viernes, 2 de marzo de 2012

MIRADA LIMPIA

 ... allí hasta que hayas pagado el último centavo". Palabra del Señor.
Porque cuando la mirada no es limpia, la silueta no llega a la retina en buenas condiciones. Y eso descubre impurezas y manchas en el rostro de la persona que miramos. Necesitamos, pues, limpiar nuestra mirada para que llegue a nosotros la silueta también pura y limpia.

Necesitamos tener una justicia por encima de nuestros criterios de justicia. Quiero esto decir que, a pesar de la ley, nuestro perdón tiene que ir por encima de ella. Simplemente, porque nuestro Padre nos perdona muchas cosas imperdonables desde nuestros criterios y juicios. Y si nosotros no perdonamos como Él nos perdona a nosotros, con que cara vamos a presentarnos delante de Él.

No busquemos razones ni criterios que nos lo expliquen, porque no lo entenderemos, necesitamos perdonar como Él nos perdona. Y eso exige comprender más allá de lo que nuestra razón comprende. Y no solo comprender, sino que con la sola razón y comprensión no nos basta. Te necesitamos, SEÑOR, para que Tú nos ayudes a perdonar como Tú nos perdona.

Necesitamos tu fuerza, tu misericordia, tu sabiduría, tu paciencia, tu... y sobre todo, la fuerza del Espíritu Santo que nos asiste y nos ilumina, para que solo así se pueda realizar el milagro de vencer nuestra soberbia y alcanzar las fuerzas de perdonar incluso al enemigo.

jueves, 1 de marzo de 2012

¡NUNCA DEJEMOS DE PEDIR!

MATEO 7:12 . 7:7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
Porque Jesús nos lo prometió: "Pidan y se les dará". Las preguntas que todo hombre, a pesar de que muchos quieren esconderlas, ¿quién soy y donde me dirijo?, laten dentro del corazón de cada hombre. Quien soy implica saber de dónde he venido, y esa reflexión te conecta de forma irremediable con Dios, el Creador.

La conexión con un Creador conlleva implícitamente la súplica de petición, pues quien te ha creado te puede volver a la nada. Dependes, pues, de Él, aunque durante cierto tiempo goces de autonomía y libertad propia. Y de esa dependencia nace la necesidad de pedirle lo que necesitamos para volver a Él, porque ese es nuestro destino. Recordando a San Agustín: "Solo descansaremos cuando descansemos en Ti, Señor".

Pedir exige constancia, perseverancia y estar atento a las respuestas. Quiere esto decir que, se trata de pedir y esperar la respuesta, pero no de una forma pasiva, sino actuando y confrontando nuestro actuar con lo solicitado. Porque la respuesta es de Dios y no nuestra, y sus planes no son nuestros planes. Por lo tanto, mientras espero debo moverme, actuar y confrontar que lo que hago responde a su Voluntad.

Porque no se trata de pedir para mi interés, sino para mi bien, pues el interés comporta un beneficio, que huele a cierto egoísmo. Mientras el bien responde a aquello que es bueno tanto para mí como para los otros. Porque todo bien es común a todos, ya que nada bueno puede perjudicar. En caso de perjudicar volveríamos a lo mismo, sería un bien interesado, personal y, por lo tanto, egoísta.

Dios, nuestro Padre es Infinitamente Bueno, y no puede salir de Él nada malo. De modo que, sus respuestas solo pueden llevar bondad para todos, porque todos somos sus hijos. Hay pues que diferenciar en nuestros pedidos y súplicas lo que es interés nuestro y lo que es el bien común, porque Padre Dios nos mira, aunque personalmente a cada uno, también nos ve como una familia, hijos suyos, que formamos todos. Y se cuida de que todo sea para el bien común, así creó el mundo, pero los hombres nos lo distribuimos a nuestra manera.

De esa forma, resulta que hay crisis, pero crisis de reparto, no de riqueza ni de bienes. La crisis no es económica sino cultural como consecuencia de falta de ética y valores. En estos momentos muchos padecen, no la crisis económica, sino la crisis de otros que pasan por debajo de la mesa la ética y los valores que hacen a todos los hombres iguales por el hecho de ser hijos de Dios.

De forma que, lo que recibo yo como un bien, repercute en los demás también como un bien. Y de la misma forma será lo que cada uno de nosotros, eso ya por nuestra cuenta, haga mal (La prueba del algodón, la situación que vivimos actualmente).

Todos estamos unidos y nuestra oración aunque sea personal e individual está unida a todos los demás. De forma que cuando hago oración y diga yo, llegará al Padre un nosotros, porque a todos, el Padre, quiere por igual y desea su bien.

No puede un padre repartir desigual su herencia entre sus hijos. Y si a uno da esto, al otro dará el equivalente. Todos serán herederos por igual. Por lo tanto, el bien que yo pida para mí, será también concedido, de forma equivalente, para los otros. Si esto lo hacen los padres de la tierra, siendo imperfectos y malos, cuanto no hará nuestro Padre del Cielo que sabe dar y lo que necesita cada uno de sus hijos.

Nunca dejemos de pedir al Padre lo que necesitemos para alcanzar la santidad, es decir, la perfección, que El nos ha señalado como meta y como fin. Porque, si El nos lo ha dicho, "sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto", es porque sabe que, ayudados por el Espíritu Santo, lo podemos conseguir.

miércoles, 29 de febrero de 2012

LA SEÑAL ESTÁ DELANTE DE NOSOTROS

Lucas 11, 29-32

Y si nos dieran otra señal seguiríamos pidiendo más señales, porque cuando nuestros ojos se vuelven ciegos nada pueden ver. Y si se les trata de curar, se niegan a dejarse curar porque quieren seguir siendo ciegos.

No hay más señales, porque como Jonás, Jesús es la Única y gran señal que, con su Muerte y Resurrección, nos salva de permanecer eternamente muertos, sin vida y sin gozo. Ocurre como los de Emaús que, a pesar de oír que el sepulcro está vacío y que Pedro así lo encontró, nosotros también nos vamos aturdidos, confusos y negados a la evidencia de que Jesús, el Señor, ha Resucitado.

Ante el camino de conversión que se nos presenta delante, la Cuaresma, no terminamos por decidirnos a recorrerlo en clave de arrepentimiento y sacrificios para disponernos a estar preparados y fortalecidos en la prueba de, negándonos, entregarnos en servicio a los otros. No nos decidimos. Sentimos miedo, apegos, comodidades... y dudamos.

Nuestra confianza se tambalea y se desploma. Nos agarramos a esta vida y a este mundo. Nos parece que la felicidad está aquí, y nos resistimos a morir a nosotros mismos, porque no nos convence darnos y entregarnos a los demás. Pero, no desesperemos porque ese es el camino que, por nuestra debilidad, todos emprendemos y queremos aunque sintamos que no es el verdadero. Nadie ha escapado a eso.

Tengamos confianza y no dejemos de luchar. El Espíritu Santo está con nosotros y a Él, sin miedos, agarrémonos. Aunque todo lo veamos perdido como Jonás, tengamos la confianza de que llegaremos a puerto y seremos puestos a salvo. Sigamos el camino cuaresmal a pesar de las dificultades. La Pascua nos espera.

martes, 28 de febrero de 2012

TOMAR CONCIENCIA Y VIDA DE MIS PALABRAS

Evangelio según San Mateo 6,7-15. Cuando oren, no hablen mucho, ...

Sin darme cuenta me he observado lleno de prácticas y normas que me agobian y me hacen correr sin tomar conciencia de lo que hago o digo. Sin darme cuenta no he observado que mi vivencia de piedad y relación con Dios está basada más en prácticas y rezos que en un estilo de vida vivido en el vivir de cada día.

Sin darme cuenta, he llegado a pensar que seguir a Jesús de Nazaret es hacer y hacer horas de rezos, visitas y actos que, aun llevando buena intención y socorriendo otras necesidades, me hacen sentirme fiel seguidor suyo. Sin darme cuenta he llegado a pensar que alcanzar la santidad es llenar mi vida de buenas obras y sacrificios.

Y, sin entrar a valorar todo eso, creo que seguir a Jesús es algo más. Es tomar conciencia que mis palabras son reflejos de mi vida, y mi vida es una consecuencia de mis palabras. Porque hablar con Dios es decirle lo que vivo. Por lo tanto, decirle Padre significa que tengo que relacionarme con ÉL como hijo. Y ya sabemos que como debe ser esa relación.

Santificar su nombre es santificarlo. Y la Iglesia nos dice cómo y donde. Venga a nosotros tu Reino Padre es dejar que tu Palabra me penetre y me llene de tu Reino, no del mío, que está más en este mundo que en el tuyo. Y así podríamos seguir.

Buscamos y buscamos infinidades de oraciones sin darnos cuenta que solo basta una, la que Jesús nos enseña. No quiero decir con esto que todo lo demás hay que tirarlo. No, que nadie se escandalice. Yo rezo también otras oraciones. Pero el centro de nuestra piedad y relación con el Padre es el Padre nuestro que estás en los cielos. Son Palabras del Hijo, de nuestro Señor Jesús.

Porque vivir el Padre nuestro es haber encontrado le verdadero Tesoro. Es entender, como lo hizo Jesús, su Hijo, que se trata de hacer su Voluntad y no la nuestra. Es pedirle cada día que nos alimente con su Palabra, con su Cuerpo y Sangre, que nos defienda del maligno, que nos levante y no nos deja caer en la tentación que nos tiende, y que nos libre de todo mal que nos pueda perder.

Y, hoy más que nunca, estamos necesitados de comprender y darnos cuenta de esto. Porque el hombre de hoy anda muy ensoberbecido, muy suficiente, muy poco necesitado con los avances de la ciencia y la técnica. Se cree capaz de manejarse sólo, y no necesita de ningún Padre que le asista, que le proteja y que le salve. Ese es el problema que, como nos dice Donjoan, necesitamos de recuperar en una nueva Evangelización.

lunes, 27 de febrero de 2012

CASTIGO ETERNO O VIDA ETERNA

Mateo 25,31-46. «Cuando el Hijo del hombre venga

Lo que deja muy claro que hemos sido creados para la eternidad. Nuestra vocación es eterna y esto explica que la muerte es solo un paso hacia la vida. Por lo tanto, la vida en esta tierra es un paso para la verdadera vida, que es la eterna.

Y como paso que es, nadie debe interrumpirla, no porque la puede quitar, porque seguirá existiendo, sino porque al hacerlo pierde la suya propia. El derecho a la vida se desprende de la propia dignidad de la naturaleza humana que nos impide matar. Está desde el principio en la ley de Dios, los Mandamientos. Es, por lo tanto, un derecho de Ley Natural.

Pero esa vida eterna no se gana de cualquier manera. Solo hay un camino, y todos sabemos cual es: el camino del amor. Amor que se hace visible en nuestras relaciones con los demás. Porque de nada vale hablar, prometer derechos, adquirir compromisos, buenas intenciones y bla, bla, bla... y todo quedar en simples apariencias.

Por eso, amar es servir, es ponerse en el lugar del otro, es compartir, vestir, visitar... es asistir, es comprender, es esperar, es permanecer en silencio, llorar, alegrarse y estar con los que sufren y se alegran en la verdad. Son palabras del mismo Jesús, que Él, primero que nadie, llevó a su vida y puso en práctica.

No cabe ninguna duda que asumir esto nos pone los pelos de punta, porque se hace difícil llevarlo a la vida. Tampoco cabe ninguna duda que se trata del Tesoro que todos buscamos, y que lo bueno vale y cuesta. Pero no hay otro camino, y si queremos seguirle y estar a su derecha el día señalado, debemos empezar a vivir su Palabra.

Sé que es muy difícil. Yo soy el primero que no lo cumplo, pero también sé una cosa: Él lo sabe, y sabiéndolo me lo ha prometido, me quiere y confía en mí. Por eso, yo debo confiar en Él y dejarme guiar por el Espíritu Santo en la confianza y seguridad que con Él podré lograrlo. Por eso, solos no, pero en Él y todos juntos, la Iglesia, podemos ser dichosos de estar ese día a su derecha.

Otra cosa que me ayuda es darme cuenta que Él, Jesús, sale de su Casa, deja su condición divina y haciéndose hombre igual que yo menos en el pecado, entrega su vida al escarnio, gasta todo su ser hasta una muerte de cruz sin ninguna garantía de que sirva de que yo le responda y me deje rescatar. ¡Dios mío!, ¿tanto valgo para Ti? ¿Y no voy a responderle? ¿Me voy a quedar quieto? ¿Y, además, teniendo la promesa de la asistencia del Espíritu Santo?

domingo, 26 de febrero de 2012

CONDUCIDO POR EL ESPÍRITU

(Marcos 1,12-15). Jesús, lleno del Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y fue llevado por el ...
Un encuentro presupone una reflexión y meditación, pues el encuentro exige un cambio de actitud y una entrega consecuente y responsable. No es el desierto un lugar desolado ni de sufrimiento, sino un espacio de silencio y meditación donde la respuesta a la llamada madura una decisión. Sin encuentro no hay camino ni respuesta.

Jesús acude en busca de su propio desierto tras oír la llamada de su Padre del Cielo. Le ha señalado como su Hijo predilecto en el que tiene puesta toda su complacencia. Y Jesús, que toma conciencia de ello, se retira a meditar y a prepararse. Camino que nosotros también tenemos y debemos, si queremos encontrarnos con nuestro Padre Dios, recorrer en ÉL para tratar de responder. Ese es el camino cuaresmal.

Jesús lo recorrió sufriendo todo lo que todos los hombres sufren. No se excluyo en nada, sino en el pecado, pero aceptó y asumió todo lo demás, tentaciones incluidas. Se rebajó toda condición divina, y encarnado en naturaleza humana, actuó como cualquier hombre.

En el retiro de su meditación nos enseña a superar las tentaciones, a luchar contra el mundo y contra el tentador. Porque siempre tendremos un tentador que nos tratará de confundir, de llevarnos a la duda, al placer, a la individualidad e independencia... Y si nos coge solos y desligado del Espíritu, nos vencerá. Por eso, el desierto es el tiempo de la oración, de la unión y fortaleza en el Espíritu Santo, para que con, en y por Él nunca seamos vencidos.

Jesús se deja llevar por el Espíritu Santo que lo conduce a la meditación profunda alejado de todo ruido, de toda distracción (desierto) para responder al compromiso de la elección que el Padre ha hecho. Más tarde le dirá que pase este cáliz de mí, pero inmediatamente responderá aceptando su Voluntad, porque para eso ha bajado del Cielo.

Se ha marchado de la Casa del Padre, se despojará y dará todo lo que tiene para, sin nada, empobrecido y hecho una piltrafa en la Cruz, entregar su vida, por cada uno de nosotros y pagar por nuestros pecados. Esa es la lección que tenemos que aprender, porque retirados de la Casa del Padre por nuestro pecado original, debemos empezar el camino de regreso, y eso puede llamarse "camino cuaresmal".

Sólo nos queda, o nos viene bien, el preguntarnos: ¿Me dejo yo conducir también por donde el Espíritu me sugiere? Este tiempo de cuaresma nos puede ayudar a encontrar respuestas que desvelen nuestras intenciones (ver aquí).

sábado, 25 de febrero de 2012

¿TAMBIÉN ME LO DICE A MÍ?

Después Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme".
El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.
Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos.
Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: "¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?".
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos.
Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan".

Porque leer la Palabra de Dios no es leer una historia o algo que sucedió en un momento dado, sino que leer la Palabra de Dios es leer mi propia historia que se hace ahora, en este preciso momento.

Por lo tanto, ese Mateo soy yo, y a mí me dice Jesús, "sígueme". Y Mateo le siguió dejándolo todo. ¿También le sigo yo? Esa es la pregunta que hoy me toca responder, ¿estoy dispuesto a invitar a Jesús a mi propia casa y a celebrar con Él un banquete? ¿Estoy dispuesto a dejarme curar por Él?

Porque ha venido a curar, no a los sanos y hartos que no necesitan curación, sino a aquellos necesitados, pobres y humildes que se saben pequeños y limitados y necesitan quien los oriente, dirijan y curen. ¿Soy yo uno de esos? ¿Confío lo suficiente para dar el primer paso?

Ahora es tiempo de ello, es tiempo de salvación y todo lo que deje entrar en mi corazón me puede ayudar a dar ese salto de conversión. Pidamos al Señor la valentía y firmeza de confiar en Él para que con su Gracia, guiados por el Espíritu Santo, nos atrevamos a dar los primeros pasos, como Mateo, y seguirle.