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jueves, 29 de agosto de 2024

JUAN, CON SU MUERTE, DA INICIO AL COMIENZO DE LA BUENA NOTICIA POR JESÚS.

Es el final de Juan, pero el principio de la vida pública de Jesús, y con Él, el inicio del anuncio de la Buena Noticia. Jesús es el Mesías esperado, el Hijo de Dios, encarnado en Naturaleza Humana, para redimir a todos los hombres de sus pecados y darles, por la Gracia y el Amor Misericordioso del Padre, Vida Eterna.

Juan denuncia el abuso de poder, la infidelidad e injusticia del tetrarca Herodes que busca sus intereses egoístamente sin importarle la situación de los demás. Una situación de injusticia en la que se somete a los débiles y se pisa a todo aquel que denuncia y defiende la verdad y la justicia.

Juan se ganó la animadversión de sus contemporáneos en el poder. Defendió la verdad, y anunció la llegada del Mesías, el prometido y enviado por el Padre, anunciando la necesidad de una conversión y arrepentimiento por el bautismo de agua, que, más tarde, con la llegada de Jesús, sería de Espíritu Santo. Hoy, por suerte, hay muchos «juanes» que también defienden la verdad y anuncia la Buena Noticia hasta el extremo de dar su vida.

Quizás nos parece algo que sucedió hace ya muchos siglos, sin embargo sigue sucediendo en la actualidad. Hay muchos pueblos subyugados de forma oligárquica y en donde uno se erige como señor de todos. Verdaderos dictadores que gobiernan como si todo dependiera de él y el pueblo fuesen sus vasallos.

Hay ejemplos que todos conocemos y nos vienen a nuestra mente, mientras leemos esta humilde reflexión, Y que, como pasó con Juan, hoy también ha pasado y pasa con muchos que levantan su voz para defender la verdad, pedir justicia y anunciar que el Hijo de Dios vendrá a redimir y salvar a los hombres de la esclavitud del pecado.

sábado, 1 de junio de 2024

ATRAPADOS EN SUS PROPIAS IDEOLOGÍAS

Si nos detenemos y pensamos serena y reflexivamente, nos damos cuenta de que el momento que nos ha tocado vivir es exactamente igual que el pasado y que el que vivió Jesús. Es evidente que hay diferencias en el tiempo, en los avances técnicos, en las formas de vivir…etc. Pero la esencia del pensamiento y la sustancia de las ideologías marcan las mismas pautas.

Aquellos, como los de hoy, tienen sus entendimientos bloqueados. Están instalados, como quizás nos sucede ahora, en sus propias convicciones. Ya no buscan a Dios, han parado sus inquietudes y permanecen encerrados en sus ideologías, enquistados en su razón y alejados de la realidad. Viven en su propio mundo y pierden la esperanza del reino de Dios.

No saben ni conocen ni entienden el bautismo de Juan. No se atreven a responder si realmente viene del Cielo o es cosa de los hombres. Están cerrados, en su ideología, a lo que simplemente entienden. Enquistada su razón, no escuchan ni atienden a lo que pueda decirle Jesús. Solo buscan pruebas y olvidan la evidencia y necesidad de la fe. Porque, Jesús, el Señor, quiere nuestra confianza, nuestra fe. No se muestra en la seguridad  sino en aquel que se fía y cree en su Palabra.

Y precisamente, la autoridad nace de la humildad y el servicio. No es respetado quien impone y se impone, sino el que se humilla, se ofrece, se da y sirve. De ahí que la autoridad con la que Jesús se presenta es la que todos aceptan y siguen. No manda quien sabe más o tiene más fuerza, sino quien se da más y sirve con verdadera humildad. Yeso pasó en tiempos de Jesús, Él es la referencia y el modelo, y sucede hoy también. Los que mandan no sabe si el bautismo de Juan viene del Cielo o es de los hombres.

domingo, 12 de diciembre de 2021

UN PLAN DE DIOS

Lc 3,10-18

No fue de repente. Dios tenía un Plan desde el principio pensado para rescatar al hombre. Perdida su dignidad de hijo por el pecado original, Dios pensó en la encarnación y en María y en José. Y, Juan el Bautista, personaje del Evangelio de hoy e importante en el Adviento, fue el elegido para preparar el camino a su postrera venida. Juan así lo anunciaba y decía: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga». Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

Juan va preparando el corazón del hombre y señalándole la necesidad de conversión. Un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Pero, señala, con claridad meridiana que detrás de él llegará el Mesías esperado tal y como leemos más arriba. Juan sabe que llega su tiempo y, humildemente se aparta para que sea el Señor quien reine en el corazón de los hombres.

Quizás, también nosotros debemos, no apartarnos, pero sí abrir nuestros corazones a esa Palabra que nos trae Jesús. Una Palabra que nos invita a la solidaridad, a un trato justo y digno, y a compartir, como nos sugiere Juan el Bautista, con los más necesitados.