean siete panes y unos pocos peces. Jesús no te pide ni te exige lo que necesita para darles de comer a aquella multitud, sino te pide que estás tú dispuesto a dar, que tienes y realmente pones al servicio de los demás. É,l bien sabe que todo corre de su cuenta.

Quedémonos ahí y preguntémonos, ¿qué he recibido yo y que estoy dispuesto a dar? Porque, sólo interpelándonos y tratando de responder a esos interrogantes que pululan en nuestro corazón, encontraremos el camino y las respuestas - evidentemente, asesorados por el Espíritu Santo - que Jesús nos está pidiendo.

martes, 30 de noviembre de 2021

SOMOS REFLEJOS DE DIOS

 

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Eso significa que tenemos mucho de Dios y, queramos o no, nuestro ser y actuar se parecerá a nuestro Padre Dios. Y, si Dios es Amor, nosotros tendremos mucho de eso. Lo descubrimos cuando lo damos. ¿Quién no ha experimentado gozo, alegría y felicidad cuando se ha dado por amor? Recuerda un buena obra que hayas hecho por alguien, desinteresadamente y gratuita, y la piel se te pone de gallina y el gozo inunda tu corazón. Eso es simplemente amar y siempre se recuerda y está presente.

¿Qué sucede? Nuestra naturaleza está herida por el pecado y es débil frente a los vicios, bebidas y afanes que se le presenta en este mundo. Y fácilmente asumible que sea sometida, por esas tentaciones, por lo que, sostenernos firmes en el Señor nos exige levantar la mirada y confiar en la Palabra del Señor. Experimentamos que reflejamos en muchos de nuestros actos ese amor que llevamos en la impronta de nuestro corazón.

Y, aunque queramos disimular saldrá a relucir nuestra semejanza con nuestro creador. Todos tenemos la huella de Dios impresa en nuestro corazón y, aunque manchado por el pecado, emerge desde lo más profundo del mismo. La cuestión consiste en abrirle nuestro corazón y dejar que se llene plenamente de su Gracia. En eso consiste la respuesta de la llamada de Dios, en abrirle nuestro corazón y dejar que entre plenamente toda la Gracia que Dios nos envía. Eso fue lo que hizo María - Madre de Dios - y también Pedro, Andrés, Santiago y Juan.  Esforcémonos también nosotros en también responder a esa llamada.

lunes, 29 de noviembre de 2021

UN COMPROMISO POR AMOR

 

No acostumbramos llamar amor al hecho de que una persona se preocupe por otra hasta el punto de comprometer su persona y rebajarse a pedir ayuda. Sobre todo, en este caso que el Evangelio nos presenta hoy. Un centurión pagano que se considera indigno de recibir a Jesús y, necesitado ante Él le pide por la curación de su criado.

Es sorprendente que, en aquella época y contexto, un centurión se moleste y se preocupe en pedir a Jesús – para lo que se necesita fe – por la vida de un criado, cuyo valor no es apreciado ni tiene valor alguno. Y que se reconozca indigno y no merecedor de recibirlo en su casa, reconociendo que con sólo una Palabra suya bastará para sanarlo.

Podríamos afirmar que el amor de ese centurión a su criado es grande. Y es grande hasta el punto de atreverse, creer y pedir a Jesús que le cure con sólo una palabra. Amar, por tanto, es un compromiso por buscar el bien del otro. Es lo que hace Jesús y para lo que viene a este mundo. Precisamente, la celebración que acabamos de empezar.

Pero, lo más importante que podemos hacer y comprometernos es preguntarnos: ¿Está nuestra fe a esa misma altura que aquel centurión romano? Y si no alcanza esa altura y confianza, ¿le pedimos a este Niño que esperamos y celebramos su venida que nos la dé y aumente cada día hasta el punto de que nos comprometamos a amar por amor, valga la redundancia?

domingo, 28 de noviembre de 2021

¡VEN SEÑOR JESÚS!

Lc 21,25-28.34-36

Estos últimos días hemos repetido reiteradamente que el mundo, que tuvo su principio, también tendrá su final. Porque, todo lo que empieza, termina. Y, el Evangelio de hoy nos previene y advierte de esta realidad:

 «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación.»

Y ante estos acontecimientos, que llegarán en algún momento, nuestra actitud debe ser la de sostenernos firmemente en la fe y confianza en la Palabra del Señor. Y, tal y como nos dice el Evangelio, esperanzados en ver cerca nuestra liberación. 

Y, en una actitud vigilante y atenta a no caer en la tentación de la bebida, vicios e inquietudes mundanas, afanes y agobios de la vida que nos arrastren, nos endurezcan nuestros corazones y nos desvíen de nuestra verdadera atención.

sábado, 27 de noviembre de 2021

EMBOTADOS POR EL MUNDO

 

Hay momentos que las cosas de este mundo nos seducen. Nuestra naturaleza humana se siente atraida - eso nos ayuda a vivir - y seducida por todo aquello que satisface su ego y pasión. Es humano el deseo de apetitos y apetencias que pueden traicionar su integridad debido a su debilidad. Necesita sobreponerse y resistirse moderando sus apetitos, pues, de no ser así puede caer en su propia destrucción. 

Jesús nos conoce y nos advierte de este peligro: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que tengáis fuerza y escapéis a todo lo que está para venir, y podáis estar en pie delante del Hijo del hombre».

Necesitamos tomar nota y poner en práctica lo que el Señor nos dice. Luchar y sobreponerse sin tregua y con perseverancia a todas estas apetencias, egoísmos y satisfacciones que, no siendo malas, no debemos dejar que nos dominen ni nos desequilibren. La moderación y el dominio de sí mismo es lo aconsejable para estar atentos, vigilantes y preparados a la venida del Señor.

¿Y cómo nos preparamos? Nos lo dice claramente el Señor, orando, frecuentando el sacramento de la penitencia o reconciliación y, por supuesto, la Eucaristía – alimento espiritual – donde nos fortalecemos para la lucha de cada día y, como nos dice Jesús, para poder estar en pie delante de Él, el Hijo del hombre.