lunes, 5 de diciembre de 2022

¿QUÉ SALVACIÓN BUSCAMOS Y PREFERIMOS?

La cuestión es enterarte o darte cuenta de que estás salvado. Y salvado significa que has conseguido eso que tanto buscas, felicidad, gozo y paz eterna. Esa es la cuestión y no otra. Y tanto es que todo el mundo la busca, lo que no se enteran o prefiere las cosas caducas de este mundo. ¡Que sí, dan cierta felicidad, pero no es plena ni eterna. De la misma manera que aparece, desaparece.

Jesús es ese salvador eterno que buscas. Posiblemente estas ciego. En su vida dio vista a muchos ciegos, pero fueron ciegos que buscaban la luz, ¡la verdadera luz!, que es la que alumbra el camino que nos lleva a descubrirle, escucharle y a seguirle. Porque, una vez que llegas a un profundo conocimiento de Jesús no puedes evitar seguirle. Y es que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. ¡Y no hay otro!

Si quieres ser feliz eternamente la cuestión está en escuchar y seguir a Jesús de Nazaret, porque, Él es el Hijo de Dios que, encarnado en Naturaleza humana, ha venido a este mundo a anunciarnos esa Buena Noticia de su Padre: el gozo y la felicidad de vivir eternamente en su Gloria. Y eso fue lo primero que Jesús le ofreció a aquel hombre que, paralitico en su camilla, fue llevado a su presencia: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». Y conocemos, por el mismo Evangelio, la respuesta de los fariseo y maestros de la ley.

Pero, la cuestión es ¿qué pensamos ahora nosotros? Olvidémonos de lo que pensaron aquellos fariseos y maestros de la ley y tomemos nosotros su lugar. ¿Creemos que Jesús blasfemaba como respondieron aquellos fariseos «Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino …» y maestros de la ley? ¿Creemos en Jesús y en su Palabra? Y si creemos, ¿cuál es la razón por la que no le seguimos? No es cuestión de responder aquí sino buscar y respondernos cada uno a nosotros mismos.

domingo, 4 de diciembre de 2022

EL REINO DE DIOS ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Ese es el significado real de la Navidad. Dios se encarna en naturaleza humana, toma cuerpo humano, se hace Niño y nace, por obra del Espíritu Santo, de María, la Virgen elegida por Dios, en Belén. Y así Dios habita entre nosotros. Su Reino, en la Persona del Hijo, nuestro Señor Jesús, se hace presente entre nosotros.

Y, transcurrida su infancia, Jesús ya adulto toma las riendas de su misión e impulsado por el Espíritu de su Padre camina hacia el Jordán donde, bautizado por Juan, iniciará por la acción del Espíritu Santo la misión que el Padre le ha encomendado: «Anunciar el Reino de Dios, el Amor Misericordioso de su Padre».

De este primer paso se encarga Juan, llamado el Bautista. Él es el precursor, el que abre el camino y el que anuncia su venida: «Convertirse porque está cerca el reino de los cielos». Este es el camino que anunció el profeta Isaías diciendo: «Voz del que… Mt 3, 1-12.

Y, ahora, nosotros estamos aquí, es nuestro tiempo y nos toca a nosotros escuchar y responder. Juan nos anuncia la llegada del Mesías y nos invita a creer y convertirnos. Creer en Jesús y en su Palabra. Una Palabra que responde a todos nuestros interrogantes de búsqueda de felicidad y eternidad. Una búsqueda que pasa por un bautismo con Espíritu Santo y fuego, que nos acompañará toda nuestra vida asistiéndonos y fortaleciéndonos para vencer el pecado y vivir en la Palabra del Señor.

Vivamos el Adviento con y en esa actitud. Una actitud de espera confiada, alegre y esperanzada en que el Señor nos trae la Felicidad y Vida Eterna.

sábado, 3 de diciembre de 2022

¿DESCUBRES DENTRO DE TI UN SENTIMIENTO COMPASIVO?

No te distraiga ni te equivoques. Ese sentimiento, que vive y se despierta al presenciar a alguien que sufre y lo pasa mal, se llama compasión. Y está dentro de ti. ¿Te has preguntado quien lo ha puesto en lo más profundo de tu corazón y que no puedes reprimir cuando te encuentras con alguien necesitado, sufriente y hambriento?

¿No sabes que has sido creado a imagen y semejanza de Dios? ¿Y que Dios es Infinitamente compasivo y misericordioso? Pues, tú, criatura de Él eres semejante y sientes también esa compasión.

¿Qué sucede?  Que herida tu naturaleza por el pecado original, te reprimes, te resiste a dar y darte con compasión y amor. Prevalece tu egoísmo, tu comodidad, tu descompromiso, tu avaricia y tus malos sentimientos como consecuencias del pecado. Y te retiras tu compasión aunque no te sientes bien.

Jesús se compadece de los que sufren, de los desorientados y cansados. Y quiere atenderles y orientarle hacia la Casa de su Padre, donde no hay sufrimiento, ni hambre, ni sed ni tampoco cansancio. Allí todo es gozo y felicidad eterna. Pero, necesita tus manos, tu participación y tu generosidad compasiva y misericordiosa, Cada día te lo está pidiendo, No más de lo que Él, gratuitamente, te ha dado. No te resista y responde a su llamada.

viernes, 2 de diciembre de 2022

UN GRITO DE ORACIÓN CONFIADA QUE EXIGE AL SEÑOR SU MISERICORDIA.

Cuando pedimos no lo hacemos convencido ni consciente de que el Señor espera nuestra petición. Ha sido Él quien nos ha invitado y enseñado a pedir. Nos ha dicho que insistamos, que llamemos y toquemos con perseverancia y constancia. Nos ha dicho que no nos cansemos de pedir. Luego, nos está diciendo que pidamos con exigencia el cumplimiento de su Palabra. Porque Él siempre la cumple.

Y aquellos dos ciegos gritaban confiados y con firmeza. Un grito que esconde esa confianza de que a quien se le grita puede darnos la vista. Porque, cuando uno está seguro, tiene confianza y fe en Aquel que le puede dar lo que le pide, sobre todo si se trata de la salud, grita con fuerza hasta el punto de parecer que lo exige.

La pregunta es: ¿No quiere el Señor que se lo pidamos así? No se trata de que nos lo merezcamos, todo nos ha sido dado gratis y porque el Señor ha querido, esa ha sido su Voluntad, un misterio que nunca entenderemos. Pero, somos sus criaturas, sus hijos por su Amor Misericordioso, y desde esa condición filial, le pedimos con fuerza e insistencia que nos abra los ojos de la fe. Que nos permita ver.

Ver el Camino; ver la Verdad; ver la Vida. En otras palabras, verle. Ver, Señor, tu Rostro y poder seguirte con firmeza y perseverancia. Seguirte poniéndote siempre en el centro de nuestro corazón y creer confiados, como niños con sus padres, que Tú, Señor, puede y quieres salvarnos.

jueves, 1 de diciembre de 2022

¿ACASO PIENSAS QUE DIOS ES UNA TOMBOLA DE REGALOS?

Mt 7,21.24-27

Posiblemente, casi sin darnos cuenta, hemos asumido una imagen de un Dios bueno que nos soluciona todos nuestros problemas. Un Dios que nos va a allanar el camino y nos va a poner las cosas al alcance de nuestra mano para acceder a ellas con facilidad. Un Dios del que nos olvidamos o no vemos, o quizás no queremos ver que trae una corona de espina y está crucificado en una cruz.

¿Cómo es posible que si mi Dios está crucificado en una cruz, yo quiero eludirla? ¿Soy yo mejor que mi Dios? ¿Cómo es posible que si mi Dios ha dado su vida por mí y por todos los demás, yo quiero mi vida para mí y no la doy a nadie? ¿Cómo es posible que busco un Dios de una vida fácil y sin exigencia ni compromisos? ¿Acaso pienso que puedo ser amigo de Dios sin dar amor? En realidad, ¿qué Dios busco?

Todas esas preguntas me llevan a responder sobre qué dios me he fabricado, o en que dios realmente yo creo. Porque, quizás me haya hecho la composición de creer en un dios tómbola que le pido y me da. Y que si no me da, me enfado. Un Dios que lo considero Dios en la medida que me dé según mis gustos e ideas. Un dios que se añada a mis proyectos y siga mi voluntad. Un dios de méritos, de puntos, de favores y de recompensas. Un Dios al que pueda entender y se ajuste a mis razonamientos.

Un dios sostenido y apoyado en la arena movediza de mi humanidad limitada, suficiente y soberbia que se cree con derecho de exigir a su Creador. Y, sucederá que ese dios se derrumbará cuando las tempestades acaben con mis sueños y sean superiores a mis fuerzas. Entonces, su ruina será grande, tal y como dice el Evangelio.

Yo creo en un Dios ininteligible, superior a mi entendimiento y mis fuerzas. Un Dios que no puedo entender, como su Madre María, que me ama hasta entregar a su Hijo en una muerte de cruz para salvarme. Un Dios misericordioso que, sabiendo de mis pecados, me perdona y da su Vida por mí. Un Dios que, a pesar de invitarme a vivir en su Cruz, me acompaña, me fortalece y me ayuda a sobrellevarla y a cargarla. Un Dios, como roca, que apoyado en Él resisto toda tempestad y huracanes. Un Dios de Infinito Amor Misericordioso que, al final del camino, me salva y me da vida eterna.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

DIOS, NUESTRO PADRE, TIENE UN PLAN

El envío de su Hijo, nuestro Señor Jesús, obedece a un Plan de su Padre. Dios, nuestro Padre, quiere anunciarnos su locura de Amor Misericordioso con todas sus criaturas y, de manera especial, al hombre. Porque es el hombre, a quien Él únicamente ha dado entendimiento, quien puede entenderle. Y, por eso, el Dios encarnado en naturaleza humana viene a este mundo a anunciarnos la Buena Noticia.

Y su misión tiene como objetivo formar un grupo de discípulos que continúen su obra en este mundo hasta que Él decida volver. Y así lo ha anunciado y lo hará. Sabemos, por sus mismos apóstoles, que llamados, le siguieron tal y como nos cuenta hoy el Evangelio. Pero ¿no nos llama nuestro Padre Dios, a través de su Hijo, a todos? Esa es la cuestión que el Evangelio de hoy nos pone sobre la mesa.

Posiblemente, nuestro Padre no nos llame a todos a la misma misión. Ha repartido talentos y capacidades de manera desigual y, en consecuencia, exigirá a unos más que a otros. Y esa es la cuestión, ¿qué misión, según mis talentos y cualidades tendré yo? Porque desde ahí Jesús también me invita al Plan evangelizador de su Padre para que yo dé lo mejor de mí mismo y en atención a mis posibilidades y talentos.

Esa pregunta me lleva a mí a replantearme mi vida y tratar de responder a los interrogantes que la vida me plantea. A estar vigilante, atento y siempre con la mirada levantada hacia mi Padre del Cielo en la actitud de búsqueda y de disponibilidad a dejarme guiar por la acción del Espíritu Santo.

martes, 29 de noviembre de 2022

EN Y POR LA ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Desde y en la hora de mi bautismo he recibido la visita del Espíritu Santo. Una visita para quedarse todo el tiempo de mi vida conmigo. Una visita sin condiciones y, quiera o no, paciente, perseverante y permanente a la puerta de mi corazón.

En mi bautizo lo he invitado, quizás no consciente por mi temprana edad, pero, si por la voluntad, por tradición o por fe, de mis padres. Pero, ahora ya mayor y consciente, sigue ahí esperando que le abra la puerta de mi corazón, le deje entrar a mi barca y le dé el timón para que Él oriente mi vida y señale el rumbo a seguir.

Dependerá de mí, y también de ti. ¡Está claro!, Dios ha dejado en tu mano la opción a dejarle entrar o cerrarle la puerta. Posiblemente, tu suficiencia te lleve a cerrársela porque piensas que no le necesitas. O, quizás, tu humildad y pequeñez te diga que debes abrírsela para que te oriente, te revele el Amor Misericordioso de tu Padre Dios y te enseñe la grandeza y el poder de su Amor.

No cabe ninguna duda, la llave de esa puerta está escondida detrás de tu humildad, de tu sencillez, de tu saberte pobre, pequeño y necesitado de su asistencia y poder. Sin esa humildad y sencillez no la encontrarás nunca. Descubre tu corazón de niño y déjate encontrar por el Amor Misericordioso de tu Padre Dios.