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domingo, 5 de mayo de 2024

AMAR NO ES UNA OPCIÓN SINO UN MANDAMIENTO

Un mandamiento que, más que cumplirlo hay que guardarlo en el centro de tu corazón, y tenerlo como prioridad en tu vida. Porque el cumplimiento se queda en la superficie y se hace espontáneo como rutina. De tal manera que se cumple, pero no se vive.

Quien guarda el mandato de Jesús lo vive y lo tiene como la primera opción en su vida. De modo que su propia vida gira en torna a ese mandamiento. En ese sentido pronto nos damos cuenta de la principal importancia que le da Jesús, hasta el punto de decirnos que todo su mensaje de Buena Noticia está contenido en ese mandato o mandamiento: «Ámense los unos a los otros como Yo le amo»

Y la medida de ese amor está referenciada en el Amor que el mismo, nuestro Señor, tiene con su Padre. De tal modo que todo lo que hace en su Vida es implemente hacer la Voluntad de su Padre, hasta el punto de llegar al extremo de entregar su Vida simplemente por amor y de forma libre y gratuita.

Es así como Jesús, el Señor, nos invita a amar. Él es el ejemplo en el Amor que mantiene con su Padre. De la misma forma debemos amar nosotros: «Hacer la Voluntad, guardando el mandato de Jesús, como Él hizo la de su Padre». De ahí que nos ha repetido varias veces que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Y es que siguiéndole y poniéndonos en sus manos, para eso ha bajado a nosotros en la hora de nuestro bautismo el Espíritu Santo, nuestro pobre corazón se irá transformando hasta el punto de amar tal y como el Padre y el Hijo se aman.

Esa es la tarea y la gran aventura y esperanza de caminar injertados en Jesús, el Hijo amado del Padre. No la perdamos nunca y siempre, a pesar de las calamidades y miserias de nuestra vida, tengamos confianza y perseverancia de seguirle erre que erre. ¡Alabado y glorificado sea el Señor!

sábado, 24 de febrero de 2024

AMAR A LO IMPERFECTO

No eres mejor persona por hacer todo bien y correcto sino por amar con misericordia al que falla, no actúa correctamente y es pecador. En otras palabra a la imperfección  Porque, Jesús, la suma y absoluta perfección viene precisamente a abrazar, a acoger y a salvar por amor y misericordia al débil, al que actúa incorrectamente, al que cae y falla, al pecador.

Por lo tanto, si tú, como también yo, queremos ser perfectos tenemos que empezar a amar a lo imperfecto. Y eso nos incluye. Es decir, amarnos y aceptarnos a nosotros mismos, simples seres imperfectos y pecadores. Y desde ese punto proyectarnos en amar también a los demás, a los que, como nosotros, son pecadores que caen cada día y tratan, asistidos e injertados en el Espíritu Santo, levantarse y seguir adelante.

Precisamente esa es la característica singular y específica del cristiano: amar, no solo a quien te es fácil amar – eso lo hacen también los no creyentes – sino  a quien se te hace difícil amar: tal es aquel que no te cae bien, que te hace mal y se califica como tu enemigo. Es evidente que esa clase de amor necesita una ayuda especial e inigualable, el Espíritu Santo, en el que encontrarás las fuerzas para amar tal y como nos ama nuestro Padre Dios.

Es esa la perfección a la que estamos llamados: amarnos los unos a los otros como Dios nos ama y Jesús, el Hijo de Dios Vivo, nos ha enseñado con su Vida y Obras. Pero, sobre todo, entregando su Vida en una muerte de Cruz.

domingo, 15 de mayo de 2022

UN MUNDO NUEVO NACIDO DEL AMOR


Sobran las palabras para distinguir y descubrir donde hay una persona cristiana, porque hay un distintivo inequívoco, el amor. Cuando amas estás descubriendo tu fe y proclamando la Buena Noticia, inequívoca, del amor. Porque, el mundo no lo entiende, no sabe de gratuidad, de darse sin esperar nada a cambio. Para el mundo, amar es dar pero con la condición de recibir. Y es ahí donde está el problema y nacen los problemas.

Si amas esperando recibir, te equivocas. Sí, te equivocas, porque ese estilo y manera de amar no es del que habla Jesús, ni, tampoco, el que nos enseñó con su Vida y sus Obras. Él dio todo gratuitamente y, a cambio, no pidió nada. Y tú, si quieres seguirle, tendrás que seguir su estilo y su manera y forma de amar. Ese es el mandato que sintetiza toda su Vida y el que nos ha dejado en el último momento de su Vida en este mundo: «Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros».

No hay duda, queda y está todo muy claro. Ahora, otra cosa es que cumplirlo nos va a resultar muy difícil, por no decir imposible. Por eso, necesitamos estar en Él, abrirnos al Espíritu Santo y fortalecernos en la Eucaristía. Sin Él todo se vendrá abajo. El mundo, uno de los tres enemigos del alma y de grandes tentaciones que tratan de seducirnos está al acecho y a esos momentos débiles de nuestra naturaleza herida. Y, nos seduce para desviarnos del verdadero camino del amor.

Por tanto, tratando de resumir, comparto con todos ustedes lo que creo. El amor no busca su propio bien, ni su bienestar y placer. Bien es verdad que tampoco lo rehúye ni lo rechaza, pero, su prioridad es buscar el bien del otro. Sobre todo del más desfavorecido, pobre y necesitado. Comprenderemos que en un mundo lleno de esa clase y estilo de amor todo sería mejor.

viernes, 7 de mayo de 2021

SOLO UN MANDAMIENTO

 

No se puede ser más simple y sencillo, toda la Ley y los Profetas contenida en un solo mandato: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Esa es la propuesta: Amarse unos a otros al estilo de Jesús. Algo que, no solo parece, sino que, precisamente, lo es. ¡Imposible para nosotros amar como Ama Jesús!

No obstante, Jesús, nuestro Señor y Maestro, sería injusto - y no lo es - si nos mandase algo imposible. Conoce - a cada uno - nuestras fuerzas y capacidades y hasta donde podemos llegar. Luego, si nos manda a amar como el mismo nos ha amado - durante su tiempo en la tierra -  y nos sigue amando, es porque sabe que podemos hacerlo. Claro, contando con Él, y Él está dispuesto y abierto a nuestra disponibilidad y llamada.

La cuestión es permanecer en Él, porque, permaneciendo en Él podemos amar como Ama Él. Se trata, pues, de abrirnos a su Amor y dejarnos invadir, de y por su Amor, para, tal y como dice Pablo: "No soy yo quien vive, sino es Cristo que vive en mí" - Ga 2, 20 - amar a su estilo. Confiemos en el Señor y seamos perseverantes. Si él nos lo ha mandado es porque sabe que, injertados en Él, podemos llegar a imitarle. Ahora, se trata de ir dando esos pasos abandonándonos en sus Manos.

martes, 25 de junio de 2019

TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS

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Mt 7,6.12-14
Siempre me ha llamado la atención el hecho de que Dios nos quiere a todos. Y en ese todos están incluidos los terroristas, los asesinos, los delincuentes y todos aquellos que hacen mucho mal. Dios es Padre y como buen Padre los quiere a todos y se ha dado en su Hijo Jesucristo para redención de todos. Por lo tanto, si nosotros decimos que amamos a Dios tenemos también que amar a sus hijos, entre los que estamos incluidos todos. Los referidos anteriormente. Por lo tanto, la cosa está meridianamente clara y no hay discusión.

Otra cosa será si estamos dispuestos o no. Otra cosa será si podemos hacerlo o no. Otra cosa será qué camino queremos seguir, y ahí podemos descubrir la grandeza de Juan el Bautista, que no le fue nada fácil seguir el camino que el Señor le había señalado. Por lo tanto, la misión que el Señor nos ha encomendado a todos es esa:  amarnos los unos a los otros como Él nos amó.

Por lo tanto, si no quieres ser criticado, no critiques; si no quieres ser despreciados, no desprecies a nadie; si no quieres ser tratado con indiferencia, no trates a nadie con indiferencia; si no quieres ser herido, no hieras a nadie; si quieres ser amado, ama a todos. La misión y el camino está bien claro, ahora hace falta ponerle manos a la obra. ¿Cómo lo ves? ¿Difícil? Claro, lo bueno, gozoso e importantísimo tiene que costar, pues nada de gran valor se consigue fácilmente. Y hablamos de lo máximo, la Vida Eterna en plenitud.

La cosa es seria, porque no hay otro puente ni otro camino. Para llegar a Dios hay que seguir a Jesús, su Hijo, y el camino que Él nos ha trazado es ese, la puerta estrecha. Nos lo dijo muy claro: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y no sólo con palabras sino con hechos y obras hasta el extremo de dar su Vida por cada uno de nosotros, buenos o malos. Murió por todos. 

Confieso que al mismo tiempo que escribo esta humilde reflexión me siento más entre los malos que los buenos e impotente de poder cumplir esta misión del Señor, pero, también lo confieso y lo creo, con la fuerza del Espíritu de Dios, que nos lo ha enviado para ayudarnos podemos transformar nuestros corazones de piedras en corazones suaves, compasivos y misericordiosos como el de Jesús.

martes, 14 de mayo de 2019

EL HIJO NOS AMA COMO EL PADRE

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Jn 15,9-17
Jesús nos transmite un Amor que es igual al que nos da el Padre. Y esa es la clave que nosotros tenemos que tratar de sostener y descubrir. Se trata de amar como nos ha amado Jesús, que es, principalmente, tal y como nos ama el Padre. Para ello tenemos unos mandamientos que nos marcan el camino y si los guardamos estaremos permaneciendo en el Señor.

Jesús engloba y reduce todo al amor. El mandamiento nuevo que nos propone, "amense los unos a los otros tal y como Él nos ha amado" es el resumen y el camino de toda nuestra misión. Todos nuestros esfuerzos y trabajos deben ir encaminados a soportarnos con verdadero amor. Y eso significa que debemos buscar el bien los unos a los otros. No se trata de favoritismo ni de privilegios. Ni tampoco de tolerancias y afectos, sino de tratar de ayudarnos a servirnos y a mejorar como personas en la verdad y la justicia adornados con la misericordia.

Se trata de intentar cada día ser lo más parecido a Jesús. Y eso es duro, nos cuesta y necesitamos mucha paciencia y perseverancia. Y, sobre todo, estar unido a Él tratando de esforzarnos haciendo lo que nos manda, porque el amigo es el que obedece y se abre a todo lo que de Él recibe. Y Jesús nos dice: Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.