sábado, 24 de agosto de 2013

EN LO PEQUEÑO SE DESCUBRE LO GRANDE

(Jn 1,45-51)


No entra en nuestra cabeza Señor que te hagas tan pequeño como nosotros. Me resulta incomprensible un Dios hombre como yo. No cabe en mi cabeza, y para colmo nacido humildemente, y del lugar más ignorado, pequeño y marginal. ¿Por qué tanto abajarte, Señor?

Y ocurre lo de siempre: "Tú das el primer paso". En este caso, con Natanael, le descubres y le dejas fuera de lugar. Le impactas, le llegas a lo más profundo de su corazón, hasta el extremo de rendirse a tus pies y confesarte como verdadero Hijo de Dios.

A mí también Señor me descolocas y me impactas. Y llenas mi vida de gozo y de sentido. Yo también quiero responderte como Natanael, y confesarte verdadero Hijo de Dios, el Mesías esperado y salvador de la humanidad.

Dame la impronta de Natanael para no dudar de Ti, y de entregar mi vida en hacer tu Voluntad.

viernes, 23 de agosto de 2013

EL SEGUNDO DA CUMPLIMIENTO AL PRIMERO

(Mt 22,34-40)

Si no amas al prójimo no puedes amar a Dios. Sí, puedes proclamarlo con tu lengua, pero no lo vives con tu corazón. Por eso, aunque el primero es amar a Dios sobre todo, el segundo se hace necesario para demostrar ese amor a Dios. Es curioso, el Señor sabe relacionarnos muy bien, de tal forma que de nada vale hablar y prometer mucho si luego no lo haces vida en tu propia vida.

Y mira, al menos yo así lo veo y así lo pienso. Tu amor y el mío no serán con aquellas personas que están lejanas y a las que nunca conoceremos. Sí, es verdad que podremos ayudarles en la distancia contribuyendo y solidarizándonos con ellos, tanto económicamente como con la oración, pero los que más te señalarán son tus más próximos, los de cada día, con aquellos que convives, empezando por la familia y terminando con los que tropiezas cada día en el ir y devenir de tu acontecer diario.

La sin medida de tu amor será probada a través de esas personas, porque el amor que se nos exige es un amor sin medida, igual que con el que nos ama Jesús. ¡Claro, se nos hace difícil!, por eso descubrimos que le necesitamos, porque sin su Gracia nada podemos. De ahí que el primero es Él, y semejante a este, el segundo, sin el cual no podemos dar cumplimiento al primero. Estamos entre la espada y la pared, pero con la promesa y el compromiso del Espíritu Santo que nos acompaña, nos asiste y nos salva.

jueves, 22 de agosto de 2013

TÚ Y YO TAMBIÉN ESTAMOS INVITADOS

(Mt 22,1-14)

Tenemos una invitación mientras nuestro camino, aquí en la tierra, no termine. Una invitación a un banquete que será eterno, pero que no terminamos de creérnoslo o no nos convence. Porque nuestro corazón lo tenemos apegados a otras cosas que creemos más importantes, que nos resultan más satisfactorias de inmediato.

A pesar de negarnos, esa invitación sigue vigente. Incluso aunque nuestra condición cambie y perdamos nuestro turno en la lista del banquete. El Anfitrión sigue invitándonos con la esperanza de que decidamos aceptar. No tiene en cuenta nuestro rechazo ni nuestras justificaciones. La invitación es firme, incluso hasta en el caso de que nosotros mismos queramos borrarnos de esa lista.

Está dispuesto a que sus enviados sufran y hasta pierdan la vida en la misión de recorrer los caminos para conseguir invitados a su boda. No quiere suspenderla e invita ya hasta los que no figuraban en la lista. Todos están invitados sean de la condición que sean. Nadie tiene derecho. Se sólo por invitación, pero se exige una cierta actitud, una cierta compostura que nos reviste con el traje adecuado para poder entrar.

miércoles, 21 de agosto de 2013

¿MERECEMOS COMO DIOS NOS TRATA?

(Mt 20,1-16)

Si de justicia se tratara, Dios es siempre justo. Todos estaríamos condenado y sin esperanza de redención. Hemos rechazado, por el pecado original, a Dios, y sin embargo nos envía a su único Hijo, entregado a una muerte de cruz, para redimirnos y obtener nuestra salvación. El Amor de nuestro Padre Dios está por encima de la justicia. Su Misericordia es infinita.

¿Cómo me atrevo a pedirle más salario por mi trabajo? ¿Acaso no he recibido yo lo justo por lo tratado? ¿Y si he recibido más, no debo también dar más, tal y cómo he recibido? ¿Tienen los últimos culpas de no haber sido llamados a hora tardía? ¿No han respondido igual que nosotros?

Todas estas preguntas suscitan interrogantes que, injertados en el Espíritu Santo, deben servirnos para reflexionar en la Voluntad de Dios. Estamos llamados a trabajar en la Viña del Señor, y aunque unos lo descubramos más tempranos y otros más tardes, todos seremos recompensados justamente. El Amor del Padre es justo y misericordioso y su sabiduría imparte justicia a cada uno de sus hijos. Nada se esconde a su justicia.

martes, 20 de agosto de 2013

TENER DIFICULTA PARA SER

(Mt 19,23-30)

El que posee poco, poco tiene que preocuparse. Todos sus afanes consisten en el vivir de cada día sin mayores problemas que los del trabajo y la susistencia diaria. Peor lo tienen aquellos que están cargados de pesadas cargas de bienes y riquezas que no les deja cerrar un ojo. Los tienen bien abiertos por muchas razones, pero sobre todo por si alguien osa por apoderarse de algunos.

Los ricos apenas levantan la mirada por encima de sus riquezas. Están entretenidos en guardarlas y, si pueden, aumentarlas hasta el punto de enfrentarse y someter a otros por lograrlo. Las riquezas les vendan los ojos y no ven sino por ellas. Su mundo es un mundo de tener y poseer, y de, cuanto más se tiene, más grande se es. 

Un mundo absurdo, donde todo consiste en amontanar riquezas y bienes efímeros destinados a pasar a manos de otros, a pesar de tus esfuerzos por conservarlos. Tú tendrás que irte, y tus bienes se quedarán aquí para el disfrute de otros. Ellas, las riquezas, te habrán desviado por el mal camino, por el camino de la perdición y la muerte. Te impedirán desapegarte y aligerarte de peso para seguir el verdadero camino que empieza en la puerta estrecha.

lunes, 19 de agosto de 2013

ENTRAR EN LA VIDA


(Mt 19,16-22)

La Vida, la verdadera Vida sólo tiene un camino; sólo tiene una respuesta; sólo tiene una puerta, y esa puerta es la puerta del amor. Sí, una puerta algo estrecha que exige sacrificio; que exige despojarse de tanta gordura que nos pueda impedir el paso a través de ella, pero todo lo bueno cuesta, y aquí se trata de lo Único Bueno, por lo que todo aquello que nos pueda exigir vale la pena sufrirlo y padecerlo.

Sólo hay un camino que es el bueno, porque uno solo es el Bueno. Y ese camino para tomarlo bien y poder entrar es el camino de los diez Mandamientos. Guarda los Mandamientos: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo». 

Sin embargo, no se trata de un cumplimiento de mínimos, sino de una exigencia creciente hasta, por la Gracia de Dios, alcanzar la perfección. Habrá que irse despojando en el camino de todo aquello que nos irá impidiendo ser cada día mejor, para asemejarnos con la Bondad del Padre. Y solo no podremos, pero con la Gracia de Dios y la asistencia del Espíritu Santo podremos ser cada día algo mejor.

domingo, 18 de agosto de 2013

PASIVIDAD E INQUIETUD


(Lc 12,49-53)

El camino exige estar despierto, y estar despierto no consiste en espabilarse para tomar todo aquello que se pone a nuestro alccance y colma nuestras apetencias e intereses. Estar despierto, en término evangelico, es arder por todo aquello que es bueno para el bien común.

No se trata de quemar para consumir o destruir, sino de quemarse en amor para hacer el bien en aras del bien común.. Jesús ardió y arde en deseos de salvación. Salvación para toda la humanidad, por eso, el Evangelio de hoy nos descubre que Jesús no ha venido a traer la paz que este mundo busca y proclama, sino la guerra, división, enfrentamientos... que provoquen la lucha que establece la verdadera paz, la paz que nace del amor.

Déjemos que prenda la llama de fuego en nuestro corazón y arda amorosamente hasta que seamos capaces de provocar que todo el mundo arda de verdadero amor.