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domingo, 8 de septiembre de 2024

SORDOS Y CIEGOS A LA ESCUCHA DE LA PALABRA

La contradicción está servida, mientras oímos y vemos bien, no actuamos conforme a lo oído y escuchado. De alguna manera, aunque físicamente escuchemos y veamos, prácticamente nuestro actuar es contrario a lo que escuchamos y vemos. Así que realmente somos sordos y ciegos ante la Palabra de Dios.

Y un mundo donde no se escuche ni se mire a Dios, es un mundo de sordos y ciegos desorientados, de engaños, de odios y venganzas, de guerras y muertes. Y no hará falta demostrarlo sino abrir los ojos para verlo claramente. Ejemplos hay bastantes delante de nuestras propias raíces.

Es evidente que la sordera aísla y estanca. Quien la padece ve interrumpido su camino y limitado su capacidad de entender. Eso, no solo te deja aislado sino que te paraliza e inhabilita.  Y no cabe duda, por propia experiencia, que la tecnología y los avaneces de la ciencia médica, liberan y hacen posible que la vida del sordo, o del enfermo en particular se vea animada y capaz de reiniciar su camino con cierta eficacia y utilidad.

Y en este caso, la acción liberadora de nuestro Señor Jesús es providencial y hacedora del bien. A su lado e injertado en Él todo se ve de otra forma. La fe alimenta esa esperanza de liberación y todo cambia y se transforma. La vida se activa, nace de nuevo, se ve de otra manera y se llena de esperanza. Entonces ya se oye lo que verdaderamente hay que oír, y se ve lo que importa ver. Todo tiene sentido y, es más, esperanza de empezar a realmente oír y ver. Porque, el final de este mundo es el comienzo del otro, del verdadero y feliz, donde no hay impedimentos ni para oír ni para ver.

jueves, 27 de julio de 2023

ESE ES EL MISTERIO: OYEN Y NO ENTIENDEN; MIRAN Y NO VEN.

Siempre me he preguntado qué pasa con la reacción de la gente ante la búsqueda del bien. En estos días donde precisamente salimos de unas elecciones generales, ¿cómo es posible que se vote a una persona que se abuchea y que ha gobernado mal? Pues concluimos que no saben lo que votan. No entienden ni ven todo lo que este Gobierno ha hecho. Sus corazones están embotados y endurecidos y no son capaces de ver ni entender lo que está sucediendo. Sus votos tienen más un sentido emocional que racional.

Y creo que lo mismo sucede con respecto a Jesús. Sus contemporáneos no entendieron su mensaje ni abrieron sus corazones a su Palabra. En la medida del recorrido de mi vida he ido experimentando que mi fe, sin merecerlo, ha ido injertándose en mi corazón. La semilla ha germinado y hundido sus raíces en la tierra de mi corazón. Me siento un privilegiado, la fe ha ido creciendo hasta el punto de asombrarme misteriosamente como en otros, incluso mi propia familia, no ha echado raíces y no ven la presencia de Dios en sus vidas.

En muchos momentos de mi vida, cuando el Espíritu me alumbra de una manera especial, surge en mí ese interrogante ante personas serias, con capacidad y preparación intelectual que no despiertan ni se interpelan por la presencia de Dios. Incluso, cuando han sufrido – algunos ya fallecidos – alguna enfermedad no ha respondido a plantearse ni ver la presencia de Dios en sus vidas.

¿Qué ocurre?, me pregunto. ¿Cómo es posible que muchos, con una formación religiosa como la mía, no se interpelan ni se inquietan por la presencia de Dios. ¿Qué sucede? Quizás sea eso que dice Jesús hoy en el Evangelio: (Mt 13,10-17): En aquel tiempo, acercándose los discípulos dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la …

Yo no tengo sino palabras de agradecimiento, de asombro y misterio y de pedirle al Señor humildemente que aumente mi fe cada día. Ante un mundo que se confiesa mayoritariamente ateo y rechaza el Evangelio, me siento un privilegiado al experimentarme en la presencia de Dios y caminar con Él abriéndole mi corazón e intentando responder a su Palabra.

jueves, 21 de julio de 2022

¡PARÁBOLAS!



Es sorprendente y tremendo. El Reino de los Cielos y la Buena Noticia es anunciada por Jesús de forma muy clara, asequible y a la altura de todo entendimiento. Habla en parábolas, ejemplos sacados de la naturaleza y de las situaciones de la vida diaria. Sin embargo, ¿qué sucede? ¡A pesar de ver y oír, muchos no entienden!

Realmente, es un misterio que el Evangelio de hoy jueves revela y profetiza según Elías: (Mt 13,10-17): En aquel tiempo, acercándose los discípulos dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se

Ahora, nos preguntamos: ¿Estamos nosotros entre los que miran y oyen sin ver ni escuchar? Todavía estamos a tiempo mientras nuestra vida esté en el camino de esta vida, porque, estando podemos abrir nuestros ojos y oídos para ver y escuchar la Palabra de Dios, que es realmente la que nos salva y da Vida Eterna.

 

―¿Qué piensas, Manuel, sobre lo que nos dice el Evangelio de hoy? ―Dijo Pedro.

―No basta simplemente con mirar y oír, sino que hay que tratar y esforzarse en ver y escuchar la Palabra de Dios y hacerla vida en nuestra vida. Es entonces cuando nuestro ojos se abren y nuestra escucha entiende.

―Sin embargo, no es nada fácil tratar de ver y escuchar ―dijo Pedro.

―Se trata de confiar, creer y abrir los ojos y oídos de nuestro corazón y de nuestra alma que, por la Gracia de Dios, te abren la mente y germina la semilla de su Palabra sembrada en nuestro corazón.

 

Manuel había dado en la diana. No es cuestión de buscar razones – que las hay – sino de escuchar y abrir tu corazón a la escucha de la Palabra de Dios. Por la Gracia de Dios, que lo sabe todo, tu corazón acogerá con gozo y alegría esa Palabra de salvación.