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jueves, 8 de abril de 2021

EN EL CAMINO DE MI PROPIA EXPERIENCIA

 

Me identifico con aquellos dos discípulos de Emaús. Y, digo que me indentifico porque, de alguna manera experimento lo mismo que ellos, ese ardiente deseo interior del corazón que arde al escuchar su Palabra y descubrir su presencia en mis actos de cada día. Experimentar gozo y alegría delata su cercanía y presencia hasta el punto de dar la vuelta y emprender el camino de regreso contrario a ese Emaús resignado y desencantado.

Descubrir que tu corazón arde en deseos de vivir esa Palabra que llega a lo más profundo de su existencia y te llama a seguirle, a anunciarle y, hasta el extremo de responder a ese compromiso contraído desde la hora de tu bautismo, es la prueba de que Jesús se hace presente en mi vida y me anima a seguir adelante. Es ese Espíritu de Dios que me mueve a descubrir en cada instante de mi vida su presencia. Es mi camino de Emaús.

Y, experimento que mis primeras reacciones espontáneas y repentinas se encaminan a tenerle presente en todos los actos de mi vida. Él está presente en mi vida y su Palabra enciende mi corazón, me activa y me remite a Él. Jesús se nos presenta en nuestro propio y singular camino de Emaús. Se hace presente en tu vida de búsqueda, de encuentro y de deseo de experimentarle. Indudablemente, es Él quien nos busca primero, pero nos respeta y desea tu colaboración desde la libertad que te ha dado.

Solo se manifiesta a aquellos que le buscan, tanto de palabra como con los actos de su vida. Aquellos que de alguna manera manifiestan en su camino el deseo de encuentro con Él. La pregunta que nos podemos hacer es: ¿soy yo uno de esos?

jueves, 24 de octubre de 2013

SER PACIENTE

(Lc 12,49-53)

No es fácil soportar la impaciencia de no tener paciencia. Se necesita aplomo y serenidad para llenarse de paciencia y aguantar los impulsos de responder a aquello que consideramos injusto, falso a que no actúa en justicia y verdad. Jesús se nos muestra hoy impaciente y con deseos de ver el mundo ardiendo e inquieto por establecer un mundo vivido en justicia y verdad.

Él ha venido para eso: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! Jesús nos testimonia su impaciencia, pero nos enseña a ser pacientes a la Voluntad del Padre.

El Reino de Jesús es un Reino dividido. Dividido entre aquellos que viven en la injusticia y la hipocresía y en la mentira y la apariencia, frente a los que luchamos para que reine la justicia y la verdad. Es un Reino donde no cabe la pasividad, la indiferencia, el quitarse y dejar que los otros hagan y tú critiques. Es un Reino de justicia, de amor y de paz. Y eso exige esfuerzo, lucha y trabajo, pero nunca solo sino arropados y apoyados sabiendo que Jesús está con nosotros y nos asiste el Espíritu Santo.

¡Ánimo y quema tu vida por amor!

domingo, 18 de agosto de 2013

PASIVIDAD E INQUIETUD


(Lc 12,49-53)

El camino exige estar despierto, y estar despierto no consiste en espabilarse para tomar todo aquello que se pone a nuestro alccance y colma nuestras apetencias e intereses. Estar despierto, en término evangelico, es arder por todo aquello que es bueno para el bien común.

No se trata de quemar para consumir o destruir, sino de quemarse en amor para hacer el bien en aras del bien común.. Jesús ardió y arde en deseos de salvación. Salvación para toda la humanidad, por eso, el Evangelio de hoy nos descubre que Jesús no ha venido a traer la paz que este mundo busca y proclama, sino la guerra, división, enfrentamientos... que provoquen la lucha que establece la verdadera paz, la paz que nace del amor.

Déjemos que prenda la llama de fuego en nuestro corazón y arda amorosamente hasta que seamos capaces de provocar que todo el mundo arda de verdadero amor.