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jueves, 25 de abril de 2024

UNA BUENA NOTICIA PARA UN MUNDO EN CONFLICTO

La realidad del mundo que nos toca vivir es la confrontación, la lucha fratricida entre hermanos que se enfrentan y se matan. Hace un momento acabo de oír por Radio María la noticia del asesinato de 29 cristianos en Nigeria. Un mundo en constante guerra y al que Jesús trae un mensaje de paz y amor: La Buena Noticia de salvación: (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que…

Nos toca a nosotros responder a esa llamada. Y esa ha de ser nuestra preocupación constante, dar señales de que estamos bautizados y de que creemos en Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios Vivo. Y lo hacemos en la medida que tratamos y nos esforzamos en vivir de acuerdo con la Palabra de Dios. Porque, eso se nota, se transparenta y se contagia.

Y siempre pendiente, porque no vamos solos, de que el Espíritu Santo, que está con nosotros desde la hora de nuestro bautismo, nos asista, nos alumbre, nos fortalezca, aumente nuestra fe y obre en nosotros el milagro de creer en la Palabra del Señor y, en Él, anunciemos que Jesús Vive, que nos ama con misericordia infinita y que nos trae la salvación por amor.

¿Cómo lo hacemos? Confiemos en el Señor, en su Palabra y en la acción del Espíritu Santo. Él, si ponemos lo que está de nuestra parte, nos alumbrará el camino y nos dará las pautas para que, con nuestra vida y obras, gritemos que Dios Vive y que es en el amor donde encontramos la verdadera felicidad eterna. Porque la Buena Noticia es esta: «El que crea y sea bautizado, se salvará»

domingo, 14 de abril de 2024

SORPRENDIDOS Y CONFUNDIDOS: NO ATINABAN A CREÉRSELO.

Creo que incluso lo comprendemos desde la gran distancia en el tiempo que nos separa de los apóstoles. Tampoco a nosotros nos resulta fácil ahora creérnoslo. Tenemos el testimonio escrito de los apóstoles, de la Iglesia que ha ido transmitiendo la Resurrección del Señor a través de los siglos, pero nosotros y cada generación correspondiente seguimos desconfiando y poniendo pegas.

Es evidente que sin fe no podemos dar un paso, y menos tener un encuentro serio y profundo del Señor. Se hace necesario creer, fiarnos del testimonio apostólico, de la Iglesia y de la Palabra del Señor. Y, sobre todo, de abrirnos a la acción del Espíritu Santo.

Todo se ha cumplido en Él. Estaba escrito y trazado ya el plan de salvación que el Padre había pensado para su Hijo, y para recuperarnos devolviéndonos la dignidad de hijos y liberándonos de la esclavitud del pecado. Pero, somos tercos, preferimos las cebollas y la esclavitud de Egipto al camino, aunque de cruz, del desierto que nos lleva al encuentro con el Señor y a participar de la Gloria Eterna. Pidamos al Espíritu Santo, que nos acompaña desde la hora de nuestro bautismo que nos abra los ojos, el entendimiento y aumente nuestra fe.

lunes, 5 de julio de 2021

Y TÚ, ¿ACUDES AL SEÑOR EN LOS MOMENTOS DE APURO?

 

Suele ocurrir que la fe se enciende - está dormida - dentro de nuestro corazón cuando el peligro se ha consumado en nuestra vida. Es el caso de Jairo, del que se habla hoy en el Evangelio, y de muchos otros cuya vida están escritas en la presencia de Dios, aunque en el anonimato para muchos de nosotros.

Una de las preguntas que nos suscita la lectura de este pasaje evangélico de Mateo es la de plantearnos cuál es nuestra respuesta en los momentos duros que se nos plantea en la vida. ¿Acudes tú también al Señor con la misma fe con la que acudió Jairo, o, por el contrario te resignas y sometes a la ley de este mundo? ¿Tienes la fe de aquella mujer enferma de flujo de sangre que busca, confiada, tocarle el manto con la esperanza de ser curada?

Posiblemente, eso es lo que tendremos que reflexionar en nuestra vida. ¿Qué medida tiene mi fe? ¿La suplico y pido con insistencia para que aumente y crezca en mi vida? ¿Me esfuerzo en dar los pasos que posibiliten que mi fe - don de Dios - pueda ir creciendo y avanzado en mi compromiso bautismal?

domingo, 9 de agosto de 2020

LA FE, UN DON DE DIOS

Está claro que la fe, nuestra fe, estará siempre caminando en el filo de la navaja. Siempre expuesta a cortarse y a derrumbarse; siempre dispuesta a desaparecer y a morir hundida en las seducciones, falsas promesas y placeres del mundo. No hay otro camino, es ese el que nos ha sido dado y el que tenemos, queramos o no, que recorrer.

Ahora, no estamos abandonados a nuestra suerte o capacidades. Tenemos dones o talentos, que nos han sido regalados para poder defendernos y, sobre todo, al auxilio del Espíritu Santo, que, al ser bautizados, lo hemos recibido para, con Él, vencer inapelablemente a los poderes seductores e infernales del mundo, demonio y carne. Y esa debe ser nuestra fe. En ella debemos apoyarnos y descansar todas nuestras esperanzas. Xto. Jesús y yo, mayoría aplastante.

Conocer que nuestra fe pasará por momentos difíciles, por momentos de dudas y zozobras tempestuosas que la introducirán en un mar de oscuridades y vacilaciones, es saber que nuestra fe necesita ser probada. Y ese recorrido de dificultades y zozobras son las pruebas a las que está sometida y las que darán testimonio y certeza de que tu fe se sostiene firme. Pero, una firmeza apoyada en la Roca firme que es el Señor Jesús, sostén y baluarte de nuestra fe, alimentada y fundamentada en su Palabra y su Resurrección.

Nos experimentamos fuertes, seguros y firmes en muchos momentos de nuestra vida. Pero, no es así. Somos tremendamente frágiles, débiles y, a la menor zozobra, nuestra barca se tambalea y nuestra fe se desvanece. ¿Acaso tú no lo has experimentado? Esa experiencia nos demuestra nuestra gran debilidad y pequeñez. Necesitamos, pues, estar a su lado; rogarle que nos ase su mano y nos salve del hundimiento de nuestra fe y de sumergirnos en el lodo de este mundo. Confiamos en Ti, Señor.

domingo, 21 de junio de 2020

LA FE, UN COMPROMISO QUE COMPROMETE

Simon-Dewey_Lord+Save+Me.jpg] (With images) | Simon dewey ...
Si no tuviera fe no estaría comprometido con todo aquello que no estuviese contenido en mis egoísmos. Porque, sin fe, lo que me satisfaría sería lo inmediato, lo humano, el placer, el poder y la riqueza que dan satisfacción a lo que me pide mi humanidad. Sin fe, yo sería el centro y buscaría poner la vida a mi servicio y a mis intereses. Pero, la fe compromete, y compromete con todo aquello en lo que crees. De modo que, creer en Jesús de Nazaret compromete y exige que esa fe se note y se manifieste.

Por eso, nuestro primer compromiso arranca desde la hora del Bautismo. El Bautismo nos compromete y en él recibimos la Gracia que nos acompaña y nos asiste en los momentos que, por sus dificultades, necesitamos dar testimonio de esa fe. A partir del bautismo nos acompaña el Espíritu Santo y, por Él, con Él y en Él encontraremos la sabiduría, la fortaleza y el valor para dar testimonio de nuestra fe.

La fe, por supuesto, no es un tranquilizante sino todo lo contrario. Seguir a Jesús nos exige dar testimonio de esa fe, porque, primero, es un Tesoro que todos, conociéndole, le buscarían sin cesar y, segundo, porque sería contradictorio esconderla y guardarla sin darla a conocer a los demás. Además, es innato y espontáneo anunciar la Buena Nueva que todos buscamos, porque en ella está esa felicidad eterna que nos llena de gozo y verdadera felicidad.

Todos sabemos lo que nos ofrece este mundo y, también, cuáles son sus criterios. Indudablemente que se busca el amor, pero se busca donde no está ni se puede encontrar. Porque, erróneamente, se piensa que la felicidad está en el dinero, el poder o el placer, y ahí nos estrellamos unos tras otros. Y esa búsqueda nos lleva a las injusticias, a los enfrentamientos, explotaciones, mentiras, engaños, odios, venganzas...etc. 

Y, sabiéndolo caemos en él una y otra vez. Sin embargo, experimentamos que el amor es la única solución y que también la única puerta que nos lleva a la verdadera y única felicidad. Esa felicidad que no se evapora, que perdura y permanece y que, llegada la hora, se convierte en plena y eterna.

viernes, 27 de marzo de 2020

¿EN REALIDAD, CREES QUE CONOCES A JESÚS?

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Jn 7,1-2.10.14.25-30
La gente de aquel tiempo, es decir, los contemporáneos de Jesús creían conocerlo. Sabían de donde era, quienes eran sus padres y lo que hacía, pero, ¿en realidad conocían verdaderamente de dónde venía Jesús y quien lo había enviado? La misma pregunta vale para todos nosotros. Las apariencias engañan y no podemos conocer a una persona sin antes haber tenido una experiencia fuerte con ella. Además del tiempo que se necesita para llegar a conocer su forma de pensar y actuar.

Conocer a Jesús nos lleva tiempo. Es un proceso, que nunca podremos alcanzar a conocer sin la acción del Espíritu Santo, que, a propósito, recibimos en nuestro bautismo para eso, para que nos ilumine y nos asista en nuestro camino y nos lleve al verdadero conocimiento de Jesús. Nuestra inteligencia es finita y no puede llegar a comprender el Misterio de la existencia de Dios y de su gratuita salvación ofrecida a todos nosotros. Por eso y para eso fue enviado su Hijo.

Necesitamos la fe y la actitud, por nuestra parte, de confiar en la Palabra de nuestro Señor, que nos dice en el Evangelio de hoy: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado».

¿Acaso no recuerdas, o es que no conoces las Escrituras, la presentación de Jesús en el templo - Lc 2, 21-40 -; el bautismo de Jesús - Mt 3, 13-17 -; la Transfiguración - Mc 9, 2-9 -. En todas esas citas queda muy claro el envío de Jesús por parte de su Padre. No viene por su cuenta como nos dice hoy en el Evangelio, sino que es enviado por el Padre al que, indudablemente, no conocemos.

lunes, 10 de febrero de 2020

FE

Leemos en los Evangelios de los milagros que hizo Jesús, pero, ¿creemos que Jesús hace milagros? Porque, esa es la cuestión. Decimos que tenemos fe, pero, ¿qué clase de fe? Porque, una fe que no cree que Jesús puede hacer milagros y cambiar tu vida, ¿qué clase de fe es? Leemos en los Evangelios que Jesús envía a sus apóstoles - Lc 9, 1 - dándoles poder sobre los demonios y sanar enfermedades.
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Mc 6,53-56

Posiblemente, nuestra fe sea muy pobre y muy débil. No estamos convencidos del poder de nuestro Señor y dudamos de su Palabra, y el camino se nos llena de dudas. Cree y déjate llevar por el Espíritu Santo, ese mismo Espíritu que ya has recibido en tu bautismo y veraz las maravillas que hace el Señor. Lo que tienes que tener en cuenta es que los planes de Dios no son los tuyos. Tú y yo podemos pedir muchas cosas, pero, quizás no nos convienen, o el Señor las hace de otra manera.

También, ten en cuenta que cada persona es libre y el Señor respeta nuestra libertad por encima de todo. De modo que, puede darte luz, pero será esa persona la que determine libremente cambiar su vida o vivir en la verdad. Estemos seguros, eso se los puedo asegurar, que el Señor nos escucha y nos atiende, y nos da todo aquello que nos conviene para aceptar, superar, asumir y soportar las adversidades o contra tiempos de nuestra vida.

Porque, conviene que en algunos momentos tengamos que soportar eso que nos duele y nos mortifica, porque no podemos cambiar la voluntad de otros; conviene que otras veces tengamos que aceptar y soportar la enfermedad que nos viene, porque no estamos fuera de peligro y nos llegará nuestra hora. 

Conviene aceptar con entereza y dignidad el mal que nos afecta, pero, no conviene perder la esperanza y la fe en nuestro Señor Jesús, porque, sólo con tocar la orla de su manto quedamos sanados. Él está a nuestro lado, por eso, Muriendo por nosotros nos ha demostrado su amor y Resucitando nos ha dicho que se queda con nosotros para acompañarnos y auxiliarnos en nuestro camino. Porque, Él es realmente el Camino, la Verdad y la Vida.

sábado, 25 de enero de 2020

LA HUELLA DE DIOS

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Todos experimentamos que lo bueno que tenemos dentro deseamos siempre manifestarlo y darlo a los demás. Es una tentación irresistible porque el hombre ha sido creado para amar, y ama cuando se da a los demás. Esa es la huella de Dios que vive y esta impresa en nuestros corazones. Es sabido y también lo hemos experimentado que quien descubre y sabe que tiene una cualidad gusta de lucirla y utilizarla para bien de los demás.

También sucede, y lo experimentamos cada día, una lucha interna entre el deseo de hacer el bien y la tentación irresistible de dejarnos vencer por el mal. Un mal que puede concretarse en nuestra pereza, nuestra comodidad, nuestra envidia, nuestra indiferencia, negligencia y muchas cosas más. Un mal que nos inclina a dejar de hacer el bien y, por el contrario, hacer el mal.

Esa es la lucha y esa es nuestra misión, aflorar todo lo bueno que llevamos dentro, que es la huella de Dios. Pero, tan alta misión es superior a nuestras fuerzas y solos no podremos enfrentarnos. Nuestra capacidad es limitada y necesitamos la Gracia del Espíritu Santo para poder vencer todas esas tentaciones y obstáculos que nos impiden vivir en la Voluntad de Dios.

Por la fe nos bautizamos y en él  recibimos la Gracia del Espíritu Santo que nos fortalece y nos capacita para soportar, luchar y vencer todas las tentaciones, pruebas, dificultades que nos van saliendo en nuestro camino hacia la Casa del Padre. Se trata de derramar todo el amor del que somos capaces, injertados en el Espíritu Santo, para con nuestra vida y obras anunciar la Buena Noticia.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Y TÚ, ¿TE CONSIDERAS DISCÍPULO?

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Lc 9,1-6
La cuestión que te plantea hoy el Evangelio versa sobre tu compromiso de bautismo, porque al ser bautizado has contraido un compromiso como hijo de Dios. Y ese compromiso de hijo te exige desde tu libertad a dar a conocer a tu Padre. Es lo normal, cada hijo gusta de presentar a su padre y de hablar de él. Cuanto más cuando se trata de un Padre especial, Inifinitamente bueno y que quiere ser Padre de todos y salvarlos de la esclavitud del pecado.

Por eso, todos los bautizados hemos contraido el compromiso de proclamar la Buena Noticia que Jesús, el Señor, nos ha revelado y transmitido. Y lo hacemos desde la coherencia de nuestra fe. Tal y como decíamos ayer. Cuando tienes fe vas dejando una estela de tu obrar y de tu realidad, porque, tu fe ilumina tu vida y deja la huella de tus obras. Porque, cuando tienes fe se enciende tu corazón e ilumina por donde transitas y respiras.

Tú eres también discípulo y, por y con la Gracia de Dios, recibida en tu bautismo, puedes, desde el lugar que ocupas en este mundo, dar testimonio, desde tu fe, que el Señor, el Hijo de Dios, ha venido a salvarnos y con su muerte de Cruz ha pagado el rescate para devolvernos la dignidad de hijos de Dios. Y eso lo transmites, por tu fe, desde el acontecer de cada día en tu trabajo, en tu familia, en tu comportamiento y relación con los demás, en tu forma de actuar desde la honradez, la justicia y la solidaridad. Tú también eres discípulo y el Señor, que nos ha elegido y nos llama, espera que tú y yo le respondamos.

viernes, 25 de enero de 2019

FE Y BAUTISMO DAN LA SALVACIÓN

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Mc 16,15-18
«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará». Este es el mandato que Jesús da a los once y que es transmitido hasta hoy por otros muchos que han ido sucediendo a los once. Así la Iglesia se ha perpetuado hasta hoy y así se manifiesta que hay una sola Iglesia, por la que hoy seguimos rezando para que se una como quiere el Señor.

Quien pide el bautismo es porque tiene fe. Al menos así debe suponerse, y quien lo pida por otras razones que no sea la fe, se equivoca. Porque, quien cree se bautiza y se esfuerza en seguir el mandato del Señor, que no es otro que vivir en la actitud y el esfuerzo de vivenciar su Palabra en su vida y con sus obras. La promesa de Jesús no da lugar a duda. Y añade que el que no crea se condenará.

Eso pone de manifiesto que somos libres para elegir. Una elección de mucho calado y de vital importancia, hasta el punto que nos jugamos la felicidad eterna. De ahí nuestra responsabilidad. Necesitamos tomar esta decisión con mucha seriedad, pues no va la vida eterna en ello.

Pero, además, Jesús añade: «Éstas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien». Y así ha sucedido a lo largo de la historia. A los santos me remito.

Tendremos que pedir al Señor que nos aumente nuestra fe y nos dé esa confianza en que en Él podemos conseguir y realizar lo imposible. Porque, su Palabra es de Vida Eterna.