domingo, 14 de enero de 2024

A PESAR DE NUESTROS PECADOS – TRAICIONES – JESÚS CONFÍA EN NOSOTROS

¿Por qué eso es así? Me refiero a misterio inefable de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios. No merecemos nada y sin embargo Dios, nuestro Padre, nos da todo: la vida, el sustento y la oportunidad de ser infinitamente dichoso y feliz a su lado eternamente.

¿Se puede entender esto? De ninguna manera. Es imposible para la mente humana entenderlo, solo por la fe podemos creerlo. Ahora, la fe la podemos apoyar en muchas evidencias y razones que nos ayudan a sostenerla: El testimonio de los que le conocieron encarnado en naturaleza humana como nosotros; sus Palabras, Vida y Obras; la correspondencia de lo que Jesús dice y lo que sentimos, queremos y experimentamos dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro corazón. Su Misericordia Infinita ante la traición de Pedro. Todo eso y muchas más cosas nos hacen y ayudan a creer en Jesús, el Hijo de Dios.

Hoy sucede lo mismo, Jesús pasa por nuestra vida y muchos no se enteran. Incluso, se les señala como el Cordero de Dios pero muchos no hacen caso y le vuelven la espalda. Es imprescindible tener una actitud de búsqueda, de encuentro con Él. Eso fue lo que tenían aquellos dos discípulos que a la voz de Juan siguieron a Jesús. Hambre y sed de Dios.

Podemos preguntarnos: ¿Tengo yo sed y hambre de encontrarme con Jesús, el Hijo de Dios? ¿Le busco y me acerco a Él para conocerle? ¿O por el contrario me es indiferente y no doy un paso para escucharle ni conocerle?

sábado, 13 de enero de 2024

SOLO LOS ENFERMOS TIENEN NECESIDAD DE MÉDICO

No podemos evitar poner etiquetas a todo lo que vemos y también a las personas. Éste, es de esta forma, tiene estos vicios; aquel, actúa de esta manera, imposible cambiarle…etc. Damos por hecho que muchas personas están condenadas a ser como realmente nosotros las vemos. Y eso nos impide cambiar nuestra opinión de ellas e incluso ayudarle a un posible cambio de vida o de hábitos.

El Evangelio de hoy nos presenta un caso de esos. Levi, recaudador de impuestos para los romanos, tenía esa condición de persona non grata e imposible de cambiar. Su actitud y su estrecha relación con los romanos – invasores del pueblo Israel – le asignaba esa etiqueta de incambiable. No se podía esperar otra cosa de él.

Sin embargo, el Evangelio nos presenta como Jesús, el Señor, piensa de otra manera y confía en las personas. Porque, nos será difícil cambiar, dejar lo viejo, lo que nos somete y esclaviza, pero con la Gracia de Dios, la fuerza del Espíritu Santo, podemos dar un giro a nuestra manera de pensar y, en consecuencia, de actuar.

Levy, llamado Mateo, fue interpelado por Jesús y cambió. Seguramente no fue un cambio tan rápido o fulminante, pero su manera de pensar y de ver las cosas fueron transformando su corazón hasta convertirse en un seguidos y discípulo de Jesús. Y ya sabemos su historia, pero ahora lo que realmente interesa es la nuestra. ¿Estamos también nosotros dispuestos a cambiar? ¿Tratamos de seguir a Jesús conociendo su Palabra y tratando de vivirla? Esa es la cuestión y una de las lecciones que podemos sacar de este pasaje evangélico.

viernes, 12 de enero de 2024

EL EMPUJE DE LA FE

Hay momentos que tu voluntad se fortalece y te empeñas – hasta conseguirlo – superar barreras que parecen imposibles de superar. Eso tiene un nombre – fe – y te sientes empujado `por ella hasta el punto de hacer cosas inimaginables o aparentemente imposible. Es el caso del Evangelio de hoy. Aquellos hombres estaban convencidos del poder curativo de Jesús que se inventaron – abriendo un boquete por el techo del tejado – la forma de llegar a Jesús.

Ahora, ¿es nuestra fe suficiente y fuerte para empujarnos a buscar a Jesús? Esa es la pregunta que podemos, al menos a mí me lo sugiere, entresacar de la lectura y reflexión de este Evangelio. ¿Busco a Jesús convencido de que Él es mi curación, y no solo temporal en este mundo, sino en la vida eterna? Porque, si hay una cosa cierta es que todos abandonaremos este mundo e iremos al verdadero y eterno para el que hemos sido creados.

Por tanto, es evidente que de cómo andemos por este mundo gastando nuestro tiempo y dándonos a los demás en amor y misericordia tendrá mucho que ver de cómo pasaremos nuestra vida en la eternidad. De si, junto a Dios en su gloria y gozosos o con remordimientos, angustia y sufrimientos.

Es posible, y de hecho se produce, que a muchos esto le resbale y piensen que lo importante es vivir despreocupado, egoístamente y lo más feliz aquí mientras caminan por este mundo. Pero, la realidad no es esa por mucho que se empeñen en querer verla así. La experiencia nos dice que aquí, por mucho que quieras no está ni en el poder, riquezas ni disfrute. Solo en el amor y misericordia se esconde esa felicidad que buscas.

jueves, 11 de enero de 2024

SI QUIERES, SEÑOR, PUEDES CONVERTIR MI CORAZÓN ENDURECIDO EN UN CORAZÓN MANSO Y GENEFEROSO.

Si quieres, Señor, a mí también puedes limpiarme de todos mis pecados. Y esto, Señor, te lo diré todos los días porque cada día soy consciente de que caigo en la tentación del pecado. Creo en Ti, Señor, y en tu Infinita Compasión y Misericordia y eso me da confianza para soportar, luchar y esforzarme en resistir todos los embates de las tentaciones y seducciones que me presenta este mundo.

Camino, Señor, confiado en tu presencia y tu infinita compasión. Sé de tu infinita misericordia y en ella ponga todas mis esperanzas. Eres mi fortaleza y me roca donde trato e intento apoyarme y descansar ante las diarias amenazas de mi endurecido corazón y las seducciones con las que este mundo me tienta a cada hora.

Como ese leproso, Señor, yo también te busco, corro hacia Ti y te pido que me limpies de todas las lepras de mis pecados. A diferencia del leproso yo tengo alguna ventaja. Sé dónde estás y puede encontrarte siempre que lo desee. Y, Señor, sabes que acudo con asiduidad todos los días a la Eucaristía a alimentarme con tu Cuerpo y a fortalecerme con tu Espíritu. Haz, Señor, que pueda hacerlo y dejar que Tú seas mi alimento y mi fuerza para resistirme y vencer al mal. Y, sobre todo, Señor, ser generoso y misericordioso como Tú lo eres con todos. ¡Señor, si quieres puedes limpiarme!

miércoles, 10 de enero de 2024

UN MUNDO INQUIETO DE ANHELOS Y BÚSQUEDAS QUE TRASCIENDEN.

Es evidente, y en eso todos estaremos de acuerdo, de que el mundo está inquieto. No para de preguntarse cosas, despertar anhelos, emprender búsquedas, tener hambre de proximidad y sed de sentidos. Y en esa corriente el mundo avanza técnicamente y mejora su estado de vida. Muchos piensa que el mundo puede autorrealizarse. Sin embargo, también constatamos que el avance espiritual no va a la par con el técnico. Mientras se adelanta en la ciencia, la moral parece involucionar y relativizarse.

Estamos viviendo una etapa en la que la verdad aparece disfrazada de mentira. Todo se relativiza y se acepta como verdad según cada cual la interpreta. El hombre toma el mando y dirige su propia vida. Sin embargo, ante tanta espectacularidad el mundo sigue impotente y enfermo, y la muerte amenaza victoriosa cuando llega su momento.

Jesús vive, en su tiempo y paso por este mundo, una realidad donde su presencia despierta esa inquietud de salvación. Acuden a Él muchos rogándole que les cure y su fama va extendiéndose a paso agigantado. Sin embargo, pocos descubren la enfermedad de su alma y la medicina de la Palabra que sale de la boca de Jesús. Pero, también, otros pueblos tienen esa necesidad y Jesús se mueve, camina y acude a otros lugares necesitados de curación, escucha de la Palabra y salvación.

Es evidente que las curaciones en este mundo son temporales, pues sabemos con certeza que llegará nuestra hora. Por tanto, si hoy somos curados, mañana llegará el día que nuestro recorrido por este mundo se acabe. De manera que lo lógico será pensar que lo verdaderamente importante será salvar nuestra alma que será eterna. Salvarla, al ser eterna, no de morir sino de que esa eternidad sea gozosa, feliz y plena de gloria junto a nuestro Padre Dios.

Y es ese avance el que verdaderamente importa. De nada vale mejorar tanto durante nuestro camino por este mundo si no mejoramos en amor y misericordia – verdadero tesoro – que es lo que realmente nos salva de perder la eternidad que nos espera junto al Padre. Acudamos a Jesús, no solo para que nos cure el cuerpo, sino también el alma que nos da la vida eterna en plenitud de gozo y felicidad.

martes, 9 de enero de 2024

UNA VIDA COHERENTE Y CONFORME A SU PALABRA

No hay mejor ni más fuerte testimonio que la coherencia entre lo que dices y haces. Jesús vivía lo que predicaba y de ahí manaba su autoridad. Su Palabra tenía reflejo en los actos cotidianos de su vida. Coincidía lo que decía con lo que hacía. De ahí la autoridad y admiración que desprendían sus palabras y el entusiasmo y asombro con las que eran acogidas.

Jesús, consciente de la realidad que pisaba con sus pies cada día y de la conciencia que había de que los padecimientos venían del maligno, actúa y libera y da otro sentido a la vida  de aquellos que se consideraban excluidos y sin esperanza. De un creer y pensar que ya todo está perdido, de que no hay esperanzas de nada, Jesús con su poder va sembrando esperanza, anunciando la Buena Noticia y que Dios es un Padre Bueno y Misericordioso que salva a sus hijos del poder del demonio y del pecado.

Jesús no entabla diálogo ni discute, simplemente cura, expulsa el mal, reconoce que hace daño y que tiene poder sobre el hombre, pero la desautoriza con la fuerza del Espíritu de Dios. Sabe que su Padre lo puede todo. Jesús viene a eso, a decirnos, demostrarnos y ofrecerse que la desesperanza y que la nada haga nido en nuestros corazones. Nos da su Palabra, nos enseña su Camino, su Verdad y su Vida y llena toda nuestra vida de esperanza alumbrándonos el camino en la oscuridad a la que nos somete el mundo, demonio y carne.

lunes, 8 de enero de 2024

«DETRÁS DE MÍ VIENE EL QUE ES MÁS FUERTE QUE YO»

Juan es encarcelado y Jesús empieza su vida pública y a anunciar que el Reino de Dios está cerca. Ha llegado la Buena Noticia, Dios se hace presente en su Hijo, y eso significa que el Reino de Dios está entre nosotros.

Tras la mala noticia y la percepción de los discípulos de Juan de que todo parece haber terminado, de que el poder del mundo ha vencido y de que el mal nos somete y nos atenaza, Jesús enciende una luz de esperanza y anuncia el Amor y la Misericordia de su Padre que nos abre sus brazos y nos acoge en su Reino. Jesús es la Palabra del Padre, su Infinito Amor y su eterna Misericordia que anuncia el triunfo del bien y del amor sobre el mal.

Ese es el contenido de la Buena Notica: Dios nos ama y con Él vencemos al mal, porque Dios está por encima del mal. Quizás lo permite para que despertemos, creamos y tengamos la esperanza confiada de que en Él está esa felicidad que anida dentro de nuestro corazón y que buscamos desesperadamente. Quizás sea esa amenaza del mal lo que nos mueve a despertar y a buscar al Sumo Bien – al Señor – que nos libera y nos salva.

Posiblemente esa sea nuestra responsabilidad, discernir el camino a tomar: el bien o el mal. Claro, si lo hacemos solos seguramente el Maligno nos engañará y nos seducirá para que andemos por el camino del mal. Más, si nos ponemos en manos del Espíritu Santo, recibido precisamente en la hora de nuestro bautizo, venceremos el mal y tomaremos el buen camino, la Buena Noticia, andar injertados en el Espíritu Santo y alcanzar la Casa del Padre.