sábado, 12 de enero de 2013

JAUN ENTIENDE BIEN SU PAPEL

Juan 3:22-30. 22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la...


Jesús es el enviado del Padre y al que hay que seguir, pues Él es el elegido que nos ha de salvar del pecado con su Muerte y Resurrección. Juan nos remite a Jesús y le señala como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Se alegra de que eso suceda así y de que él vaya menguado y sea Jesús quien aumente en importancia.

¿Me siento yo así? ¿Busco yo al Señor en esa actitud? ¿Trato de que en mi vida, Jesús sea el principal, el artífice de mis acciones, el centro de mi actuar y ser? Son preguntas que sus respuestas nos pueden ayudar a discernir nuestra actitud y situación.

El Bautismo de Jesús responde a mi pregunta. Es el Espíritu Santo quien me sirve de orientación y orienta mi vida. Es Él quien me ayudará a encontrar el camino que vaya dando respuesta a todos esos interrogantes que se desprenderán en mi vida a lo largo de mi camino. Es posible que haya momentos de oscuridades, pero siempre estará la estrella que me dará luz y me guiará hacia Belén.

Por eso, el Bautismo principal es el de Jesús. Un Bautismo de fuego y Espíritu que nos alumbra nuestro rumbo y nuestro camino. Es la estrella del Bautismo que recibimos del Padre en el Hijo para que nuestro rumbo sea el verdadero y adecuado.

viernes, 11 de enero de 2013

NADIE PUEDE DAR LO QUE NO TIENE

Lc 5, 12-16


Por mucho que me empeñe en transmitir una idea, si esa idea no la hago primero mía, nada conseguiré. Transmitir, contagiar o dar a conocer algo implica primero que ese algo a transmitir sea conocido y vivenciado por mí. Sólo aquello que se vive y se nota se transmite.

Un enfermo da a conocer la sabiduría de su médico mostrando su salud y recuperación de tal enfermedad que le poseía. Sin la muestra y el testigo muy poco se puede convencer y transmitir. Desde esa perspectiva, si quiero transmitir y dar a conocer a Jesús, primero tengo que conocerlo, pero sobre todo, y en la medida de irlo conociendo, vivirlo.

El leproso que hoy nos descubre el Evangelio dio testimonio de su curación, y en consecuencia extendió la fama de Jesús por toda la región. ¿Cómo puedo hacer yo lo mismo? Primero contando con su Gracia, y luego tratando de dejarme conducir por el Espíritu Santo.

 ¿Y qué es dejarse conducir por el Espíritu Santo? Humildemente, creo que abandonarse en sus Manos y confiados a su acción intentar amar cada instante de mi vida. Esforzarme en amar en los diversos momentos que cada día se suceden a mi alrededor: la familia, el trabajo, el vecino, el amigo...etc. 

No es fácil, pues discernir qué debo hacer esconde el gran problema y escollo a salvar. Porque muchas veces habrá que negarse, otras solidarizarse, y otras pasar de largo. No lo sé, pero para eso está el Espíritu Santo, y a Él hay que encomendarse. Jesús nos enseña a retirarnos y orar, y a contar en todos nuestros actos con la colaboración del Espíritu.

jueves, 10 de enero de 2013

JESÚS ATRAE NUESTRA MIRADA

Lucas (4, 14-22)

Y también la de todos aquellos que en ese momento y en esa hora se encontraban allí, junto a Él en la sinagoga de Nazaret. El Evangelio nos dice que todos los ojos estaban fijos en Él. Porque Jesús atrae, tiene una mirada persuasiva, que convence y habla en verdad.

Y es que cuando se vive en la verdad, se testimonia la verdad. Y la verdad se transmite, contagia y toca el corazón de quien la escucha. Jesús ya no solo habla en verdad, sino que es la pura Verdad. Él es la Palabra que da Vida, y la vida del que la escucha se transforma.

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, y todo el que escucha su Palabra y la cumple tendrá vida eterna. No hay otro camino, porque el único camino que el hombre, tú y yo, buscamos es el camino de la vida, y una vida eterna.

Si preguntamos a cualquiera, nos dirá que lo que desea es salud y felicidad. Pues bien, salud es vida eterna, porque queremos salud no para hoy solo, sino para siempre. Y felicidad es lo mismo, estar saludable y siempre. Eso lo buscamos todos, y eso lo refleja Jesús y nos lo promete en su Mensaje. Por eso, nada extraño que Jesús enamore, y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.


miércoles, 9 de enero de 2013

JESÚS NOS SOBREPASA

Marcos 6,45-52
Nuestro pequeño corazón no está hecho para aguantar tanta grandeza. Experimentar la vivencia del encuentro con Jesús nos deja aturdido y desconcertado. El Señor nos encandila y quizás por eso no se nos manifiesta claramente y con todo su esplendor. ¡No lo resistiríamos!

Recordemos el momento de la transfiguración. Santiago, Pedro y Juan quedarón estupefactos y fuera de lugar. No pensaron sino procurar una cabaña para Elías, Moisés y Jesús  olvidándose de ellos. A nosotros nos pasaría algo parecido, quedaríamos asombrados y desconcertados.

En el Evangelio de hoy, los apóstoles estaban todavía de resaca con eso de los panes y los peces. No encontraban explicación alguna. Y ahora ven a Jesús caminar sobre las aguas. Supongo que sus cabezas estaban hecha un lio. ¿Cómo podriamos estar nosotros?

Y realmente lo estamos. llevamos todos un Herodes dentro de nosotros mismos. Un Herodes que razona y desecha todo aquello que no entiende, y trata de borrar toda aquel que le mosleta y amenaza sus dominios y su reinado. Así porcedió contra el Niño Dios.

No comprendemos lo sucede; no aceptamos tales prodigios y grandeza. Nos cuesta fiarnos y abandonarnos en las Manos de nuestro Padre Dios. Queremos comprender y entender todo, y cuando esos prodigios y vivencias nos ponen en juego nuestro poder, nuestro estado y situación, nos ponemos en guardia y dispuestos a matar si es preciso.

Necesitamos paciencia, tiempo y confianza. Confianza en Aquel que se ha hecho Hombre para dibujarnos el camino y la esperanza de encontrar el rumbo y la salvación que buscamos. Pero, necesitamos una cosa previa, hacernos niños como Él y ponernos, como hizo Él en manos de María y José, en Manos de nuestro Padre Dios. Amén.

martes, 8 de enero de 2013

BUSCANDO ALGÚN INTERÉS

Marcos 6, 34-44

Oigo dentro de mis oídos esta frase: ¿qué regalan aquí? Cuando vemos mucha gente reunida y expectante a la escucha de alguien, inmediatamente nos preguntamos qué es lo que dan. Porque nuestra cabeza nos dice eso, no se da nada gratis, y todo tiene un valor.

Muchos somos movidos por ese interés, el de buscar algo gratis. Las gangas siempre han interesado a las mayorías, y ese interés les induce a moverse. Obviando esa intención, Jesús aprovecha para enseñar a todo aquel que le sigue, y su preocupación, pasado el tiempo, le lleva a preocuparse e interesarse por alimentarle también materialmente.

No solo busca la paz y el alimento del alma, sino que también alimenta el cuerpo. Nos enseña a preocuparnos de forma integral con todos los hombres. Buscarle a Él es buscar que todos los hombres vivan con lo indispensable y necesario para vivir. Y para eso se necesita cambiar el corazón. De un corazón que no da nada gratis, a un corazón que comparte y se da.

De criterios humanos que exigen y conllevan intercambios y contraprestaciones, a criterios divinos de gratuidad y servicios por amor. Sin lugar a duda que el mundo se vería diferente, y, ahora, posiblemente no estaríamos hablando de crisis económica sino de paz y justicia, y de convivencia plena donde todos tenemos lo suficiente para vivir dignamente.

lunes, 7 de enero de 2013

SEGUIR PARA CAMBIAR

Evangelio según San Mateo. Capítulo 4, 12-17. 23-25

No se puede seguir a alguien y estar siempre en el mismo lugar. Seguir implica moverse, y moverse significa cambio de lugar, pero también de actitud. Porque cada lugar trae una vivencia diferente y una forma distinta de entender la vida. Cada problema tiene un enfoque y tratamiento según el lugar donde se produzca, y eso nos compromete a cambiar y a tratarlos todos desde el amor.

Por eso, no hay distinción de clases, ni de razas o color. Todos los hombres son iguales, y todos merecen y necesitan escuchar el mensaje de salvación que Jesús les propone. Un mensaje que resuelve todos los problemas independientemente de donde se produzcan porque los trata desde la vivencia del amor, y ese amor perdona, hace justicia y defiende la dignidad del hombre por el hecho de ser hijo de un mismo Padre Dios.

Jesús recorre todos los lugares y predica que vivir significa amar al Padre Bueno del Cielo, porque todo ha sido creado por Él para el bien de todos los hombres. Y Él es el enviado para anunciarlo y dárnoslo a conocer, y también a merecerlo para nosotros con su Muerte y Resurrección. Enseña en las sinagogas y proclama el Evangelio. Su fama se extiende por toda Siria y cura a todos los enfermos que le traían aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos.

Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Décapolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania. Pero no se trata de seguir buscando la solución del problema o enfermedad. Se trata de un cambio de vida que nos mueva dar un giro de trescientos sesenta grados y transformar nuestro corazón en un corazón de amor y disponibilidad. 

Jesús nos invita a amar al Padre, pero amar al Padre, que no vemos ni podemos tocar, lo podemos hacer como si fuera tocarle y verle amando a los hombres con los que se cruza nuestra vida. Haciéndolo así le estamos viendo y tocando. Ese puede ser nuestra petición de estas fiestas de reyes. Pedir un corazón de amor para acercarnos en esa actitud amorosa de servicio a los que caminan con nosotros en nuestra vida. Si lo pedimos, eso que es precisamente lo que Él nos pide, nos lo concederá.

domingo, 6 de enero de 2013

PONERSE EN CAMINO

Mateo: 2, 1-12

Viajar descubre que se busca algo, bien sea el descanso, el salir de la rutina, el conocer nuevos horizontes o simplemente abrir nuevas rutas de comercio e intercambios. Pero todo eso exige esfuerzos, aventuras,  no exentas de riesgos y de inseguridades.

Moverse y ponerse en camino exige, pues, salir de ti mismo para buscar a otro, a otro que mejore tu vida y que le dé un sentido más pleno y verdadero. A veces pueden ser cosas, y otras veces puede ser una persona. Hoy, el Evangelio, nos habla de tres Magos de oriente que sienten esa llamada de búsqueda y, olvidándose de sí mismos, y sus comodidades, emprenden su búsqueda con entusiasmo y gozo.

Tienen una intuición, siguen una estrella, algo así como una luz que les guía y le señala el camino. Hay también una profecía que señala a Belén como lugar de donde saldrá un Mesías, un Salvador del mundo. Todo se cumple y como signo de una buena estrella son protegidos de aquel que poseído por la envidia quiere matar ese prometido Niño, nacido en Belén, para afirmar y asegurar su reinado.

¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Estamos disponibles y con actitud de emprender la búsqueda? ¿O, por el contrario permanecemos asombrados y admirados de lo que ocurre, pero permanecemos inmóviles como meros espectadores? 

Cantar al Belén, besar al Niño y vivir la Navidad significa estar en camino, salir al camino y recorrer el camino dejándonos orientar por la Estrella que nos describe y señala por donde debemos ir. Cada uno debemos buscar, porque la tenemos, la estrella, el sol o la luna que nos oriente y nos lleve a ese Belén. Ese Belén que guarda lo que buscamos ansiosamente: "La luz que nos guía y nos orienta con la brújula del Amor".

Quizás debemos levantar más nuestra mirada y mirar a ese cielo donde una de las estrellas está destinada a alumbrar nuestra vida y a enseñarnos el rumbo por el que, nuestra vida, debe navegar. Pidámosle esa gracia al Niño Dios que nace en Belén. Amén.