viernes, 29 de agosto de 2025

LA TIRANÍA DEL PODER

Mc 6, 17-29

    Esa mañana iba preocupado. Se preguntaba, por qué, y no encontraba explicación. Fijó su mirada en una pareja que discutía muy cerca de él. La agresividad masculina, parecía, someter a la femenina. «Discusiones de cada día» —pensó— y siguió adelante.
     Había pedido su café y se disponía a echar una mirada al periódico, cuando, de repente, le sorprendió la inconfundible voz de su amigo Pedro.


    —Buenos días, ¿cómo andan los ánimos hoy?
   —No muy buenos, para mí. Experimento una extraña sensación a la que no encuentro explicación. ¿No sé qué me ocurre?
    —Hay días que, sin saber por qué, no sabe uno lo que le sucede.
    —Ese es mi estado hoy. Espero que explote agresivamente.
    —¡Nada de eso, hombre! Son situaciones por las que, alguna vez, pasamos todos.
   Hace un momento vi a una pareja discutiendo, y me pareció que el hombre imponía su carácter y sometía a la mujer. Mal asunto ese.
    —Cuando se llegan a esos extremos, la cosa es más seria.
¡Y tanto! Busco luz en el Evangelio de hoy —Mc 6, 17-29—. Se trata de la muerte de Juan el Bautista, decapitado por orden de Herodes. Hay verdaderos tiranos que están dominados al decir de los demás, y dispuestos, por ellos, hasta el punto de llegar a asesinar injustamente.
   —¿Qué realmente sucedió?
  —Herodes corta la cabeza del bautista y así muestra su bajeza y su sometimiento a los murmullos de sus súbditos. Tan poderoso, pero tan esclavo de convenciones sociales y de su imagen de implacable.
   —Un déspota.
  —Por supuesto. La verdadera libertad es hija de la rectitud y de la piedad, es valiente y compasiva, no escucha la solidez de demandas ajenas y nos acerca cada día a los caminos del Reino.

jueves, 28 de agosto de 2025

PREPARANDO NUESTRA HORA FINAL

Mt 24, 42-51

     Pedro se sentía compungido. El periódico daba la noticia de la muerte inesperada de un joven, sin causa aparente, mientras se bañaba en una piscina natural.
«La muerte no avisa —pensó—; te sorprende en el momento menos esperado».

    —Buenos días, Pedro. Una hermosa mañana que invita a dar gracias a la vida y disfrutarla con un buen café. ¿Te apetece?
    —No parece tan hermosa para todos.
    —¿Por qué dices eso? ¿Te ocurre algo?
    —Acabo de leer la triste noticia de la muerte de un joven. Imagino el dolor de su madre.
    —Sí, de su madre y de toda su familia. La vida no sonríe igual para todos. Sin embargo, siempre hay esperanza. Aquí no termina todo.
    —Será difícil animar a esa madre. Sus esperanzas de tener a su hijo han terminado.
    —La esperanza nunca se pierde. Para un cristiano, la muerte no es el final. Recuerda lo que hizo Jesús con su amigo Lázaro. Y lo que dijo en Mt 24, 42-51. Léelo y verás cómo se levanta tu ánimo.
    —Sí, pero eso no le arregla nada a esa madre.
    —Le arregla todo si estamos preparados. Nuestra verdadera esperanza está en Jesús.
    —¿Qué es eso de estar preparados?
    —Vivir en gracia de Dios.
    —Me dejas en babia…
    —Vivir en gracia de Dios es ser consciente de su presencia en tu vida. Es esforzarte en amar misericordiosamente, tal y como Dios te ama. Y eso solo lo sabe Dios. Las apariencias engañan, pero su misericordia es infinita. Eso debe darnos siempre esperanza.
 
    El Señor puede presentarse de muchos modos: como fortaleza en la adversidad, como compromiso que moviliza y desinstala, como esperanza en tiempos oscuros. Siempre nos sorprende de una forma nueva, llamándonos a una actitud activa.
Las exigencias del Reino nos impulsan, más allá, a vivir una disponibilidad constante que nos aleja de la seguridad paralizante de quien cree que ya lo tiene todo hecho.
Nuestra actitud debe ser la de permanecer vigilantes para responder con prontitud a las demandas del Dios de la vida.

miércoles, 27 de agosto de 2025

LA FUERZA DE LA COHERENCIA

Mt 23, 27-32

    Es obvio que la verdadera autoridad nace cuando lo interior corresponde con lo exterior. Quien vive lo que piensa, transmite autoridad con sus palabras; pero quien piensa una cosa y vive otra, engaña y es hipócrita.

    —¿Qué opinas de la hipocresía, Manuel?
    —Es una enfermedad que corrompe la convivencia hasta enfrentar a las personas.
    —¿Son difíciles de descubrir?
    —Al principio pueden engañarte, pero, con el tiempo, notas de las patas que cojean: lo que dicen no coincide con lo que hacen.
    —Y, aun así, no cambian…
    —Están esclavizados por sus propios vicios y egoísmos. Para ellos, mentir no es delito, es necesidad.
    —Por fuera parecen buenos, pero por dentro…
    —Lo dice Jesús en Mt 23,27-32: “Por fuera parecen justos; sin embargo, por dentro están llenos de hipocresía y crueldad.” Y lo mismo nos puede pasar: aparentar santidad mientras por dentro nos corrompemos.
    —Entonces, hay que revisarnos constantemente.
    —Exacto. Solo la Palabra de Dios nos da luz para descubrirnos y cambiar.
 
    La hipocresía corrompe las relaciones, siembra desconfianza y vacía la autenticidad. La hipocresía destruye lo que la verdad construye.

martes, 26 de agosto de 2025

JUSTICIA, MISERICORDIA, CARIDAD

Mt 23, 23-26

    —Me pregunto si vale la pena aparentar lo que no eres. ¿Qué piensas sobre eso, Manuel?
    —Es un error. Tarde o temprano las apariencias se descubren y solo queda lo que realmente eres. Diría que es tiempo perdido y vano.
    —Sin embargo, me atrevería a decir que todos vivimos alguna vez de las apariencias. ¿Lo crees tú también?
    —A veces, sin pretenderlo, dejamos la “foto” de lo que no somos. Pero lo grave no es caer en ello de manera ocasional, sino utilizarlo como instrumento para conseguir lo que nos interesa.
    —Tienes razón. Alguna vez me he visto obligado a aparentar por circunstancias imprevistas, pero no es mi manera de ser.
    —La hipocresía es como un espejismo: quieres que los demás vean lo que te interesa mostrar, no lo que eres de verdad. Eso es precisamente lo que Jesús denuncia en Mt 23, 23-26.
    —¿Qué dice de los hipócritas?
    —Que cumplen con la ley, pero descuidan la justicia, la misericordia y la caridad.
    —Cumplir con la ley no está mal, claro.
    —No, pero lo verdaderamente importante, sin dejar la ley, es el amor misericordioso. Obsesionarse con el brillo de las apariencias es preparar el camino hacia el escándalo y la ruina.
    —Sí, eso es fundamental.
   —Así ocurrió con los fariseos y escribas de aquel tiempo… y sigue ocurriendo hoy. Cumplen cada precepto, aunque carezca de sentido, mientras descuidan lo esencial: el amor y la misericordia.
    —Me queda claro.
    —Jesús señala otra dirección: ir de dentro hacia fuera. Solo quien es honrado interiormente proyecta verdad y justicia. Entonces las buenas obras brillan, la confianza crece y el sentido de una vida buena puede ser reconocido.
    —Estoy totalmente de acuerdo, Manuel. Solo una persona honesta puede guiar hacia el sentido, la alegría y la esperanza.

lunes, 25 de agosto de 2025

GUÍAS DE CIEGOS

Mt 23, 13-22

   Desde que abrimos los ojos, tenemos referencias humanas delante de nosotros. Poco a poco, incluso sin pretenderlo, nos fijamos en nuestros padres que marcan nuestros primeros pasos. Pero, más tarde, tomamos otras referencias: familia, profesores, amigos, autoridades, famosos, sacerdotes … Y de alguna manera todos influyen, positiva o negativamente, en nuestra manera de ver la vida.

    —¿Qué piensas, Manuel, sobre las personas que se elevan como ejemplos a imitar y que pautan el modo en que se debe vivir?
    —Que tienen una gran responsabilidad, aunque muchos la ignoran. De sus testimonios dependerá la actuación de otros, y eso tiene consecuencias en la sociedad.
    —Pero, ¿si esos guías o influyentes no dan buen ejemplo?
    —Así nos va. Hoy nos encontramos con personas de la sociedad civil que parecen encarnar los valores de nuestro tiempo. Y ese es el riesgo, tú lo acabas de decir, que sean «guías de ciegos».
    —¡Dios mío! Es un gran problema.
    —¡De los grandes! Jesús lo advierte contundentemente. Lo puedes leer en el Evangelio de Mt 23, 13-22. Dice así: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el reino de los cielos! Ni entran, ni dejan entrar …». El problema es que impides a otros entrar.
    —Y eso es muy grave, ¿no?
    —Sí, es toda una advertencia para que tampoco nosotros nos creamos ejemplo de nada, una llamada a la autenticidad de vida, alejada del postureo y de imponer a los otros un código de conducta. La vida puede iluminar por su integridad, pero no por el honor vacío del que se revista.

domingo, 24 de agosto de 2025

LA PUERTA ESTRECHA

Lc 13, 22-30

   —Cuando la situación es difícil, solemos decir: «Hay que apretarse el cinturón». Eso significa ahorro y renuncia a algunas cosas. ¿Has oído decirlo alguna vez, Manuel?
    —Sí, me suena mucho. Y, aunque no con esas palabras, también yo he vivido momentos en que hubo que administrar mejor lo que teníamos. Eso obliga a renuncias y sacrificios.    
    —Se debe pasar mal en esas situaciones, ¿no?
   —Claro, a nadie le gusta privarse, sobre todo, de lo necesario. Pero a veces la vida te pone en esa tesitura si quieres salir adelante y alcanzar alguna meta.
    —¿Entonces las metas exigen esfuerzo?
    —Por supuesto. Sin esfuerzo no hay logro. La vida nos presenta dos caminos: uno bueno, que suele ser más exigente, y otro que, en apariencia, es cómodo, pero al final resulta ser malo.
    —¿De qué caminos hablas?
   —Jesús lo explicó muy bien cuando iba por ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». Y Él respondió: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, porque muchos intentarán entrar y no podrán…». Si lo lees, entenderás lo que el Señor nos quiere decir.
    —¿La puerta estrecha es entonces el camino bueno?
    —Es el que nos propone Jesús.
    —¿Y qué significa esa puerta estrecha?
   —Nos habla más de calidad de vida que de cantidad. El simple cumplimiento de normas no es la garantía de salvación. Lo esencial es el amor y la misericordia que siembres en tu vida.
    —¿Ese es su verdadero sentido?
  —Sí. Eso es la puerta estrecha: la honestidad personal, la integridad, la generosidad con los empobrecidos, el agradecimiento al Señor por la vida. Ese es el camino que nos conduce a la salvación. 
     —Lo entiendo… y creo que así debe ser.
    —Porque no se trata de privilegios, ni de estatus, ni de creerse alguien por pertenecer al entorno cercano de Jesús. La salvación no llega por formar parte de un grupo selecto, sino por elegir un estilo de vida semejante al suyo.

sábado, 23 de agosto de 2025

¡CUIDADO, NORMAS Y LEYES!

Mt 23, 1-12
—La experiencia que tengo es que los de arriba mandan pero no cumplen. Son los que dictan las normas, pero ellos se arrogan el privilegio de no cumplirlas. ¿Qué piensas sobre eso, Manuel?
    —Que es un mal ejemplo. La autoridad empieza no solo por mandar, sino, sobre todo, por cumplir. Quien manda, pero no cumple, pierde autoridad.
    —Exacto. Dicen lo que hay que hacer, pero no hacen lo que dicen.
    —Sí, y eso deja mucho que desear. Son las mismas palabras que Jesús dirigió a la gente y a sus discípulos. Lo puedes leer en Mt 23, 1-12.
    —¿Qué dijo concretamente?
    —“Hagan y cumplan todo lo que les digan, pero no hagan lo que ellos hacen.” Se refería a los escribas y fariseos, que se habían sentado en la cátedra de Moisés.
    —¡Es verdad! Cuando dices una cosa, pero haces lo contrario, ¿qué ejemplo das?
    —De eso se trata: del testimonio. Los que te escuchan y ven se dan cuenta enseguida de tu mentira. Por eso decían de Jesús que tenía gran autoridad: porque su vida era plena coherencia entre palabra y obra.
    —¿Y cómo es que muchos no le creen?
    —Esa es la cuestión. A muchos les molesta la verdad, el sacrificio y la igualdad. Pero Jesús nos recuerda que tenemos un solo Padre, el del cielo, y un solo Maestro, el Mesías. Todos nosotros somos compañeros de camino, llamados a ayudarnos mutuamente mientras cultivamos la única adoración al Señor de la vida.
    —Entonces, el discípulo verdadero no se mide por lo que dice, sino por lo que vive.