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sábado, 21 de junio de 2025

BUSQUEMOS EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA

Mt 6, 24-34

—Has observado, Pedro, que aquellas personas cuyo objetivo es ganar y ganar dinero, fama, éxito o estar siempre en los primeros puestos, viven afanados y preocupados. —¿De qué le valen tener tanto? ¿No crees que, si todo al final se queda aquí abajo, y tarde o temprano se destruye, ¡par qué tanta preocupación?
—Si lo piensas bien esa es la pura realidad. La experiencia nos lo deja muy claro con aquellos que han perdido su vida dedicados nada más que a atesorar riquezas, fama y prestigio en este mundo, añadió Pedro muy de acuerdo con lo que había dicho Manuel. 
 —Jesús lo deja muy claro, aclaró Manuel: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.

     De todos es sabido que el afán, no sólo por el dinero, sino por ser el primero, por destacar más que el otro, por tener más, por acumular riqueza, bienes y ser rico, nos exigirá una gran dedicación y esfuerzo. Eso traerá consigo que no tengamos tiempo para dedicarlo a nuestro Padre Dios, y que vivamos distraídos, preocupados por tener y ser cada día más poderosos hasta el extremo de olvidarnos de nuestro Padre Dios. En resume, servir a uno nos hará olvidarnos del otro.

lunes, 3 de marzo de 2025

ATADOS A LOS BIENES

No son sólo los bienes crematísticos los que no aprisionan, sino también los bienes espirituales que nos han sido dado, tales como la capacidad de sabiduría, de resistencia, de inteligencia, de fortaleza, de … etc. Todos ellos nos permitirán hacer mucho bien si los ponemos al servicio del bien de los demás. Por el contrario, harán mucho mal si los utilizamos para hacer mal.

Seremos libres en la medida que hagamos el bien, porque la libertad, además de darnos la capacidad de elegir, está siempre orientada al bien. Una persona libre busca el bien porque en él está la felicidad. Y cuando la opción es lo contrario, es decir, el mal, entendemos que nuestra libertad está sometida por el pecado y por lo que es antinatural a la persona.

El hombre ha sido creado para amar, y el amor es la búsqueda del bien del ser amado. Hacer lo contrario, es decir perjudicarle, no es amarle. Es evidente que el amor es inherente a la libertad, porque sin libertad no se podrá amar. Por eso, previamente al amor se necesita despojarse de todo lo que te impide y obstaculiza amar. Y ahí están las riquezas y toda clase bienes antes aludidos.

Aquella persona que se acercó a Jesús estaba aprisionada por todos los bienes que tenía. Posiblemente, no sólo materiales sino también espirituales, y que le impedían salir de sí mismo, liberarse y vencer sus propias limitaciones carnales y pasionales. Y, lo más importante y concluyente, sólo no podremos nunca liberarnos. Mundo, demonio y carnes podrán más que nosotros. Necesitamos la Gracia de nuestro Padre Dios y la asistencia en nuestro camino del Espíritu Santo. Sólo así podremos seguir el Camino, la Verdad y la Vida.

sábado, 30 de julio de 2022

INSTALADOS EN LA OSCURIDAD

Cuesta entender como Herodes, y muchos otros contemporáneos suyos, creyendo, o al menos suponiéndolo, que de quien se hablaba prodigios y milagros era posiblemente Juan que había resucitado, pues él lo había mandado matar– y no al que llamaban Jesús – no creyese o se inquietase por tratar de cambiar y plantearse la fe. Porque, es lógico que si crees que alguien, a quien tú mismo has visto su cabeza separada del cuerpo, ha resucitado, ¿algo debes plantearte? Al menos buscar, indagar y conocer quien es ese Personaje del que tanto se habla.

Pues, al parecer la oscuridad es tanta y tan poderosa que puede contra la capacidad de reacción y de rebeldía. Sometidos por el bienestar permanecen instalados en la comodidad y en la duda. No hay preguntas, interrogantes ni inquietud de búsqueda. Todo se queda en una pasividad, de momento placentera, pero sin horizontes de paz. La tierra del corazón se mantiene endurecida, incapaz de ser filtrada por la semilla que el Señor ha sembrado. Todo queda a merced de los pajarillos que dan buena cuenta de esa semilla instalada en la orilla del camino.

No es cosa que ocurrió ayer – hace unos dos mil o más años – está ocurriendo hoy, exactamente en este instante en muchos lugares del planeta tierra. Se desprecia, se rechaza y se es indiferente al anuncio de la Buena Noticia. Se antepone la fama, el éxito, el respeto humano, la palabra caprichosa, el prestigio, el placer, la situación y muchas cosas más. Hoy se sigue, a pesar de los milagros y testimonios, rechazando la Palabra de Dios.

 

—¿A qué crees —preguntó Manuel— se debe este rechazo, Pedro?

—Supongo que a darle más valor a las cosas de este mundo y al deseo de riqueza, placer y comodidades.

—En parte —agregó Manuel— las riquezas, el poder y todo lo demás son un gran obstáculo para dar cabida a la fe. Jesús nos lo advirtió.

—Sí —respondió Pedro. Se hace necesario tener un corazón humilde y pobre para sentirse necesitado del Amor Misericordioso de Dios y corresponderle. Y las riquezas no ayudan.

martes, 17 de agosto de 2021

LA POBREZA ES LA PUERTA DE LA HUMILDAD

 

La llave que nos da la entrada al Reino de los Cielo es la humildad. Y la humidad exige el vestido de la pobreza. Pobreza que no significa no tener dinero ni bienes, sino de estar abierto a compartir con los que carecen de medios para alcanzar una vida digna. Pobreza de espíritu, que entiende de verdad, de justicia y de ponerse en último lugar para servir por amor.

Sin embargo, nuestra ceguera está presente e inamovible. No ve porque tampoco quiere ver. Está agarrada a las pasiones finitas de este mundo y vende su felicidad eterna por un plato de lentejas que se come en unos minutos. Realmente, cuesta entender esta ceguera tonta e idiota del hombre al cerrar su corazón al único y verdadero amor que lleva sembrado en su corazón.

¡Qué pobreza mísera y tonta! No aprendemos porque nos dejamos vendar nuestros ojos con las cosas finitas de este mundo. No aprendemos que al final no valen para nada. Son tesoros caducos, que igual que aparecen, de la misma forma terminan. Y el gozo que es temporal no merece la pena. El hombre aspira a la eternidad. Dentro de sí tiene esa chispa de eternidad sembrada en su corazón, y, por consiguiente, aspira a ella. ¡Sería tonto dejarla pasar y no tomarla! ¡Dios mío!, ¿qué nos ocurre?

Posiblemente debemos buscar el camino de la humildad, que nos hace pobres, disponibles, capaces de irnos despojando de todo aquello que nos hace pesado el camino, que ralentiza nuestros pasos y no nos deja avanzar. De todo aquello que nos estorba, que nos impide abrir nuestros ojos y ver con claridad que nuestro destino no está en este mundo, donde no se encuentra lo que buscamos, sino junto a nuestro Padre del Cielo, donde encontraremos el gozo y la felicidad eterna que tanto buscamos.

lunes, 19 de octubre de 2020

DINERO Y FELICIDAD

 

Es muy fácil relacionar la felicidad con el dinero y, como consecuencia con el poder. Riqueza igual a felicidad y nos pasamos gran parte de nuestra vida buscando ser rico para, luego, ser feliz. Sin embargo es un grave error pensar de esa manera. Hay muchas formas de darle la vuelta a la tortilla cuando se quiere llevar a la gente a tus ideas. La felicidad no está contenida en tus riquezas ni en tu capacidad de poder. Porque, aunque así fuera, que no lo es, esa felicidad es transitoria y con fecha de caducidad. Y en ese preciso momento deja de ser felicidad. Mejor llamarla un tiempo o rato de bienestar y de felicidad si quieres, pero, pasado ese tiempo vuelves a la realidad.

Y la realidad es que la muerte nos espera. La muerte de este mundo, que tiene su tiempo, para empezar otro. Un mundo donde el tiempo y el espacio no cuentan, porque es eterno. Y en ese mundo la felicidad si es eterna, pero - es de sentido común - tendrás que ganártela. ¿Y cómo hacerlo? La parábola, que Jesús nos dice en el Evangelio de hoy te orienta a que tú, como también yo, podamos discernir y ver qué es lo verdaderamente importante en este tiempo que pasamos en este mundo. Veamos:

(Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: « ¡Hombre!, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y...

Si quieres reflexionar sobre ello, termina tú de leerlo y, a la luz del Espíritu Santo pide el auxilio para iluminar tu reflexión y  darte cuenta de lo que verdaderamente importa en este mundo. Si quieres también puedes compartir tus pensamientos.

lunes, 21 de octubre de 2019

¿SON LOS BIENES MATERIALES EL FIN DE TU VIDA?

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Lc 12,13-21
Al parecer aunque todo el mundo diga que no busca los bienes materiales, la realidad contradice tal afirmación, pues la gran mayoría busca hacerse con la mayor cantidad de bienes para proporcionarse seguridad y bienestar. En la parábola que Jesús nos pone hoy aparece un hombre que viéndose con gran cantidad de bienes decide vivir una vida de ocio dedicada a banquetearse y pasarlo bien.

El problema que nos plantea Jesús es el siguiente: ¿Acaso la vida te pertenece y eres tú quien decide sobre ella? ¿Acaso conoces tus días y tu tiempo? ¿Te sirven las riquezas acumuladas para ganar la verdadera vida que, quieras o no, todos esperamos? ¿Es qué tratas de mirar para otro lado y no aceptar ese sentimiento trascendente que está impreso en tu corazón? 

Muchos llegan  a enfrentamientos entre ellos por causa de los bienes y las herencias. Precisamente, el Evangelio de hoy nos habla de la disputa de dos hermanos por el reparto de la herencia. Así ocurre en muchas familias, sociedades, colectivos, naciones...etc. Las riquezas enfrenta y destruye al ser humano, pues siendo en principio una ayuda para sus necesidades no son la respuesta que el hombre y la mujer buscan como solución a sus vidas.

Porque, la felicidad y la eternidad, metas que están escritas en el corazón del hombre y la mujer no se esconden detrás del poder económico ni de las riquezas. Es verdad que proporcionan oportunidades para solucionar problemas y, sobre todo, poder ayudar a gente necesitada, pero tenemos que saber que los bienes materiales no nos darán nunca la plenitud y gozo eterno. Y esa es nuestra máxima aspiración, vivir en plenitud eternamente.

Y eso sucederá cuando nuestra vida terrenal llegue a su fin. A partir de ese momento, los bienes materiales pierden todo su valor y su eficacia, y la actitud generosa con la que hayas vivido esta vida cobrará todo su valor. Porque, de la forma y manera que tú hayas gastado tu amor, así será el gozo y plenitud con la que vivirás eternamente. Pidamos al Señor que sepamos  discernir bien la función de los bienes de este mundo y darles la justa y correcta función para lo que nos han sido dado. Amén.

domingo, 22 de septiembre de 2019

HOMBRE RICO - HOMBRE POBRE

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Lc 16,1-13
Sin lugar a duda la pobreza te da cierta ventaja respecto a alejarte de la soberbia, porque, un pobre parece que pierde el derecho a ensoberbecerse. La soberbia parece ser propia de los ricos y, muy raramente, está en manos de los pobres. Por eso, y consecuencia de ello, está muy cerca y en manos de los pobres la humildad, y, por el contrario, del rico, aunque también tiene derecho, se aleja más.

Conocedor de esto Jesús, enviado por el Padre, se acerca a los pobres, porque son los pobres los que están más cerca de la humildad y, por supuesto, de la aceptación a permitir la conversión de sus corazones. Y es que, para convertirse y abrir tu corazón al Padre tienes primero que dejar entrar la humildad en tu corazón, y eso ocurre cuando tú corazón abraza la pobreza, que no es tanto y cuanto al dinero se refiere, sino a la pobreza de tu espíritu que se reconoce pecador y necesita de la Misericordia de Dios.

De ahí lo que dijo Jesús: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios -Mc 10, 25-. Se trata de despojar nuestro corazón de toda ambición y poder y en su lugar poner el Corazón de Jesús. Es cuestión de creerlo y de pedirlo; es cuestión de, abierto a la acción del Espíritu Santo, permitirle que vaya modelando nuestro corazón al estilo de Jesús e irlo transformando en un corazón como el Suyo.

lunes, 22 de octubre de 2018

CUANDO PIENSAS EN TUS SEGURIDADES

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Lc 12,13-21
Posiblemente, la necedad consiste en ignorar la realidad. Alguien que piense que por tener dinero o bienes está seguro peca de necio, porque eso es falso. La seguridad de tu vida, que es la principal, no depende de tu dinero ni de tus bienes. Ni siquiera de tu poder. Hombres muy ricos se mueren todos los días. Sí, posiblemente puedas argumentar que el dinero, bienes o poder pueden ayudar, pero eso no te asegura nada. Tu vida no está en tus manos y en cualquier momento te la pueden reclamar.

Muchas familias se enfrentan a la hora de repartir la herencia, y, también, muchos socios a la hora de repartir dividendo y resultados. Toda repartición tiene problemas y enfrentamientos que suelen terminar mal y con duros enfrentamientos. ¿Por qué sucede esto? La causa es la ambición y la necedad de pensar que cuanto más tienes más seguro estás. Jesús, en el Evangelio de hoy no llama malvado a aquella persona sino "necio". Es decir, ignorante que no sabe lo que realmente debe saber.

¿Es qué no te das cuenta donde termina la vida de los que te han precedido? ¿Es que no observas como envejecen las personas y mueren? ¿Dónde creer ir tú cargado de dinero o bienes? Es esa la cuestión. Parece que el mundo duerme y que está sometido al poder del diablo, porque corren y se afanan en cosas vanales y caducas. Sólo interesa una cosa, Dios, que te ama y te da Vida Eterna. Todo lo demás, aunque se necesita, son simplemente menudencias que no arreglan nada. Basta muy poco para vivir dignamente. Mejor repartir para ganar el gozo y la felicidad de la vida del alma, esa que nunca termina.

domingo, 14 de octubre de 2018

ATADOS A LAS RIQUEZAS

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Mc 10,17-30
Todos sabemos que cuanto más tenemos más queremos, y también que nos cuesta desprendernos de lo que tenemos. Entre otras cosas, la principal es que nos encontramos seguros con las riquezas, y también importantes. Creemos que siendo rico gozaremos mejor de todos los privilegios de este mundo y seremos felices. Sin embargo, la experiencia no es la que nosotros creemos.

La riqueza te esclaviza y te da más inseguridad que seguridad. Todos te buscan, pero no para darte su amistad, sino para falsearla y buscar la manera de sacar tajada de ella. Y eso te da inseguridad y preocupaciones. Al final vives preocupado por guardar todo lo que tienes. Esa esclavitud te lleva a olvidarte de Dios y a pensar que tú lo tienes todo, poder y riqueza, y que no necesitas nada de nadie ni de Dios. Y te será difícil entrar en el reino de los Cielos.

El Evangelio de hoy trata de eso y Jesús lo dice claramente: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Le sucedió a ese hombre rico que se le acercó y a su pregunta Jesús le invita a vender todo y a seguirle. Y también te sucede a ti. El Señor te invita a seguirle y a dejarlo todo. Pero, hay que entender bien, dejarlo todo no significa lo que, quizás, todos pensamos, sino dejar a ese hombre viejo que mora en ti y transformarte en ese hombre nuevo que quiere Jesús. Ese hombre nacido del Espíritu con un corazón nuevo.

Deja tus manías; deja tus vicios; deja tu mal carácter; deja tu egoísmo; deja tu individualidad; deja tu pereza; deja tu soberbia; deja tu radicalidad; deja tus malos pensamientos; deja tu pasividad; deja tu impaciencia; deja tu mal humor; de tu cerrazón; deja de idolatrar tu dinero y comparte. Se trata de dejar muchas cosas que nos impide tener un corazón abierto, desprendido, amoroso y disponible para amar y hacer el bien.

martes, 21 de agosto de 2018

LA VERDADERA RIQUEZA

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Mt 19,23-30
Es posible que nuestro corazón, empobrecido y endurecido por los apegos a las cosas de este mundo quede cegado y esclavizado por las seducciones a los placeres, al poder, a las riquezas y a todo lo que en apariencias le muestre felicidad. Una felicidad engañosa, falsa y aparente, porque en poco tiempo desaparece y te devuelve a la realidad de cada día. Esa es nuestra experiencia y la realidad de cada día que experimentamos y vivimos.

Luego, ¿dónde está la verdadera riqueza? Con paciente observancia podemos suponer, con verdadera sabiduría y acierto, que en este mundo no. Este mundo es sólo un espejismo de la verdadera felicidad. Sin lugar a duda está, si existe, en otra parte. Y nuestro corazón da testimonio de que realmente existe, porque la desea y la busca, sólo que en lugar equivocado. 

Es verdad que para el hombre alcanzar la felicidad le supone tal dificultad que le es imposible, ero no para Dios. Dios lo puede todo y en Él podemos también nosotros llegar a la plenitud de la felicidad. Pero, eso nos exige desprendimiento, sacrificio, renuncia y disponibilidad ante todas las cosas de este mundo que nos seducen y esclavizan.Y nos hacen egoístas encerrándonos en un mundo individualista y donde prima el poder, el dinero y la fuerza.

Por eso tendremos que morir a nuestras apetencias y esclavitudes humana y materiales limpiando nuestro corazón de toda inmundicia y esclavitud para, despojado de toda tentación egoísta, purificarnos y liberarnos para darnos en servicio y amor.

lunes, 20 de agosto de 2018

CENTRADOS EN CUMPLIMIENTOS

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Mt 19,16-22
No es el Evangelio una doctrina, ni tampoco una filosofía ni siquiera una religión. ¡No!, nada de eso. El Evangelio es una muy buena Noticia. Es la Noticia de Salvación por la que el hombre encuentra el camino para alcanzar lo que está escrito dentro de su corazón. Y no se concreta en preceptos o normas que hay que cumplir, sino en una actitud bien intencionada de amar a imagen y semejanza como nos ama el Señor.

Esa fue la respuesta que Jesús dio a aquel joven: «¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». «¿Cuáles?» —le dice él—. Y Jesús dijo: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo» A lo que el joven respondió:  «Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?». Jesús le dijo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.

Se trata de algo más que simplemente ser bueno y cumplir. Se trata de poner a Jesús en el centro de nuestra vida y seguirle, confiando, obedeciéndole y poniéndose en sus Manos. Se trata de que Él, el Señor, esté en nuestra vida antes que todo lo que pueda tentar y seducir nuestro corazón. Y hay muchas cosas, entre ellas el dinero, que es la causa que a aquel joven le impidió poner a Jesús en el centro de su vida.

Jesús no es un decálogo ni una serie de preceptos. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Jesús es la mejor y principal opción de nuestras vidas y a la que hay que seguir optando y dando prioridad antes que todas las seducciones y tentaciones que el mundo nos ofrece.

miércoles, 11 de julio de 2018

IMPORTA LO QUE VALE

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Valoramos las cosas por su valor, pero, más importante sería discernir y clarificar que es lo que realmente tiene valor. Porque, estamos en un mundo hermoso y que tiene muchos valores, pero, quizás nosotros no sabemos elegir bien ni tomar los verdaderos y reales valores. La realidad nos descubre que el valor principal que el mundo erige en lo más alto es el dinero. Y es ese dinero, del que hay que dudar si realmente es un valor, el que rige y manda en todos los ordenes de este mundo. Hasta tal punto que eres alguien o se te tiene en cuenta según el dinero que tengas.

Desgraciadamente es esa la realidad que impera en todos los ambientes de nuestros pueblos y círculos. Quizás se esconde, pero se persigue y se busca. El poder político está en primer lugar, porque con él mandamos y abrimos puertas y hasta conseguimos poder económico. Es es el panorama, a grandes pinceladas, del mundo en que vivimos. Y, precisamente por eso importa el valor de las cosas y su tiempo. Porque, lo que no perdura pierde todo su valor. Es decir, conseguir algo valioso para un rato no tiene gracia, porque, lo bueno pasa pronto, ¿y después? El desconsuelo será peor y más doloroso.

Por todo ello, el valor supremo es la vida. Pero, Vida Eterna, no de unos cuantos años. Y esa vida se consigue sólo injertado en Cristo Jesús. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Dejarlo todo, como nos dice Jesús y como lo han hecho apóstoles es poner al Señor en el centro de nuestra vida. Puedes tener muchas cosas y hasta gobernar un gran país, pero, a pesar de todo eso habrás dejado todo cuando el centro de tu vida es el Señor, y cuando todos tus esfuerzos desde la presidencia de un país, o una multinacional, o una gran familia, o donde sea está centrada en vivir según la Palabra de Dios.

No se trata de quedarse sin nada, sino de poner todo lo que se tiene, material, intelectual e espiritual en aras a servir y amar según la Palabra y la Voluntad del Señor nuestro Dios.

martes, 22 de agosto de 2017

LA CEGUERA DE LAS RIQUEZAS

Mt 19,23-30
El hombre persigue las riquezas. Riquezas de muchas clases y con muchos nombres. Riquezas de títulos, de victorias, de fama, de honores, de suficiencia, de poder, de fortaleza, de sabiduría, y de tantas cosas como afanes y ambiciones tenga el hombre. Y, lo peor, es que no podemos escapar a esas tentaciones, pues como muy bien dice la canción, todos queremos más.

No cabe duda que en el fondo de todo eso está el motor de la felicidad. El hombre ha sido creado para ser feliz, y no descansa hasta conseguirlo. Lo terrible es que no sabe cómo, y cuando cree saberlo se equivoca, porque en las cosas de este mundo, antes mencionadas, no se encuentra. Todo lo de aquí abajo es caduco, y lo caduco no te hace feliz. Porque una felicidad que se acabe no es completa, ni tampoco felicidad. Ser feliz lleva implícito la eternidad. Si el algún momento dejas de ser feliz, no eres feliz.

La meta del hombre es la plenitud. Es decir, una felicidad plena y eterna. Y eso sólo se encuentra en Dios. Él es la plenitud infinita. Y te la ha ofrecido a ti y a mí. Dependerá de nosotros, ahora, tomarla. Porque, esa decisión exigirá desprendimiento y dirigir todas tus riquezas al bien de todos. No te dice el Señor que dejes tus riquezas, sino que las pongas al servicio de los demás. Todo en función de buscar el bien, la verdad y la justicia.

Ser desprendido es poner tu vida al servicio del bien. No buscar las riquezas, y menos de forma ilícita, sino, si vienen, saber que debes ponerlas al bien de los que más la necesitan. No para aprovecharse y para vivir de forma parásita, sino para establecer cauces contra las injusticias y miserias. Y es que se es rico sin tener cuando tu vida está enfocada al juego pensando en conseguir esos grandes premios que solucionen tu vida. La pregunta, ¿es qué el dinero soluciona tu vida? 

Quizás lo creas así, y, aparentemente, ciego por el poder del dinero, creas que con él todo está arreglado, pero, pronto descubres que lo caduco termina y nada arregla.

lunes, 27 de febrero de 2017

SE HACE IMPOSIBLE SEGUIR A DOS SEÑORES

(Mc 10,17-27)
Cuando tu casa está llena de oro, vives para el oro. Y si está vacía, vives anhelando llenarla de oro. De una u otra forma vives pendiente de la riqueza. Tu corazón latirá al ritmo de lo que tenga, y si en él no está Dios pondrás todos tus afanes en servir a lo que en él viva.

La vida te ofrece muchos dioses: poder, bienes, fama, privilegios, honores...etc. Y el dinero como dios principal. Quizás el más poderoso, porque con él puedes conseguir casi todo lo demás. Toda tu seguridad la apoyas en él y ocupará el centro de tu vida. No podrás, entonces, servir a otro, porque tu corazón está atrapado por el dinero. Él será el dios de tu vida.

 Jesús, que conoces nuestras debilidades, nos lo advierte en el Evangelio de hoy. Nos habla del peligro de apegarnos a las cosas de la vida, sobre todo al dinero. Y es que si mantenemos nuestro corazón distraído y apegado a él, el dinero, olvidaremos a Dios y, por lo tanto, entregarnos a su servicio. Por lo tanto, Jesús ya nos lo dice: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!».

No podemos servir al Señor ni cumplir los mandamientos teniendo nuestro corazón contaminado con otras cosas de este mundo, que siendo necesarias nunca pueden ocupar el centro de nuestra corazón. Habrá que dejarlo todo para quedar libre de toda atadura, y ese dejarlo todo significa, no tanto que te quedes desprovisto de tus necesidades, sino que sea el Señor el centro, dueño y Señor, de tu vida, y todo lo demás vendrá por añadidura. Como buen Padre no nos dejará sin lo necesario.

En eso radica nuestra confianza en el Señor. Confiado en Él y en su Bondad y Misericordia. Porque sólo seguirás al Señor si aligeras tu carga y te despojas de todo aquello que interrumpe tu camino y te impide seguirle.

domingo, 18 de septiembre de 2016

LAS ASTUCIA ES IMPORTANTE

(Lc 16,1-13)

La vida, mejor, el mundo está estructurado para que con tu trabajo puedas conseguir lo que necesitas para vivir. Somos seres humanos y necesitamos materia para vivir. El trabajo es la forma de conseguir el dinero para obtener con él todo lo que necesitas. Sin embargo, hay un peligro, que hagas del trabajo, y del fruto que se desprende de él, tu dios, y consagres tu vida a adorarle para tu disfrute personal y egoísta.

Esa es el mensaje esencial de este Evangelio. No se trata de condenar el dinero ni tampoco la riqueza, y mucho menos el obtenerla, sino el destino que se le pueda dar. El amo exalta la astucia del aquel injusto administrador, no por cómo actúa, sino por su afán y picardía para conseguirse un nuevo empleo. Vivimos estas actitudes humanas cada día. El panorama político español nos puede servir de ejemplo, pues hay muy astutos políticos que se parecen mucho a este administrador injusto. Trabajan buscando su provecho sin pensar en el de los españoles que representa. Ni siquiera en su propio partido.

Jesús echa en falta la astucia de los hijos de la luz, pasivos y maniatados ante las dificultades que las diversas circunstancias de la evangelización les presentan. Y la ausencia de su testimonio en los ambientes que se mueven. Los que te rodean deben saber por qué actúas de una forma determinada y descubrirlo en tu imagen y en tu rostro. Un creyente no puede ir triste ni desesperado por las cosas que suceden en su vida.

Es verdad que no damos ejemplo, y yo el primero, pero debemos irnos convenciendo que el Espíritu está con nosotros y nos echará una mano para, si no arreglar la situación, si para soportarla y aceptarla con resignación evangélica y esperanzada.

Porque nosotros, los creyentes en Jesús de Nazaret, creemos en la Resurrección. Primero en la de Él, y luego en la que Él nos ha prometido a todos los que le siguen y le creen. Por lo tanto, nada nos debe de desesperar, sino animar a actuar con honradez, con justicia y con ánimo de dar testimonio cada vez que se presenta la ocasión. La astucia nos sirve para aprovechar el instante propicio para poner hilo directo con el amor del Señor y el mensaje de salvación.

martes, 16 de agosto de 2016

UN DIOS LLAMADO RIQUEZA

Mt 19,23-30)

Hace unos momentos, precisamente cuando iba a la Eucaristía, observé a una persona, aproximadamente de unos ochenta y más años, junto a la ventanilla de la once. No cabe duda suponer que trataba de adquirir algún número para el sorteo millonario de este día. La atención a este hecho no es otra que la relación con el Evangelio de hoy. Dios y las riquezas.

Muchas personas, independientes de la edad, tienen el corazón ocupado por un dios diferente al Dios que nos llama y nos ofrece la salvación en su Hijo Jesús. Un dios que ofrece riquezas y desplaza al Dios verdadero que nos ama. Un corazón tomado casi al completo para el dios riqueza y apenas un pequeño rincón para el Dios del amor. Es triste e incomprensible, pero es la penosa realidad.

Porque ese dios riqueza es un dios engañoso, falso y caduco. La riqueza no garantiza la vida, ni tampoco la felicidad. No por tener mucho dinero, bienes y poder puedes aumentar un milímetro el tamaño de tu pelo, ni tampoco alargar un segundo tu vida. Todo lo que ofrece ese dios riqueza está llamado a terminar. Y un dios que tiene sus días contados es un dios que no vale ni merece la pena.

Me quedé pensativo y reflexivo ante estas actitudes de personas que, incluso en las postrimerías de sus vidas, cuando no tienen tiempo de disfrutar si quiera de la riqueza, siguen sometidos y ambicionándolas. Y es que una vez cogido y esclavizado no te liberas fácilmente. El tiempo es oro y el alejarse de la Verdad oscurece tu vida de tal forma que, despejarla y limpiarla para ver la salida se hace arduamente difícil. Y con el tiempo el corazón se endurece y oscurece más.

La consecuencia es que no se puede tener dos dioses, porque uno será falso y otro verdadero. Sólo un Dios es verdadero, y eso está claro: El Dios de la Eternidad, que nos ha revelado nuestro Señor Jesucristo, y que Él mismo con su Vida, entregada voluntariamente en una muerte de Cruz, ha dejado patente y claro que nos ama hasta la muerte, y que se ha dado para nuestra salvación. Una salvación eterna, que no acaba y que está llena de plenitud y gozo. 

lunes, 23 de mayo de 2016

LA DICHA DE SER INVITADO POR JESÚS A IR CON ÉL

(Mc 10,17-27)

Ser invitado por Jesús a seguirle tan directamente y en su presencia es una dicha que no todos pueden decir eso: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Algunos han querido y no se les ha invitado a seguirle tan de cerca. Ese uno, que se negó a ir con Él, apegado a sus riquezas ha escondido hasta su nombre. No se sabe ni quien era, sólo ese uno.

Muchos pensamos que podía ser un joven rico, otros un hombre bien situado y el resto, uno. Uno de tantos que quieren vivir los mandamientos, que Jesús nos ha dejado, porque entienden que es lo que arreglaría la convivencia entre los hombres y los problemas del mundo, y nos daría lo que buscamos, la Vida Eterna, pero que prefieren hacerlo como ellos lo piensan o lo ven, y no como Jesús los propone. De alguna manera quieren comerse la manzana, pero no como Dios, el Padre manda, sino como ellos prefieren y quieren.

Esa fue la respuesta de aquel hombre, de que no se conoce ni su nombre, y que, apegados a sus riquezas y preferencias mundanas, no ha dejado huella en la historia, sino la de uno que se acercó a Jesús a preguntarle por la herencia de la Vida Eterna. Porque sus riquezas han pasado y de nada le han servido. Con ellas no ha ganado lo que deseaba, la Vida Eterna.

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios».

Estoy pensando que, ahora mismo, Jesús sigue mirando a su alrededor y no está diciendo lo mismo. Porque mientras para cada uno de nosotros, nuestras riquezas sean lo importante, estaremos negando la invitación del Señor. Las riquezas, el poder, la suficiencia, la comodidad, el descompromiso y todo lo que nos instale en la despreocupación por mejorar y contribuir al bien de los demás, es una respuesta negativa a la invitación que Jesús no hace.

No perdamos esta oportunidad de alcanzar la verdadera riqueza, que es la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad en la Casa del Padre. No perdamos esta invitación que Jesús, de parte del Padre, y con la participación del Espíritu Santo, enviado para señalarnos e instruirnos el Camino, nos hace y nos brinda. Confiemos en su Palabra y abramos nuestro corazón a su propuesta.

lunes, 19 de octubre de 2015

LA REALIDAD DE LA VIDA

(Lc 12,13-21)


No hace falta imaginar ni suponer, ocurre a menudo y, sin embargo, el hombre no reacciona. Hace poco tiempo, unos meses, falleció un hombre cuya vida estuvo siempre dedicada al trabajo. Poseía bienes y que acaparaban toda su atención. Ni siquiera conocía el mundo. Ahora, ya fallecido, su fortuna la disfrutan otros, o continúa el mismo camino.

La pregunta está en el tejado, ¿vale la pena atesorar riquezas en este mundo? El Evangelio de hoy nos presenta este problema y esta situación real de la vida de cada día. Hay muchas fortunas inútiles guardadas y almacenadas, que permanecen pasivas sin utilizarse para el bien de los hombres. Simplemente, duermen en y para la codicia de sus dueños, que ni la disfrutan ni dejan que otros lo hagan.

La cuestión es que esa fortuna no ha valido para nada, ni el trabajo gastado en ella, tampoco. Porque al final, su dueño ya no vive en este mundo, y sólo le queda el otro. Y el otro, los bienes y riqueza no son importantes, sino el amor. Dependerá la riqueza de amor que lleves para que seas bien tratado y aceptado en ese gozoso mundo que será para Siempre.

Por lo tanto, la enseñanza del Evangelio de hoy es: la mejor riqueza que vale la pena atesorar es la riqueza del amor. Un amor que nos exige libremente servir y estar en disposición de compartir y utilizar toda nuestra riqueza: talentos, dones, cualidades, bienes...etc., para el disfrute y beneficio de aquellos que lo necesitan. Ese es el verdadero Tesoro por el que vale la pena luchar.

Pongamos nuestra vida en Manos del Espíritu, y abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu Santo, para que sepamos atesorar verdaderos tesoros, que nos sirvan para la verdadera vida, la que es para siempre en plenitud y junto a nuestro Padre Dios.

domingo, 11 de octubre de 2015

TÚ LO PUEDES TODO, SEÑOR

(Mc 10,17-30)


Nuestro mundo está organizado en función del dinero. Con dinero nos sentimos fuertes y poderosos.  Llegamos incluso a pensar que todo tiene un precio, y teniendo dinero podemos comprarlo todo. En un mundo así se hace muy difícil escapar de esta tentación y dejar de aspirar a ser rico.

Por otro lado, cuando tu corazón está lleno de riquezas o de esas aspiraciones de riqueza, no dejas lugar para otras cosas, y las de Dios tampoco. Como el joven rico de hoy, del que no conocemos sino que al parecer era joven y rico, rechazamos la oferta de Jesús de vaciarnos de tantas riquezas o bienes que llenan nuestro corazón y no dejan cabida para más.

Será necesario limpiarlo y dejarlo vacío de todo aquello que oscurece la verdadera visión que esconde esa felicidad que buscamos. Empezamos a amar en la medida que empezamos a desprendernos de todo aquello que ocupa el lugar del amor en nuestro corazón. Y es que en la medida que compartimos, recibimos. Si no compartes pierdes incluso lo que has dejado de compartir, pero también pierdes los bienes espirituales que podías haber recibido. Pierdes todo.

Pero cuando eres capaz de compartir, ganas. No sólo lo material sino también lo espiritual. Eso es lo que Jesús nos viene a decir hoy: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna».

Hace mucho tiempo escribí una reflexión, "mis amigos los curas", que de alguna manera viene a experimentar eso que Jesús nos dice. 

Señor, queremos seguirte dejándolo todo, pero nuestras fuerzas y miedos Tú los conoces. Danos la Gracia de vencerlos y de darnos integramente al servicio de tu Palabra y Voluntad por amor.

lunes, 17 de agosto de 2015

CON QUIÉN ESTOY Y A QUIÉN SIGO

(Mt 19,16-22)


Pensamos que vamos solo, o que no seguimos a nadie, pero, sin darnos cuenta, seguimos siempre los impulsos a los que nos somete nuestras propias inclinaciones y egoísmos. Nos esclavizamos sin darnos cuenta y ante la invitación a ser libres nos quedamos perplejos y la rechazamos.

Posiblemente fue eso lo que le sucedió al joven rico. Al parecer cumplía todos los preceptos, luego, ¿qué más ha de hacer para ser bueno? La respuesta de Jesús no se hace esperar: «Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme». 

Nos conformamos con cumplir y ajustar nuestra vida a una serie de preceptos y normas que, de alguna manera, disciplinan nuestra vida y la hacen buena. Pero, Jesús nos dice que el único bueno es el Padre y a Él estamos llamados a seguirle e imitar. Nuestra meta de santidad es el Señor.

Y si queremos ser perfecto, como nuestro Padre celestial es perfecto, tenemos que dejar todo, ponerlo en Manos del Señor y seguirle. Porque sólo en ese seguimiento iremos alcanzando la perfección a la que todos los hombres aspiran. Y dejar todo es poner en el primer lugar de nuestra vida a Jesús, y, por y en Jesús, servir a los hombres por amor a Jesús. Y eso nos exige desprendernos de toda ambición y riqueza, y poner nuestros bienes en disposición de servir y ayudar a los que lo necesiten.

No se trata de quedarnos nosotros en una situación miserable y que nos tengan que ayudar. Porque eso no arregla nada. Dejar unos de comer para que coman otros es volver a lo mismo. Se trata de compartir y de esforzarnos en remediarnos para que mejoremos y vivamos todos. La cuestión es luchar por construir un mundo mejor, más justo, más equilibrado y donde todos tengan lo necesario para vivir en justicia, verdad y paz.

No se trata de cumplir unas normas o preceptos, o una ley. ¡No!, se trata de vivir en el amor y la justicia y estar disponible, con tus vienes y riquezas, al servicio de los más pobres y necesitados. Ese fue el asunto que el joven rico no quiso superar. Estaba atado a sus propias riquezas y las antepuso al seguimiento del Señor. Y es que cuando el Señor no es lo primero en nuestras vidas, mandan otros en ella. Así, las riquezas, el poder, la comodidad y otros desplanzan al Señor en nuestro corazón.

Pidamos al Espíritu Santo un corazón abierto a compartir con generosidad todo nuestro ser y nuestros bienes poniéndolos en servicio de los que más lo necesitan.