martes, 14 de marzo de 2023

UNA MISERICORDIA INFINITA

La solución del mundo no pasa por el cumplimiento de las reglas, códigos y preceptos de la Ley. Es evidente que son necesarias y que el mundo se guarda de que, por ellas, se mantiene algo ordenado. Pero no es la solución para que en el mundo reine la paz, la justicia y la verdad. La experiencia nos dice que nuestro mundo está lleno de mentiras, injusticias y abusos que siempre recaen en los más débiles y pobres.

El mundo se salva por la misericordia. Por tanto, la misericordia es la receta y la solución. Y lo es porque nuestro Padre Dios es Infinitamente Misericordioso. La parábola que nos relata hoy nos habla de esa infinita misericordia que un rey quiso aplicar con sus criados y como procedió con uno que, recibiendo misericordia, de una deuda imposible de pagar, no correspondió de la misma manera con otro que le debía una deuda pagable.

Nos retrata de forma perfecta. Hemos recibido de Dios todo: La vida, los talentos, los bienes y la oportunidad de vivir con la esperanza de, pasado esta vida mundana, mal o bien, encontrar la Vida con mayúscula del gozo eterno junto a Él. Recordemos la parábola del rico epulón y Lázaro de hace días, o la del hijo pródigo. Todas guardan un denominador común:  el amor y la misericordia. Porque, quienes aman son misericordiosos. Y quien vive y práctica la misericordia será también recibido misericordiosamente.

Vivimos en la esperanza de ser felices eternamente por la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. Y la recibimos gratuitamente sin merecerla. ¿Cómo podemos ser tan ilusos e idiotas de no darla gratuitamente también nosotros?

lunes, 13 de marzo de 2023

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA

La experiencia de Jesús al llegar a su pueblo – Nazaret – fue la de sentirse rechazado por sus paisanos, amigos y conocidos. Muchos habían crecido con Él y otros eran vecinos de sus padres. Conocían sus orígenes y les resultaba difícil entender de donde le venía a aquel niño con el que jugaron y vieron crecer esa sabiduría y autoridad con la que hablaba y exponía su Buena Noticia. De ahí su expresión:  «Ningún Profeta es aceptado en su pueblo»

No podían asumir que ese paisano suyo fuese ahora el Hijo de Dios, el Profeta esperado por Israel. Y podemos comprender que realmente se hace difícil entenderlo. Si hacemos el esfuerzo de ponernos en su lugar podemos experimentar esa dificultad. A pesar de la ventaja que tenemos, de los testimonios que se nos han dado y de la formación y catequesis que la Iglesia nos ha dado, ¿creemos nosotros ahora? ¿Nos resulta fácil creerle?

Desde esta perspectiva y actitud podemos llegar a comprender el valor y la fe de esa viuda de Sarepta y ese sirio de Naamán que arriesgaron obedeciendo hacer lo que se les mandaba. ¿Lo hacemos nosotros? Como podemos deducir hay mucha tela que cortar en este pasaje evangélico y mucho que reflexionar sobre nuestras actitudes ante la Palabra de Dios. Este tiempo cuaresmal nos puede ayudar mucho a empeñarnos en mirarnos interiormente y ver nuestras actitudes respecto al Señor. Porque, nuestra conversión dependerá de la intensidad de esa mirada con la que escrutemos nuestro corazón.

Es evidente que tras la prueba, la confianza depositada y la esperanza que nos impulse a obedecer nace, por la Gracia de Dios, la fe. De una forma u otra Dios nos revela su amor y misericordia cuando encuentra un corazón disponible y abierto a recibir su Palabra. Así sucedió con aquella viuda de Sarepta y el sirio Naamán. Tratemos también nosotros de situarnos en esas actitudes y abrir nuestros corazones para que la fe entre, nos invada y nos llene plenamente.

domingo, 12 de marzo de 2023

EN REALIDAD, ¿ESTÁ EL SEÑOR CON NOSOTROS?

Esa es la pregunta que nos viene inmediatamente y nos interroga en lo más profundo de nuestro corazón: ¿Está el Señor con nosotros? Y lo hacemos en esos momentos de tedio, de desolación, de oscuridad, de confusión, de tristeza y de contrariedades. ¿Dónde estás, Señor, que mi vida me acongoja y me abate? Y son esos momentos los que me traen la duda a mi corazón.

Hay muchos momentos de mi vida que me siento como cualquier israelita contemporáneo del Señor. En Egipto, a pesar del sufrimiento, se comía y se vivía. Pero en el desierto no hay esperanza, todo es camino de muerte. Y nace la desesperación y la llamada: ¡Señor!, ¿dónde estás?

Es evidente que la sed te mantiene vivo y expectante. Hay deseos de beber y tras esos deseos caminos de búsqueda y de petición. ¡Señor, dame de beber! Y un agua que me deje saciado hasta el punto de no tener que beber más.

Sin embargo, eso será, y conviene que sea, al final de la prueba, al final del camino. Porque, de quedar satisfecho ahora posiblemente abandonaríamos la búsqueda ansiosa y deseosa de Dios. Quizás no hayamos pensado que sería de nosotros de estar satisfechos. Eso tiene relación con las riquezas, con los hastiados en la abundancia de todo. Posiblemente no sentirían la necesidad de Dios.

En este sentido el tiempo cuaresmal nos viene bien. Un tiempo de penitencia, de deseo de búsqueda y encuentro con el Señor que nos sacia y nos mantiene errantes en el camino hacia la Casa del Padre. Porque es allí, en la Casa del Padre, donde tendremos esa Agua Viva que nos quitará eternamente la fe. Caminemos pues firmes con esa esperanza.

sábado, 11 de marzo de 2023

LA ESPERANZA DEL PERDÓN MISERICORDIOSO

Esa es la lucha de cada día, convertir nuestro corazón justo en un corazón misericordioso, porque la justicia, nuestra justicia, tiene un límite que pasado, no perdonamos. Cuántas veces hemos oído, y hasta salido de nuestra boca, la frase:  Eso no lo perdono. Sin embargo, ¿no hemos pensado que gracias a la Infinita Misericordia de Dios nuestros pecados son perdonados?

Es decir, que nuestra salvación pasa porque nuestros errores, faltas y pecados son perdonados. Luego, ¿con qué cara nos presentamos nosotros ante nuestro Señor que no perdonamos a los que nos han ofendido? Eso sí, nosotros si podemos ofender al Señor, pero a nosotros nadie nos puede ofender. ¿Nos damos cuenta del craso error en el que estamos? La parábola – Mt 18, 21-35 – del rey que quiso ajustar cuenta con sus súbditos nos refleja claramente la Infinita Misericordia de Dios y la pobreza de la nuestra.

Esta parábola que Jesús nos cuenta en el Evangelio de hoy nos habla de la grandeza e infinita Misericordia del Padre. Porque, tras esas figuras del padre y sus dos hijos se esconde la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios que nos trata de esa forma paciente y amorosa hasta el punto de recibirnos con los brazos abiertos y no querer saber nada de nuestros pecados.

También, con su otro hijo, el hermano mayor, Dios es paciente, sale a su encuentro y le descubre su infinito amor que quizás él no ha sabido apreciar ni descubrir. Su obediencia, que tanto él estima y valora, está sometida a su afán de tener y poseer. Por eso, la presencia de su hermano le molesta y pone en peligro su ambición.

Es posible que a nosotros nos suceda algo parecido. Permanecemos en la Iglesia más por miedo a condenarnos, por la recompensa prometida, por si acaso… Pero, por amor gratuito y desinteresado como el Padre nos ha dejado ver con su hijo parece que no. Y ese es el punto al que tenemos que esforzarnos en llegar. Claro, asistidos por el Espíritu Santo. Queda manifiesto que por nosotros mismos nunca llegaríamos. Y, por supuesto, confiando siempre en la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

viernes, 10 de marzo de 2023

NI VIÉNDOSE RETRATADOS RECONOCEN SU PECADO

Mt 21, 33-43. 45-46

Son ellos los garantes del pueblo de Dios. ¿Cómo nos va éste a quitar nuestra autoridad y poder de garantizar el reino de Dios? ¿Quién se cree que es? Sus propuestas desestabilizan el orden establecido en Israel por ellos. La venda que tapa sus ojos les impide ver la verdad. Se resisten a renunciar a su poder, a su orden establecido que le permite vivir de una forma cómoda y superior. Son ellos los guías y los que garantizan el orden y las tradiciones.

El anuncio que trae Jesús, enviado por su Padre, desestabiliza todo ese orden que los sumos sacerdotes, escribas y fariseos sienten como suyo. Se consideran garantes de esa Ley y Profetas y no aceptan el vino y odres nuevos que presenta Jesús. No ha venido a cambiar nada sino a perfeccionarlo, dice y repite Jesús. Porque la Ley no puede obviar el amor y la misericordia de nuestro Padre Dios.

Es evidente que la Ley hay que cumplirla, pero una Ley justa, natural que ya Dios ha imprimido y sellado en el corazón de cada hombre. Nunca una Ley nacida del corazón del hombre. Un corazón corrompido, herido por el pecado y sometido a los vaivenes y pasiones de este mundo. Son los aires nuevos del Evangelio del Amor Misericordioso que deben ser anunciados a todos, de manera especial a los marginados, a los pobres, a las periferias, pero también al pueblo.

Quizás debemos también revisarnos nosotros, que formamos la Iglesia, abiertos a la acción del Espíritu Santo, tratar de respirar ese aire fresco, nuevo y misericordioso que el Espíritu sopla sobre nosotros. Porque toda la Ley se resume en el amor y la misericordia.

jueves, 9 de marzo de 2023

¿DÓNDE ESTÁN LOS DESEOS DE NUESTRO CORAZÓN?

Lc 16, 19-31

Es fácil dejarnos arrastrar por nuestros deseos. Dependiendo de nuestras circunstancias vitales, sociales y económicas nuestra vida se desenvuelve de manera que, quizás sin darnos cuenta, como ese anónimo rico epulón, pasamos nuestra vida de banquete en banquete buscando satisfaccionesa, bienestar y placer.

Posiblemente no advertimos que sucede a nuestro derredor. Solo nos interesa nuestro yo, perdemos la noción del tú, y nos relacionamos buscando satisfacer nuestro egoísmo y, lo que vulgarmente decimos, pasarlo lo mejor que pueda. Nos olvidamos de los demás ‒ lázaros ‒ y nuestra mirada queda fijada en banquetearnos mientras vivimos.

Es posible que, si nos detenemos un poco y pensamos advertiremos que no estamos lejos de esa imagen que nos da el rico epulón. Los deseos de nuestro corazón miran para nosotros mismos y solo nos interesa el disfrute y nuestro confort. ¿Dónde está y queda nuestro amor? ¿Cómo pensamos presentarnos delante de nuestro Padre Dios cuando nos llegue nuestra hora? ¿Qué le diremos?

¿Conocemos la respuesta que hoy nos da el Evangelio? Supongo que será muy parecida a la que recibiremos nosotros si nuestra vida sostiene la mirada solamente en nosotros, en nuestras egoísmos y satisfacciones. Si no miramos detenidamente a nuestro derredor y descubrimos muchos lázaros sufrientes, necesitados de orientación, de pan, de amor y de descubrir el sentido del Evangelio. Cambiar nuestra mirada no solo es necesario sino que en esa nueva mirada se esconde nuestro gozo y felicidad.

miércoles, 8 de marzo de 2023

UNA PAZ ESCONDIDA EN EL SERVICIO Y LA MISERICORDIA

No entendemos la Buena Noticia que Jesús nos proclama. Y no solo de Palabra sino también con su Vida. Y hoy, después de estar caminando en el siglo 22 seguimos despistados como loas apóstoles en tiempo de Jesús. Y es que la sensación de que no se enteran de lo que Jesús les está diciendo es que ellos están pensando en los puestos a ocupar cuando Jesús establezca su reino. Un reino que ellos esperaban en este mundo. ¿Y a nosotos, no nos sucede algo parecido?

Nos cuesta entender las Palabras de Jesús. Palabras que nos señalan el camino del servicio desinteresado y del amor misericordioso que nos darán los primeros puestos. Porque, quien se dé en servicio y por amor será quien ocupe el primer puesto. Ese fue y es el ejemplo que Jesús nos deja con su Palabra y Vida para que nosotros lo sigamos asistidos por el Espíritu Santo. Porque solos nos será imposible.

Por tanto, nuestro reino no está en este mundo sino en el otro tras nuestra propia muerte. De ahí que la muerte para un creyente católico no es el final sino el comienzo de una vida nueva, verdadera y de gozo eterno junto al Padre. Pero, antes, tenemos que comprender que nuestro camino es un camino de servicio y misericordia donde eligiendo los últimos puestos alcanzaremos los primeros. Palabra de Dios.