miércoles, 1 de mayo de 2024

UNIDOS A JESÚS COMO EL SARMIENTO A LA VID

Es la única forma de dar frutos, ser alimentados de la Savia que da la Vida, nuestro Señor Jesús. Sin permanecer injertado en Él nuestros frutos serán frutos de perdición, de codicia, de vanidad, de poder, de riqueza o de desamor. Frutos que nacen de estar en y con el mundo, demonio y carne, los tres grandes peligros del alma. 

Nuestra experiencia nos dice que nuestro camino por este mundo debe estar siempre apoyado en alguien. También, nuestra experiencia nos va descubriendo que hemos crecido y alcanzado el desarrollo apoyados en la familia y en muchos otros que nos posibilitan llegar a nuestra madurez. De una u otra forma caminamos apoyados en alguien.

Siempre tendremos, por mucho que tratemos de evitarlo, el impacto hiriente de la vida diaria. Nunca estaremos a salvo de peligros y dificultades con las que la vida nos amenaza y siempre necesitaremos el apoyo de alguien que nos ayude a superar esos obstáculos. Y sabemos que el mundo, demonio y carne no son garantía de bien sino todo lo contrario, nos llevan al desaliento y a la perdición. Tratan de seducirnos par luego hundirnos y perdernos.

Sin embargo, la experiencia de saber que injertados en Jesús tenemos la esperanza de fortalecernos y superar todos esos peligros y amenazas nos llena de esperanza y de ánimo. Es precisamente eso lo que necesitamos, unirnos a Jesús e injertarnos en Él para dar frutos de amor y misericordia. Esa son precisamente sus últimas palabras del Evangelio de hoy miércoles: … Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

martes, 30 de abril de 2024

LA MUERTE HA SIDO VENCIDA

Hay muchos que no quieren entenderlo o no quieren desechar lo que el mundo, «el príncipe de este mundo» les ofrece. Es evidente que aceptar lo que el mundo ofrece es mucho más fácil, atractivo y placentero que mirar la Cruz que Jesús pone delante de ti. Pero, es evidente también que lo que el mundo te ofrece es cosa de poco tiempo y, en el mejor de los casos, se acaba y te deja siempre igual de insatisfecho. Es más, te esclaviza y te tiene siempre, como si de una droga se tratara, corriendo detrás esa ficticia y ese espejismo de felicidad.

La felicidad no está en la fama ni en las riquezas o poder.  Simplemente está en el Amor. Un Amor misericordioso que nos ama y nos da la vida eterna. Un Amor que es Padre, Hijo y Espíritu Santo y que nos ama y que, en el Hijo y Espíritu Santo refuerza nuestra fe y nuestra esperanza. Pidamos al Señor, confiados en su amor misericordioso que nos dé confianza para vencer las tribulaciones porque Él ha vencido al mundo.

lunes, 29 de abril de 2024

UN DIOS ALCANZABLE DESDE TU PEQUEÑEZ

Solo desde lo pequeño podemos llegar a lo grande. Todo, incluso lo grande, empieza desde lo pequeño. Y solo siendo pequeño puede ir construyendo lo grande. La propia experiencia que la vida nos va dejando nos alumbra esa premisa de nacer de lo pequeño. Nuestro propio desarrollo empieza de un embrión gestado en el seno de una madre y, tras su desarrollo, llegar a ser una gran persona. Es decir de lo pequeño a lo grande.

De la misma forma no podremos llegar a Dios si no partimos de nuestra pequeñez. Reconocernos pequeños, limitados y simples criaturas será imprescindible para confiar y fiarnos de nuestro Padre Dios. Solo el misterio de Dios le es revelado a la gente sencilla, pequeña y humilde. El soberbio, engreído y suficiente se queda en sus lucubraciones, divaga y no pasa de ahí. No acepta nada que no sea digerido y razonado por él. El misterio de Dios le queda muy lejos para su intelectualidad. Se pierde en su misma soberbia y se cierra al misterio del Dios Creador y Redentor.

Por el contrario, cuando entendemos y aceptamos nuestra condición de hijo, de pequeño y necesitado, confiamos en las palabras de nuestros padres. Depositamos en ellos nuestra confianza y seguimos sus órdenes. De la misma manera, considerándonos criaturas de nuestro Padre Dios, pequeños y llenos de humildad nos abrimos y escuchamos su Palabra aceptándola desde lo más profundo de nuestros corazones.

Y es cuando experimentamos que nuestra carga se hace más ligera y nuestro yugo menos pesado. Porque, seguir al Señor injertado en el Espíritu Santo, tal y como decíamos ayer domingo, seremos capaces de aligerar y soportar nuestra carga y nuestro yugo. Y todo por una sencilla razón: Somos consciente de que Dios, nuestro Padre, va con nosotros, está pendiente de nosotros y nos fortalece en nuestro empeño de ser fiel y obediente a su Palabra y asiduos a relacionarnos con Él a través de nuestro diálogo – oraciones –.

domingo, 28 de abril de 2024

UNA CONSTANTE EN LA VIDA: PERMANECER

Nuestra permanencia está estrechamente relacionada con nuestra fe y unidad. Si decimos que permanecemos estamos entendiendo que relegamos a un segundo plano aquello que no es esencial y que, por tanto no nos impide estar unidos y darnos mutuamente desde nuestra fe en el Señor. Solo podemos permanecer desde la unidad y fe en la Persona de nuestro Señor Jesús. De modo que cuando nos separamos, por las razones que sean estamos poniendo en peligro y tela de juicio nuestra permanencia en el Señor.

Resulta que si damos prioridad a nuestras razones, a nuestros intereses, a nuestros egoísmos y pasiones chocamos unos con otros. Y nuestra mutua permanencia se resquebraja y divide. Permanecer es afirmar que se puede contar con nosotros porque todo lo demás queda afuera. Nos despojamos de nosotros para permanecer en el Señor como Él permanece en nosotros

Eso fue lo que sucedió en aquellos momentos de la Pasión del Señor. Los apóstoles, aunque se escondieron y dejaron a Jesús solo, permanecieron juntos y unidos. Jesús, cuya permanencia en nosotros es garantía de su Palabra, se les aparece cuando están reunidos. Posiblemente sea esa una razón más de la necesidad de la Iglesia que nos convoca a eso, a permanecer unidos en la fe, y en el compromiso mutuo del amor que Jesús nos declaró en aquella última cena del lavatorio de los pies.

Experimentemos que en el compromiso de permanecer unidos está el Señor. Sus Palabras no son bien conocidas: «ámense unos a otros como yo los amo», porque, el Señor, ha Resucitado y continúa permaneciendo entre nosotros. Permanezcamos también nosotros injertados en el Señor, unidos a Él y a los hermanos haciendo verdadero cumplimiento de su mandato: «Ámense unos a otros como yo los he amado»

sábado, 27 de abril de 2024

TRANSPARENTAR TU VERDADERO AMOR

Cuando eres capaz de dejar de pensar en ti y ponerte en el lugar de los demás y, en consecuencia, dejar salir de ti ese amor que da felicidad a los demás, es cuando realmente estás amando. La libertad es esa capacidad de dejar salir de tu interior ese fuego de amor para hacer el bien en el otro. Porque, realmente amar es eso, dejar salir la Luz interior y mostrarla a los demás hasta el extremos de hacer bien y dar felicidad.

Es ese momento cuando realmente te experimentas libre, capaz de anteponer el bien del otro a tu propio bien. Si nos fijamos, Jesús hizo realmente eso, pasó su vida haciendo el bien, respetando a los demás, perdonándolos hasta el extremo de dar su vida por salvar la de los demás. Y todo eso gratuitamente y por amor.

Y eso no es otra cosa sino la real y transustancial transformación del pan y vino en el Cuerpo y Sangre del Señor. Dándose así como verdadero alimento espiritual en íntima unidad con el Padre. Su Obra y Vida eran la del Padre que actuaba en Él y que se hacía visible en el Hijo: (Jn 14,7-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre…

De la misma manera nosotros tenemos que estar injertados en Cristo hasta el extremo de que sea el verdadero Xto. Jesús quien viva y actúe en nosotros. Ya lo dijo Pablo: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí – Gálatas 2,20 –» De esa manera haremos, según nos dice Jesús, sus mismas obras y aún mayores. Y claro, al menos yo, soy consciente de que estoy muy lejos de llegar a ese punto. Solo me resta perseverar, confiar y pedir para que sea Xto. Jesús quien actúe en mí.

viernes, 26 de abril de 2024

ERES LA SAL Y LUZ QUE DIOS HA QUERIDO DARTE PARA BIEN DE TODOS.

Todos, tú y yo también, tenemos algo de sal y de luz con la que salar y alumbrar este mundo. Concretamente en el ámbito donde se mueve nuestra vida y en el círculo donde llegamos a influir. Cada cual tiene esa posibilidad, bien dándola, dándose o siendo objeto de recibirla. Porque, cuando das, te das o recibes estás siendo un bien para quien recibe o también da.

Es evidente que quien da experimenta un gozo de haber dado y ayudado. Sobre todo si ese dar va gratuito y simplemente por ayudar, por hacer un bien. O lo que es lo mismo, por amar. Pero, también se convierte en gozo para ese que recibe, que humillado en la actitud de pobreza se abre a ser ayudado y auxiliado. En resumen, tanto el que sana como el que es curado tiene un papel de ser sal y luz.

Sucede que en algunas ocasiones el que da ve frustrado su intento porque el que recibe se cierra a recibir. O lo contrario, a veces no hay dador y el receptor nada recibe. Se hace necesario que ambos, quien da y quien recibe se abran a la mutua comprensión y humillación y quien es luz la dé, y quien está en la sombra la reciba.

Y tanto quien da como quien la recibe se transforman también, simbólicamente, en sal que contagia y da sabor a esa relación recíproca de darse y recibir. Hacen presente el Amor entre ellos: Cuando das un vaso de agua al sediento se lo estás dando al mismo Dios.

jueves, 25 de abril de 2024

UNA BUENA NOTICIA PARA UN MUNDO EN CONFLICTO

La realidad del mundo que nos toca vivir es la confrontación, la lucha fratricida entre hermanos que se enfrentan y se matan. Hace un momento acabo de oír por Radio María la noticia del asesinato de 29 cristianos en Nigeria. Un mundo en constante guerra y al que Jesús trae un mensaje de paz y amor: La Buena Noticia de salvación: (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que…

Nos toca a nosotros responder a esa llamada. Y esa ha de ser nuestra preocupación constante, dar señales de que estamos bautizados y de que creemos en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios Vivo. Y lo hacemos en la medida que tratamos y nos esforzamos en vivir de acuerdo con la Palabra de Dios. Porque, eso se nota, se transparenta y se contagia.

Y siempre pendiente, porque no vamos solos, de que el Espíritu Santo, que está con nosotros desde la hora de nuestro bautismo, nos asista, nos alumbre, nos fortalezca, aumente nuestra fe y obre en nosotros el milagro de creer en la Palabra del Señor y, en Él, anunciemos que Jesús Vive, que nos ama con misericordia infinita y que nos trae la salvación por amor.

¿Cómo lo hacemos? Confiemos en el Señor, en su Palabra y en la acción del Espíritu Santo. Él, si ponemos lo que está de nuestra parte, nos alumbrará el camino y nos dará las pautas para que, con nuestra vida y obras, gritemos que Dios Vive y que es en el amor donde encontramos la verdadera felicidad eterna. Porque la Buena Noticia es esta: «El que crea y sea bautizado, se salvará»