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martes, 19 de enero de 2021

LA PERSONA EN PRIMER LUGAR

 

Se habla mucho de derechos y de libertades, pero, ¿quién fue el primero y único que defendió y defiende los derechos y libertades de la persona? Desde tiempos muy antiguos - y también modernos - ha habido esclavos, leyes esclavizantes que oprimen y privan las libertades de unos frentes a otros. Fue Jesús de Nazaret quien hablo del derecho de la persona - sin distinción de raza y lugar -  ante la justicia y la igualdad. Fue Jesús de Nazaret quien defendió al humilde, a oprimido y al sin dignidad ante los que si se consideraban con derecho y dignidad. 

Y, después de veintiún siglos, algunos se atribuyen el derecho de ser ellos lo que enarbolaron la bandera de la igualdad y dignidad. Gracias a Jesús - el Señor - la persona goza del derecho a ser digno, respetado y libre. Ayer y hoy, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, ha defendido a la persona siempre. El Evangelio de hoy nos narra el acontecimiento de un hecho realizado en sábado: (Mc 2,23-28): Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: « ¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él...?

Todo está en función de la persona, porque, el mundo ha sido creado para disfrute y provecho de la persona. Y, por consiguiente, las leyes y toda norma tienen que legislarse para provecho y bien de la persona. Hacerlo de otra manera es postergar a la persona ante las leyes y someterla a la ley. Así termina Jesús diciendo: 
«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».

lunes, 3 de febrero de 2020

LO MATERIAL ANTE LO ESPIRITUAL Y LA DIGNIDAD DE LA PERSONA

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Mc 5,1-20
Los valores del hombre han ido descendiendo en categoría. Hoy se aprecia más lo material que lo espiritual. No parece tener el mismo valor algo que reporta dinero y riqueza que la dignidad de una persona, su honor y su moral. Prima el dinero y todo aquello que reporta beneficios de poder, de fama, de placer y de conseguir satisfacer tus apetencias carnales y concupiscencias.

En el Evangelio de hoy apreciamos como aquellos hombres decidieron invitar a Jesús a marcharse de su aldea por lo que había hecho. No les importaba la salud ni la curación del aquel endemoniado, sino el valor material de lo que habían perdido con la pérdida de aquella piara de cerdos. Hoy sigue ocurriendo lo mismo, anteponemos lo material a lo espiritual y los valores morales que dignifican al hombre. Interesa lo productivo e, incluso, cuando el hombre llega al ocaso de su vida y se vuelve improductivo y representa una carga, molesta, ocasiones pérdidas y conviene quitarlo del miedo. Ahí está preparada la ley de la eutanasia.

Poco se ha cambiado. El mundo sigue actuando de la misma forma. Ha avanzado en adelantos técnicos y científicos, pero la muerte sigue estando presente. Quizás, todavía más presente, porque si el hombre pierde su alma terminará perdiendo la vida. El mundo está en guerra consigo mismo, digamos, está endemoniado y autodestruyéndose,  enfrentados los hombres unos con otros por riqueza y poder sin importarles los valores que le dignifican y les distingue como personas semejantes a Dios.

La ceguera es preocupante, porque, buscando la verdad, la felicidad y la eternidad, el hombre se aparta y se aleja cada vez más de quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Encontrar al Señor es encontrar lo que realmente buscamos. En Él está la Vida plena y eterna.

miércoles, 8 de enero de 2014

HORARIOS Y MISERICORDIA


(Mc 6,34-44)

El Evangelio de hoy nos puede interpelar de muchas maneras. A mí me sugiere una de ellas, y es sobre los horarios y la misericordia. ¿Cuántas veces he dejado algo importante, sobre todo si se trata de personas, por algún cumplimiento o acto de piedad? Me ha ocurrido algunas veces, y me pregunto cuál sería la más importante, o la que debería haber atendido.

Un criterio importante sería anteponer a todo la necesidad de la persona, y otro el saber discernir cuando es el momento de dejar una cosa para atender la de mayor importancia, pero siempre donde la persona humana ocupe el centro de atención. Jesús hoy nos aclara el panorama y llegado el momento se fija en la necesidad de aquella multitud y decide plantearse una respuesta que les colme esa necesidad.

Ocurre en nuestras parroquias que damos más atención a reuniones, programaciones y actos celebrativos... abandonando el contacto personal e intimo con las personas. Es mi opinión, supongo y creo que deberíamos tener en cuenta más el bien de las personas y esforzarnos en atenderlas que llenarnos de reuniones y programaciones que luego quedan en el papel y no en la vida.

La misericordia es la virtud que nos descubrirá nuestra fe, porque sólo el que la practica está vivenciando la actitud que Jesús nos quiso revelar: "El Amor del Padre y su gran Misericordia".