| Lc 14, 15-24 |
No se te van a pedir tus éxitos, sino el amor que hayas gastado en beneficio de los demás.
martes, 4 de noviembre de 2025
INVITADOS AL BANQUETE
jueves, 21 de agosto de 2025
INVITADOS AL BANQUETE DEL REINO
| Mt 22, 1-14 |
martes, 5 de noviembre de 2024
INVITADOS AL BANQUETE
Por fortuna todos
estamos invitados al banquete, pero, por desgracia, muchos son los que rechazan
esa invitación. Posiblemente porque piensan que la que les ofrece el mundo, los
negocios, la familia, el trabajo, las responsabilidades… etc. son más
importantes o se la dan ellos.
Evidentemente ese
es el problema que se plantea hoy en el mundo: esta vida o la otra. Muchos no
creen en la otra, pero otros muchos si creen. La cuestión es que cuando puedas
darte cuenta, posiblemente ya no tengas remedio. El momento es ahora, el
presente, aquí y ahora. Dejarlo para más adelante es una temeridad, Quizás ese
momento no llega. El príncipe del mundo se encarga de ello.
La vida es un
camino para morir, porque morir es la única manera de encontrar vida. Y vida
eterna. Es decir, morimos para realmente vivir, pero, esa vida, será según
primero la hayamos vivido en este mundo: a la derecha (plena de gozo y
felicidad) o a la izquierda (plena de dolor y sufrimiento).
La solución se esconde en esa invitación al Banquete. Conviene aceptar la invitación, tomar el traje adecuado – la Vida de la Gracia – e ir al Banquete. Parece ser que los más proclives a asistir son los pobres, los desesperados, aquellos que se encuentran en el extrarradio de las vidas cuerdas y asentadas, y, posiblemente, por eso, entienden que es la Vida de la Gracia.
jueves, 22 de agosto de 2024
BUSCAN LA FELICIDAD, PERO NO SABEMOS DÓNDE NI CÓMO
Al empezar a leer
este pasaje evangélico y encontrarme con la parábola del rey que celebraba la
boda de su hijo, no pude evitar el pensar que la vivimos realmente en este
momento, y, diría, que siempre. Muchos, buscando la felicidad, nos perdemos en
el camino sin saber dónde ni cómo podemos encontrarla.
Desoyendo la
invitación de Dios – el Rey de la parábola – y pensando que nuestros objetivos
e intereses son más importante que asistir ahora a un banquete de boda,
buscamos en nuestro trabajo, en nuestros intereses, en nuestras ideas y
objetivos, satisfaciendo nuestras pasiones y egoísmos, esa felicidad que
anhelamos. Y damos la espalda a ese Rey – Dios nuestro Padre – que nos invita
al Banquete de Vida Eterna.
Y eso, hermanos en
la fe, y también los que así no se consideran, está sucediendo en este momento
de tu vida y la mía. Dios, nuestro Padre, nos invita con una Paciencia sin
límites, y un Amor Misericordioso Infinito, a que acudamos a Él, a que nos revistamos de ese traje de la Gracia, que Él
nos regala gratuitamente, y participemos del Banquete que nos trae su Hijo,
nuestro Señor, dándonos a comer su Cuerpo, y a beber su Sangre, para que, en
Él, alcancemos la plenitud de gozo y felicidad de Vida Eterna.
Mientras, ¿qué respondemos
nosotros? Posiblemente muchos ni hacemos caso; otros miramos para otra parte y
elegimos las cosas de este mundo, y otros, quizás los menos, tratamos de
prepararnos, revestirnos de ese traje de fiesta – la vida de la Gracia – y acudir
a invitación a ese Banquete de Vida Eterna.
Nunca debemos
perder de vista que, sólo revestido de ese traje de fiesta podemos asistir a
ese Banquete. Y eso empieza por nuestro bautismo, y termina, en la frecuencia
de nuestra vida, en el frecuente alimento del Pan de Vida – Eucaristía – y en
la Misericordia Infinita de nuestro Padre Dios, que nos perdona en el
Sacramento de la reconciliación. En ellos cargamos nuestras pilas de la Gracia
para renovarnos y llevar siempre ese traje de fiesta que nos hace hijos de Dios
y herederos de su Gloria.