lunes, 5 de marzo de 2012

LO QUE TU HAGAS, HAZLO TAMBIÉN CON LOS DEMÁS

Sólo vine a decirte que te perdono–. Y se echó a llorar. Dios nos...

Hay un camino que no tiene pérdida, ni tampoco se da a engaño. Es camino seguro y no da lugar a ninguna confusión. Se trata de tratar como tú te tratas a ti. No pienses mal del otro. Abstente y lucha contra la tentación de pensar o hablar mal del otro. A pesar de que tú creas que tienes razón. Huye de esos pensamientos.

Cierra mis oídos a toda murmuración. Guarda mi lengua de toda maledicencia, que solo permanezcan en mi los pensamientos que bendiga, que aúnan, que hablen bien o hagan silencio referidos a los otros.

 Esforzándote en actuar así te esfuerzas en hacer la Voluntad del Padre. Porque su Voluntad es amar a los demás como tú te amas. No juzgues, no condenes; perdona, ten misericordia; da con generosidad, con desprendimiento.

Se hace duro y costoso. Estamos apegados y desapegarnos nos cuesta. Pero con Él, por su Gracia, podemos vencernos.

Por eso, Señor, te pido fuerza, desprendimiento, sabiduría, voluntad y todo lo necesario para llevar a cabo tu Voluntad y no la mía. Libérame de mis egoísmos para darme con amor a cumplir lo que Tú quieres de mí.

domingo, 4 de marzo de 2012

FRUSTRACIONES

Mc 9,2-10: Éste es mi Hijo amado...

A lo largo de nuestra vida experimentamos muchos momentos de frustraciones. Quien no recuerda desde la niñez los momentos de amargura a la hora de tener que obedecer a nuestros padres para ir al colegio, tomarnos esta medicina e ir a algún recado…

Ya, de mayor, aquellos momentos de tomar decisiones, la vocación, la carrera o el oficio; el primer empleo, la amargura de no ser correspondido…etc. Y todas esas experiencias animaron o frustraron nuestro camino.

Sin darnos cuenta, nuestro carácter se iba formando a prueba de fuego, pues es necesario prepararnos para lo que va a venir. Nuestro camino es un camino lleno de frustraciones, simplemente porque Jesús también, como cualquiera de nosotros, tuvo una experiencia frustrante.

Llegado a su vida pública, Jesús experimenta que nadie le escucha. No solo no le escuchan, sino que todos, a casi todos, están contra Él. Las circunstancias de su vida son totalmente adversas: No le escuchan ni le atienden ni le creen. Se le enfrentan y le hacen la guerra.

Algo así nos pasa a nosotros. También sufrimos en el trabajo, en la familia y en el matrimonio. Vivimos muchas disputas que llegan a la separación; los hijos no nos obedecen ni piensan como sus padres. Es más, se enfrentan. Se producen situaciones de agobio, de desesperación…etc. Es decir, la vida se nos pone en muchos momentos cuesta arriba… Jesús ha vivido todo esto también, lo conoce y lo ha experimentado como el que más de nosotros.

Y, consciente de eso, sabe de nuestras desesperaciones, de nuestras dudas y deseos de abandonar, de marcharnos, de desánimos… Sabe que necesitamos un empujón que nos anime, un impacto que nos sorprenda y despierte nuestras esperanzas. Sabe muy bien que necesitamos un Tabor.

¡Señor!, súbeme a la montaña porque necesito ver tu resplandor, tu luz. Necesito, como Pedro, Santiago y Juan un Tabor en mi peregrinar, para no desfallecer, para continuar la marcha esperanzado, para despertar mi oído y estar presto y atento a escucharte, a estar dispuesto a hacer tu Voluntad.

sábado, 3 de marzo de 2012

AMAR Y AMAR, INCLUSO TAMBIÉN HASTA A LOS ENEMIGOS

 La enseñanza de Jesús acerca del amor a los enemigos es la cumbre de la ...


Si miras alrededor, fuera del cristianismo no hay otro mensaje que exhorte a amar hasta al propio enemigo. Y ese criterio del amor hasta el extremo va contra el criterio humano de la justicia y hasta del amor. 

Porque sí, amar a los que lo necesitan; amar a aquellos que carecen de lo necesario y que demandan asistencia, compañía... es decir, amor, se comprende y es hasta lógico. Pero, ¿amar a los que te amenazan y tratan de hacerte daño...? ¿Amar a aquellos que te odian, que buscan tu mal y hasta tu muerte? Eso no lo dice nadie, y menos lo hace. Solo Jesús de Nazaret lo proclamó y lo vivió con su vida hasta el extremo de derramar todo su amor en una muerte de Cruz.

Pero sucede que no tomamos conciencia de ello, porque no experimentamos que murió por nosotros. En el fondo de nosotros mismos sentimos que murió por sus propias ideas, por su propia locura, porque quiso. Sí, lo decimos, pero no lo experimentamos, ni tampoco lo conocemos. No nos damos cuenta porque no partimos de los interrogantes ¿quién soy y de dónde vengo? Y también porque no nos gusta, compromete mucho nuestro acomodo.

Porque si reflexionamos sobre nuestro origen nos daríamos cuenta que quien nos creó nos hizo eternos y para vivir felizmente. No se puede entender de otra forma. Y estamos donde estamos porque rechazamos esa propuesta de felicidad eterna por nuestra soberbia de querer determinar nosotros mismos nuestros propios proyectos. Y todavía seguimos erre que erre.

Y lo grandioso es que, habiendo hecho eso y solo merecernos el destierro errante y doloroso, Él se hizo como nosotros, menos en el pecado, y nos rescató con su muerte, Resucitando, para que nosotros podamos también empezar a una vida nueva resucitando con Él. Y eso solo se puede hacer por amor, porque por otra cosa... Nada le podríamos dar para pagar tan infinita deuda.

De manera que, la única forma de merecerla, por su Gracia y Bondad, es corresponderle en el intento y esfuerzo de imitarle y amar como Él nos ama. Y la manera de hacerlo, puesto que no está de forma física entre nosotros, es en los hermanos. Así que cuando amo a otra persona, y si es necesitada más, lo estoy amando a Él.

viernes, 2 de marzo de 2012

MIRADA LIMPIA

 ... allí hasta que hayas pagado el último centavo". Palabra del Señor.
Porque cuando la mirada no es limpia, la silueta no llega a la retina en buenas condiciones. Y eso descubre impurezas y manchas en el rostro de la persona que miramos. Necesitamos, pues, limpiar nuestra mirada para que llegue a nosotros la silueta también pura y limpia.

Necesitamos tener una justicia por encima de nuestros criterios de justicia. Quiero esto decir que, a pesar de la ley, nuestro perdón tiene que ir por encima de ella. Simplemente, porque nuestro Padre nos perdona muchas cosas imperdonables desde nuestros criterios y juicios. Y si nosotros no perdonamos como Él nos perdona a nosotros, con que cara vamos a presentarnos delante de Él.

No busquemos razones ni criterios que nos lo expliquen, porque no lo entenderemos, necesitamos perdonar como Él nos perdona. Y eso exige comprender más allá de lo que nuestra razón comprende. Y no solo comprender, sino que con la sola razón y comprensión no nos basta. Te necesitamos, SEÑOR, para que Tú nos ayudes a perdonar como Tú nos perdona.

Necesitamos tu fuerza, tu misericordia, tu sabiduría, tu paciencia, tu... y sobre todo, la fuerza del Espíritu Santo que nos asiste y nos ilumina, para que solo así se pueda realizar el milagro de vencer nuestra soberbia y alcanzar las fuerzas de perdonar incluso al enemigo.

jueves, 1 de marzo de 2012

¡NUNCA DEJEMOS DE PEDIR!

MATEO 7:12 . 7:7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
Porque Jesús nos lo prometió: "Pidan y se les dará". Las preguntas que todo hombre, a pesar de que muchos quieren esconderlas, ¿quién soy y donde me dirijo?, laten dentro del corazón de cada hombre. Quien soy implica saber de dónde he venido, y esa reflexión te conecta de forma irremediable con Dios, el Creador.

La conexión con un Creador conlleva implícitamente la súplica de petición, pues quien te ha creado te puede volver a la nada. Dependes, pues, de Él, aunque durante cierto tiempo goces de autonomía y libertad propia. Y de esa dependencia nace la necesidad de pedirle lo que necesitamos para volver a Él, porque ese es nuestro destino. Recordando a San Agustín: "Solo descansaremos cuando descansemos en Ti, Señor".

Pedir exige constancia, perseverancia y estar atento a las respuestas. Quiere esto decir que, se trata de pedir y esperar la respuesta, pero no de una forma pasiva, sino actuando y confrontando nuestro actuar con lo solicitado. Porque la respuesta es de Dios y no nuestra, y sus planes no son nuestros planes. Por lo tanto, mientras espero debo moverme, actuar y confrontar que lo que hago responde a su Voluntad.

Porque no se trata de pedir para mi interés, sino para mi bien, pues el interés comporta un beneficio, que huele a cierto egoísmo. Mientras el bien responde a aquello que es bueno tanto para mí como para los otros. Porque todo bien es común a todos, ya que nada bueno puede perjudicar. En caso de perjudicar volveríamos a lo mismo, sería un bien interesado, personal y, por lo tanto, egoísta.

Dios, nuestro Padre es Infinitamente Bueno, y no puede salir de Él nada malo. De modo que, sus respuestas solo pueden llevar bondad para todos, porque todos somos sus hijos. Hay pues que diferenciar en nuestros pedidos y súplicas lo que es interés nuestro y lo que es el bien común, porque Padre Dios nos mira, aunque personalmente a cada uno, también nos ve como una familia, hijos suyos, que formamos todos. Y se cuida de que todo sea para el bien común, así creó el mundo, pero los hombres nos lo distribuimos a nuestra manera.

De esa forma, resulta que hay crisis, pero crisis de reparto, no de riqueza ni de bienes. La crisis no es económica sino cultural como consecuencia de falta de ética y valores. En estos momentos muchos padecen, no la crisis económica, sino la crisis de otros que pasan por debajo de la mesa la ética y los valores que hacen a todos los hombres iguales por el hecho de ser hijos de Dios.

De forma que, lo que recibo yo como un bien, repercute en los demás también como un bien. Y de la misma forma será lo que cada uno de nosotros, eso ya por nuestra cuenta, haga mal (La prueba del algodón, la situación que vivimos actualmente).

Todos estamos unidos y nuestra oración aunque sea personal e individual está unida a todos los demás. De forma que cuando hago oración y diga yo, llegará al Padre un nosotros, porque a todos, el Padre, quiere por igual y desea su bien.

No puede un padre repartir desigual su herencia entre sus hijos. Y si a uno da esto, al otro dará el equivalente. Todos serán herederos por igual. Por lo tanto, el bien que yo pida para mí, será también concedido, de forma equivalente, para los otros. Si esto lo hacen los padres de la tierra, siendo imperfectos y malos, cuanto no hará nuestro Padre del Cielo que sabe dar y lo que necesita cada uno de sus hijos.

Nunca dejemos de pedir al Padre lo que necesitemos para alcanzar la santidad, es decir, la perfección, que El nos ha señalado como meta y como fin. Porque, si El nos lo ha dicho, "sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto", es porque sabe que, ayudados por el Espíritu Santo, lo podemos conseguir.

miércoles, 29 de febrero de 2012

LA SEÑAL ESTÁ DELANTE DE NOSOTROS

Lucas 11, 29-32

Y si nos dieran otra señal seguiríamos pidiendo más señales, porque cuando nuestros ojos se vuelven ciegos nada pueden ver. Y si se les trata de curar, se niegan a dejarse curar porque quieren seguir siendo ciegos.

No hay más señales, porque como Jonás, Jesús es la Única y gran señal que, con su Muerte y Resurrección, nos salva de permanecer eternamente muertos, sin vida y sin gozo. Ocurre como los de Emaús que, a pesar de oír que el sepulcro está vacío y que Pedro así lo encontró, nosotros también nos vamos aturdidos, confusos y negados a la evidencia de que Jesús, el Señor, ha Resucitado.

Ante el camino de conversión que se nos presenta delante, la Cuaresma, no terminamos por decidirnos a recorrerlo en clave de arrepentimiento y sacrificios para disponernos a estar preparados y fortalecidos en la prueba de, negándonos, entregarnos en servicio a los otros. No nos decidimos. Sentimos miedo, apegos, comodidades... y dudamos.

Nuestra confianza se tambalea y se desploma. Nos agarramos a esta vida y a este mundo. Nos parece que la felicidad está aquí, y nos resistimos a morir a nosotros mismos, porque no nos convence darnos y entregarnos a los demás. Pero, no desesperemos porque ese es el camino que, por nuestra debilidad, todos emprendemos y queremos aunque sintamos que no es el verdadero. Nadie ha escapado a eso.

Tengamos confianza y no dejemos de luchar. El Espíritu Santo está con nosotros y a Él, sin miedos, agarrémonos. Aunque todo lo veamos perdido como Jonás, tengamos la confianza de que llegaremos a puerto y seremos puestos a salvo. Sigamos el camino cuaresmal a pesar de las dificultades. La Pascua nos espera.

martes, 28 de febrero de 2012

TOMAR CONCIENCIA Y VIDA DE MIS PALABRAS

Evangelio según San Mateo 6,7-15. Cuando oren, no hablen mucho, ...

Sin darme cuenta me he observado lleno de prácticas y normas que me agobian y me hacen correr sin tomar conciencia de lo que hago o digo. Sin darme cuenta no he observado que mi vivencia de piedad y relación con Dios está basada más en prácticas y rezos que en un estilo de vida vivido en el vivir de cada día.

Sin darme cuenta, he llegado a pensar que seguir a Jesús de Nazaret es hacer y hacer horas de rezos, visitas y actos que, aun llevando buena intención y socorriendo otras necesidades, me hacen sentirme fiel seguidor suyo. Sin darme cuenta he llegado a pensar que alcanzar la santidad es llenar mi vida de buenas obras y sacrificios.

Y, sin entrar a valorar todo eso, creo que seguir a Jesús es algo más. Es tomar conciencia que mis palabras son reflejos de mi vida, y mi vida es una consecuencia de mis palabras. Porque hablar con Dios es decirle lo que vivo. Por lo tanto, decirle Padre significa que tengo que relacionarme con ÉL como hijo. Y ya sabemos que como debe ser esa relación.

Santificar su nombre es santificarlo. Y la Iglesia nos dice cómo y donde. Venga a nosotros tu Reino Padre es dejar que tu Palabra me penetre y me llene de tu Reino, no del mío, que está más en este mundo que en el tuyo. Y así podríamos seguir.

Buscamos y buscamos infinidades de oraciones sin darnos cuenta que solo basta una, la que Jesús nos enseña. No quiero decir con esto que todo lo demás hay que tirarlo. No, que nadie se escandalice. Yo rezo también otras oraciones. Pero el centro de nuestra piedad y relación con el Padre es el Padre nuestro que estás en los cielos. Son Palabras del Hijo, de nuestro Señor Jesús.

Porque vivir el Padre nuestro es haber encontrado le verdadero Tesoro. Es entender, como lo hizo Jesús, su Hijo, que se trata de hacer su Voluntad y no la nuestra. Es pedirle cada día que nos alimente con su Palabra, con su Cuerpo y Sangre, que nos defienda del maligno, que nos levante y no nos deja caer en la tentación que nos tiende, y que nos libre de todo mal que nos pueda perder.

Y, hoy más que nunca, estamos necesitados de comprender y darnos cuenta de esto. Porque el hombre de hoy anda muy ensoberbecido, muy suficiente, muy poco necesitado con los avances de la ciencia y la técnica. Se cree capaz de manejarse sólo, y no necesita de ningún Padre que le asista, que le proteja y que le salve. Ese es el problema que, como nos dice Donjoan, necesitamos de recuperar en una nueva Evangelización.