sábado, 30 de marzo de 2019

DIOS ES AMOR

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Con total seguridad, lo hemos oído muchas veces, "Dios es Amor", pero, quizás no hayamos tomado conciencia que el Amor es la esencia del gozo y la felicidad plena. Y, cuando tomamos conciencia de ello nos damos cuenta de nuestras miserias, pobrezas y limitaciones. Es entonces cuando tomamos conciencia de que, por nosotros mismos no podremos nunca superar nuestros pecados y liberarnos de nuestra esclavitud.

Luego, reconocemos que lograr nuestra libertad no está en nuestras manos y se nos plantea una disyuntiva, ¿qué hacer y qué camino tomar? En el libro del Deuteronomio, 30, 15-9 Dios nos plantea ya esa disyuntiva. Se adelanta a nuestros problemas y nos ofrece tomar alternativas: Nos presenta dos camino, la muerte o la vida. Una muerte que nos esclaviza, que nos somete y nos lleva a la perdición y sufrimiento. Una muerte que tras presentarnos como espejismo de gozo y felicidad los placeres y riquezas de este mundo nos sumerge en un vacío de soledad, de dolor y de sufrimiento.

Ante esta realidad descubrimos y reconocemos nuestra pequeñez, nuestra impotencia, nuestros pecados y la imperiosa necesidad de ser humildes y acudir a Ti, Señor. Porque, sólo Tú, Señor, por tu Inmenso Amor e Infinita Misericordia nos das la capacidad de amar como Tú nos amas. Y también nos regala gratuitamente el perdón de todos nuestros pecados, que nunca mereceremos por nuestros propios méritos.

Necesito, Señor, la Gracia de tu Sabiduría para redescubrir toda mi miseria cada día y darme cuenta que, cuanto más cerca estoy de Ti, más miserias y pecados descubro en mí. Y percibo con claridad que no soy mejor ni más bueno o valioso que nadie. Y, si por cualquier circunstancia me tienta esa posibilidad de creerme mejor que alguien, que sepa y tenga siempre presente, Señor, que nunca es por mis méritos sino por tu Gracia.

viernes, 29 de marzo de 2019

AL AMOR SE RESPONDE Y CORRESPONDE CON AMOR

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Mc 12,28b-34
No puedes responder al amor con desamor. Sería una incongruencia no responder a quienes te aman. A pesar de, en muchas circunstancias, no corresponder al amor de tus padres, de tus hermanos o de tu familia en general; a pesar de no corresponder al amor conyugal, siempre hay en lo más profundo de tu corazón un deseo y un impulso de amar. Esa experiencia es vivida y sentida dentro de todo corazón humano.

Dios nos ha creado por amor y eso significa que salidos del amor estamos hecho de amor. Por lo tanto, si hemos salido del Amor tendremos que dar amor queramos o no. Somos semejantes a Dios y, quieras o no, el amor está dentro de ti y saldrás a pesar tuyo. 

Ese es nuestro mayor descubrimiento. Cuando desparramas amor te encuentras con Dios y descubres que en Él está esa felicidad que buscas. Nunca la encontrarás en el poder, ni en las riqueza o satisfacciones. Sólo se encuentra en el amor ágape, el amor que se da y entrega hasta el extremo de dar toda tu vida. Y como irás comprendiendo, desde nuestra naturaleza no podremos darlo. Somos pecadores y estamos sometidos al pecado y, sólo desde el Amor podemos ser liberados. 

Es decir, sólo desde el Amor de Dios podremos encontrar la fortaleza y la sabiduría para, correspondiendo y amando a Dios, corresponder y derramar ese amor en los hermanos. Pues, Dios ha querido unir ese amor y correspondencia a Él con el amor también a los hombres. De modo, que amar a Dios implica amar también a los hombres y amar a los hombres implica amar a Dios.

Y eso es lo que Jesús respondió a la pregunta de aquel maestro de la ley:«El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».

jueves, 28 de marzo de 2019

LA LUCHA DEL BIEN CONTRA EL MAL

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Lc 11,14-23

Cuando hay una lucha se supone que será uno contra otro diferente. No tiene sentido que uno luche contra sí mismo, salvo que sometido al mal quiera librarse de él. Y eso supone ya una lucha contra alguien diferente a ti. Esa fue la razón que Jesús dio a aquellos que, admirados por el poder con el que había expulsado a un demonio mudo de aquella persona, decían que lo hacía con el poder del demonio.

Es de sentido común que un reino dividido se auto destruye el mismo. No tendría ninguna lógica que el demonio se expulsara a sí mismo. Una vez más queda patente que cuando se busca razones contra la verdad no se encuentran sino disparates y contradicciones. Y cuando no se quiere creer se piden pruebas y signos que nos descubran lo que tenemos necesidad de creer. Luego, ¿dónde está nuestra fe?

La fe exige confianza y, sin más, fiarte de la Palabra del Señor. Un Señor que descubre su autoridad con la Verdad y con sus Obras. Pero, ¿por qué intentas exigirle que te desvele su poder? ¿No lo estás viendo? ¿Acaso quieres milagros y pruebas según tus caprichos y para satisfacer tu seguridad? ¿Cómo entonces puedes probar tu fe? Es, precisamente, la fe la que te impulsa a seguirle y a actuar según su Palabra. Cuando esté delante de Él y en su presencia, ya no te hará falta la fe, pues lo estarás viendo.

Nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida no puede hacer nada que nos perjudique ni nada que esté mal. Él es el Bien Sumo y la Verdad Absoluta y todo lo que dimana de Él es puro bien para el hombre. Ahora, eso sí, estará siempre enfrentado al mal, personificado en Satanás, y en constante lucha contra él para fortalecernos y ayudarnos a vencerlo. 

Nuestro Señor siempre estará mejor armado y siempre será más fuerte que el demonio. Siguiendo su camino, a pesar de sufrir tentaciones, que son las pruebas de nuestra fe, siempre saldremos, como Jesús en el desierto, victorioso de las tentaciones a las que nos pueda someter el demonio.

miércoles, 27 de marzo de 2019

SABER INTERPRETAR LA LEY

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Mt 5,17-19
Nos ocurre con mucha frecuencia, interpretamos mal la ley. O, al menos, no le damos el verdadero y único sentido que tiene. Para los judíos la Ley y los Profetas era lo máximo, la meta más alta. Sin embargo, sucede que muchas veces la interpretan mal. Por ejemplo, la ley que regulaba el descanso del sábado estaba mal interpretada, porque sometía al hombre a la ley. Y esa no es la Voluntad de Dios.

A Jesús no le encajaba esa ley con la Voluntad de su Padre. El hombre es la criatura por excelencia para Dios. Lo ha creado a su imagen y semejanza y lo ha hecho libre para que pueda optar libremente por el amor a su Padre o el amor a sí mismo. Y ha entregado a su Hijo a una muerte de Cruz antes que quitarle la libertad al hombre. Esa medida descubre el inmenso Amor de Dios a su criatura especial.

Pero, el hombre no ha sabido en muchos casos interpretar la Ley ni entender a los Profetas. Dios, encarnado en su Hijo, se ha acercado al hombre para explicarle esa ley que él no sabe interpretar en muchos momentos de su vida. Y es inútil para el hombre empeñarse en buscar la verdadera interpretación por sí sólo, porque siempre se equivocará. Necesita el auxilio y la asistencia del Espíritu de Dios. Es Dios quien busca al hombre y le enseña el verdadero y único camino y cómo interpretar su Ley.

El hombre se pierde si Dios no está cerca de él. El hombre necesita la cercanía de Dios para que le indique el camino y a saber interpretarlo. Nunca ninguna religión ha tenido un Dios tan cercano como la judía y, por rechazo de ésta anunciada a los gentiles, nosotros, ahora los llamados cristianos. En nuestra religión es Dios quien nos buscas y nos ilumina para que entendamos la ley y vivamos en su Espíritu.

En nuestro bautismo recibimos al Espíritu Santo quien nos acompaña, nos asiste y nos auxilia para que entendamos lo que no entendemos y vayamos comprendiendo en nuestro camino todo lo que nos falta por entender. Para ello, necesita nuestra disponibilidad y nuestra apertura a su acción.

martes, 26 de marzo de 2019

NUESTRA COMPASIÓN TIENE UNA MEDIDA

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Mt 18,21-35
El hombre no está dispuesto a perdonar muchas veces. Tiene una medida que la sopesa y la evalua según le indica su lógica y razón. Y según sus resultados perdona o no. Pero, nunca más de siete veces, porque eso ya le parece mucho. Es la pregunta que Pedro le hace hoy al Señor: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?».

Pedro entendía que hay que perdonar, pero su paciencia no está dispuesta a soportarlo muchas veces. Por eso hace esa pregunta, porque entiende que tiene que haber un límite. La respuesta del Señor es sorprendente, para él y también para nosotros. Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Si siete veces significa ya bastante y suficiente para el hombre, setenta veces siete quiere significa siempre. Hay que estar dispuesto a perdonar siempre.

Posiblemente no lo entendamos. Nuestra limitada razón no da para más aunque el hombre presuma de gran inteligencia. Pero, hay una gran señal que dependerá de tu fe. Porque, si tú reconocer haber recibido todo lo que tienes, sobre todo la vida y todo lo que la adorna. Y además la oportunidad, durante todo el recorrido de la misma hasta el final, de su Misericordia dándote la oportunidad de compartir su Gloria contigo eternamente, ¿cómo te puedes tú negar a perdonar la insignificante ofensa que te puede hacer un semejante con respecto a todo lo que recibes de Dios? 

Es entonces cuando comprendes que estás llamados a perdonar de la misma forma que eres perdonado por tu Padre Dios. Y Jesús, para que lo entendamos bien nos cuenta la parábola de aquel Rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos - Mt 18,21-35 -.

Es verdad que nos cuesta perdonar, y no digamos cuando la ofensa a nuestro ojos es grande e imposible para nosotros perdonarla, pero para Dios no hay nada imposible y con su Gracia podemos alcanzar esa fuerza y capacidad para ser capaz de perdonar. El Amor de Dios es muy grande y misericordioso, y gracias a Él somos perdonados.

lunes, 25 de marzo de 2019

UN SÍ, SUFICIENTE, PARA PROLONGAR TU VIDA HACIA LA ETERNIDAD


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Lc 1,26-38
María se abre a la acción de Dios. Recibe su Palabra y la acepta y con esa aceptación nos da también a nosotros esa posibilidad de alargar también nuestra vida. Venimos a la vida esclavizados y sometidos por la muerte. Somos reo de muerte, pero se nos brinda una gran posibilidad, volver a la vida, a la verdadera vida. Esa Vida con mayúscula que se nos brinda con la disponibilidad que nos da el Sí decidido y obediente de María. Gracias, María, Madre de Dios y Madre nuestra.

Ella es la respuesta que nos da la Vida, que, luego nosotros tendremos que certificar quererla y recibirla con nuestra respuesta también afirmativa y obediente a la Palabra que el Señor, encarnado ya en María, nos la revela en su venida a este mundo y a través de su Palabra. Una Palabra que nos es transmitida a través del colegio apostólico por medio de la Iglesia hasta nuestros días, y que nosotros recibimos en la medida que tratamos de abrirnos y responder como la Virgen: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Ahora, ¿Estamos en esa sintonía? ¿Estamos atento a discernir cada día si realmente estamos en la misma frecuencia de la Palabra de Dios? ¿Escucho yo y escudriño la Palabra que Dios, a través de las Escrituras, tratando de esforzarme según su Voluntad? ¿Vivo con intensidad esa hermosa oración que Jesús me enseñó? ¿Le llamo Padre, le santifico, me abro a su Reino y Voluntad, confío que me sostiene y me da todo lo que necesito, perdono tal y como Él me perdona y me aparto de la tentación para que con su ayuda no caiga en ella librando del mal?

Descubrimos que necesitamos todos los días un poquito de reflexión y oración para revisando todos esos puntos no apartarnos de sus mandatos y de sus orientaciones y caminar, como María, en su Voluntad.

domingo, 24 de marzo de 2019

NO HAY OTRA ALTERNATIVA


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Lc 13,1-9
Todos sabemos por experiencia que no hay otra alternativa. Nuestra vida está señalada y su final en este mundo es la muerte. Sin embargo, en este camino ocurren desgracia y tragedias que todos lamentamos y que provocan el final antes de su tiempo natural. Jesús hace referencia en el Evangelio de hoy a aquellos galileos que murieron bajo el poder de Pilatos o aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre Siloé matándolos.

Y nos advierte que a nosotros, que no somos mejores que esos que han sufrido esas muertes, nos ocurrirá lo mismo si no nos convertimos. Todos pereceremos en el fuego eterno si no nos tomamos en serio este camino ahora para convertirnos según la Voluntad de Dios. Un Dios que quiere nuestra conversión y nuestra fe en Él. Un Dios que busca cambiar nuestro corazón endurecido por un corazón humilde, suave, bueno y comprensivo. Un Dios que quiere que le imitemos porque de esa manera encontraremos la verdadera y única felicidad.

Y un Dios que, a través de su único Hijo, nuestro Señor Jesús, nos revela su Voluntad en esa hermosa oración que el Señor nos ha enseñado: ... y hágase tu Voluntad, y no la nuestra, en el cielo y en la tierra... Y la Voluntad del Padre es llevarnos a su Casa, como nos decía ayer en la parábola del hijo pródigo, y compartir su Gloria con nosotros en gozo y plenitud de felicidad para siempre.

Pero, esa Voluntad de nuestro Padre Dios necesita nuestra colaboración. Para eso, se nos ha dado la capacidad de decidir libremente y de abrir nuestro corazón a la Palabra del Señor. Eso espera el Señor de nosotros, y lo hace con una paciencia infinita. Espera que respondamos y que demos los frutos que Él espera de cada uno de nosotros. Nos lo dice al final del Evangelio de hoy con esa parábola de la higuera que estaba seca y no daba frutos. 

Nuestro Padre esta decidido a darnos otra oportunidad, todo este tiempo de nuestra vida, para que nos convirtamos y demos frutos. Aprovechemos el tiempo de nuestra vida para que no nos ocurra la mayor desgracia de no poder encontrarnos en la Casa del Padre.