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sábado, 14 de septiembre de 2024

CERCANÍA Y RECONCILIACIÓN

Ese es el objetivo de Dios, acercarse a nosotros para reconciliarnos y ofrecernos su Infinita Misericordia para compartir con nosotros su Gloria para toda la eternidad. No hay regalo más grande que ese. De manera que eso, aunque muchos lo ignoran, es lo que todos buscamos afanosamente: ser feliz eternamente.

Pues, bien, esa es la propuesta que nos trae el Hijo de Dios: ser feliz en el Reino de su Padre eternamente. Dios, pues, actúa con con una iniciativa que sólo busca nuestro bien. En su relación con la humanidad no tiene otra disposición sino dar siempre el primer paso de cercanía y reconciliación. Eso explica su encarnación y su misericordia.

Todo lo contrario a nuestra manera de proceder. En nuestro mundo nos es casi imposible dar si antes no recibimos. Doy para que tú me des. Nos será imposible perdonar si antes no hemos tenido la posibilidad de vengarnos. Nuestra célebre frase de: perdono, pero no olvido. Y nos encontramos con algo que no entra en nuestros cálculos ni razón. Dar de forma gratuita y sin pedir nada a cambio.

No hay condiciones, ni deseos de venganza, sino gratuidad y misericordia. Sólo el tributo de la disponibilidad contrita y reconciliable. He venido, nos dice el Señor, a traer la paz y reconciliación a todos los hombres. Y en eso está su misión, no juzgar sino salvar. De modo que nuestra salvación está en creerle. Y eso está muy relacionado con permitirle que se acerque a nosotros, reconciliarnos y creer en su Palabra.

lunes, 24 de octubre de 2022

EL BUEN PASTOR SIEMPRE ESTÁ CERCA DE SUS OVEJAS

Lucas 13, 10-17
Un buen jefe, un buen administrador, un buen pastor está siempre cerca de sus administrados. Porque, su misión es cuidar, proteger y buscar siempre el bien de aquellos a los que administra. Por tanto, nunca estará al lado de las leyes que esclavizan, someten e impiden realizar el bien de todos los que están bajo sus cuidados.

Sin embargo sucede, muchas veces, lo contrario. Aquel grupito de clérigos y jefe de la sinagoga vivían indiferentes al pueblo. Eso sí, les imponían leyes y cargas que probablemente ellos no cumplían. E, igual que ayer, sucede hoy. Los que administran se olvidan de sus promesas electorales y subyugan al pueblo con cargas que ellos eluden o pueden soportarlas por y con sus ingresos desmesurados que obtienen del pueblo.

Parece algo insólito comprobar que en muchos aspectos la ley protege más a los animales que a las personas. De alguna manera se impone – metafóricamente hablando – la ley del sábado a las personas. Hoy se quiere legislar como un derecho, el derecho – valga la redundancia – a matar. A matar niños vivos en el vientre de sus madres. ¿Acaso no es eso una ley del sábado transportada a nuestra época? ¡Y todavía mucho más grave!

Jesús está siempre cerca. Y cerca del que sufre, del marginado, del oprimido y explotado. Porque, son ellos los necesitados y los que suplican ayuda y alivio. Y así, como narra el Evangelio de hoy lunes, libera de su enfermedad a esa mujer que llevaba dieciocho años prisionera de un espíritu que la tenía encorvada. Jesús pospone el sábado al bien de la persona. Pero, al parecer aquellos doctores de la ley, fariseos, saduceos e ilustres poco les importaba que las personas sufrieran o estuviesen enfermas. ¿Harían lo mismo con ellos mismos o con algunos de sus familiares o amigos?

lunes, 8 de febrero de 2021

EL CONTACTO EXIGE CERCANÍA

 

Creo en Dios, suelen decir muchos, pero sus vidas están muy lejos de ese Dios que buscan. Sí, me dicen muchos amigos, creo en Dios, pero, mi vida la dirijo yo. Evidentemente, es una forma rara de creer y de manifestar su fe, porque, creer significa seguir y vivir en esas actitudes y estilo de vida de quien se cree.

Podemos preguntarnos, ¿cómo puedo creer en alguien que no conozco? Porque, se supone y es absolutamente necesario conocer a la persona en la que - después de conocerla - creo en ella y en su manera de vivir y entender la vida.

Indudablemente, conocer a Cristo Jesús exige acercarse a Él y escuchar sus enseñanzas - Evangelio - y, escuchándolas hacerlas vida de mi vida. Creer, por supuesto, exige seguir el Camino, la Verdad y la Vida del Maestro - nuestro Señor - en el que creo y al que quiero imitar. Creer en Jesús significa tomar su estilo de vida y, aún reconociendo mi pequeñez, mi pobreza y limitaciones, contando con su Gracia, tratar de dejarme guiar por su Espíritu.

No se trata, pues, de vivir al libre albedrío de mis sentimientos y pasiones, sino de seguir los mandatos que mi Padre Dios me indica, señalados propiamente para mi bien. Porque, Dios, nuestro Padre, quiere nuestro bien y lo que nos manda es para nuestra felicidad y gozo. Porque, para eso ha venido su Hijo Predilecto, nuestro Señor Jesús, a indicarnos el único y verdadero Camino, Verdad y Vida. 

Pero, para eso, para conseguir eso hay que acercarse al Señor y tocarle. Tocarle en la Eucaristía - bajo las especies de pan y vino - y dejarnos curar por su Gracia que nos fortalece y nos llena de paz. Y eso nos exige acercarnos a Él, estar cerca de Él, buscarle en todos los instantes y momentos de nuestra vida y  esforzarnos en perseverar y sostenernos en su presencia. Porque, Él nos sana y nos da la Vida Eterna.

miércoles, 27 de marzo de 2019

SABER INTERPRETAR LA LEY

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Mt 5,17-19
Nos ocurre con mucha frecuencia, interpretamos mal la ley. O, al menos, no le damos el verdadero y único sentido que tiene. Para los judíos la Ley y los Profetas era lo máximo, la meta más alta. Sin embargo, sucede que muchas veces la interpretan mal. Por ejemplo, la ley que regulaba el descanso del sábado estaba mal interpretada, porque sometía al hombre a la ley. Y esa no es la Voluntad de Dios.

A Jesús no le encajaba esa ley con la Voluntad de su Padre. El hombre es la criatura por excelencia para Dios. Lo ha creado a su imagen y semejanza y lo ha hecho libre para que pueda optar libremente por el amor a su Padre o el amor a sí mismo. Y ha entregado a su Hijo a una muerte de Cruz antes que quitarle la libertad al hombre. Esa medida descubre el inmenso Amor de Dios a su criatura especial.

Pero, el hombre no ha sabido en muchos casos interpretar la Ley ni entender a los Profetas. Dios, encarnado en su Hijo, se ha acercado al hombre para explicarle esa ley que él no sabe interpretar en muchos momentos de su vida. Y es inútil para el hombre empeñarse en buscar la verdadera interpretación por sí sólo, porque siempre se equivocará. Necesita el auxilio y la asistencia del Espíritu de Dios. Es Dios quien busca al hombre y le enseña el verdadero y único camino y cómo interpretar su Ley.

El hombre se pierde si Dios no está cerca de él. El hombre necesita la cercanía de Dios para que le indique el camino y a saber interpretarlo. Nunca ninguna religión ha tenido un Dios tan cercano como la judía y, por rechazo de ésta anunciada a los gentiles, nosotros, ahora los llamados cristianos. En nuestra religión es Dios quien nos buscas y nos ilumina para que entendamos la ley y vivamos en su Espíritu.

En nuestro bautismo recibimos al Espíritu Santo quien nos acompaña, nos asiste y nos auxilia para que entendamos lo que no entendemos y vayamos comprendiendo en nuestro camino todo lo que nos falta por entender. Para ello, necesita nuestra disponibilidad y nuestra apertura a su acción.