lunes, 11 de marzo de 2019

EN LA HORA DE LA VERDAD

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Es tremendo el Evangelio de hoy y tremenda también la ceguera con la que vivimos. La realidad de nuestra vida es ésta. De nada vale tus éxitos, tu fama, tus victorias, tus riquezas, tus bienes, tu gloria y poder, porque todo quedará en este mundo y no servirá para nada. ¿Acaso todo eso te va a servir para vivir mejor después de la muerte? ¿O no crees que hay otra vida después de la muerte? Entonces, ¿para qué Resucitó Jesús? ¿O tampoco crees que haya resucitado?

Todas estas preguntas están esperando una respuesta tuya y mía. La mía está ya decidida. Yo sí creo y lucho por descubrir en cada persona la presencia de Cristo. ¿Me cuesta? Claro, pero sé también que no estoy sólo y que el Espíritu Santo recibido en mi bautismo me ayuda a descubrirlo y a responder siendo fiel a la Palabra del Señor.

Porque, una cosa si es cierta, para ello no hace falta la fe porque lo vemos a cada momento. En esta vida no se consigue la felicidad, ni siquiera un buen rato, porque de la misma manera que aparece se esfuma. Todo lo de aquí abajo no te sirve para hacerte feliz. Bienes, poder, gloria, éxito y riqueza se quedan aquí abajo y lo único que pueden hacer es darte un poco de felicidad mediocre que nunca llega a ser plena y profundamente gozosa.

Al final de nuestra vida, o dicho de otra forma, la meta de nuestra vida es darte a los demás y esforzarte en ver a Jesús en todos aquellos que sufren y que necesitan comer, beber, vestirse, salud, ser visitados, acogidos... etc. Eso significa amar y eso es lo que nos enseñó Jesús y nos lo vino anunciar del parte de su Padre.

domingo, 10 de marzo de 2019

TENTACIONES

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Lc 4,1-13
Todos somos tentados en nuestras vidas y, sobre todo, en los momentos de más debilidad. Jesús no fue apartado de ésta realidad y como hombre encarnado en naturaleza humana también fue tentado. Al comienzo de su vida pública se retiró al desierto y allí Dios permitió que Jesús fuera tentado para probar si el poder que recibía era usado para su comodidad material: "Di a estas piedras que se conviertan en pan", o si lo usaba para alcanzar poder y gloria: "Te daré el poder y la gloria de todo esto", y probado en su confianza en Dios: "Si eres hijo de Dios tirate de aquí abajo".Jesús vence las tentaciones con la referencia y certeza de la Escritura: "No sólo de pan o de poder vive el hombre sino de la Palabra de Dios (de "La palabra de cada día, Evangelio 2019"

Esta experiencia de Jesús encarnado en Naturaleza humana nos recuerdan que también nosotros somos tentados. Tentados por un mundo que nos seduce, que aprovecha nuestros momentos de debilidad para ofrecernos comodidades, placeres, poder y gloria. Un demonio que está al acecho buscando el momento oportuno, para en nuestros propios desiertos ofrecernos comodidades y poder. Y una carne, inclinada por la concupiscencia a los placeres y satisfacciones que sus propios instintos le proponen.

Por eso, necesitamos, como Jesús, estar muy unidos a Dios e injertados en el Espíritu Santo. La oración, el ayuno y la limosna pueden  ayudarnos a fortalecer nuestro espíritu y poder salir victorioso de esa lucha contra las tentaciones que nuestro mundo, el demonio y nuestra propia carne nos presentan. Este tiempo de cuaresma nos sirve de alimento y fortaleza para prepararnos en este sentido y no desfallecer a estas tentaciones en las que están contenidas todas.

Vivamos en el día a día la meditación y reflexión de la Palabra para, fortalecidos y animados en ella podamos vencer a cada instante las tentaciones que nos son presentadas por el mundo, demonio y carne.

sábado, 9 de marzo de 2019

CAMBIAR ES LA CUESTIÓN

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La vida es todo un proceso de cambio. Nacemos desnudos y dependientes durante bastantes años de nuestros padres. Y en muchos casos más de la cuenta, posiblemente porque no maduramos lo necesario y suficiente como para depender de nosotros mismos. Nuestra vida es una constante evolución y eso nos exige esfuerzo y cambio, pues, de no ser así podemos quedar parados. Eso significa retroceder.

Necesitamos evolucionar constantemente, es condición indispensable, y eso nos va a exigir cambios en nuestra conducta y manera de actuar. Pero, ¿qué cambios necesito? Por un lado, mi cuerpo necesita cuidados para evitar enfermar y no alcanzar el debido desarrollo, y, por otro, también el alma, con mucha más atención, pues podemos perderla y para siempre. Esos cuidados nos van a exigir cambios en nuestra forma de vivir y de actuar.

Así nos lo dice el Evangelio de hoy cuando habla de Levi - Mateo - al ser llamado por Jesús. Esa llamada y su respuesta cambia su vida por completo. De recaudador de impuestos para los romanos y dejándolo todo pasa a seguir a Jesús y a proclamar su mensaje de Buena Noticia. No cabe duda que todos los cambios no son iguales. La parábola - Mt 25, 14-30 - de los talentos así nos lo manifiesta. A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Cada cual ha recibido unos talentos gratuitos de Dios, y a esos talentos ha de responder.

En eso estriba y consiste responder a esa llamada que el Señor nos ha dejado a cada uno en base a esos talentos recibidos gratuitamente. Todos somos pecadores y necesitamos despertar a esas tentaciones de nuestras inclinaciones a la concupiscencia y apetencia de nuestros apetitos y satisfacciones. Necesitamos limpiarnos, por la Gracia de Dios y responder a la llamada del Señor.

viernes, 8 de marzo de 2019

UNA NUEVA FORMA DE AYUNO

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Mt 9,14-15
El ayuno siempre es necesario, porque nos prepara para tener equilibrio y dominarnos ante nuestras propias pasiones y apetencias. Los médicos nos manda a ayunar de ciertas cosas para estar en forma y tener una salud óptima y más cuidada. Y entre los judíos, el ayuno, era un rito de purificación y un medio para dominar los instintos gastronómicos y otras pasiones a las que estamos inclinados.

Sin embargo, ahora con la llegada de Jesús la cosa cambia. Él es nuestro ayuno, porque de y con Él toda nuestra vida se ve fortalecida y animada para seguirle e imitarle. Él es nuestra fuerza para vencer nuestras apetencias e instintos. Por eso, necesitamos estar a su lado, porque Jesús nunca se ha ido. Está entre nosotros, sobre todo entre aquellos que lo llaman y que se reunen entorno a él. Él es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida.

Por eso, está claro, necesitamos la oración, que nos une íntimamente con Él y nos da fortaleza para no desfallecer y seguir adelante. Y, por experiencia lo sabemos, dar y darse exigen un esfuerzo al que el ayuno nos puede ayudar y preparar. Todo esfuerzo cuesta trabajo, pero cuando nos esforzamos descubrimos que detrás de él se encuentra el gozo y la felicidad.

Cuando miras para ti solamente encuentras en tu interior un vacío que, lejos de satisfacerte, te agría el espíritu y te entristece. Es mejor darte y esforzarte en vivir el esfuerzo penitencial que te vigoriza y te prepara para la lucha de cada día contra tus propias pasiones y apetencias. Vivamos en esa actitud y confiemos que el Señor nos acompaña y está con nosotros. Pongamos nuestra voluntad en sus Manos.

jueves, 7 de marzo de 2019

TÚ DECIDES, PERO SERÁS RESPONSABLES DE TUS DECISIONES

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Lc 9,22-25
Hay un momento en tu vida que tienes que tomar una decisión. Posiblemente, antes, habrás tomados muchas decisiones: estudiar o no hacerlo; casarte o no; tener hijos o no; trabajar o no; vivir de esta forma o no...etc. Pero, hay una decisión vital y definitiva: seguir a Jesús o no. Podrás hacer lo que decidas, pues eres libre para tomar una u otra dirección en tu vida, pero, una u otra tendrán una consecuencia vital para tu vida eterna.

Porque, nadie se quedará dormido. Todos despertaremos a esa vida eterna que se nos ha prometido, y que también está escrita en el corazón de cada persona. No descansas cuando acaba tu tiempo en este mundo, sino que empieza otro tiempo nuevo. Un tiempo de gloria y gozo, o un tiempo de sufrimiento, angustia y terror. Eso es lo que nos jugamos cada uno de nosotros al decidir un camino u otro.

Y es que las Palabras de Jesús son muy claras, «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». Decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?».

Y también, nuestra propia experiencia así lo confirma. Sabemos lo difícil que es el camino de nuestra vida. Difícil porque, quieras o no, está llena de obstáculos, sufrimientos y también alegrías. Y sabemos que, tarde o temprano, llegará un día de enfermedad, de sufrimiento y de muerte. ¿Qué esperamos? ¿Vivir esta vida mediocre y cansina, o buscar la felicidad que experimentamos dentro de nosotros para siempre? Esa es tu decisión y sólo a ti compete. Si tratas de ganar esta vida buscando en ella esa felicidad que nunca encontrarás, te perderás para siempre. Si, por el contrario buscas seguir a Jesús y vivir en su Palabra y amor, ganarás tu vida en gozo y felicidad para la eternidad.

miércoles, 6 de marzo de 2019

NO SE REZA PARA LUCIRTE Y DARTE GLORIA

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Mt 6,1-6.16-18
Muchos de nosotros podemos caer en la tentación de querer lucirnos ante los demás con nuestras poses de oración y nuestras obras de caridad. Sin lugar a duda que con esta actitud perdemos la recompensa que nos tiene prometida nuestro Padre Dios. Jesús nos lo dice en el Evangelio de hoy: Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga.

Porque, el que guarda en su corazón malas intenciones gusta de ser visto porque lo que le importa dar buena imagen, pero, después no cumple con lo que aparentemente quiere transmitir. Por eso, Jesús les llama hipócritas, porque con sus conductas tratan de engañar a los demás. Jesús nos da la pauta para orar: Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


Y lo mismo sucede con nuestras obras de caridad. No nos preocupemos por ser visto ni porque otros vena y se enteren de los magníficos que somos. También el Señor respecto a esto nos dice: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Así que lo tenemos claro, orar y obrar con cautela y sin adoptar poses y buscar escenarios donde ser vistos y alabados por nuestra piedad y nuestras buenas obras de caridad. Todo hacedlo en secreto, al menos no ir buscando ser alabado por nuestros actos de piedad y obras de caridad.

martes, 5 de marzo de 2019

EXPERIMENTAS QUE TE SIENTES LIBRE Y LLENO DE GOZO Y ESPERANZA

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No cabe ninguna duda que la experiencia es enriquecedora. Y lo es porque aquellos discípulos de Jesús así lo entendieron y se entregaron sin reservas a seguirle hasta la muerte. Y detrás de ellos muchos más que han seguido sus pasos y que siguen en la actualidad. Este seguimiento masivo nos pone de manifiesto que la promesa de Jesús se cumple:«Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.

Sin lugar a duda, experimentas que te sientes libres y que, desprendiéndote de todo aquello que, en principio creías que te daba la felicidad, te regocijas en el gozo de abrirte a los demás, de sentirte más dueño de ti mismo, más libre para decidir, para liberarte de tus propias esclavitudes, más disponible a darte y a buscar el bien de los demás, a compartir, a ser querido por los que se experimentan necesitados y buscan la verdad. Y a llenarte de gozo y paz.

Si bien, es verdad, todo ello trae complicaciones y persecuciones de aquellos que tus acciones, tu amor y desprendimiento les molesta. Porque, esos, quieren vivir en la mentira, en el egoísmo, en el poder y el aprovechamiento y explotación de los demás. Porque, son amigos de la concupiscencia y de la vida fácil, puerta ancha y todo vicio y placer que les de satisfacción inmediata aun tengan que pasar por encima de los demás.

Pero, esas persecuciones y dificultades te harán más fuerte, más maduro, más responsable y hasta más parecido a nuestro Señor Jesucristo, compartiendo nuestros sacrificio con el de Él que entregó su Vida en una muerte de Cruz. Y es que todo eso da verdadero sentido a tu vida llenándola de gozo, de paz y de esperanza, pues la promesa de nuestro Señor Jesús es: y en el mundo venidero, vida eterna.