domingo, 19 de octubre de 2008

¡LÍBRAME, SEÑOR, DE SER FARISEO!







En el silencio interior de mi corazón haz, SEÑOR, que encuentre la paz, la sabiduría y fortaleza necesaria para estar siempre atento a tu Palabra y dispuesto, sin condiciones, a amarte y servirte en los hermanos.


Renuévame interiormente con un espíritu limpio, desapegado, disponible y humilde. Haz, SEÑOR, que me abandone en Las MANOS del ESPÍRITU y mi boca hable por Su BOCA; mis pensamientos sean Sus PENSAMIENTOS, y mis proyectos sean Sus PROYECTOS.


No permitas que me busque a mí mismo; no permitas que me engríe en mis virtudes y cualidades egoístamente, pues tuyas son, SEÑOR, y de TI las he recibido generosamente y
gratuitamente.


Guíame por el camino que TÚ quieres que siga y dame la paz, sabiduría y fortaleza que necesito para el camino. Haz que sepa serte agradecido y conformarme con lo que TÚ quieres, no con lo que yo te pido.


Enséñame a obedecerte y a aceptarme tal como TÚ has querido que sea; enseñame a conformarme con mis limitaciones, con mis fracasos, con mis dudas, con mis defectos, con mis impotencias, con mis malos deseos, con mis envidias, con mi pasiones, con mis perezas, con mi soberbia, con mi suficiencia, con mi inteligencia, y con tantas cosas que ni yo mismo puedo llegar a ver.


Hazme entender que TÚ me conoces enteramente, pues eres mi CREADOR, y sabes de todas mis cosas. Y eres TÚ, mi SEÑOR, QUIEN me transformas, QUIEN me instruyes, QUIEN me modelas, QUIEN me perfeccionas, QUIEN haces de mí tu hijo, QUIEN me ama y QUIEN me salva.


Finalmente, SEÑOR, haz que me deje caer confiado y esperanzado en TUS MANOS y, como un niño en brazos de su padre, me duerma en tu regazo.

CUANDO LLUEVE, LA TIERRA SE TRANSFORMA Y...








No trato ni pretendo desesperar, ni mucho menos, atormentar, sólo me interpelo y me esfuerzo en compartir lo que, irrevocablemente, siento en lo más profundo de mi interior y que estimo como lo más importante, pues de nada me vale mi vida sí la pierdo para siempre.
El tiempo, inexorable, camina sin mirar atrás, y cada paso hacia delante quema una etapa de nuestro peregrinar que no volverá a repetirse. Lo realizado, hecho queda, y lo presente es la oportunidad que se nos abre a la esperanza de rectificar lo pasado.

De ahí la importancia enorme que tiene la frase. "el tiempo es oro". Sin embargo, a pesar de pasar y pasar ,el tiempo, por nuestra vida, lo dejamos escapar igual que agua al río. Permanecemos impasible y distraídos sin preguntarnos los grandes interrogantes que nos plantea nuestra existencia. ¿Hay algo tan y más importante? Tendremos que responder que si, pues a pesar de llover y empaparnos nuestra respuesta no emerge como hierba agradecida por el agua.

sí, al observar los campos secos de mi isla, observo que, a pesar de su sequedad cuando llueve, su tierra se transforma y se viste de verde. Sus frutos despiertan y nacen a la vida llenando sus contornos de hermosas amapolas y dulces margaritas. Los mantos plantados, a la espera del ansiado alimento, prometen ingentes cosechas y un futuro abundante. ¡Podemos exclamar, la tierra despierta y responde a su llamada!

Y mi pregunta, como volcán encendido y exultante lava, me interpela y me grita: ¿cómo es posible que ante tan magnitud nosotros permanezcamos estériles? ¿Dónde están nuestros frutos como respuesta a esa lluvia ( la Gracia ) regalada que nos empapa y nos envuelve. Ocurre que,sin darme cuenta, entretenido como el rico en los placeres y divertimentos de la vida olvide abonar mis campos y desparramar mi cosecha.

También me puede ocurrir que, llevado por lo corriente: "lo que hacen la mayoría", pero no lo normal: "lo que se debe hacer para bien de todos", me deje seducir por los criterios misericordiosos de los que todo lo justifican en el perdón y el amor mal entendido. Porque perdonar y amar están integrados en darse y entregarse por el bien de los demás. Si me excluyo, empecinado en la búsqueda de mí mismo y en mi propio egoísmo y vanidad, estoy eligiendo el otro camino: el que no quiere ser perdonado, ni amado.

No hay, pueden confundirnos, un PADRE amenazante y al acecho, sino unos hijos que, a pesar de un Amor incondicional, misericordioso, paciente, y gratuito, se excluyen, se retiran, se niegan a dejarse abrazar y rechazan toda donación amorosa. Hay muchas respuestas que, más que demostrar, tratan de justificar, sin poder hacerlo, lo que no se puede negar por su presencia evidente: la vida.

No trato de convencer, ni de afirmar nada, sólo sé que JESÚS resucitó porque lo dice la historia y lo testifican sus Apóstoles; porque su tumba, la historia no lo puede contradecir, quedó vacía y sus apariciones lo corroboran; porque muchos se afanan en negarlo y hasta les va la vida en eso; porque es más plausible la inexistencia del ateismo que la creencia de que JESÚS resucitó entre los muertos y era QUIEN clamaba ser. Pero esto supone que DIOS existe.

Consecuencia de mi ser bautismal, mi fe en el SEÑOR, siento la necesidad de regar de forma adecuada y bien aprovechada toda el agua que por mis venas pueda circular y proclamar, desde lo más profundo de mi ser, en paz, con sabiduría y fortaleza, la experiencia que palpita dentro de mí y me llena de gozo y plena felicidad, sólo con la alegría de que otros la puedan sentir también, pues a eso, queramos o no, estamos todos llamados.

miércoles, 15 de octubre de 2008

LA PÁRABOLA DE LOS VIÑADORES














Me pregunto cuanto podemos tener de viñadores homicida nosotros, por cuanto no aceptamos administrar la viña que hemos recibido. ¿En qué actitud estamos en cuanto rechazamos lo que el Viñador nos reclama de lo contratado?



¿Somos de los que no admitimos componendas, ni exigencias, ni explicaciones, ni rendimientos de cuentas de aquellos que nos interpelan, nos testimonian y nos, con su ejemplo y vida, advierten de guardarnos lo que no nos pertenece, y nos apropiamos de lo que no se nos ha dado solamente para nuestro propio bien?



¿Estamos en el grupo de los que, a lo mejor, a algún personaje cualificado y preparado, enviado por el Señor de la Viña, le atendemos y le aceptamos sus sugerencia, pero no soltamos prenda alguna, ni cambiamos de parecer, ni de actitud ante sus advertencias y exigencias?



¿O estamos en el grupo que no escuchamos ni a unos u otros, y quitamos del medio a todo aquel que se acerca a nuestra viña, tomada como propia, llegando incluso a matarlos si es preciso? Nuestro camino y conducta nos puede ir señalando en que actitud nos podemos encontrar ante tal respuesta a la exigencia de responder sobre lo que nos ha sido dado.



Finalmente, nuestra actitud llega a tal punto que, ofuscado por nuestros propios egoísmos y avaricia, no reconocemos ni al Hijo del Señor y no sólo lo rechazamos, sino que a este, el Hijo, lo matamos creyendo que con esto todo será nuestro y para nuestro provecho.



Y claro, hay muchas viñas poseídas sin ningún título, ni documento que lo acredite, pero expedientadas por derecho propio según nuestro egoísmo y valía. He, por mis cualidades naturales, también recibidas del Señor de la Viña, tomado todo lo que mi interés personal y egoísmo propio me ha sugerido. Sin importarme nada los demás, ni lo que diga el Viñador. Sólo ha primado mi bien, egoísmo, ignorando todo lo que haya al mi alrededor.



Y esto no es algo lejano, suena muy cerca, y en estos momentos de incertidumbre e inestabilidad la Viña, al parecer, está asaltada y despropiada para muchos. No hay cosecha, ni trabajo; menos hay para pagar una vivienda y proveernos de lo que necesitamos para vivir; cunde el pánico y aumenta el pillaje y el asalto a lo ajeno; llegan multitud de voces que reclaman su sitio en la viña y su correspondiente frutos; nace el caos, la confusión y la anarquía.



Gritan, aún los que no han venido todavía: no tienen voz, están a merced de lo que decidan los demás, están en un lugar mitad cárcel, mitad corredor de la muerte, mitad vida, pero con todo el derecho a ella y, a muchos le es negada. ¿Quienes ha decidido convertir la casa que me ha preparado el Señor de la Viña en casa de muerte cuando fue creada para dar sólo vida? Vuelven los viñadores a matar por quedarse con todo.



Se puede hablar más claro; se pueden decir las cosas más explícitas y concretas para que todo funcione bien. El Señor de la Viña dejó todo muy claro y bien atado. Se preocupó de dejar una viña fértil y en muy buen estado; una Viña grande y con cabida para todos; una Viña rica y con frutos abundante para todos, pero "todos" la estamos desaprovechando y administrándola mal.



Nadie podrá responderle, porque no hay respuesta: los hombres ya han dicho la suya, y no vale; sólo queda la esperanza de reconocerle como dueño y SEÑOR de la Viña y seguirle según sus mandatos. Todo será entonces diferente y bueno para todos.



Pero aparecen los señores propietarios, otros usurpadores de la Viña del Señor, y, auto proclamándose dueños y señores, establecen soluciones; prometen mejoras que no pueden prometer; inyectan ganancias que no son suyas, obtenidas con el trabajo de los que vendimian, y reclaman serenidad, tranquilidad y paciencia, pero la viña sigue en su poder y los frutos no se reparten sino como ellos quieran.



Supongo que estamos viendo que esa es nuestra propia realidad de ahora mismo. ¿Donde están los frutos de la Viña de mi PADRE? Y si no están, ¿que han hecho con ellos? ¿Las soluciones son solo para los importantes, para los que manejan, en el medio, la riqueza de los viñadores apropiadores de lo que no es suyo? Las ayudas son sólo para los mejores colocados y para los ya poderosos?



¿Y lo de los pequeños, de los que han caído en el camino? ¿Y de las pequeñitas viñas, más bien huertitos, que se ven aniquiladas en medio de esta tormenta antinatural provocada por el egoísmos de los viñadores? ¡Y de sus trabajadores y familias?



¿No estaremos desoyendo a los enviados por el Señor, dueño de la Viña, que nos reclaman y exigen los frutos de la cosecha? Hoy, quice de octubre, día de Santa Teresa se me ocurre, tomando de laudes, el himno sacado de su propia interpelación, las siguientes preguntas:


Vuestra soy, pues me criasteis; vuestra, pues me redimisteis; vuestra, pues que me sufristeis; vuestra, pues que me llamasteis; vuestra, porque me esperasteis; vuestra, pues no me perdí; ¡Qué madáis hacer de mí?


Si quereis que esté holgando, quiero por amor holgar; si me manadáis trabajar, morir quiero trabajando: decid, dulce AMOR, decid: ¿Qué mandáis hacer de mí?


lunes, 6 de octubre de 2008

QUIENES FORMAN LOS PUEBLOS









En el camino de nuestra propia educación se nos dice que la familia, comunidad de amor abierta a la vida, está apoyada en nuestra propia razón social y de relación. Es decir, la base de la formación de los pueblos son las familias.

No necesitamos mucho que pensar para comprender que, al margen de lo que nos digan, es verdad tal sentencia, y hasta podemos formular nuestro propio silogismo:

“Si la persona pertenece y nace en la familia,
Y los pueblos los forman muchas personas,
las familias, unas juntas a otras, forman los pueblos”.

No hay ninguna duda, sólo por motivos de guión, he empezado esta reflexión dejando como una señal la referencia del sustento y pilar fundamental de quien compone los pueblos. En esta yuxtaposición familiar, pronto nacen problemas como origen de la convivencia entre las mismas. Hay que educar a los hijos, hay que vigilarlos, hay que darles de comer, hay que ganarse el sustento, ¿cómo y qué hacer?

Y se funda el origen del Ayuntamiento, gobierno y cuidado de la comunidad formada por las familias. Y así llegamos al Gobierno, tan complejo hoy, de Comunidades, Municipios, Estado…etc. Y ahora en esta carrera tan vertiginosa y compleja se diluyen la raíz para lo que fueron creadas tales instituciones. Llegamos a una verdad: “sólo en nuestros propios orígenes encontraremos respuestas en el horizonte de nuestras preguntas”.

Responder a nuestros problemas y dar respuesta a nuestro verdadero camino es mirar a nuestro pasado e indagar la razón de los problemas qué y por qué se fueron planteando en cada momento de nuestra propia historia y cuales fueron nuestra respuestas a los mismos.

Hoy surgen nuevos problemas, los que nos pertenecen a nuestro tiempo y en nuestro propio camino, y desde nuestros orígenes debemos responder a los mismos. La verdad hay que buscarla en la razones y comportamientos de nuestros abuelos: su concepción del amor, su respeto a la libertad, su autoridad en la familia, sus diferentes roles familiares… etc., sin descartar ni perder de vista que es un camino de perfección donde a nosotros hoy nos toca poner y cribar el mal transmitido y el bien común percibido y alumbrado por el tiempo, la experiencia y la ley natural. Permítame decir que para un creyente, yo lo soy, contamos con la asistencia del ESPÍRITU SANTO que nos asiste e ilumina el camino hacia nuestro propio bien.

Sin embargo, no quiero sólo apoyarme en mi fe, sino en, para los que no creen, la razón. Toda persona de buen gusto se precia de elegir el bien; les revela que lo bueno está barnizado por la verdad, el respeto y la justicia, y eso sólo se consigue con la libertad de buscar la verdad y el bien común.

Y, indudablemente, llegar a eso exige esfuerzo, renuncia y sacrificio. El otro camino: lo fácil, lo apetecible, lo que me gusta, lo cómodo no es, casi nunca, lo correcto. Lo corriente, en muchas ocasiones, no es lo normal. Por lo tanto, se hace necesario y así está recogido en el sentir y en nuestra Constitución que la comunidad política tiene el deber de honrar a la familia, asistirla y asegurarle especialmente:

la libertad de fundarle un hogar, de tener hijos y de educarlos de acuerdo con sus propias convicciones morales y religiosas;

La protección de la estabilidad del vínculo conyugal y de la institución familiar;

La libertad de profesar su fe, transmitirla, educar a sus hijos en ella, con los medios y las instituciones necesarios;

el derecho a la propiedad privada, a la libertad de iniciativa, a tener un trabajo, una vivienda, el derecho a emigrar.

conforme a las instituciones del país, el derecho a la atención médica, a la asistencia de las personas de edad, a los subsidios familiares;

la protección de la seguridad y la higiene, especialmente por lo que se refiere a peligros como la droga, la pornografía, el alcoholismo, etc.;

la libertad para formar asociaciones con otras familias y de estar así representadas ante las autoridades civiles.

Para un creyente, yo lo soy, el cuarto mandamiento ilumina las demás relaciones en la sociedad. En nuestros hermanos y hermanas vemos a los hijos de nuestros padres; en nuestros primos, los descendientes de nuestros antepasados; en nuestros conciudadanos, los hijos de nuestra patria; en los bautizados, los hijos de nuestra madre, la Iglesia; en toda persona humana, un hijo o una hija del que quiere ser llamado “PADRE nuestro”.

Así, nuestras relaciones con el prójimo se deben reconocer como pertenecientes al orden personal. El prójimo no es un “individuo”, (cosa), de la colectividad humana; es “alguien”, (persona), que por sus orígenes, siempre “próximos” por una u otra razón, merece una atención y un respeto singulares.

Las comunidades humanas están compuestas de personas. Gobernarlas bien no puede limitarse simplemente a garantizar los derechos y el cumplimiento de deberes, como tampoco a la sola fidelidad a los compromisos. Las justas relaciones entre patronos y empleados, gobernantes y ciudadanos, suponen la benevolencia natural conforme a la dignidad de personas humanas deseosas de justicia y fraternidad.

Y esto es lo que debemos, los ciudadanos que anhelamos el bien común, exigir y analizar en los programas electorales. Primero que se comprometan a ello; segundo que luego los cumplan, pues lo primero sin lo segundo sería engañarnos y aumentar el libertinaje y la irresponsabilidad.

Y para ello, debemos de renunciar toda tentación de soborno: fiestas, ayudas hipócritas y artificiales y sólo para algunos, mejoras intrascendentes, no prioritarias, y huir de resuelto mi problema que los demás arreglen el suyo. Tenemos y debemos ir juntos y solidarios, pues arreglar el problema del otro es también arreglar mi problema.

Somos seres relacionados y sí tu problema está arreglado, el mío saldrá beneficiado. Juntos saldremos todos mejorados, pero si mis hijos tienen su problema resuelto y no me preocupo por los demás, tarde o temprano entrará en contacto con los que no lo tienen y, el problema está servido. Saldremos todos perjudicados. Es lo que está pasando con los países del tercer mundo. El egoísmo de los ricos está cayendo sobre ellos mismos y todos salimos salpicados. Nuestras tierras son invadidas por los que buscan un horizonte más esperanzador. Sus problemas nos incomodan, nos molestan, nos exigen lo que hace mucho tiempo no quisimos darles; nos reclaman sus derechos a compartir un mundo mejor para todos. Siempre sus problemas deberían haber sido nuestros problemas.

Y ahora debemos tomar conciencia y preguntarnos: ¿vamos a seguir igual?; ¿esperamos que otros solucionen nuestros problemas?; ¿arrimamos el hombro? ¿cómo?

Creo que no hay soluciones rápidas ni completas; se trata de empezar a participar; a hablar y a ponernos de acuerdo para luego pasar a denunciar y exigir con, simplemente, nuestro voto. Al parecer, no es muy difícil y sí. Se trata de ponernos de acuerdo llenando nuestros ambientes de afirmaciones con valores, con verdades, con justicias, con sinceridad, con solidaridad, con respeto y libertad.

Eso sí, con capacidad de sacrificio y lucha. No se trata de mi problema y, resuelto, me voy a casa. Se trata también del tuyo. Así las cosas todo empezaría a cambiar como por arte de magia, porque los amigos del poder, sí quieren permanecer en él tendrían que escuchar la voz del voto ahora y, mañana, ellos mismos estarían contagiados por el buen gusto de hacer las cosas por el bien común.

AL DESPERTAR DE CADA DÍA


En el silencio de este día que nace vengo a pedirte: paz, sabiduría y fortaleza.
La Paz que proviene de TI, mi SEÑOR. La Paz que es producto de no ser yo, sino TÚ que habitas en mí. La Paz de no buscarme, ni engreírme, ni auto valorarme, ni sentirme suficiente, ni meritorio, ni con una buena hoja de servicio, sino la Paz de saberme tu hijo.

Sabiduría para servirte y caminar por el camino que TÚ me indicas, sin reclamaciones, sin cobardías, sin titubeos, sin dudas, sin condiciones, sin medias tintas, sin tristezas, sin enfados, sin regañadientes, sólo porque TÚ, mi SEÑOR, me lo mandas y de TI me fío.

Fortaleza, porque dándome es como únicamente puedo sentirme creyente y seguro. Mi fe se fortalecerá en la medida que me vaya dando a los demás: en la familia; en el trabajo; entre los amigos; en el grupo; en la comunidad; entre los necesitados; entre los enemigos, porque si soy capaz de amar y perdonar es señal de que TÚ, mi SEÑOR, estás detrás de mí.

Quisiera, lleno de paz, sabiduría y fortaleza ver el mundo con los ojos llenos de amor: ser paciente, comprensivo, humilde, suave y bueno. Porque sólo de esa manera seré capaz de esperar, comprender, servir, tener serenidad y buscar la verdad.

Quisiera ver a los demás como los ves TÚ, mi SEÑOR, para poder así apreciar la bondad de cada uno, porque siendo tus hijos tendrán muchas cosas buenas ya que TÚ ,mi SEÑOR, nada malo puedes hacer.

Cierra mis oídos a toda murmuración; guarda mi lengua de toda maledicencia, que sólo permanezcan en mí los pensamientos que bendigan; que construyan; que unan; que edifiquen; que animen; que compartan.

Quiero ser tan bien intencionado y justo para que todos aquellos que se acerquen a mí sientan tu presencia. Como Juan, tu primo, que sólo te vean a TI y que yo mengüe y desaparezca. Quisiera ser instrumento útil y fructífero que irradie tu Luz y contagie por donde quiera que vaya.

Y que en todos los actos de mi vivir cotidiano, revestido de tu Bondad, sea capaz de reflejarte y de transparentar la mayor dignidad de sentirme hijo TUYO.

¡Alabado y glorificado sea el SEÑOR!

lunes, 22 de septiembre de 2008

METANOIA

Nuestra Señora de los Dolores
Todo lo que hacemos no supone estar seriamente responsabilizado y comprometido. Hay muchas cosas que hacemos de forma inconsciente o, simplemente, por interés. También, hay cosas que hacemos porque estamos delante de otros que nos ven y por vergüenza o timidez procedemos a hacerlas.

Lo verdaderamente importante es lo que hacemos cuando estamos solos y cuando sabemos que nadie nos mira. Es cuando lo que sale de nuestro corazón es auténticamente genuino y auténtico. Esa es nuestra realidad y nuestra verdad.

Mientras nos encontramos con nosotros mismos vamos peregrinando por nuestra vida actuando de forma diversas según las circunstancias y los compromisos, pero nunca realmente como verdaderamente somos y, por consiguiente, de acuerdo con la vocación para la que hemos sido creados. Se hace, pues, necesario encontrarse y verse realmente por dentro: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? Y ¿a dónde me dirijo?

Así las cosas, nuestros ideales están inmersos en el mundo en que vivimos: salud – dinero – amor. Todo está impregnado de cierto barniz materializado que esconde todo atisbo espiritual y ahoga nuestros sentimientos más edificante y espirituales.

Y, de acuerdo con ellos, nuestros actos van encaminados a darles satisfacción y a proveernos de felicidad. De esta forma y sin darnos mucha cuenta nos vamos esclavizando por los instintos materiales que dominan nuestro pensar y sentir. Y acabamos pensando de acuerdo como vivimos.

Sin embargo, a pesar de todo ello, el hombre piensa diferente y se enfrenta a la lucha de vivir según piensa, y en su pensamiento lleva el sello de estar llamado a ser plenamente feliz y a una trascendencia que está por encima de él. Toda su vida va a luchar, aun sin saberlo en muchos casos, por alcanzar esta meta.

Y, es por eso, por lo que se hacen muchas cosas que no sabemos ni y por qué las hacemos. Actuamos irresponsablemente, movidos muchas veces por actos instintivos y sentimientos escondidos en lo más profundo de nuestro corazón que no sacamos a flote porque, quizás, nos da miedo.

Nos da miedo hacernos la pregunta: ¿quién soy? Y ¿para qué estoy?, y mucho más aun esforzarnos en respondernos. Sólo, entonces, nos queda un camino: seguir caminando de forma alocada e irresponsable. Y de esta forma se explican muchas cosas que, de otra manera, no se pueden explicar.

En mi reflexión trato de responderme cuales son las causas últimas de mi proceder y actuar. Por qué me acerco y hago acto de presencia. ¿Para qué voy a la comida sí luego no participo? ¿Por qué hago la travesía sí después, durante todo el año, no la conozco, ni trato de intimar con ella? ¿Cómo y por qué le pido sí después hago lo que me parece?

¿Me he formado un camino a mi manera y lo recorro según mis conveniencias e interese? La sensación parece ser esa. Pero también parece más autentico quedarse al margen cuando no se cree. Creo que es más coherente. Concluyo percibiendo que hay mucha mediocridad y mucho mimetismo. Hacemos lo que vemos hacer sin más y eso nos aliena y nos impersonaliza.

Nuestra respuesta queda vacía y sin contenido. Y responderemos justificando que los demás hacían lo mismo, pero eso nunca justificará nuestro proceder. En estos contenidos creo que está mucha verdad del actuar de las masas, porque nos convertimos en ella cuando actuamos así.

Así, cada año, se repetirán las ingentes romerías hacia los santuarios marianos o apostólicos. Los caminos se llenan de peregrinos que aparentan una cristiandad que no reviste solidez ni seriedad. Es sólo fruto de sentimientos transmitidos por costumbres al socaire del divertimento y la distracción, revestido de una ligera capa de cierta tradición religiosa.

Y eso explica que, al igual que Semana Santa, que mañana, al día siguiente, todo siga igual: abortos, explotación, eutanasia, divorcios, atropellos, robos, asesinatos, sexualidad corrupta, y un largo rosario de pecados que instauran el mal en el mundo. Un mal no creado por DIOS, nada malo puede ser creado por DIOS, sino un mal que existe, no por creación, sino como consecuencia del pecado del hombre.

Al elegir mal, sin el concurso de DIOS, el hombre se confunde y se pierde en la ignorancia. Ignorancia de creerse que puede alcanzar sus satisfacciones y deseos, pero que pronto se da cuenta que nada de lo que vaya logrando le satisface plenamente. A través de muchos kilómetros recorrido sólo hay cansancio y desánimo sí el camino se hace sólo.

En el acompañamiento del PADRE BUENO es donde únicamente recobra sentido el recorrido. Y para acompañar antes hay que encontrarse, intimar y emprender el camino juntos.

No se corresponde, pues, la gran cantidad de personas, que salarían el mundo, con las actitudes que testimonia nuestra Madre la Virgen de los Dolores. El camino no se recorre por el lugar adecuado.

domingo, 14 de septiembre de 2008

DESAYUNOS DE VERANO






puesta de sol - Risco de Famara




Los veranos alteran el ritmo de la vida normal que nos imponemos durante casi todo el año. ¡Nos imponemos!, porque nos dejamos arrastrar por la corriente de lo que vemos en los demás, y de acuerdo conforme la corriente humana va recorriendo su trayecto hacia la búsqueda de la felicidad, porque en el fondo todos buscamos la felicidad. Así todos, integrados en esa corriente, buscamos en similar trayecto lo mismo.

Pero no toda corriente es buena. Las hay dañinas y malas, pues todo lo corriente no es lo normal. Lo normal es lo bien hecho; lo que es bueno para ti y para mí; lo que no nos destruye, sino nos afirma. No dónde va la gente debe ir Vicente, porque Vicente puede elegir un mal camino y…,

Hoy precisamente hay muchos caminos equivocados y son más los que los siguen que los qué no. El hombre del progreso que fundamenta todo su saber en la ciencia y los adelantos y se erige en fundamento de sí mismo, equivoca su camino, pues se pierde en el discernimiento del bien o del mal. Lo descubierto debe estar en función del bien común, pero comprobamos que no siempre es así y a mayor progreso, mayor riesgo de destrucción también.


Por otro lado, en las postrimerías de su vida, no encuentra respuesta a la muerte. Y sí todo acaba en ella, no tiene mucho sentido nuestro camino.

Y no es que eso sea malo, sino que lo que nos debe importar es si eso es bueno. Bueno en el sentido estricto de la palabra, porque bueno significa todo aquello que comporta un bien para mí y no un mal para otro. Y ese bien entendido como lo que me ayuda a crecer tanto físicamente como espiritualmente.

Aunque el comer se hace necesario, no es un bien el comer más de lo que necesitas, ni de forma desordenada. Tampoco es un bien tomar sustancias que son nocivas y a la larga afectan mortalmente tu salud. No es, tampoco, hacer lo que te apetece, pues tomar demasiado sol, aún apeteciéndonos, no es aconsejable. Y así cada cual puede y debe desenmascarar los bienes que su conciencia le atestigua y aprueba.

Y esto en realidad está muy relacionado, implícitamente contenido lo uno en lo otro, diría yo, con la libertad. Bondad y libertad se dan la mano, y eres libre en la medida que haces el bien, el tuyo propio, y el de los demás. Claro, porque como quieres tú que te traten a ti, así debes tú tratar a los demás. Inmediatamente tu conciencia da testimonio de ello y lo aprueba.

Pero ocurre que cuando tu voluntad no lo hace, tu conciencia lo desaprueba. La conciencia no hace ni deshace nada, sólo aprueba lo que tu voluntad pone en acción según tu libertad. Y si decides hacer el bien haces lo que realmente te conduce a ser libre.

No hay bien sin verdad, porque la verdad es buscar lo que es verdadero y bueno para todos. Luego, ser libre es buscar y poner toda mi voluntad en hacer el bien. Y estas reflexiones son la maravilla que nos brinda el verano.

A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita ninguna otra.

En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio (muy propio del tiempo veraniego); la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida.

Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar (Spe Salvi).

Aprovechar el tiempo, del cual disponemos algo más en verano, para ordenar un poco más nuestra vida es algo único que debemos ejercitarnos al calor de estos formidables desayunos, que deberían ser mucho más frecuentes.



Un atardecer en Risco de Famara


El verano, aparte de ser un tiempo para relajarse y descansar, debe ser una gran oportunidad para pararnos un poco más detenidamente en nuestras vidas y buscar las respuestas a las preguntas que todos nos hacemos, así sea en silencio. Porque puede ocurrirnos que, y lo sabemos, todos los veranos hacemos lo mismo, los repetimos, son iguales y la vida se nos pasa quedándonos cada vez un vacío mayor.

Se hace necesario, y lo percibimos en nuestro interior, de una renovación. De hecho hacemos cosas diferentes: caminamos, nos ejercitamos en cuidarnos más, tratamos de relajarnos y descansar de lo cotidiano del año trascurrido y…etc., pero, ¿cuidamos también nuestro espíritu?, ¿respondemos a los interrogantes que nos plantea la vida?



Y es que nuestra vida puede ser como un viaje en autobús:
unos van durmiendo
otros viendo el vídeo
otros pensando en la manera de sacar dinero
otros, políticos, como llevar la voz cantante para su provecho
otros mirando a quien se pueden ligar, su dios es el sexo
otros observan el paisaje, ven por donde van y se hacen las preguntas:
¿a dónde nos llevará este viaje?
¿quién lo ha organizado?
¿cuándo se pare, dónde estaremos?
¡qué pasará?

El verano es tiempo de discernir sobre mi propia realidad: ¿de dónde vengo?; ¿a dónde voy?; ¿quién soy? Y en la medida que nos esforcemos en responder, estaremos dando en el centro del dardo, pues responder a esas preguntas es encontrarse frente a frente con la felicidad, tan ansiosamente buscada.

Porque la felicidad es poseer la sabiduría.
La felicidad es control de la propia vida.
La felicidad es la satisfacción de haberse hecho lo correcto, aún con sufrimiento.
La felicidad es la satisfacción de que se ha cumplido con el deber.

La playa, los baños de sol, los paseos matinales y vespertinos, los juegos, el descanso, así como los desayunos y comidas deben ser el telón y decorados de un profundo diálogo sobre nuestro destino y vocación.