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miércoles, 29 de octubre de 2025

LA PUERTA ESTRECHA

Lc 13, 22-30

   A la hora de medir el espacio, lo más habitual es escogerlo ancho y espacioso. Siempre parece mejor que sobre y no que falte.

   En esa dialéctica se encontraban Eusebio y su amigo Javier.
 —Si nos sobra, siempre podemos arreglarlo —dijo Eusebio, convencido de que era lo mejor.
   —Claro —respondió Javier—. De faltarnos sería peor y más costoso solucionarlo.
Estaban tan centrados en su problema que no advirtieron la llegada de Manuel.
   —¡Hombre, qué alegría! —exclamó al verlos—. Dos buenos amigos a los que hacía tiempo que no veía. ¿Cómo están?
   —Hola, Manuel —respondieron ambos—. Estábamos cerca de aquí y, terminado nuestro cometido, nos dijimos: “Vamos a la terraza a tomarnos un buen café y a saludar a los amigos.” Y aquí estamos.
   —¡Estupendo! —dijo Manuel sonriendo—. ¿Y en qué cometido andan metidos, si no es indiscreción? ¿Les podemos ayudar?
   —Nada de indiscreción —respondió Eusebio—. Al contrario, nos pueden ser de gran ayuda. Nuestro dilema es buscar la manera de hacer más cómodo un espacio por el que tenemos que transitar con frecuencia.
    —¿Y cuál es el problema? —preguntó Manuel, algo extrañado.
   —¡La medida! —respondió Javier—. Discutimos sobre su anchura. Unos lo vemos más estrecho y otros más ancho. Al final optamos por hacerlo espacioso; pensamos que sería más cómodo. Y, en caso de no serlo, siempre tiene arreglo.
    —Estoy de acuerdo en una cosa —dijo Manuel pensativo—: siempre hay arreglo. Pero no tanto en lo espacioso. La comodidad suele ser mala compañera; nos acostumbra mal y deriva en egoísmos, ambiciones y placeres.
    —¿Por qué dices eso? —preguntó Eusebio, algo preocupado.
 —Porque acostumbrarse a lo cómodo —respondió Manuel— suele traer desavenencias y enfrentamientos por el espacio. Todos buscan lo mejor, y quizás no hay para todos.
    —Pero… —iba a intervenir Javier, cuando Manuel lo interrumpió suavemente—.
   —El problema —continuó— es que todos buscamos el bienestar, y sin darnos cuenta lo anteponemos a los demás. Y así nacen los conflictos.
   —La puerta estrecha es más incómoda —dijo Javier, adelantándose a lo que intuía que iba a decir Manuel.
    —Sí, justamente eso —asintió Manuel—. No lo digo yo, lo dice Jesús (Lc 13, 22-30):
   «Esfuércense en entrar por la puerta estrecha, pues les digo que muchos intentarán entrar y no podrán…». 
  Jesús habla de la puerta que da paso al Reino, una puerta que se cierra a quienes han obrado la iniquidad.
 
    Ambos amigos se miraron con cierta complicidad. Se habían dado cuenta de que solo pensaban en su comodidad, sin considerar a los demás.
    ¿Estarían los otros de acuerdo? ¿Cómo les afectaría su decisión?
    Aquellas palabras de Manuel habían tocado sus corazones.
   Lo importante —comprendieron— es que cada uno se esfuerce, no solo por su propio bien, sino también por el de todos.
   Desprendernos de arrogancias y quejas, de bienes que proteger y honras que cultivar, del afán de controlar y de la voluntad de poder, nos da la posibilidad de entrar por esa puerta estrecha que conduce al Reino.

miércoles, 30 de octubre de 2024

UN ORDEN NUEVO Y DESCONOCIDO

El mundo que esperamos nos es inmensamente desconocido. Hoy mismo pensaba sobre el gran misterio de nuestra vida. ¿A dónde iremos? ¿Cómo será la eternidad y el gozo inmenso de estar junto a Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo).

Se me hacía imposible imaginar y comprender esa eternidad en plenitud de gozo y felicidad. Sin embargo, es ese deseo el que duerme en inquieta espera dentro del corazón de cada hombre. Pero, también esa es la lucha que se entabla dentro de sus corazones: primeros, deseo ahora en este mundo, o, últimos, disponibles para servir y amar como nos enseña nuestro Señor Jesús, el Hijo de Dios Vivo, con su Palabra.

Y, lo sabemos y reconocemos por experiencia. Nos cuestas quedarnos atrás, ser últimos y estar disponibles para el servicio. Despojarnos de toda ambición de trepar y ser más que el otro es la batalla de la humildad. Humildes y sencillos para que nuestros corazones sean mansos y abiertos al amor y la misericordia. En definitiva, abrir esa puerta estrecha de nuestro corazón es resistir las tentaciones de ser primeros y preferir ser últimos conscientes y necesitados de la Infinita Misericordia de nuestro Padre Dios.

Es esa nuestra disyuntiva y la que debemos elegir en este tiempo y en este mundo. Elegir ser primeros o últimos. Ahí está la clave y, también, el secreto de nuestra eterna felicidad.

miércoles, 26 de octubre de 2022

ÚLTIMOS QUE SERÁN PRIMEROS Y PRIMEROS QUE SERÁN ÚLTIMOS.

Con estas palabras, que he tomado para el título de la reflexión de hoy miércoles, pronunciadas por Jesús al final del Evangelio se nos anuncia claramente que lo importante no es estar ni cumplir, sino ser y vivir la misericordia y ternura del Amor de Dios. La parábola del fariseo y publicano, que nos narra Jesús en el Evangelio del domingo, nos pone en guardia. No se trata de cumplir sino de reconocer nuestras limitaciones y pecados y, en consecuencia, la necesidad de que sea Dios, nuestro Padre, quien nos salva y nos da ese regalo inmenso y gratuidad de eternidad y felicidad.

Lo importante es vivir el instante con verdadero amor. Amor misericordioso y disponible para mejorar desde la verdad y la justicia todo lo que nos rodea y nos ha sido dado para, conservándolo, transmitirlo y dejarlo, si es posible, mejorado, en manos de las generaciones que nos siguen. Porque, todo dependerá de eso, de nuestro amor disponible y entregado para el bien de los demás.

Es evidente que es fácil decirlo, como hago yo ahora, pero totalmente diferente vivirlo. Entrar por la puerta estrecha no es nada fácil. Se necesita esfuerzo, voluntad, deseo y, sobre todo, fe y esperanza. Todo eso dará como resultado la caridad, porque sin caridad será imposible abrir esa puerta estrecha. Jesús nos dice que muchos intentarán entrar pero no podrán. Y es que para entrar por esa puerta y recorrer ese camino se necesita humildad, esperanza y fe.

Da miedo leer lo que Jesús dice al final de este Evangelio: “No sé de donde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad” Allí será el llanto y rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, pero vosotros os veáis arrojados fuera.  

Un santo temor que nos invita a confiar en la Infinita Misericordia de Dios y a, arrepentidos, esforzarnos, tal y como nos invita y nos dice Jesús, a entrar por la puerta estrecha. Es el mejor camino para tomar que nos lleva a esa felicidad eterna que buscamos.

domingo, 21 de agosto de 2022

UNA VIDA PARA GANAR LA ETERNIDAD EN PLENITUD


Lc 13,22-30

Hemos sido creados no para un tiempo determinado, sino para la eternidad. Pero, una eternidad en plenitud que dependerá mucho de nuestra forma de vivir y de amar en esta vida temporal de este mundo caduco. Estamos llamados, quieras darte cuenta, aceptarlo o no, a una Vida Eterna, pero, vivida en plenitud de gozo y felicidad o, por el contrario, en angustia y sufrimiento infernal. Serás tú, como también yo, quienes decidamos que sucederá con esa invitación, que todos tenemos y llevamos en nuestro corazón, al Banquete Eterno junto a nuestro Padre Dios.

No hay otra realidad. La puerta del esfuerzo, de la fe, de la perseverancia y de la llamada al Reino de Dios permanecerá abierta mientras vivamos en este mundo. Siempre habrá tiempo de conversión y de abrirnos a la fe, pero, somos consciente que cada día que pasa hay menos tiempo. Y, para algunos, como es mi caso particular, la fecha no está lejos. Por tanto, siempre urge abrir nuestro corazón a la Palabra de Dios y ponerla en práctica en nuestra vida esforzándonos en entrar por esa puerta estrecha que el Señor nos señala.

Aligerar nuestro corazón de malicia; segunda y malas intenciones egoístas; concupiscencias, envidias, odios, venganzas y todo aquello que levanta una barrera entre nuestro Padre Dios y nosotros impidiéndonos verle y acercarnos con humildad y abiertos a su misericordia. Necesitamos despojarnos de todo lo que nos impide avanzar y crecer en la fe.

 

«El camino nos lleva a algún sitio, pensó Manuel, y mirar para otro lado no arregla nada. Es más, nos puede sorprender con encontrarnos la puerta de esa felicidad que buscamos cerrada»

—¿Qué piensas, Pedro, al respecto de esa puerta estrecha?

—Habrá que adelgazar para poder entrar y esforzarse en despojarse de muchas cosas innecesarias que, aunque nos supongan esfuerzo, convienen dejarlas a un lado.

—Creo que has respondido correctamente. Lo bueno exige esfuerzo y tras la puerta estrecha se esconde esa felicidad que todos buscamos. Por tanto, exigirá esfuerzo y privaciones. ¿No te parece?

 

Evidentemente, esa era la consigna y la actitud. Seguir a Jesús, que es lo que conviene, lo bueno y donde está la felicidad, exigirá sacrificios, esfuerzos y lucha. Pero, verdaderamente vale la pena. Conviene, pues, esforzarse para poder entrar por la puerta estrecha.

miércoles, 27 de octubre de 2021

CON LA PIEL DE GALLINA Y LOS PELOS DE PUNTA

Lc 13,22-30

     Cuando empecé a leer el Evangelio correspondiente al día de hoy, mis labios soltaron estás palabras:  ─¡Dios mío, se me ponen los pelos de punta y la piel de gallina. Pensar que podemos quedarnos – según nuestros actos  – fuera y encontrarnos con la puerta estrecha cerrada estremece.

         Sin embargo, hay mucha gente que pasa de ello o, posiblemente lo ignora y, le parece mejor mirar para otro lado. Sobre todo si el mundo le sonríe y goza de una situación privilegiada.

         En principio, parece mejor y hasta más favorable hacerse el loco e ignorar el dolor ajeno y los problemas de los demás. Mientras a mí todo me vaya bien y mi vida vaya sobre ruedas – salud y dinero – lo demás no me importa.

         Sin embargo, lo que se ignora, no por eso va a dejar de llegar. Llegará la hora en que te encontrarás delante de la puerta estrecha y, quizás extrañado te preguntarás porque no se te abre. Para entonces ya será tarde y no habrá remedio. Oír esas duras palabras del Evangelio de hoy será algo terrible: ‘─¡Señor, ábrenos!’.

         ─Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’.

         ─Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’.

         Y os volverá a decir: ─‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera.

         No está el horno para bollos y urge reflexionar sobre lo que significan estas palabras. Porque, no las dice un cualquiera, son Palabras del Señor.

         ¿Está tu vida atenta a ir preparada para que el Señor te reconozca y no te cierre la puerta estrecha? Esa es la pregunta. Ahora, te toca a ti responder y tomar una decisión.

martes, 23 de junio de 2020

UN TRATAMIENTO IGUALITARIO

La puerta estrecha | Frases reflexion, Puertas, Vida
Todos entendemos y estamos de acuerdo que deseamos un trato de igualdad tal y como los demás son tratados. Es decir, yo quiero ser tratado de la misma forma que tú lo deseas para ti. Pero, ¿y respecto a los enemigos? Parece una contradicción que si soy tratado con ofensas por alguien - enemigo - yo le trate bien. Sin embargo, nada más lejos de contradecirse, sino de hacer pleno la capacidad de amar.

Porque, a todos nos gustaría que, nuestros errores sean perdonados; a todos nos gustaría que los demás no nos hirieran con sus iras o no nos ofendieran con sus insultos o no nos juzgaran con sus juicios y que nos amaran a pesar de ser enemigos. Todos quisiéramos ser perdonados cuando estuviésemos en calidad de detenido por enemigo. Todos quisiéramos ser bien tratados y considerados hijos del mismo Padre, que se portarán con nosotros de la misma forma que lo hace el Padre.

Esa es la puerta estrecha por la que tenemos que entrar. La puerta del amor abierto a todos, a los que son amigos y a los que no lo son. Esta es la puerta angosta que nos exige amar incluso a los enemigos. Esta es la perfección de la Ley que ha venido a traer nuestro Señor Jesús, un amor pleno y maduro que acoge y salva  a todos los hombres.

No hay correspondencia lógica entre el amar como a ti te gustaría ser amado, sin una gratuidad que sobrepasa esa equivalencia humana a la que nuestra razón está sujeta. No se trata de dar según recibes, ni hacer un favor por otro favor. Se trata de dar y darse de forma gratuita y sin condiciones. Simplemente por puro amor. Un Amor como experimento que el Padre me da, de manera gratuita, a mí. Porque, el Padre me ama a pesar de mis errores, mis defectos, mis malas intenciones y pecados. Es esa la manera que el Padre quiere que también yo ame. Por y para eso me ha creado con un corazón semejante al Suyo.

miércoles, 30 de octubre de 2019

LA SALVACIÓN, DIOS, LA HA DEJADO EN TUS MANOS

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Lc 13,22-30
No hay duda que Dios nos ha regalado, no sólo la vida, sino también la salvación. Es decir, Vida Eterna en gozo y plenitud. Vida Eterna en la Gloria junto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y en una felicidad que no podemos imaginar ni entendemos ni cabe en nuestras limitadas cabezas. Y es buen síntoma estar preocupado por perder tanta dicha prometida. Mal síntoma sería estar indiferente y despreocupado, como muchos parecen, o al menos lo aparentan.

En esta ocasión, nos dice el Evangelio de hoy: En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán». Esa pregunta implica estar preocupado o, por lo menos, interesado en tu salvación.Y ese síntoma o gesto es muy importante y necesario. Es el primer paso, imprescindible para experimentar el deseo de acercarse a Jesús y de reconcerle como el único que puede responder a esa pregunta de salvación.

Sin embargo, Jesús no responde a esa pregunta, sino que te invita a no estar preocupado por hacer cálculos matemáticos ni proyectos de salvación, sino al esfuerzo de cada día en la lucha contra el mal y sus tentaciones. Te invita a seguir sus enseñanzas y a discernir sobre lo que te propone. Sabe que no te será fácil, pero sabe que es lo que te conviene y lo que buscas aunque por caminos equivocados. Conoce la oscuridad en la que te mueves y quiere alumbrarte el camino con su Palabra.

Conoce, y sabe mejor que tú, que seguirle significa estar dispuesto para entrar por la puerta estrecha. La puerta que pone obstáculos y exige renuncias. Obstáculos a tu naturaleza caída, herida por el pecado e inclinada a la soberbia, a la envidia, a la pereza, a las pasiones, a la venganza y violencia. Es la puerta que te exige una lucha constante del bien contra el mal que infecta tu corazón. y lo amenaza con endurecerlo y perderlo. Es la inclinación del pecado, que vive dentro de mí, que me arrastra a hacer lo que no quiero.

Está claro que no me será fácil entrar por la puerta estrecha. No me será fácil derrumbar y vencer el deseo de venganza, de soberbia, de envidia, de odio, de vanidad, de pereza, de comodidad y de pecado., que tengo que superar y desalojar de mi corazón. No sólo no es nada fácil, sino que me será imposible enfrentarme a ello yo sólo. Necesitaré tu ayuda, Señor, y la asistencia a cada instante del Espíritu Santo.

martes, 25 de junio de 2019

TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS

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Mt 7,6.12-14
Siempre me ha llamado la atención el hecho de que Dios nos quiere a todos. Y en ese todos están incluidos los terroristas, los asesinos, los delincuentes y todos aquellos que hacen mucho mal. Dios es Padre y como buen Padre los quiere a todos y se ha dado en su Hijo Jesucristo para redención de todos. Por lo tanto, si nosotros decimos que amamos a Dios tenemos también que amar a sus hijos, entre los que estamos incluidos todos. Los referidos anteriormente. Por lo tanto, la cosa está meridianamente clara y no hay discusión.

Otra cosa será si estamos dispuestos o no. Otra cosa será si podemos hacerlo o no. Otra cosa será qué camino queremos seguir, y ahí podemos descubrir la grandeza de Juan el Bautista, que no le fue nada fácil seguir el camino que el Señor le había señalado. Por lo tanto, la misión que el Señor nos ha encomendado a todos es esa:  amarnos los unos a los otros como Él nos amó.

Por lo tanto, si no quieres ser criticado, no critiques; si no quieres ser despreciados, no desprecies a nadie; si no quieres ser tratado con indiferencia, no trates a nadie con indiferencia; si no quieres ser herido, no hieras a nadie; si quieres ser amado, ama a todos. La misión y el camino está bien claro, ahora hace falta ponerle manos a la obra. ¿Cómo lo ves? ¿Difícil? Claro, lo bueno, gozoso e importantísimo tiene que costar, pues nada de gran valor se consigue fácilmente. Y hablamos de lo máximo, la Vida Eterna en plenitud.

La cosa es seria, porque no hay otro puente ni otro camino. Para llegar a Dios hay que seguir a Jesús, su Hijo, y el camino que Él nos ha trazado es ese, la puerta estrecha. Nos lo dijo muy claro: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, y no sólo con palabras sino con hechos y obras hasta el extremo de dar su Vida por cada uno de nosotros, buenos o malos. Murió por todos. 

Confieso que al mismo tiempo que escribo esta humilde reflexión me siento más entre los malos que los buenos e impotente de poder cumplir esta misión del Señor, pero, también lo confieso y lo creo, con la fuerza del Espíritu de Dios, que nos lo ha enviado para ayudarnos podemos transformar nuestros corazones de piedras en corazones suaves, compasivos y misericordiosos como el de Jesús.

miércoles, 31 de octubre de 2018

LA PIEL DE GALLINA

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Lc 13,22-30
Se me pone la piel de gallina y me tiembla el corazón. Las Palabras que pronuncia Jesús me dejan temblando: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’, y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Y sus Palabras me confirman lo que he estado pensando estos últimos días. Hay que conocer la Palabra de Jesús en toda su extensión. Porque, no podemos quedarnos sólo con la Misericordia que nos revela de su Padre y que nos perdona todo porque podemos engañarnos y formarnos un dios a nuestra medida y según nuestra imaginación. Claro, como Dios me perdona siempre no tengo por qué preocuparme mucho ni por esforzarme demasiado. Puedo hacer algunas cosas y resevarme otras según mis caprichos.

¡Cuidado!, podemos estar creando un dios a nuestra medida y sorprendernos con encontrarnos la puerta cerrada! ¡Mucho cuidado! Sí, Dios es Misericordioso y está siempre dispuesto a perdonarnos, pero también necesita nuestro arrepentimiento y nuestro esfuerzo y compromiso para poder perdonarnos. Y eso nos exige perseverancia, esfuerzo y compromiso a cada instante y a cada día. La puerta estrecha es estrecha y entrar por ella nos va a exigir esfuerzo, renuncias, sacrificios, vigilia, disponibilidad, oración, cercanía a Jesús y todo lo que sea darnos y amar.

Pidamos paz, sabiduría y fortaleza para conocer bien la Palabra del Señor y esforzarnos en cumplirla. Porque, lo verdaderamente importante es poder entrar un día por esa puerta y ser abrazados por el Señor.

martes, 27 de junio de 2017

GUSTA EL CAMINO FÁCIL

¿A quién no le gusta el camino fácil y sin complicaciones? Supongo que a todos los hombres y mujeres del planeta. Es algo inherente a nuestra naturaleza humana. Buscamos la felicidad, y eso lleva implícito un deseo de comodidad, de estar a gusto con tus pensamientos e ideas y de no complicarte la vida. Para unos será de una forma, y para otros será de otra. Unos, más sencilla; otros, más compleja. Pero, el denominador común será siempre la búsqueda de la puerta ancha y espaciosa, que proporciona gusto y placer inmediato.

Debemos aislarnos de las cosas impuras y que nos pueden estropear espiritualmente.Las cosas sagradas son para aquellos que así las consideran y están en disposición de recibirlas. Y no deben ser expuestas a los que las rechazan y las desprecian o son indiferentes a ella. Sin embargo, nuestra actitud debe ser siempre correcta y dispuesta a ayudar y a no querer para los otros lo que no queremos para nosotros. Es la regla de oro, la del amor. Y la que un creyente y seguidor del Señor Jesús debe estar dispuesto a vivir y cumplir en su vida. A pesar de su dureza e incomprensión por nosotros. Porque, nuestro Padre Dios así nos perdona a nosotros a cada instante.

Ese es el camino, que se estrecha en la medida que nos exige renuncia, sacrificios, abnegación, esfuerzo, comprensión, escucha, paciencia, confianza, fe, servicio, entrega, disponibilidad y, sobre todo, amor. Amor que supone y predispone todo lo dicho anteriormente. Y eso no es fácil, ni tampoco posible hacerlo sin el concurso y la asistencia del Espíritu Santo. Le necesitamos imperiosamente para emprender ese camino de salvación que nos permita hacer posible entrar por la puerta estrecha.

Porque es esa puerta la que nos conduce y nos lleva a la salvación eterna. Una puerta exigente y difícil de pasar, pero una puerta que, en la medida que nos esforcemos y vayamos en compañía del Espíritu Santo, lograremos atravesar y superar.

miércoles, 26 de octubre de 2016

LA HORA DE LA VERDAD

(Lc 13,22-30)

Lo que verdaderamente importa es la hora de la verdad. Eso es conocido y bien sabido por todos. Nada importa sino el resultado final. De nada sirve, pues, pasarlo bien ahora si eso tiene fecha de caducidad y se pasará mal después y para siempre. Y esa inquietud y preocupación se hace hoy, en este Evangelio, pregunta para Jesús.

Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?».  El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. 

Entrar por la puerta estrecha implica una constante y perseverante actitud y esfuerzo. Sí, sabemos que sin el Señor no podemos avanzar ni superar nuestra condición humana y esclavizante, pero, el Señor, cuenta contigo. Para eso te ha hecho libre y te ha dotado de voluntad. Para que tú decidas y te esfuerces. Esa es la lucha y el camino contra corriente. Porque el mundo va por otro sitio.

Supongo que a eso se refiere Jesús cuando dice que muchos pretenderán entrar y no podrán. La lucha no la podemos hacer por nuestra cuenta. Tenemos que ir juntos, unidos en la Iglesia, pero también injertados en el Espíritu Santo, que ha sido enviado para asistirnos, fortalecernos, aconsejarnos, danos sabiduría y todo lo necesario para salir victorioso de nuestra lucha contra el Maligno.

Y el esfuerzo no consiste en simplemente cumplir, sino en cumplir amando. Es la actitud de amor misericordisoso la que nos salva, porque, precisamente eso es lo que nos enseña el Espíritu Santo, a ser misericordiosos como el Padre.

domingo, 21 de agosto de 2016

LIMITARNOS A LUCHAR

(Lc 13,22-30)

Mientras hay vida hay esperanza. Y mientras hay vida estaremos también en peligro, porque hasta hasta el momento final, la muerte, la tentación nos puede sorprender. Estas Palabras de Jesús en el Evangelio de hoy nos inducen a pensar así: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’. Y os responderá: ‘No sé de dónde sois’. Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’. Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos».

Por eso, porque no sabemos qué puede pasar, necesitamos estar vigilantes y preparados. Y en constante esfuerzo para entrar por la puerta estrecha. Es la puerta que exige paciencia, escucha, comprensión y mucha humildad. Es la puerta que siempre está abierta, pero que nuestra humanidad pecadora levanta una muralla que se hace difícil de superar. Es la puerta por la que tenemos que entrar ligeros y despojados de todo aquello que contamina y nos impide atravesarla.

Necesitamos despojarnos de nuestra avaricia, de nuestra pereza, comodidades y egoísmos. Necesitamos fortalecernos para cumplir con nuestras responsabilidades y, sobre todo, ser humildes para, a pesar de vernos impedidos para atravesar la puerta estrecha, no dejar de esforzarnos y pedirle al Señor que nos ayude a superarla. Sólo en Él podemos lograrlo.

martes, 12 de julio de 2016

¿QUÉ NOS OCURRE QUE NO REACCIONAMOS?

(Mt 11,20-24)

No entendemos que nos puede estar pasando. Lo cierto es que antes y ahora ha sucedido lo mismo. Mucha gente no responde ni reacciona a la llamada del Señor. Y la realidad es que, quizás sin saberlo, todos le buscamos, porque necesitamos encontrar la salvación. 

¿Quién no quiere vivir plenamente feliz y eternamente? Pues de eso se trata. Esa es la propuesta de Jesús, pero, ante la señalización del camino, todos nos resistimos a caminar por él. Encontramos la puerta muy estrecha y costoso renunciar a muchas apetencias y apegos. Nos es más cómodo la puerta ancha, sin tantos impedimentos ni renuncias, y por donde se pueden colar muchas satisfacciones y placeres.

Quizás sea eso lo que nos impide y nos hace resistir seguirle y responder a su Palabra. Al igual que Corozaín y Betsaida, hoy continúan otros pueblos resistiéndose a la llamada del Señor. Y pueblos donde se ha predicado el Evangelio y donde se ha vivido tradicionalmente el Mensaje evangélico. Ni que decir tiene que sus responsabilidades serán mayores que la de otros pueblos donde apenas han conocido al Señor.

Eso nos lo dice el mismo Jesús en el Evangelio de hoy: «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy. Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti». 

No está el horno para bollos, y tampoco es para tomárselo a broma. La Palabra del Señor nos señala y nos reprende, y siempre, mientras tengamos vida, estamos a tiempo de asumir nuestra responsabilidad, pues somos libres, para aceptar y vivir el Mensaje del Evangelio, que nos libera y nos salva. Es hora de ponernos en camino.

martes, 23 de junio de 2015

INTENTALO, VIVE LA EXPERIENCIA DE OCUPAR EL LUGAR DEL OTRO

(Mt 7,6.12-14)


No es cuestión de juzgar ni criticar, sino de valorar los actos de los demás desde una vivencia personal de los mismos. No cabe duda que cuando intentas recomponer los hechos que han llevado a otro a cometer errores, y tratas de vivenciarlos en tu vida, comprendes las dificultades y la posibilidad de equivocarte.

Entonces es cuando estás en situación de entender y comprender el fracaso o error de otra persona. Es fácil caer en el error de criticar y juzgar a bote pronto, y emitir juicios prematuros y sin el conocimiento profundo de vivir esa experiencia. Todo sería diferente si, pacientemente, tratásemos de construir los hechos desde la realidad de experimentarlos personalmente.

Hoy en el Evangelio, Jesús nos habla de cuidarnos de su Gracia. Gracia recibida de su Amor a los que se abren a ella. No se pueden desperdiciar entre aquellos que, siendo hijos, se cierran a recibirla, e incluso la rechazan. De igual forma, el amor nos exige compartir, y compartir lo que buscamos para nosotros mismos. Amar establece querer para otros lo mismo que deseas y quieres para ti. Volvemos a repetirlo porque no hay otra forma mejor de decirlo: Ocupar el lugar del otro es la mejor experiencia que nos ayuda a entenderlo y comprenderlo, y también a amarlo.

Porque el amor es precisamente eso, buscar y desear el bien, que buscas y deseas para ti. Es transmitir esa felicidad que descubres en tu relación con Jesús a aquellos que no la han descubierto, la ignoran o la rechazan sin conocerla. Es simplemente dar lo que descubres que es bueno para ti y lo puede ser para los otros.

Y se hace difícil vivir esas actitudes. Exige una constante renuncia y asumir muchos rechazos y dificultades que obstaculizan tus buenas intenciones. La puerta se estrecha mucho hasta el punto que el camino se hace muy sacrificado, incluso llegando en algunos momentos a la amenaza de martirio. Por el contrario, la puerta ancha es la de la despreocupación, la de las apariencias de felicidad, de comodidad, de bienestar y la de los intereses egoístas. Es mucho más fácil seguirla y caben todos y todo.

Pero, sabemos por experiencia, que al final ese camino lleva a la perdición. Lo hemos vivido y conocido en muchos amigos y personas conocidas. La felicidad que buscamos no es la que da el poder, ni las riquezas, ni tampoco el alcohol, el sexo o la fama y privilegios. Son felicidades y gozos efímeros, caducos y que nos llevan al vacío y la perdición.

La verdadera felicidad sabemos que está en vivir una vida entregada a amar de verdad. Un amor que se experimenta en el dar y servir. En buscar el bien del otro de la misma forma que lo buscas para ti.

miércoles, 29 de octubre de 2014

NO SE TRATA DE UNA BROMA

(Lc 13,22-30)

La cuestión es seria, muy seria, hasta ponernos los pelos de punta: (Lc 13,22-30): En aquel tiempo, Jesús atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén. Uno le dijo: «Señor, ¿son pocos los que se salvan?». El les dijo: «Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. Leer más...

Nos jugamos mucho, pero el problema es que mucho piensan que no existe este juego, y por lo tanto no hay nada que jugar. Lo cierto es que no lo sabremos sino cuando ya haya terminado y la suerte esté echada. Suerte por decirlo de alguna forma, pero se trata de una elección de fe llevada a la vida hasta sus últimas consecuencias.

Y, ya nos lo dice el Evangelio, no hay nada que hacer. Lloraremos, veremos el Tesoro que hemos perdido, ¡y para siempre!, y nos sorprenderemos de todos aquellos que, venidos de oriente y occidente, de norte y de sur, se les abrirán las puertas. Porque muchos últimos serán primeros, y muchos primeros serán últimos. La cosa es mucho más sería que lo que pensamos. Tan seria que nuestra felicidad, nuestra máxima aspiración, dependerá de pasar por esa puerta.

Sería el fracaso mayor de nuestra vida. Porque todos perseguimos y buscamos la felicidad. Pero no una felicidad minúscula, sino la Felicidad Eterna. Y esa Felicidad Eterna está detrás de esa puerta estrecha, que nos cuesta mucha atravesar, pero que con la ayuda del Espíritu Santo podemos lograrlo. 

Pidamos esa capacidad y fuerza para que, en el Espíritu Santo, podamos fortalecernos en voluntad y razón para dominar nuestros sentimientos y pasiones y dirigirlos según la Voluntad de Dios. Amén.