Mostrando entradas con la etiqueta amor a los enemigos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor a los enemigos. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de marzo de 2023

UN CORAZÓN VUELTO AL REVÉS

Nuestra manera de pensar y actuar es diferente a la de Jesús. Nosotros buscamos a quienes piensen como nosotros o, al menos, estén cerca de nuestra manera de vivir y actuar. No queremos saber nada de los que son diferentes y están en las antípodas. Sin embargo, parece que estamos de acuerdo que tenemos un mismo Padre. Un Padre que hace salir el sol y que venga la lluvia para beneficios de todos sus hijos. Buenos y malos.

Al parecer Jesús no hace distinciones de buenos y malos como nosotros. Nos anuncia que su Padre, Padre de todos, nos quiere de la misma forma pensemos como pensemos y seamos como seamos. Por eso su único mandamiento, que encierra todos los demás, es amarnos como Él nos ama. Las Palabras de Jesús dejan todo muy claro y sin lugar a duda. Ahora, amar como nos ama nuestro Padre Dios es muy difícil para nosotros. Diría imposible si tratamos de hacerlo por nuestra cuenta.

La cuestión es que, si queremos estar al lado de Jesús y responder a esa llamada de nuestro Padre Dios aceptando esa maravillosa dignidad de ser sus hijos, tendremos que esforzarnos en cambiar nuestro corazón. Y, sobre todo, confiar y creer que para Dios no hay nada imposible. Luego, si Él nos lo pide es porque sabe que podemos lograrlo. Sobre todo si creemos en Él y contamos cono su presencia. 

Así de sencillo de entender. Todo se reduce a tener fe y creer en el Señor. Todo nos es posible estando en la presencia de nuestro Padre Dios. Y, por supuesto, seremos capaces de amar a aquellos que nos caen mal, que nos incordian con sus actitudes y malas intenciones y que nos complican la vida. Los amaremos porque estando con el Señor tendremos las fuerzas necesarias para amar tal y como Él nos ama.

martes, 14 de junio de 2022

AMAR A LOS ENEMIGOS

Jesús viene a perfeccionar la Ley, y lo que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo, lo traduce el Señor ahora proponiéndonos amar a nuestros enemigos y rezar por los que les persiguen. Porque, nuestro Padre Dios hace salir el sol para buenos y malos, y manda la lluvia a justos e injustos. Dios envía a su Hijo para salvar a todos, sin distinción de raza, color, pueblo…etc. Todos somos hijos de Dios.

Si amamos a los amigos, que también nos aman, ¿dónde está nuestro mérito? Eso lo hacen todos, pecadores y no pecadores. La diferencia está en amar como nos ama nuestro Padre celestial. Por tanto, ser perfectos, como nuestro Padre celestial es perfecto.


Manuel frunció el ceño y mantuvo la mirada perdida en el horizonte. —Se hace duro aceptar esa propuesta de amor. Amar sí, pero, amar a quien te hace daño y te persigue es harina de otro costal.

—Bastante duro y difícil de realizar, pero, es la propuesta —intervino Pedro—. Él así lo hizo. Nos ama a pesar de que le defraudamos, le damos la espalda y hasta le rechazamos.

—Sí, y si el Señor lo propone —dijo Manuel— es porque podemos hacerlo. No olvidemos que no nos deja solos y que nos envía al Espíritu Santo, quien nos asistirá y auxiliará para que podamos amar como nos ama Jesús.

—No hay que suponerlo, sino que lo hemos visto reflejado en su Vida. La cruz no deja ninguna duda.

Esa es la realidad, amar como nos ha amado el Señor. Y no hay otro camino ni otra alternativa. Ni otra solución, porque, la solución del mundo, valga la redundancia, es el amor. Lo dijimos ayer y lo reafirmamos hoy, hacer el bien da paz y favorece el amor, pues, amar es hacer el bien.

martes, 16 de junio de 2020

LA ASIGNATURA PENDIENTE

Mateo 5, 43-48 (con imágenes) | Amad a vuestros enemigos ...
Para el creyente que cree y quiere creer la asignatura pendiente es el amor. Pero, no el amor a tus amigos, tus compañeros con los que compartes la fe, tus familiares y otros muy cercanos, que, no siendo fácil amarles, está dentro de tus posibilidades naturales. Porque, lo natural y lógico es amar a aquellos que te aman, y esos compañeros, amigos y familiares, que se supone te aman, son los que más fácil tú puedes amar.

Pero, ¿qué me dices de los que te perjudican, te hacen la vida imposible y se declaran como tus enemigos? Esos no están escritos en tu corazón como posibles personas a amar. Lo natural es que los repele y los alejes de tu presencia. Amar a los enemigos es algo que va contra tu propia naturaleza. Luego, ¿cómo es posible amarlos? Es algo imposible por mí mismo. Mi corazón no puede doblegarse a ese odio y venganza contra mis enemigos. Y, Tú, Señor, me dices que si quiero seguirte tengo que pasar por amar incluso a mis enemigos. ¿Cómo puedo hacerlo, Señor? ¿Es el amor a los enemigos una pretensión que avasalla a la naturaleza? (del comentario del Evangelio diario de la compañía de Jesús).

Está claro que, si darnos en verdadero amor a los demás, entendiendo a los demás como todos aquellos que nos rodena (familia, amigos y otros cercanos) se nos hace difícil, cuanto más nos será amar a los enemigos. Entendemos que es imposible y que sólo será posible en la medida que nos dejemos llevar por el Espíritu de Dios que nos acompaña en esa contranatural amorosa que, por nosotros mismos, nos resulta imposible.

Dios nuestro Padre sabe lo difícil de la misión, y para eso ha enviado a su Hijo, el Señor Jesús, que nos demuestra cómo hemos de proceder con los enemigos. Él nos marca el camino, no sólo con su Palabra sino con el testimonio de su Vida. Y nos promete la asistencia del Espíritu Santo para que esa misión, imposible para nuestra naturaleza humana, sea posible por la acción del Espíritu Santo en nosotros.

martes, 18 de junio de 2019

EN EL MUNDO, PERO NO CON EL MUNDO

Resultado de imagen de Mt 5,43-48 Fano
Mt 5,43-48
Se te fijas entenderás que nos puedes, aún estando y permaneciendo en el mundo vivir como si fueras del mundo. Porque, el pensamiento del mundo no coincide con el pensamiento de Dios. Ahí radica la gran diferencia y dificultad por el que el hombre y la mujer no quieren escuchar a Jesús. Lo que Jesús propone no es lo que el hombre y la mujer piensan.

Nuestra razón, sometida al pecado, busca la correspondencia en la justicia y no sabe de misericordia. O le cuesta aplicarla y entenderla. Amo a quien me ama, y perdono a quien me perdona. Me esfuerzo en amar, a pesar de sus debilidades y desfraudes, a mi familia, a mis hijos y a los que son de mi entorno y afinidades, pero, ¿y a mis enemigos? Ese realmente es el distintivo y la característica que distingue al auténtico cristiano y seguidor de Jesús.

Y Jesús, que nos propone, según la Voluntad de su Padre, amar sin medida  nos remite a la acción de su Padre, que hace salir el sol para buenos y malos y manda la lluvia para justos e injustos. De la misma forma, nosotros tendremos que amar. Si bien, intentarlo con nuestras fuerzas es un error, pero esforzarnos unidos a Espíritu de Dios y dejándonos guiar por Él, podemos lograrlo. Amar al que te hace bien es bueno, pero no es suficiente, porque ese amor no prueba nada. Lógico es amar y corresponder al que te ama y te corresponde. No hacerlo sería de mala persona, y eso todos lo comprendemos y nos gusta corresponde. Es de justicia.

Pero, otra cosa es amar al enemigo, al que te persigue, al que te señala, te critica o busca hacerte daño. Al que te ignora, al que no te escucha o se muestra indiferente a tu presencia y a tus actos. Ese es más difícil amarlo, pero la prueba de tu amor, de hacerlo o intentarlo, queda fuera de duda. Entonces es cuando te parece a tu Creador, a nuestro Padre Dios. Entonces, es cuando demuestra que estás esforzándote en corresponderle a su Amor, porque es de esa manera como te ama Dios.

domingo, 24 de febrero de 2019

NADIE HA HABLADO ASÍ JAMÁS

Resultado de imagen de Lc 6,27-38
Lc 6,27-38
Es la mayor revolución jamás oída y la más eficaz, porque el arma más poderosa es el amor. Jamás nadie hubiese pensado un mensaje tan revolucionario como amar a los enemigos. No entra en la lógica humana esa clase de amor. Había sido un gran avance la llamada ley del talión, un progreso enorme al convenir con esa ley que no se podía tomar mayor venganza que la medida de la recibida. Pero, lo que nos dice Jesús rompe toda lógica y pensamiento humano:
                                                 «Yo os digo a los que me escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os difamen. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite el manto, no le niegues la túnica. A todo el que te pida, da, y al que tome lo tuyo, no se lo reclames. Y lo que queráis que os hagan los hombres, hacédselo vosotros igualmente.

Las diferencias que distinguen a aquellos que creen y siguen a Jesús están claras y se perciben con nitidez meridiana. Porque, amar a los que te aman no tiene nada de especial y eso lo hacen todos por sentido común y lógica. Y corresponder haciendo el bien a los que te lo hacen a ti es lo lógico. Al igual que prestar a los que te han prestado. Es responder al favor que también te hacen a ti.

Jesús exige a aquellos que le siguen y creen en Él que se muestren según nos enseña: « Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los ingratos y los perversos. Sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque con la medida con que midáis se os medirá»

martes, 20 de junio de 2017

EL AMOR ES INCONDICIONAL

(Mt 5,43-48)
El amor es incondicional, si no deja de ser amor. Te amo para que me ames. Eso es lo mismo que decir que mientras tú me ames, yo también te amo. Se descubre inmediatamente un egoísmo que condiciona el amor. Y eso no es amor. O si lo es, es un amor adulterado e imperfecto. Y no hay amor imperfecto. El amor tiene que ser perfecto, y esa perfección contiene dar la vida hasta la última gota de sangre.

Porque, ¿cómo nos ama Jesús? Y, ¿cómo nos dice y nos revela que nos ama su Padre Dios? Si Jesús nos amase condicionalmente no hubiesemos superado ni un mes. Nuestras imperfecciones, torpezas, egoísmos y pecados le hubiesen obligado a dejarnos. ¿Acaso se puede aguantar las tres negaciones de Pedro? ¿Y las persecuciones de Pablo? ¿Y las dudas de Tomás? ¿Y la traición de Judas? ¿Y la huida de casi todos a la hora de la Cruxificción?

¿Y nosotros? ¿Merecemos confianza y que nos esperen y nos den infinitas oportunidades? Pues si Jesús nos ama así y su Padre también, ¿cómo vamos a mar nosotros? Supongo, y está demasiado claro, que lo tendremos que hacer de la misma manera, incondicionalmente. Por eso, en el Evangelio de hoy, Jesús nos dice: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».

Supongo que todo queda muy claro. Ese debe ser nuestro camino y nuestra meta. Esforzarnos en amar a nuestros enemigos. Y, claro también, que no lo lograremos sin el concurso del Espíritu Santo. Será Él quien nos prepara y nos capacite para, transformando nuestros corazones, seamos capaces de amar incondicionalmente.

domingo, 24 de abril de 2016

LA SEÑA DE IDENTIDAD CRISTIANA

(Jn 13,31-33a.34-35)


Se puede ir a misa todos los días; se puede ser buena persona; se puede ser gran cumplidor con todos los preceptos y leyes mandadas; se puede ser buen cristiano, pero todo eso para por el amor. Si no eres capaz de amar como nos lo dice Jesús, nada de lo demás importa mucho, porque el amor es el signo que nos identifica como cristianos y seguidores de Cristo.

Sus Palabras no dejan lugar a duda: «Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros».

Y esas simples palabras llevan mucha tela dentro de sus letras. Amar a los otros implica también a los que piensan diferente a ti y no están de acuerdo con tu fe; amara a los otros contiene dosis de soportar, atención, escuchar, esfuerzos de comprender y paciencia en el trato. Amar es el resultado de estar disponible y de entregarse al servicio aunque los impulsos sean otros. Amar es estar convencido de que entregarse y servir es la mejor manera de corresponder al amor de Jesús.

Amar es transmitir esta buena Noticia de salvación por el amor. Y lo puedes hacer con tu palabra; en tu ambiente y grupos; en Internet; en cualquier parte que tengas oportunidad. Pero, también lo puedes hacer con tu vida trasmitiendo serenidad, confianza, atención, escucha, servicio...etc.

Cuando tratas de vivir la Palabra y te alimentas de la Eucaristía, todos tus esfuerzos transparentan luz, que siendo pequeña y pecadora, se transforma, por la Gracia de Dios, en testimonio de Luz y Verdad. Pidamos al Señor que nos dé esa Gracia de, sostenidos en su Espíritu, demos testimonio de su Amor.

martes, 16 de junio de 2015

AMAR AL PRÓJIMO AUNQUE SEA TU ENEMIGO

(Mt 5,43-48)


Hay una gran diferencia en el amor, digamos, común, y el amor verdadero. Porque el amor común es el amor natural y racional de la especie humana, pero el amor verdadero es el amor con el que nos ama el Dios Verdadero. Es el amor que nos propone Jesús y que nos enseña con su Vida y Palabra.

Es el amor con el que le envía su Padre del Cielo para que nos lo comunique y nos lo haga saber. Dios nos quiere con locura y, en Jesús, su único Hijo Verdadero, nos hace también a cada uno de nosotros sus hijos. Hijos adoptivos y coherederos con Jesús de su Gloria.

El hombre alberga en lo más profundo de su corazón ansias de amar. Necesita amar, pero su corazón mal herido entiende que ese amor que necesita dar exige correspondencia, y ama para ser amado. Y da, para recibir. Es un amor con resquicio de correspondencia y excluido de la gratuidad. Es la herida del pecado, que lo vuelve egoísta e, interesado. Eso explica las rupturas del amor, sobre todo en los matrimonios. 

Porque el amor no ha madurado y exige correspondencia y satisfacciones, y cuando estás ya han pasado porque llegan otros tiempos, se rebelan y se rompen. El amor necesita madurar y morir a su propio ego. Es la semilla que muere, de la que nos habla Jesús. Y muerta da frutos, los frutos del desprendimiento, de la entrega, de la paciencia, comprensión, humildad, servicio y unidad. Es entonces cuando el amor está preparado para amar a los enemigos, a los que te persiguen y amenazan de muerte.

Porque amar a los que te aman es formar capillas, sectas y fobias que excluyen a los que no amas, es decir, a los que son enemigos. No se puede explicar un Dios excluyente, porque no podría llamar a todos sus hijos. Y lo hace y los llama. Nuestro Padre Dios es un Dios de buenos y malos. Para todos hace salir el sol y manda la lluvia para que germine la tierra y les sirva de alimento. Es claro y lógico que el amor sea extensivo a todos los hombres, incluso a los enemigos.

Pero nos encontramos que el corazón del hombre no está preparado para tal proeza. Por eso, Jesús, el Hijo de Dios Verdadero, nos lo enseña y demuestra con su Vida y Pasión, perdonando y amando a todos hasta los últimos momentos en la Cruz. Y nos deja la asistencia del Paráclito, el Espíritu Santo, para que en Él recibamos las fuerzas y la capacidad necesaria para ablandar nuestros corazones y convertirlos en corazones de carne, suaves y bondadosos capaces de amar a los enemigos.

Sí, realmente en el Espíritu de Dios podemos amar a los enemigos. No es una utopía, y nos lo demuestran a diario todos los mártires que dan su vida perdonando y amando como Jesús les ha enseñado con su ejemplo. Verdaderamente necesitamos la Gracia de Dios para responder de forma gratuita al amor hacia los enemigos. Y aprovechamos para pedírsela.

sábado, 28 de febrero de 2015

TODO CONSISTE EN AMAR Y AMAR

(Mt 5,43-48)


El amor que Jesús te propone es un amor que va más allá de tus apetencias. Es un amor comprometido que ama por encima de sus preferencias y gustos, que ama incluso a sus propios enemigos. 

Esta es la señal de identidad del cristiano. Porque amar a los amigos es de sentido común, pero amar a los enemigos no entra en nuestra lógica, y nos exige un esfuerzo contrario a nuestra naturaleza humana. Por eso, si no se es cristiano comprometido con el compromiso de Bautismo y, por supuesto, en seguir a Jesús, no se puede amar a los enemigos.

Es contrario a nuestro criterio y no entra en nuestra cabeza humana. Hay que hacer un acto sobrenatural para sobrenaturalizar esa actitud de perdón. Y eso sólo lo podemos lograr en y con Jesús. Sin Él nada podemos hacer, y menos luchar y vencer nuestra propia naturaleza caída.

En el amor a los que te odian, a los que te hacen mal y te rechazan está la prueba de tu amor. Amas a Dios en la medida que luchas por amar a tus enemigos. De no ser así le estás mintiendo. Y en medio de esta lucha, que te sobre pasa, experimentas que, injertado en Jesús, el camino se vuelve más suave, más ligero y posible, porque la carga me parece ya soportable y sientes que la puedes vencer.

Ahora, en la medida que caminas con Jesús experimentas que la carga se hace suave y ligera  y que el amor es el arma fundamental y necesaria para vivir en el gozo y la paz eterna.