jueves, 1 de febrero de 2024

APOYADOS EN LA PAZ DEL SEÑOR

Nuestra fuerza no está en el poder, ni en el oro, plata, calderilla, alforja, túnica, sandalia o bastón… Nada de eso nos es necesario porque la conversión nace del corazón que se abre a la Palabra de Dios y deja entrar al Espíritu Santo en él.

Se trata de darnos cuenta de que la conversión no  se da según el método o estrategia, que convienen tenerlos en cuenta, sino en la acción del Espíritu Santo y la predisposición de la persona a abrir sus corazones. Muchos no escucharon las palabras de Jesús ni suavizaron sus corazones al ver sus milagros y su poder.

Hoy sigue sucediendo lo mismo, muchos se quedan parados en la duda y, resignados, aceptan las seducciones y propuestas del mundo. No reaccionan ni siquiera ante la muerte de algún familiar o amigo. Les cuestas dejar las propuestas del mundo – sobre todo si tienen una cómoda situación – y cambiar el rumbo de sus vidas.

Evidentemente se hace necesaria la fe. Una fe apoyada en el Señor y sedimentada en la roca de la Iglesia. Una fe capaz de voltear sus corazones y transformarlos en unos corazones suaves, sencillos, humildes, comprensivos y buenos. Unos corazones plenos de amor misericordioso. Caminar, pues, poniendo a Jesús, el Señor, en el centro de nuestro camino es realmente la única forma de seguirle y de poder hacer su Voluntad, asistidos por la acción del Espíritu Santo venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo.

miércoles, 31 de enero de 2024

FALTA DE FE

Quizás ese sea el problema: nuestra falta de fe. Quizás ese sea el muro que no deja entrar en nuestro corazón la Palabra de Dios. Lo mismo ocurrió en tiempo de Jesús y en su mismo pueblo. Son sus propios paisanos los que le rechazan e impiden que su Palabra trascienda hasta sus corazones y haga milagros. No le aceptan ni creen en Él.

Ahora, ¿y nosotros? Quizás nos parece mal la actitud de sus propios paisanos, pero, ¿somos nosotros mejores? ¿Creemos nosotros en Jesús y en su Palabra? ¿Le dejamos actuar hasta el punto de que su Palabra llegue a nuestro corazón?

¿Es Jesús para nosotros alguien desconocidos o le reconocemos como el Mesías prometido y enviado a anunciarnos la Buena Noticia? ¿Son sus Palabras, sus actos y buenas obras la Buena Noticia que esperábamos o por el contrario no encaja su mensaje con el que nosotros nos hemos imaginado? ¿Dónde estamos nosotros, a la puerta de que llegue el Mesías o abiertos a la Palabra que nos dio y nos da Jesús cada día? ¿La dejamos entrar en nuestro corazón y le permitimos que nos transforme según su Voluntad?

Posiblemente sean estas preguntas motivo y cuestión de reflexión con el fin de mirarnos interiormente y exteriormente a fin de ver como está la medida de nuestra fe.

martes, 30 de enero de 2024

«HIJA, TU FE TE HA SALVADO. VETE EN PAZ Y QUEDA CURADA DE TU ENFERMEDAD»

No son resultados de magia ni casualidades. Tampoco son milagros. Son precisamente actos consecuencia de la fe que es la causante del milagro. Hija, tu fe te ha salvado, le dice Jesús. Y la busca con su mirada y se lo dice porque quiere que tanto ella como los que puedan oírle lo sepan. Es la fe la que realmente salva y produce el milagro.

Y será nuestra fe la que nos mueva a permanecer fieles a Jesús sea cual sea el resultado de nuestros proyectos u objetivos en este mundo. Porque, la fe es la que nos dice que, pase lo pase, estamos salvados; porque la fe nos descubre que, tras el paso irremediable por la muerte en este mundo, llegaremos al del Reino de los Cielos, del que Jesús nos habla y nos promete; porque la fe, no solo nos sostiene nuestra perseverancia sino que nos alienta, nos da vida y nos salva.

Por tanto, no esperemos que las cosas aquí abajo tengan que ser como a nosotros nos gustaría. No esperemos que la vida, camino de este mundo, sea un camino de rosa ni que todo nos salga bien porque el Espíritu Santo va con nosotros. Sepamos siempre que nuestro camino es de cruz y que es precisamente la fe la que convertirá esa cruz en salvación eterna.

lunes, 29 de enero de 2024

PREFERIMOS ANTES QUE LA VIDA, LOS BIENES MATERIALES QUE PROPORCIONAN DINERO Y BIENESTAR.

Esa es la paradoja, ponemos el dinero y el bienestar que da antes que la vida de la persona. Nos preocupamos seriamente por la perdida de nuestro bienestar, de nuestros intereses crematísticos, por la pérdida de poder y de las comodidades, pero, ¿y por la vida de los que sufren, de los que carecen de muchas cosas necesarias e imprescindibles para vivir? ¿Y por la vida de los sin voz que viven en el vientre de sus madres?

En el Evangelio de hoy lunes, Marcos pone el acento en el interés de aquel pueblo. Poco o nada le importaba la salud de aquella persona ni siquiera la presencia del endemoniado que lo poseía. Lo que les preocupaba era la piara de cerdos que representaba una buena cantidad de dinero y bienestar.

Hoy sigue ocurriendo lo mismo. Se antepone el interés, ya sea político, de poder, de riqueza o de cualquier otro tipo siempre que eso represente un bien para satisfacción de su propio egoísmo y su propio bienestar. Sin embargo, la vida de muchos inocentes sin voz y sin ninguna defensa propia, la de muchos marginados, sometidos, esclavizados en sus propios países y por sus propios mandatarios sigue postergada y en un plano casi olvidada eclipsada por el interés que proporcionan los bienes materiales.

Jesús es señalado e invitado, incluso con ruegos, a que se vaya. No se acepta su preferencia por la vida de los más pobres, marginados e indefensos. No se le escucha ni se le quiere escuchar. No es algo que sucedió sino que sigue vigente en nuestros días. Anteponemos nuestros intereses, ideas y pensamientos a los de Jesús. Nos importa poco la vida del pequeño, del pobre e indefenso, a quienes prioriza Jesús para pensar solo en nosotros mismos.

No hace falta mirar para atrás y recordar lo que sucedió en aquellos tiempos. Simplemente abrir los ojos y ver lo que sucede a nuestro alrededor y tendremos presente lo sucedido en aquel pueblo con el endemoniado y los puercos.

domingo, 28 de enero de 2024

NO PODEMOS VIVIR RESIGNADOS Y DESESPERANZADOS DE ALCANZAR LA FELICIDAD Y VIDA ETERNA.

¿Qué vida nos espera si pensamos que todo termina en este mundo? ¿Para qué entonces tantos afanes, esperanzas, ideales y trabajo? ¿Qué sentido tiene todo esto? Es evidente que sin una esperanza en el más allá la vida pierde todo su sentido. Luego, la cuestión será plantearnos ¿en qué, o mejor, en quién creer?

No cabe ninguna duda que Aquel en quien creamos tendrá que ser Alguien cuya autoridad y palabra sea digna de creer y toque profundamente nuestros corazones. Quizás esa sea la respuesta a la necesidad de los milagros que hace Jesús. Realmente no busca su lucimiento personal sino despertar en nuestros corazones la fe en Él. Su Palabra y su Vida dan crédito a nuestra fe y asombro: Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen».

Ahora, ¿y nosotros? ¿Nos hacemos la misma pregunta? ¿Nos asombramos de la Vida y Obras del Señor? Porque están escritas en los Evangelios. Y los que han experimentado su Palabra también han experimentado su presencia: ¡Jesús Vive y está entre nosotros! Ahí están los interrogantes a los que tenemos que dar respuesta con nuestra vida. Y Jesús, el Señor, la espera.

sábado, 27 de enero de 2024

SÍ, AL SEÑOR LE IMPORTAS TÚ

¿Cómo no le vas a importar al Señor? ¿Acaso piensas que si no le importases hubiese dado voluntariamente su Vida por ti? Mira, si Dios te ha creado es de sentido común que quiera que vivas con Él eternamente y en plena felicidad. Ha enviado a su Hijo para decírnoslo y para rescatarnos entregando su Vida.

En lo que respecta al Evangelio de hoy sábado se me ocurre pensar que quizás se hizo el dormido para observar la medida de tu confianza. No entendemos los planes de Dios pero, sabemos, que es nuestro Padre, y un Padre Bueno, Bondadoso y Misericordioso. Por tanto, estando con Él todo saldrá bien porque, Él, es el Señor de la vida y la muerte a quien el viento y el mar obedecen. De modo que pase lo que pase estamos a salvo. Si vivimos, caminamos a su encuentro; si morimos, llegamos a encontrarnos directamente con Él. De una u otra manera venimos de Él y a Él vamos.

Sucede que a nosotros nos ocurre algo parecido. ¿Cuántas veces dejamos en el olvido al Señor en nuestra vida y solo acudimos a Él cuando estamos en peligro o en una grave necesidad? Cuando la vida nos depara alguna mala sorpresa nos acordamos del Señor, acudimos a hablar con Él, prometemos novenas, rosarios y todo tipo de promesa. Incluso, llegamos a pensar que el Señor duerme.

Nuestra experiencia, como la de aquellos apóstoles es, o al menos debe ser, la misma. Hemos recibido el mismo Espíritu Santo en el instante de nuestro bautismo y nos acompaña en el camino de nuestr vida. Y Jesús, nuestro Señor, ha venido para quedarse. Nos ha dicho: «Estaré con ustedes siempre, hasta el final del mundo. Mt 28,20.

viernes, 26 de enero de 2024

EL TIEMPO ES NECESARIO PARA QUE LA FRUTA MADURE

Tiempo, paciencia y perseverancia son características imprescindible para que la semilla germina y dé frutos. Nunca podrás cambiar los acontecimientos de tu vida porque en tu temprana edad tus pensamientos son diferentes a los que tengas cuando tu mente madure. Tus reacciones serán a una edad diferentes a otra. De esa consecuencia nace ese refrán: «si yo tuviera el conocimiento que tengo ahora mi vida sería diferente».

El plan de tu vida está en el pensamiento de Dios y nada podrá cambiarla. Ahora, tus decisiones serán determinantes a pesar de que Dios sepa su resultado. Se te ha dado libertad para que seas tú quien realmente cultives tu semilla y la proveas de buena tierra, la abones bien y la riegues con el agua de la Gracia para que tus frutos sean buenos y estén en la dirección de la Voluntad de Dios.

Posiblemente no te darás cuenta, los resultados se ven y se entienden al final, pero tu vida ira desarrollándose según tú vayas trabajando en ella. Pregúntate cómo vives y examine tu capacidad de amar en el servicio y bien de los demás. Mírate en tu relación con los más desfavorecidos, los más vulnerables y débiles, y pregúntate como te relacionas con ellos: ¿los escuchas?; ¿tratas de ayudarles y servirles para su bien?; ¿te preocupan y deseas ayudarles?

En la medida que tu vida, también la mía, vaya en esa dirección, tu semilla irá también creciendo y madurando hasta dar buenos frutos. Y, casi sin darte cuenta, entenderás que así es el Reino de Dios, un Reino de amor y misericordia donde experimentarás un gozo y felicidad inimaginable y eterno.