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jueves, 3 de mayo de 2018

JESÚS, VERDADERO ROSTRO DE DIOS

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Jn 14,6-14
Hay mucha confusión. Los apóstoles no entienden y no les cabe en la cabeza eso del Padre está en el Hijo y viceversa. Ellos tienen la idea de un libertador terrenal y político que les sacará del yugo romano al que estaban sometidos. Pero, el perfil de Jesús no cuadraba con esa idea que ellos, como todo el pueblo judío, se habían formado.

Nosotros lo tenemos más claro. Lejos de esas ideas, los apóstoles, después de ser instruidos e iluminados por el Espíritu Santo nos han transmitido la verdadera esencia y divinidad de Jesús. Y, a través de la Iglesia, en torno a María, la Madre de Dios, ellos han continuado la labor evangelizadora que nos ha llegado a nosotros. Por eso, nosotros, gracias a ellos, tenemos las ideas algo más claras. Sin embargo, sigue habiendo mucha confusión en todos aquellos que se cierran a la acción del Espíritu Santo.

El mundo actúa también como un gran obstáculo seduciéndonos y alejándonos de la verdad y del verdadero camino. Y confundiéndonos con tradiciones y conjeturas que llevan a forjarse diversos dioses y multitud de imagenes según sus culturas y creencias. Porque, a Dios nadie lo ha visto y, a pesar de que le buscan con buenas intenciones, su desconocimiento le hace caer en idolatrías y desviaciones.

Jesús es la piedra angular, el fundamento de la verdadera Verdad, valga la redundancia. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y el verdadero Rostro del Padre. Quien le ha visto a Él ha visto al Padre. Son Palabras el mismo nos dice a la pregunta de Felipe. En Él está toda la Verdad y Él es el fundamento de nuestra fe. En Él encontramos la luz que necesitamos para el camino y para fortalecernos y no perdernos. Él es la Verdad, el Resucitado y el que nos aclara todo.

En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré.

sábado, 13 de mayo de 2017

DELANTE DE NOSOTROS

(Jn 14,7-14):
Es verdad que ahora no le vemos, pero está espiritualmente delante de nosotros y se hace alimento para fortalecernos tanto físicamente como espiritualmente. Jesús es el Rostro de Dios. No por suposición de nosotros, sino porque nos lo ha dicho el mismo: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: « ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras». 

Quizás nos ocurra que no veamos, ni a Dios ni tampoco a Jesús. Quizás cualquier persona no acreditada de la autoridad necesaria nos deslumbra con sus palabras carente de toda credibilidad y sin ningún fundamento. La Palabra de Dios avala y fundamente a Jesús. Y Jesús avala y fundamenta a esa Palabra que lo envía. Él y el Padre están íntimamente ligados, de tal forma que quien lo ve a Él, ve al Padre. Así se lo dice en el Evangelio de hoy a Tomás.

Pero, por su hubiese dudas, Jesús, nos remite a sus obras. Sus Palabras van juntas y coherentemente  con sus obras. Lo que dice, lo hace. De ahí nace su autoridad, que otros no tienen. Y esa autoridad nos la regala y transmite también a nosotros: «El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago» (Jn 14,12). «Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Es impresionante saber que podemos hacer las mismas obras que Jesús. Posiblemente, ni lo hayamos pensado, ni tampoco estemos del todo convencidos, pero es así, porque todo lo que dice el Señor tiene cumplimiento. Quizás no falte fe, o no sepamos qué cosas debemos pedir y hacer. Lo que realmente prueba la necesidad que tenemos del Espíritu Santo, para que nos alumbre nuestro camino y nos indique su Voluntad.

A pesar de nuestras limitaciones y oscuridades tengamos, mirando a María, nuestra Madre, la perseverancia, la paciencia, la obediencia y la fe de creer en el Señor.