viernes, 20 de mayo de 2011

COMPAÑEROS DE CAMINO (Jn 14, 1-6)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Todo camino tiene un objetivo y, en consecuencia, un final. Si caminamos es que vamos a algún sitio, nos dirigimos a alguna parte. Porque, ¿qué pensaríamos de aquel que camina sin saber a dónde va? Y la pregunta no se hace esperar, cae de madura: ¿Cuál es la meta y objetivo de nuestro camino? ¿A dónde vamos? ¿Por qué caminamos? ¿Y cuanto dura ese camino?

Son preguntas que están en lo más profundo de nuestro corazón, y querer obviarla y mirar para otro lado es de tonto y de poco sentido común. Porque tarde o temprano el camino de nuestra vida llegará a su término y nos encontraremos con la verdad de nuestra vida. Es, por lo tanto, conveniente y necesario preguntarnos ahora cuál es ese camino y si vamos bien encaminados.

Y, para todos aquello que están desorientados, perdidos o confusos, JESÚS nos recuerda y aclara hoy en su Palabra que, ÉL es el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al PADRE sino por MÍ. Todas nuestras búsquedas y dudas encontrarán respuestas. Hay que perder el miedo a viajar.  Nos muestra una meta, nos habla de un camino para llegar a ella.

Quizás, este encuentro bloguero, próximo a celebrar, el 17 de agosto, donde confluiremos muchos de nosotros, puede ser un encuentro que nos ayude a descubrir más nuestro propio camino, pues, injertados en CRISTO y unidos a los hermanos el camino puede ser más nítido y firme.

Despierta en mí, SEÑOR, esas ansías de 
buscarte por las caminos de mi vida.
Haz que no deje de caminar hasta
encontrarte en mi propia cruz.

Porque en mi cruz aceptada, cómo
TÚ lo hiciste por mí, y por tus
méritos y gracia, en el 
ESPÍRITU SANTO 
encontraré
el camino de tu Morada. Amén.

jueves, 19 de mayo de 2011

PERSONAS, PERO NO OBJETOS (Jn 13, 16-20)

Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo...

Nuestra medida es la de la utilidad. Tanto haces, tanto vales. Nos cocificamos y convertimos en objetos de valor para los otros. Tengo un valor por las cosas que hago, no por el hecho de ser persona y de estar en actitud de servicio hacia los demás. Es el amor lo que nos engrandece y nos llena plenamente de gozo y felicidad.

Porque lo importante es mantenerme en una actitud de servicio hasta el extremo de abajarme y lavar los pies, es decir, hasta la humillación por amor. Porque eso  fue lo que hizo JESÚS al rebajarse a lavarme mis pies. Todos no lo comprendieron, y Pedro se reveló. También yo me revelo, porque tengo que aceptar que me cuesta ser reprendido; que me cuesta servir a los pequeños, y que me cuesta aceptar que estoy para servir y no ser servido a pesar de mis capacidades.

SEÑOR, sé lo que me pides, y sé
lo que me espera. El enviado
no es más que quien lo
envía. 

Pero incluso, sabiéndolo encuentro
resistencia. Ayúdame, SEÑOR, a
crecer en humildad. Lavar
pies también es mi
tarea. Amén. ( Oración de "orar y celebrar").

miércoles, 18 de mayo de 2011

TODO ESTÁ CONSUMADO (Jn 12, 44-50)


Cuantas veces he deseado una nueva revelación, o aparición, o la novedad de un nuevo mensaje que me haga reaccionar. Cuantas veces he buscado en la vivencia de unos nuevos ejercicios espirituales o retiros el recuperar el amor primero que parece ha decaído, como los de Emaús, en mi camino.

Siempre andamos buscando, ¡y no es malo!, nuevas experiencias sin percatarnos que todo ya ha sido revelado. Para eso vino JESÚS, para decirme lo que el PADRE me ama y quiere para mí. Y para cada uno de sus hijos. No debo, pues, seguir buscando sino creer en Aquel que se ha hecho visible entre los hombres, JESÚS de Nazaret. El que lo ve a ÉL, ve al PADRE, porque ÉL lo ha dicho y tiene Palabra de Vida Eterna.

JESÚS me habla hoy a mí. Me habla en este momento, en esta cultura y en este lugar (La Iglesia). Sus Palabras son actuales, responden a mis interrogantes e inquietudes, y le dan respuesta. Debo, pues, buscar en un diálogo sincero y transparente su Voluntad, lo que quiere de mí, lo que quiere para mí, y darle respuesta en mi vida.

Y no debo angustiarme porque lo mandado está en proporción de mis fuerzas. ÉL me las dará para que pueda cumplir con lo misionado. Esa es la fe que debo tener y debo pedir, y la Iglesia me lo testimonia en la vida de muchos que lo han hecho (santos). JESÚS se hace contemporáneo mío, se acerca en mi camino hacia Emaús y me alienta hasta que mi corazón arde de pasión y entusiasmo. Luego, al calor de la mesa y la fracción del pan se me hace visible y reconocible. En la Eucaristía recobro la Luz y le reconozco.

Que nunca deje de visitarte y alimentarme
en el Pan Eucarístico, donde, TÚ, SEÑOR
te haces presente y reconocible. Amén.

martes, 17 de mayo de 2011

DIOS NOS HABLA EN NOSOTROS (Jn 10, 22-30)


Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía»

DIOS nos regala a su HIJO, nuevo don, que es la Palabra viva en nosotros, y que en nosotros habla y nos interpela... La gran sinfonía musical de DIOS, en la revelación de su Palabra al hombre, es interpretada, desde el corazón de DIOS, al corazón del hombre por un único solista, JESUCRISTO, quien le da vida y vida de salvación.

DIOS nos habla desde nosotros mismos. Está en nuestras entrañas, en nuestro propio ser. No en vano, somos sus hijos, sus propias criaturas. Por lo tanto, toda manifestación de lo creado es fien testimonio de la Palabra de DIOS, y el hombre es su locura, su máxima expresión de amor. Por eso, nos regala a su HIJO hasta el extremo de morir por todos nosotros.
 
Debemos, pues, abrir los ojos y mirarle con fe, porque solo así seremos capaces de reconocerle como verdadero HIJO de DIOS.  Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Necesito ser humilde, SEÑOR. Humilde para
ser capaz de reconocerte, de sentir que
sólo TÚ tienes Palabra de vida eterna.

Necesito, SEÑOR, abajarme, abandonarme
en tus Manos y confiar que TÚ eres 
verdadermente el HIJO de 
DIOS, porque TÚ lo
dices y tus obras lo manifiestan. Amén.

lunes, 16 de mayo de 2011

PODER PARA DARLA Y RECOBRARLA (Jn 10, 11-18)


El rebaño necesita pastoreo, un director de orquesta que los dirija y los lleve a buen puerto, seguro y alejado de todo peligro. Hay muchos lobos hambrientos de ovejas dispuestos a devorarla y, sin pastor, quedan a merced del peligro de serlo. Por eso, la necesidad de pastores es de primera necesidad, valga la redundancia.

Pero, no basta con tener pastores, sino que necesitamos el mejor, el único, el verdadero que pueda llevar a cabo esa misión. Y ese es JESÚS: "YO soy el Buen Pastor. El Buen Pastor es aquel que da la vida por sus ovejas de forma libre y voluntaria. Sin condiciones ni intereses, sólo por amor, y por amor, sus ovejas, porque en ÉL se sienten seguras, conocidas y amadas, le obedecen y acuden a ÉL.

Hoy, la Palabra de DIOS, nos interpela, porque todos somos pastores en nuestra familia, con nuestros hijos, familiares, amigos... y, nuestro tiempo y trabajo, debemos organizarlo y, en la medida de nuestras posibilidades, entregarlo al servicio de los demás, no por un salario o interés, sino de forma libre, voluntaria y por amor.

EL SEÑOR es mi Pastor, y con ÉL
nada me falta. Sólo ÉL me 
basta, y en ÉL me 
cobijo y abandono. Amén.

domingo, 15 de mayo de 2011

YO SOY EL BUEN PASTOR (Jn 10, 1-10)


Porque hay muchos pastores, pero sólo Uno es el Bueno y Verdadero. Y ese es JESÚS de Nazaret, el Pastor que conoce a todas sus ovejas, y las llama por su nombre. El Pastor que está solícito a cualquier necesidad o desventura de sus ovejas; el Pastor que cuida de forma personal e íntima a cada una de sus ovejas.

Nadie podrá compartir nuestra más íntima soledad, ni el momento de nuestra muerta. Nadie puede ir, ni acompañarnos en el viaje último de nuestras vida. Podrán estar a nuestro lado, pero no podrán ir ni compartir nada con nosotros. Sólo estaremos con nuestro Pastor. JESÚS es el Único que puede estar y viajar con nosotros en el momento de nuestra mayor soledad, nuestro último viaje, porque ÉL es nuestra única salvación.

Jesús es también la puerta (P. Pere SUÑER i Puig SJ (Barcelona, España). La única puerta. «Si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Y poco más allá recalca: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Hoy, un ecumenismo mal entendido hace que algunos se piensen que Jesús es uno de tantos salvadores: Jesús, Buda, Confucio…, Mahoma, ¡qué más da! ¡No! Quien se salve se salvará por Jesucristo, aunque en esta vida no lo sepa. Quien lucha por hacer el bien, lo sepa o no, va por Jesús. Nosotros, por el don de la fe, sí que lo sabemos. Agradezcámoslo. Esforcémonos por atravesar esta puerta, que, si bien es estrecha, Él nos la abre de par en par. Y demos testimonio de que toda nuestra esperanza está puesta en Él.
Dame, SEÑOR, la luz y el oído necesario
para escuchar tu voz, y distinguirla
de las demás voces que me
llaman.

Que sepa siempre quien es mi verdadero
Pastor y que conozca en todo 
momento la puerta de
mi verdadero
redil. Amén.

sábado, 14 de mayo de 2011

EL AMOR NOS LLENA PLENAMENTE (Jn 15, 9-17)

Como el Padre me amó, así os he amado yo.

La carencia del deseo nos hace felices, porque cuando en tu horizonte no hay deseos egoístas aceptas con alegría los acontecimientos que te suceden. Hay frases que recogen esta idea y que pensadores han plasmado de mucha formas. La felicidad está en no desear nada, porque si nada te turba ni te mueve, nada va a alterar tus ansias de tener o poseer.

JESÚS nos deja asombrados porque está por encima de todo esto. Sus Palabras perfeccionan todo lo que define y señala. En el " Amaos los unos a los otros" está contenido todo lo que se pueda pensar y decir sobre la felicidad, sobre la paz y la armonía. Porque amándonos toda envidia, todo orgullo, soberbia, vanidad, intereses y egoísmos quedan vencidos.

Cuando amas y procuras el bien del otro lo haces de forma desinteresada, pues de otra forma ya no sería amor sino egoísmo que busca su interés. Y cuando amas al estilo de JESÚS se hace presente la felicidad y la alegría, pues el bien del ser amado te llena plenamente.

Enseñame, SEÑOR, a saber morir a mis gustos y placeres. 
Buscarme a mí y mis intereses es lo primero que hacemos, 
porque pensamos que es ahí donde encontraremos 
el disfrute y la felicidad. Pero pronto nos damos 
cuenta que todo es efímero y caduco. 

Nada te sacia. Es entonces, cuando descubre 
que el camino es erróneo y que el gozo
y la felicidad están en otro lugar:
"El amor con el que JESÚS me ama 
y quiere que todos nos amemos". Amén.