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martes, 30 de noviembre de 2021

SOMOS REFLEJOS DE DIOS

 

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Eso significa que tenemos mucho de Dios y, queramos o no, nuestro ser y actuar se parecerá a nuestro Padre Dios. Y, si Dios es Amor, nosotros tendremos mucho de eso. Lo descubrimos cuando lo damos. ¿Quién no ha experimentado gozo, alegría y felicidad cuando se ha dado por amor? Recuerda un buena obra que hayas hecho por alguien, desinteresadamente y gratuita, y la piel se te pone de gallina y el gozo inunda tu corazón. Eso es simplemente amar y siempre se recuerda y está presente.

¿Qué sucede? Nuestra naturaleza está herida por el pecado y es débil frente a los vicios, bebidas y afanes que se le presenta en este mundo. Y fácilmente asumible que sea sometida, por esas tentaciones, por lo que, sostenernos firmes en el Señor nos exige levantar la mirada y confiar en la Palabra del Señor. Experimentamos que reflejamos en muchos de nuestros actos ese amor que llevamos en la impronta de nuestro corazón.

Y, aunque queramos disimular saldrá a relucir nuestra semejanza con nuestro creador. Todos tenemos la huella de Dios impresa en nuestro corazón y, aunque manchado por el pecado, emerge desde lo más profundo del mismo. La cuestión consiste en abrirle nuestro corazón y dejar que se llene plenamente de su Gracia. En eso consiste la respuesta de la llamada de Dios, en abrirle nuestro corazón y dejar que entre plenamente toda la Gracia que Dios nos envía. Eso fue lo que hizo María - Madre de Dios - y también Pedro, Andrés, Santiago y Juan.  Esforcémonos también nosotros en también responder a esa llamada.

domingo, 7 de junio de 2020

PARECERME A DIOS

Juan 3.16 | Juan 3:16, Dios, Perder
Jn 3,16-18
Cuando tratas de parecerte a alguien, ¿qué es lo primero que debes hacer? Quizás esa sea la pregunta que cualquiera que intente ser o parecer como otro, debe hacerse. Y si quiero y entiendo que debo parecerme a Dios, ¿qué debo hacer? Supongo que la respuesta es "conocerle" y, a partir de ahí esforzarme en ser semejante en todo mi actuar y mi sentir.

La cuestión que viene ahora es que, en la medida que trato de ser como Dios experimento impotencia e incapacidad para poder vencer mis propias apetencias y apegos. Se inicia una lucha contra mis egoísmos e inclinaciones concupiscentes y pasionales, donde mi voluntad, que quiere imponer sus buenos sentimientos y bondades, se experimenta sometida a sus ambiciones, soberbia y pecados que le obligan a alejarse de la imagen de Dios. Sin querer me descubro no tratándome de parecerme a Dis, sino todo lo contrario.

Recuerdo y me viene a la memoria las palabras de Pablo: Porque no hago el bien... - Rm 7, 19 - Y, gracias a Dios, compartir con Pablo la misma dificultad me da esperanza, paciencia y fortaleza para seguir y continuar la lucha. Mi objetivo, y eso no debo olvidarlo, es ser como Dios, porque esa fueron sus primeras palabras: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra... - Gn 1, 26-27 -  Y, adviértase, que Dios habla en plural como dándonos a entender que se trata de un Dios comunitario, un Dios contenido a su vez en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por eso, si yo soy imagen de Dios, tengo que también tener una actitud comunitaria, es decir, ser comunidad y tender a la vivencia comunitaria. Y eso no es otra cosa que vivir en el amor. Porque, para amar hay que estar abierto a la comunidad. Dios es Amor y, por eso, es Comunidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y yo, en la medida que trato de vivir en actitud comunitaria, estoy esforzándome en ser semejante a Dios, porque, para la vida en común el ingrediente imprescindible es el amor. Y Dios, repito, es Amor.