jueves, 18 de agosto de 2011

TIENES UNA INVITACIÓN (Mt 22, 1-14)


He recibido una invitación, pero no le he hecho mucho caso. Persiste la invitación y sigo sin hacerle caso. Antes, presto más atención a mis intereses particulares, a mis problemas y a tratar de pasarlo lo mejor posible. Paso de invitaciones inoportunas que no me dicen nada y me traen molestias y problemas.

Esa puede ser una de muchas respuestas negativas a una llamada de invitación que DIOS nos hace al banquete de la vida eterna. somos sus hijos por nuestro compromiso de Bautismo, pero hemos rehusado a considerarnos tales. No queremos ninguna invitación.

Llegará el mañana, y nuestra invitación fue dirigida a otro u otros. Quizás alguno la haya aceptado y mi puesto haya quedado ocupado. También puede ser que a otros haya cogido de improviso, y no estén preparados, con el traje adecuado, para asistir al evento. Habrá muchas sorpresa y lo mejor será poner atención y prepararse para no dejar pasar la invitación. Mañana puede ser tarde.

Que sepa, DIOS mío, mantenerme presto y atento
a tu invitación. Que vele mis vestidos de 
gala para que nada me falte y,
no ser que vaya mal
presentado, sea
despedido de tu banquete. Amén.

miércoles, 17 de agosto de 2011

HAY TRABAJO PARA TODOS (Mt 20, 1-16)


En la Viña del SEÑOR no hay crisis, hay trabajo para todos. Todos, sí, todos, tú también aunque esto te suene hueco y vacío, y aunque creas que no sabes hacer nada o ya no sirves para casi nada, o, simplemente, porque no quieres moverte mucho. Sí, tú también tienes trabajo. El SEÑOR te abre las puertas de su Viña.

Todos los hombres, también los alejados y los incrédulos, están llamados a trabajar en la viña del SEÑOR y recibir su paga. Nadie se quedará sin ella, aunque luego, DIOS, nuestro PADRE y Jefe, no nos recompesará en la medida de nuestro trabajo, sino en la medida sin medida de su amor infinito. Es una muy buena frase, recogida del Evangelio preparado por José A. Martinez Puche, dominico, que nos abre a la inmensa Misericordia y Amor de DIOS.

Todo es Gracia de DIOS. Nada mereceremos por muchos talentos y obras que hagamos. Eso nos ayudará a mantenernos humilde, porque todo nos viene de ÉL. ¿Por qué, luego, engreirnos? Si lo piensas detenidamente no hay ningún motivo para dejarse tentar por esa vanidad. El SEÑOR sabe la medida que tú das. Por eso necesitamos darnos totalmente no de forma parcial o con condiciones.
Tampoco importa la hora, el momento, las circunstancias. ÉL sabe las condiciones del trabajo que te encarga. También sabe la hora y el momento. Nunca es tarde para ÉL. Simplemente es la hora que ha escogido para ti.

No dejes que me diluya en el ruido de las cosas 
de este mundo y no te escuche. 
Tampoco permitas que me distraiga y no
responda a tu llamada. Tengo la
sensación de esquivarte
otras veces. Dame 
fuerzas para
que esta 
vez 
SEÑOR, aquí estoy. Amén

martes, 16 de agosto de 2011

CUANTAS VECES LO HEMOS OÍDO (Mt 19, 23-30)


Sí, lo hemos oído muchas veces, infinidad de veces, pero siempre acabamos mirando para otro lado u olvidándonos del significado que esas palabras encierran. Las riquezas no son buenas consejeras y, aunque aparentemente nos apetecen y nos prometen felicidad, luego no esconden sino frustraciones y desengaños. En el fondo quedamos vacío.

Y lo sabemos, pero no renunciamos a ellas. Nuestra debilidad es más fuerte que nuestra voluntad y caemos en el egoísmo de desearlas para nuestra propia satisfacción, para nuestras comodidades y placeres. Pensamos sentirnos seguros y poderosos con ellas, y nos olvidamos de los demás. Algo así sucedió con el joven rico, y sucede con muchos de nosotros.

Y hay muchos tipos de riquezas. Las hay de pobres y de ricos; de soberbios y vanidosos; de suficientes y prepotentes; de vicios y drogas; de sexo y placeres; de muchas cosas que terminan por constituirse en nuestros propios dioses. Pero sólo uno es el DIOS que realmente salva y llena plenamente. Y ese es JESÚS.

Por eso, SEÑOR, lejos de buscar recetas, de pedirte
fuerzas y aliento, quiero rendirme a tu
misericordia y entregarme a tus
brazos amorosos para
unido a TI seguirte
a pesar de mis 
contradicciones y miserias. Amén.

lunes, 15 de agosto de 2011

A EJEMPLO DE MARÍA (Lc 1, 39-56)


Todos buscamos algo común tan común que nos parece ya corriente y sin mucho valor, pero que es lo más importante de nuestra vida. Porque, todos, queremos ser felices, y esa felicidad la buscamos por todos los rincones y lugares, pero probablemente muy poco donde debemos buscarla y donde se encuentra.

Ser feliz para siempre y plenamente es lo normal, lo natural, porque Quien nos ha creado nos ha hecho para alcanzar la plenitud eterna. Sin embargo, ser feliz de cualquier manera y sin la plenitud y solo por espacios temporales se ha convertido en lo corriente, en lo que buscan muchos que lo quieren convertir en lo normal.

Porque una cosa es lo normal y otra lo corriente, que porque lo hagan muchos no significa que sea normal y lo que se debe hacer. Por eso, lo normal es luchar y esforzarse en ser santo, como dice Xhonanes Olivas, porque estamos hechos para eso. Para alcanzar la felicidad que todos buscamos, no por un corto o breve tiempo, sino para SIEMPRE, plenamente gozoso y eterno.

Y ser santo no es otra cosa que descubrirlo e intentar serlo. No hay que hacer más, porque Quien nos hizo, nos hizo para eso. Y si nos hizo para eso nos dará lo necesario para poder serlo. Por lo tanto, quererlo, porque ya, por su Gracia, lo somos. Sólo necesitamos poner nuestra voluntad y libertad, que nos la ha regalado para disponerla a nuestro antojo y decisión, a su Voluntad y en sus Manos.

Por todo ello, yo diría, por la Gracia del ESPÍRITU SANTO, que ser santo es dejarse conducir por el ESPÍRITU SANTO, y todo se hará según lo disponga el SEÑOR. Hay una referencia clara, por encima de todos menos de JESÚS, María, mañana precisamente celebramos su Asunción a los cielos. ¿Qué hizo María? Dejar que la Voluntad del ESPÍRITU SANTO actuara sobre ella, y disponer su corazón a ser la esclava del SEÑOR.

¿Podemos hacer nosotros eso? Ese es nuestro esfuerzo, ponernos en Manos del ESPÍRITU para que modele nuestro corazón de hombre viejo en un corazón de hombre nuevo y podamos llegar a ser santo. Para ello empecemos por pedírselo insistentemente, como ayer lo hacía la Cananea. Y confiemos en ÉL.

Danos SEÑOR un corazón humilde y confiado
para saber esperar y guardar todas
las cosas que se presentan en
nuestra vida en la 
esperanza de
que en JESÚS estamos salvados. Amén.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

domingo, 14 de agosto de 2011

TODOS SOMOS HIJOS (Mt 15, 21-28)


El pueblo de Israel se había apropiado del SEÑOR. Sólo ellos eran los salvados y, para salvarse, había que pertenecer al pueblo de Israel. Pasa lo mismo ahora. Nos apropiamos de DIOS y excluimos a los demás que no son como nosotros. Pensamos que DIOS es nuestro, y también queremos que haga nuestros propósitos y se olvide del de los demás. Nuestro DIOS está sólo de nuestra parte.

Pero JESÚS, aunque nos hace ver que sólo ha venido a salvar a las ovejas de Israel, termina por escuchar la insistencia de aquella mujer y de atenderla. No podría ser de otra forma. Todos somos sus hijos, creados por ÉL, y a todos nos atiende y salva. "Id por todo el mundo a proclamar la Buena Nueva a toda la creación", le dice a sus apóstoles después de su Resurrección.

Porque el PADRE Creador es PADRE de todos, y a todos quiere por igual. Todas son sus ovejas, y suyo es el redil donde todas descansan. Por lo tanto, ninguna debe perderse y si así ocurriera sale a buscarla para devolverla al redil, fuera de todo peligro. Pero eso depende de nosotros, de nuestra insistencia y perseverancia a pesar de que el silencio del SEÑOR nos parezca que no nos escucha y atiende.

Sólo tú, SEÑOR, nos salva, y sólo a TI podemos 
acudir en busca de salvación, pues sólo
TÚ tienes Palabra de vida 
eterna. Amén.

sábado, 13 de agosto de 2011

LOS MAS PEQUEÑOS, LOS QUE NECESITAN MÁS AMOR (Mt 19, 13-15)


Si observamos con detenimiento y atención, percibimos que el amor es del más desvalido y necesitado. Nadie necesita más amor que él, pues depende todo del amor que le procuren. en estos momentos estoy con mi nieto en casa. Solos él y yo, y me sobrecoge el pensar que esa criaturita depende en todo de mí. Está en mis manos.

Puedo disponer de él y hacer de él lo que quiera. Por eso, necesita mucho amor y cuidados. Todos, de la misma forma, respecto a nuestro PADRE DIOS, dependemos igual, pero de alguna forma los niños, mientras son niños, dependen más. Por eso son las criaturas predilectas, juntos con los pobres, de nuestro PADRE DIOS. ¡Hay de quien le haga daño a un niño, más valiera colgarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar!

Ser hijo de DIOS es transformar nuestro corazón viejo y soberbio en un corazón sencillo, puro, limpio, lleno de ternura, de ingenuidad, de intenciones buenas y sanas, de mirada sin segundas intenciones y de obediencia sin rencores. Es pasar del hombre viejo, lleno de apegos y vicios, ensoberbecido y egoísta, al hombre nuevo, generoso, dado y disponible a entregarse por el bien del otro. Es, creciendo a la madurez de hombre, no dejar nunca de cultivar las actitudes de niño.

En el peregrinar de mi ascendente vida, SEÑOR, no 
permitas que me ahogue en las vanidades del 
mundo en que vivo. Es más, transforma
mi corazón viejo en un corazón
siempre nuevo y mantenlo
fresco e inocente como
fue de niño. Amén.

viernes, 12 de agosto de 2011

DOS QUE SE UNEN PARA FORMAR UNO (mT 19, 3-12)


Son dos personas diferentes que se unen para caminar juntos e ir unidos por los avatares de la vida. Dos diferentes, por lo tanto, no iguales. Ninguno de los dos deben tender a parecerse al otro, sino siendo ellos mismos complementarse con el otro.

Dejar el machismo de imponer la masculinidad y potenciar el respeto del valor de la feminidad. Ambas características son personales y complementarias, y dejar de ser ellas mismas es falsear la realidad. Están hechos el uno para el otro porque el uno complementa al otro. De modo que dos iguales no hacen uno sino dos.

En la Palabra de hoy, JESÚS nos revela que la unión matrimonial es para siempre, y que el amor es fidelidad y responsabilidad. No se puede agotar el amor en el sexo, porque eso pasa, ni tampoco en las ideas o egoísmos, porque esas cambian. El amor es para siempre hasta que la muerte impida seguir amándose.

DIOS nos ha creado varón y hembra, para que unidos en el amor de sernos fieles y servidores el uno del otro, seamos fiel reflejo de su amor. Todo lo que separa es porque su unión no fue sedimentada en el amor, sino en el egoísmo del placer, del sexo, del dinero o del poder, y todo lo que se edifica sobre arena se derrumbará tarde o temprano.

El amor, cuando está apoyado en el Amor de DIOS, 
fortalece la unión y acrecienta la fidelidad
 y la responsabilidad. Porque amarse
injertados en CRISTO es ponerse
uno al servicio del otro.

Todo lo que no sea eso, será servirse del uno
para beneficio del otro, y cuando el
interés o beneficio se acabe,
también terminará el amor. 

No permitas, SEÑOR, que construya mi vida
matrimonial sobre egoísmos que separan,
y sobre infidelidades que someten
mi responsabilidad y libertad. Amén.