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viernes, 27 de abril de 2018

NOS LLENA DE ESPERANZA Y NOS CONFORTA LO QUE NOS DICE JESÚS

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Juan 14, 1-6
Estamos invitados a la Casa del Padre. Y no nos invita un cualquiera ni un recomendado indirectamente, sino que nos hace la invitación de forma personal y directa el Hijo de Dios,el enviado del Padre, precisamente enviado para salvarnos. Y nos dice: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino».

¡Qué alegría, que esperanza, tenemos ya reserva en el Cielo! ¡Y una reserva hecha por el mismo Jesús, el Hijo de Dios! En realidad, ¿tomamos conciencia de lo que eso significa? Posiblemente, casi seguro que no, pues envueltos en este mundo lleno de ruidos, de aspiraciones materiales, de éxitos económicos y distracciones banales, ahogamos nuestra dicha de estar invitados a la mayor fiesta que nunca tendrá fin. Por eso, la importancia de aislarnos para, en silencio, meditar y encontrarnos con nuestra propia realidad a la que estamos llamados.

Y, para más sorpresa y dicha, Jesús, a la pregunta de Tomás, responde: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Es para quedarse con la boca abierta y lleno de gozo y admiración. Y además nos promete que vendrá a buscarnos. No quiere que nadie se pueda perder y nos acompaña para llevarnos a ese lugar prometido. Nada más y nada menos que la Casa del Padre, donde Él está y para permanecer con Él y junto al Padre eternamente.

No podemos esperar mejor Noticia. Satisface todas nuestras expectativas y todas nuestras ansias de felicidad eterna. Indudablemente, tengamos confianza y pidamos la Gracia de valorar y entender lo gran Noticia que Jesús nos revela en este pasaje evangélico.

lunes, 2 de noviembre de 2015

DESCANSAMOS Y ESPERAMOS EN TI, SEÑOR.

Jn 14, 1-6


No hay herencia que se le asemeje ni gloria mayor. El Señor nos ha prometido volver y llevarnos a un lugar en la Casa del Padre, a donde ha ido a prepararnos una estancia. ¿Cómo será esa estancia preparada por el Señor, Creador de cielo y tierra?

«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así; ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Es apasionante escuchar esas palabras en boca de Jesús. Apasionantes porque hablan de una promesa, y la Palabra de Dios sabemos que siempre la cumple. Suponemos que el Señor está preparándonos ese lugar, porque en cuanto termine vendrá a buscarnos para llevarnos. Y en eso estamos. 

Los creyentes en Jesús somos las personas más dichosas. Ayer nos lo decía el Evangelio: Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.

Y así será, no amamos en balde ni perdemos el tiempo, porque amando ya, desde ese momento, somos felices y dichosos. Pero nuestra felicidad va más allá, sobre pasa la frontera de esta vida y de la muerte, para alcanzar la Resurrección Eterna. 

Hoy, por tanto, es un día de gozo y de felicidad, porque recordamos a todos aquellos que, habiendo dejado este mundo, viven en el gozo y la plenitud eterna en la Casa que el Jesús nos ha preparado, y que continúa preparando a los que todavía recorremos el Camino que el mismo nos ha señalado en Palabras de respuesta a Tomas: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»