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domingo, 26 de marzo de 2017

LUZ DEL MUNDO

(Jn 9,1-41)
Sin Él hay oscuridad. Esa es la experiencia de nuestra vida. Lejos de Jesús experimentamos ceguera y oscuridad. Eso supone confusión, desvío, error, necedad y muerte. Sólo en Él encontramos Luz. Luz para caminar en la verdad, en la justicia, en la paz y el amor.

Nuestras debilidades e imperfecciones sirven para manifestar el poder de Dios, que hace el milagro de, no sólo sanarnos, sino de enderezar nuestros caminos. Tal es el caso que nos presenta hoy el Evangelio. Sin embargo, nos resistimos a aceptar esa nueva Luz que nos deslumbra y lo cambia todo. Nos resistimos porque miramos con nuestros ojos y no con los Ojos de Dios. Nos resistimos porque damos nuestra propia interpretación de los hechos desdes nuestra perspectiva y mentalidad.

Tratan de esconder su oscuridad justificándolo con la prohibición del sábado. Se le da más importancia a la Ley que a la persona. Se le da más importancia a la Ley que a la curación de un ciego. Se prefiere la oscuridad a la Luz. Se confunde la santidad con el cumplimiento de la Ley marginando la curación de los que padecen y sufren. Justifican que quien incumple la Ley no puede venir de Dios, y no se dan cuenta, pues están en la oscuridad, que importa más hacer el bien y curar a los que sufren que el cumplimiento de normas y preceptos huecos y lejos del amor.

¿Estamos también nosotros ciegos? Porque esa es la pregunta que subyace debajo de la sustancia de este Evangelio y humilde reflexión. ¿Justificamos también nosotros que ese Jesús que cura y hace el bien está incumpliendo la Ley? No damos crédito a las palabras de los que experimentan su bondad y misericordia y los expulsamos de nuestra vista?

Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». ¿Qué decimos nosotros? ¿Creemos en la Palabra del Señor? Testimonios no nos faltan, pero podemos dejarnos embaucar por la oscuridad y la ceguera y responder como aquellos fariseos.

domingo, 25 de octubre de 2015

LA OSCURIDAD NOS DA MIEDO

(Mc 10,46-52)


No cabe ninguna duda que la oscuridad nos da miedo. No ver supone no saber por donde vamos, ni conocer los posibles peligros que podemos tener delante de nosotros. La oscuridad nos causa inseguridad y nos hace dudad de todo. No ver es perder el rumbo.

Sin embargo, hay otra visión más importante. Se trata de la visión espiritual, la de la fe. No saber descubrir el tiempo que vivimos como un camino, largo o corto, y desperdiciarlo en cosas vanas y caducas por no discernir lo que realmente es importante, es la peor de las cegueras que podamos padecer.

Eso fue lo que le ocurrió a Bartimeo, aquel ciego que estaba a la salida de Jericó, junto al camino. Él aprovechó su tiempo y su momento. Pasaba Jesús y escuchó sus pasos y la algarabía de todos los que iban con Él. Entendió que era Jesús y había oído hablar de sus prodigios. No lo dudó, y le buscó con sus gritos, que importunado a los que le acompañaban, no los apagaron. 

Tanto insistió, que Jesús accedió a verle. Y conocido que Jesús le llamaba, saltó sin dudarlo arrojando su manto. Posiblemente era todo lo que tenía, su manto, con el que se protegía del frío y se tapaba para dormir. Y delante de Jesús, interpelado por lo que quería, no lo dudó ni un instante: Maestro, ¡que vea!

Hay tres acciones que pueden ayudarnos en nuestra vida de cada día. Por un lado, la escucha de Jesús, de su Palabra, y la disponibilidad a estar atento a su paso por nuestra vida. Porque Jesús no sólo pasa por la vida de Bartimeo, también por la tuya y la mía. Un segundo aspecto, la respuesta. Bartimeo, dice la Escritura, dio un brinco y corrió presto a la presencia de Jesús. ¿Estamos nosotros en esas actitudes, la de escuchar con atención y responder a la llamada presto y veloz. 

Pero, simultáneamente, con el brinco, Bartimeo arrojó el manto. Un claro signo de despojo, de dejar lo que tenemos para, desnudos, acudir a llamada del Señor. Porque no se hará la luz en ti si no te has despojado de la oscuridad que llevas encima. Necesitas presentarte delante del Señor limpio, Penitencia, para que la Gracia del Espíritu Santo pueda actuar sobre Ti.

Quizás, muchos de nosotros estamos más ciegos que Bartimeo, porque, siendo importante la visión física, lo verdaderamente importante es la visión espiritual, porque es esa la que nos salva y nos da Vida Eterna.

lunes, 22 de septiembre de 2014

SI PIERDES LA LUZ TE HUNDES EN LAS TINIEBLAS

(Lc 8,16-18)

Siempre me ha interpelado esta frase evangélica: «porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará». Y siempre me he esforzado en entenderla. Hoy creo, en el Espíritu Santo, dar un paso más claro en su entendimiento. Supongo, creo que es evidente, que aquellos que viven en la Luz atraen la Luz y todo a su derredor brilla y goza de luz. 

Es lógico que todo el que vive en la Verdad sea transparente y deja pasar la luz de la verdad a través de su vida contagiando, transmitiendo y alumbrando con la Luz de la Verdad. Cumple ese refrán que solemos decir: "El dinero atrae al dinero". En términos evangélicos diríamos: "La Gracia de la verdadera Luz atrae a la Luz". Y es que en la medida que vivamos en la Verdad, nuestra luz será más brillante y alumbrará a todos los que se acerquen a ella.

Por el contrario, quienes vivan en la oscuridad caminaran cada vez más en las tinieblas y sus vidas, opacas y a oscuras andarán perdidas y atormentadas en el sin sentido, vacío y pecado. Terminarán perdiendo incluso lo poco que creían tener. Y es que es evidente y lógico. También resumimos esa realidad con una frase refrán: "Quién mal anda, mal acaba".

Pidamos luz en nuestra vida para que seamos lámpara que alumbre, y no sombra que oscurezca el camino de la Verdad. Amén.

martes, 26 de marzo de 2013

OSCURIDAD QUE BUSCA LUZ

(Jn 13,21-33.36-38)


Esa debe ser nuestra actitud, aunque sumida en la oscuridad no veamos claro ni entendamos muchas cosas. Quizás ese fue el pecado de Judas, no esperar, no confiar y aguardar a que se hiciera de día. La noche nos traiciona, nos provoca, nos confunde, y Satanás está presto y atento a ayudarnos para perdernos. En la oscuridad es más fácil perdernos.

Por eso se hace necesario esperar, tener paciencia y confianza. La Luz nos devolverá la paz, la serenidad, la señal del buen camino, el gozo y la alegría. Detrás de la oscuridad de la cruz, encontramos la claridad de la Luz, la salvación del triunfo sobre las tinieblas. Cruz y Luz están relacionadas, pues se hace necesario cargar con la cruz para llegar a la Luz.

Esa fue y es la señal de nuestro Señor Jesús, su Crucifixión es camino de esperanza y de salvación. Cruz y vida se dan la mano, pues es la cruz el camino para la vida eterna.

Pidamos, en esta Semana Grande, que nuestra vida dé un paso más hacia el Camino, la Verdad y la Vida que encierra la Cruz de nuestro Señor Jesús.