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domingo, 16 de marzo de 2025

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ

Es evidente que para ver se hace necesario la luz. Sin luz nos será imposible ver y su presencia y necesidad es perentoria. De modo que, en la oscuridad todo queda oculto y es propicia para las apariencias y mentiras con la intención de ocultar nuestros pecados. Por el contrario, en la luz todo se ve y queda al descubierto.

Pero no todo se descubre a la luz. Las intenciones y actitudes son intangibles y no pueden verse a simple vista. Se necesita una mirada profunda que pueda penetrar y llegar a lo más profundo del corazón de la persona. Tampoco el camino a seguir queda muy claro a pesar de que la luz del día nos alumbra.

Solo hay una Luz que es capaz de alumbrarnos tanto exterior como interior, y además con absoluta Verdad. Es la Luz que nos manda el Espíritu Santo, que tras la ascensión del Señor a los Cielos, bajó para alumbrarnos el Camino, la Verdad y la Vida. Una Luz que hoy se nos revela en el Monte Tabor – la Transfiguración – que el Señor descubre a Pedro, Santiago y Juan como anticipo de su Resurrección.

Y así lo debemos entender también nosotros. Tras el aparente fracaso de la crucifixión de Jesús en la cruz, su Resurrección descubre el triunfo de su Amor. Amar para resucitar, esa sería la consigna que Jesús nos dejaría tras su Pascua – paso de la muerte a la vida – y la Buena Noticia que nosotros debemos transmitir. Tras la cruz se esconde el triunfo, el gozo, la felicidad, el camino, la verdad y la vida eterna.

martes, 6 de agosto de 2024

LA TRANSFIGURACIÓN: UN CAMINO DE CONVERSIÓN

Es de sentido común que aquellos hombres, Pedro, Santiago y Juan no fueron los mismos a partir de esa experiencia del Tabor. Y es lógico pensar así, pues la experiencia del Tabor fue escogida por Jesús para animarlos, sacarles de dudas, fortalecer su fe y ponerles en camino de conversión.

Quizás, tú y yo hayamos pensado que si nosotros tuviéramos una experiencia como esa también cambiaríamos. Pero, lo que no se nos ha ocurrido es pensar que, Dios, nuestro Padre, también nos la ha dado, y nos la sigue dando cada día, a pesar de nuestra indiferencia y rechazo. Dios, nuestro Padre, nos busca y nos ama con Infinita Misericordia. Luego, ¿cómo no se va a preocupar por nosotros?

Posiblemente tú, también yo, tengamos los ojos cerrados, dormidos en la oscuridad y no advirtamos su presencia.

¿Cuántas cosas hemos oído de Él? ¿Y le hemos hecho caso?

¿Cuántos nos han hablado de Él, o nos han invitado a conocerle mejor y reflexionar sobre lo que nos dice? ¿Y le hemos respondido.

Posiblemente hayamos tenido muchas invitaciones a subir al monte Tabor, pero nos hemos hecho los locos. Igual no como tú y yo pensamos o queríamos. Ni de la misma manera que Pedro, Santiago y Juan pero, sí como quiere el Señor. Él sabe lo que nos conviene y lo que necesitamos. Y la palabra o acción que nos puede ayudar. Otra cosa es lo que nosotros buscamos, queremos y deseamos.

Todavía estamos a tiempo. Dependerá de ti y de mí. No esperes que otro responda por ti. Tienes que ser tú, y nadie podrá suplantarte. Tu cruz tienes que llevarla tú. La mía me corresponderá a mí. Nadie nos podrá suplantar. Eso sí, podrá animarte, darte algún empujón, y, lo más, acompañarte. Pero nunca a poner su hombro. El soportarla y cargarla te corresponde a ti. Es tu cruz, y el Tabor te animará a fortalecerte, llenarte de esperanza y bajar de nuevo al camino para seguir adelante.

domingo, 25 de febrero de 2024

NO ENTENDÍAN LO DE RESUCITAR DE ENTRE LOS MUERTOS

Tampoco entendemos nosotros lo de la resurrección. Hasta el punto de que muchos no lo creen y otros, aunque lo creen o quieren creerlo no lo entendemos. Es evidente que eso de resucitar no cabe en nuestra cabeza y, por lo tanto, es una prueba de fe. Necesitamos la fe para creer. Tendremos que echar mano de esa fe que tuvimos en nuestra época de niño en nuestro padres y de los que nos fiábamos, aunque no comprendiéramos, de todo lo que nos decían.

Y es esa fe la que nos pide el Señor, Mt 18, 3: «y dijo: En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» Una fe limpia, confiada, sin condiciones, abandonada en las manos del Señor. En definitiva, una fe como la de un niño con sus padres.

Es momento de dejarnos transfigurar y preguntarnos: ¿Tenemos esa fe? ¿Pedimos esa fe? ¿Buscamos esa fe? O, ¿nos dejamos transfigurar por la Palabra de Dios para que nazca esa fe en nuestro corazón? Quizás el acontecimiento de nuestra propia vida nos dé esa posibilidad de mirarnos en Jesús y, transfigurados en Él podamos comprender que también nosotros somos verdaderos hijos de Dios. Y con Él estamos llamados a encontrarnos.

domingo, 6 de agosto de 2023

LA VIDA, UN CAMINO DE TRANSFIGURACIÓN Y CALVARIO.

Mt 17, 1-9

Sí, nuestra vida en este mundo no es un camino de éxitos ni de plena felicidad. Es un camino que Jesús, el Señor, nos lo dejó muy claro: Camino de transfiguración y Calvario, porque sin ellos no encontraremos la salvación. Tanto uno como el otro necesitamos llevarlo enraizados en nuestros corazones para sostenernos firmes en el seguimiento al Señor.

Sin la Transfiguración no encontraremos el camino. En ella el Padre, como ya había hecho en el momento del bautizo de su Hijo predilecto, nos señala el camino a seguir: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle». Esa llamada de atención a la escucha de la Palabra y testimonio de su Hijo es la señal que hay que asumir en el seguimiento al Señor.

Y Jesús nos enseña día a día con su Palabra y su Vida por donde debemos ir. Conviene no olvidarnos de ese momento transfigurado que nos eleva, que nos sostiene en la fe y en la gloria de la contemplación a la que esperamos llegar. Una gloria que nos fortalece hasta el extremo de soportar también los momentos de cruz y calvario.

Sin la contemplación del Tabor no podremos soportar el camino de calvario. Necesitamos contemplarte, Señor, y ensimismados en tu Gloria, como ocurrió con Pedro, olvidarnos de nosotros y construir una tienda para Ti, Señor y Gloria nuestra.

sábado, 18 de febrero de 2023

NOS CONSUELA Y LLENA DE ESPERANZA SABER QUE JESÚS ES EL HIJO DE DIOS.

Mc 8, 2-13

El Tabor es el detonante de nuestra fe. Al menos es un momento de gloria y esperanza. Conocer de mano de Pedro, Santiago y Juan, testigos de esa Transfiguración de Jesús, su Divinidad y su Gloria y la presencia, resucitados, de Moisés y Elías, nos debe abrir los ojos y pensar, por pura razón lógica, que Jesús, ese que van a crucificar, revelado por el mismo, va a resucitar. Nuestra fe a los pies de la Transfiguración debe quedar fortalecida y confirmada. No perdamos la esperanza y pidámoselo al Señor.

Sabemos de nuestra terquedad y conocemos por los Evangelios que los apóstoles no se enteraban de lo que Jesús les decía sobre su Resurrección. También nos sucede a nosotros ahora. Muchos todavía no nos enteramos de quien es Jesús y obviamos, quizás sin darnos cuenta, su Resurrección. No nos percatamos que si Jesús Resucitó, también resucitaremos nosotros. Eso nos debe ayudar a no temer ese momento de nuestra muerte. Quizás sí miedo al sufrimiento, pero nunca a la muerte.

Porque, la muerte es la puerta del definitivo encuentro con Jesús. Y, por la Infinita Misericordia de su Padre, de la que tanto Él nos ha hablado, seremos perdonados si creemos en su Palabra y aceptamos ser perdonados. Porque el problema no es que Dios, nuestro Padre, nos perdone, sino que nosotros no queramos recibir el perdón. Es precisamente ese pecado, no perdonable, del que Jesús nos habla refiriéndose al Espíritu Santo.

Tratemos de subir a nuestro propio tabor y contemplar a Jesús, el Señor, Resucitado. Esa será nuestra meta: Resucitar como Él y vivir eternamente en su Gloria. Amén.

martes, 6 de agosto de 2019

EL EFECTO DE LA ORACIÓN

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Lc 9,28-36
La felicidad en este mundo está escondida en la propia vida. No es una felicidad que se manifiesta sólo en la alegría sino que también está presente en las dificultades y en los problemas de cada día. Es una felicidad en connivencia con el dolor y el sufrimiento de cada día, pero siempre escondida y apoyada en la esperanza y el gozo de la Palabra de Jesús. Una Palabra que se hace Vida, Verdad y Camino.

Y en este momento de la Transfiguración, Jesús nos muestra su Rostro Glorioso y nos describe ese encuentro luminoso que se desprende de la oración y la contemplación con un Jesús transfigurado y presentado por el Padre como el Hijo enviado y predilecto y al que nos invita a escucharle y obedecerle. Y en cada momento de nuestras oraciones podemos imaginar a ese Jesús transfigurado, que se nos presenta luminoso y en el que podemos vernos reflejados también nosotros e irradiarle al mundo con nuestra humildad y sencillez en el esfuerzo y la actitud de vivir en su Palabra.

La Transfiguración es un adelanto de la Resurrección donde y en la que podemos vernos reflejados apoyándonos en ella todas nuestras esperanzas. Esa es la felicidad que vivimos, a pesar de que esté salpicada de piedras y obstáculos que dificulten nuestro camino. Porque, sabemos que la Palabra de Jesús es Palabra de Vida Eterna y tiene cumplimiento. Un cumplimiento que esperamos con gozo y alegría a pesar de las vicisitudes, tristezas y también alegrías y, por supuesto, sufrimientos que se nos van presentando en nuestro peregrinar de cada día.

Pongamos todas nuestras esperanzas en la Palabra del Señor confiando que su Palabra es Camino, Verdad y Vida. 

domingo, 17 de marzo de 2019

UN ANTICIPO DE LA RESURRECCIÓN

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Lc 9,28-36

Jesús está en el inicio de su subida a Jerusalén y es el momento de animar a los discípulos, sobre todo a los tres que le acompañan, Pedro, Santiago y Juan. Necesita animarles y mostrarles que va a suceder más adelante. Jesús se les muestra con un cuerpo glorioso lleno de esplendor y aparecen con Él Moisés y Elías, los cual supone que Jesús resucitará como lo están Moisés y Elías.

La transfiguración es un anticipo de la Resurrección de Jesús. En ella, el Padre le presenta de nuevo, como hizo en el Jordán, como el Hijo elegido y al que nos dice que debemos escuchadle. Son momentos elegidos por Jesús para orar. Está en íntima relación con el Padre y transparenta su Gloria. Gloria que también alcanza a los apóstoles cuando deciden construir tres tiendas olvidándose de ellos mismos. Tan bien se encuentra en la presencia del Señor transfigurado que no saben ni lo que dicen.

Esta transfiguración nos llena de esperanza y nos descubre que la muerte está vencida. Jesús, hoy transfigurado en el Tabor, es anticipo de que, muerto en la Cruz, resucitará. La muerte no será ya ningún obstáculo porque ha sido vencida.  No obstante, el camino de subida sigue y continúa. Hay que bajar del monte y seguir con los pies en la tierra. Vendrá el tiempo del sufrimiento, del abandono, del miedo y de la cruz, pero siempre con la esperanza de que Jesús triunfará.

La Pascual, que se vislumbra al final del camino, es el paso de la muerte a la Vida. Con esa esperanza caminamos llenos de alegría, de gozo, de triunfo y de confianza. Creemos en el Señor y confiamos en su Palabra. Esta visión de la transfiguración nos anima, nos llena de perseverancia, de paciencia y de fe. Sabemos que corremos hacia el objetivo de nuestra meta, vencer la muerte. Y lo conseguiremos estando unidos a Jesús, Camino, Verdad y Vida. No perdamos sus pasos y fe en Él.

sábado, 23 de febrero de 2019

MAESTRO, ¡QUÉ BUENO ESTAR CONTIGO!

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Mc 9,2-13
Se me ocurre pensar que la Transfiguración, a parte de ser una manifestación de la Gloria del Señor, y de que Jesús es el Hijo predilecto y amado del Padre, el Mesías enviado y elegido al contemplarlo con Elías y Moisés, figuras del Antiguo Testamento y del pueblo de Israel, el Señor nos regala esa escena para que descubramos y experimentemos, al menos de labios de Pedro, el gozo que se siente estando junto al Maestro: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías»

Otra cosa que descubro, al menos es lo primero que me viene a mi mente, es que no estamos preparados para contemplar la grandeza de la Gloria de Dios: pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Este momento de la Transfiguración es la confirmación de lo ya revelado en el Bautismo de Jesús. Si en el Bautismo, el Padre había presentado a su Hijo al mundo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»  -Mc 1, 7, 11 - ahora, en la Transfiguración lo confirma para reafirmarlo como el Hijo, el Mesías prometido y enviado al mundo para salvar a los hombres: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

Ahora lo presenta como a quien tenemos que escuchar y obedecer cumpliendo la Palabra que nos transmite y enseña. Es un adelanto de su Gloria y divinidad, que Jesús les manda a no decir a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Sin embargo, a pesar de que esas Palabras de Jesús se les quedaron grabadas no entendían que querían decir.

¿La entedemos nosotros? Nos cuesta entender la resurrección de Jesús y, muchos, incluso la rechazan sin tener pruebas. Ponen una y mil razones para justificarse y rendirse a sus apetencias y pasiones, pero no pueden probar nada. Sin embargo, por el contrario, sí hay muchas razones para intuir y esperar que Jesús ha Resucitado y está entre nosotros. Sobre todo, muchos testimonios de quienes le acompañarón y vieron resucitado hasta el punto de dar sus vidas por Él. Pero, por eso, también necesitamos la fe y fiarnos de la Palabra del Señor.

domingo, 25 de febrero de 2018

JESÚS, EL REINO DE DIOS

evangelio diario: Marcos 9,2-10.
Mc 9,2-10
Pedro, Santiago y Juan observaron que con Jesús estaba Elías y Moisés. Eso representaba para ellos toda la Ley y los profetas. Sus vidas estaban guiadas por la Ley de Moisés, y ahora aparece uno que está cambiando la Ley y perfeccionándola. ¿Qué está ocurriendo? Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

Oyen al Padre que presenta a su Hijo Jesús y al que les invita a escuchadle. Es Jesús el Mesías a seguir y a escuchar. Él es la Palabra que nos guía y que nos salva. Jesús es la plenitud y la buena Noticia. Jesús se transfigura y nos adelanta la tierra prometida de vida y gozo eterno. Él es ahora la Ley y al que hay que seguir y escuchar, pero les ordena que no digan nada de lo que han visto, pues considera que no ha llegado el momento.

Jesús, adelantada esa visión de su gloria, baja del monte y continúa el camino. No se puede quedar sólo en la contemplación y gloria de Dios, tiene que seguir el camino junto a los hombres. Hay que volver a tocar la tierra y pisar la realidad. La gloria de Dios incluye al hombre, y sin él no se puede llegar a Dios. Se hace necesario volver al camino y emprender la marcha.

También nosotros seguimos el camino. Sabemos, y esa es nuestra esperanza, que el recorrido nos presentará dificultades, pero que no nos enfrentamos solos a esas dificultades. Jesús va con nosotros y nos auxiliará y asistirá ante las dificultades que se nos vayan presentando. Hay muchas cosas que no comprendemos, pero nos fiamos y creemos en su Palabra. Resucitará como nos ha dicho y en ello estamos esperanzados. En Él creemos.

sábado, 18 de febrero de 2017

¡¡¡TRANSFIGURADO!!!

(Mc 9,2-13)
Hacía falta una prueba para despertar la esperanza y el ánimo en los apóstoles. Sobre todo en los más inquietos o destacados. La Transfiguración es uno de los momentos sustanciales e importante del la Vida de Jesús. Es una prueba palpable de su Divinidad. Da a conocer su Resurrección, pues se aparece Moisés y Elías conversando con Él. Y si esos personajes están con Él, es de suponer que han resucitado. Luego, la conclusión es clara.

Su transfiguración es un toque de ánimo a aquellos discípulos que se debatían en la incertidumbre y la duda. Es la vitamina que refuerza nuestra fe. La transfiguración es la llamada del Padre que nos recuerda que su Hijo, transfigurado, es el enviado, el Mesías que salvará al mundo. La transfiguración es el descubrimiento del rostros de Jesús. Es la insistencia del Padre para que pongamos toda la atención necesaria en escuchar a su Hijo: «Este es mi Hijo amado, escuchadle».

Quizás exijamos nosotros que el Señor se transfigure de nuevo. Quizás pidamos pruebas de ánimo y señales que nos alienten. Pero, perdamos la exigencia de fiarnos y poner toda nuestra fe en su Palabra y promesas. Lo tenemos delante de nuestros ojos, y miramos para otro lado. Queremos que nos sorprenda y buscamos acciones notables. ¿Es qué, como aquellos de su tiempo, pensamos que el Señor tiene que estar  repitiendo sus actos? ¿Es qué no tenemos fe en su Palabra y el testimonio de los apóstoles?

Su Obra, aquí en la tierra, está consumada y nos toca ahora, a nosotros, abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que nos acompaña para irnos revelando e iluminado sobre todo aquello que no hemos entendido y que nos falta por entender. Nuestro entendimiento es limitado y corto y no vemos más allá de lo que tenemos delante. 

Necesitamos destellos de luz para poder comprender y entender. Y quizás este, la Transfiguración, es uno de esos momentos que el Señor nos deja para que podamos entender que va a suceder más adelante.

sábado, 6 de agosto de 2016

PRESENTES EN LA TRANSFIGURACIÓN

(Lc 9,28-36)

Podemos pensar que Pedro, Santiago y Juan fueron unos privilegiados, pero no olvidemos que Pedro, quien recibiría el poder de atar y desatar tanto en la tierra como en el Cielo, le negó tres veces y le reprochó el anuncio de su Pasión. Y experimentó hundirse en las aguas del mar de Galilea al dudar del Poder de Jesús. Y, recordemos, que poco o nada entendían de lo que Jesús les enseñaba.

Salvo Juan, el discípulo amado, junto a su Madre, todos le abandonaron a la hora de su crucifixión. Eso descubre que a pesar de estar en su presencia no les resultó fácil seguirle. Hoy, nosotros conocemos estos hechos de Jesús porque ellos nos lo han transmitido por y a través de la Tradición oral y escrita, los Evangelios. Hoy, podemos decir que somos nosotros los privilegiados al saber y conocer quién es Jesús y al  poder gozar de Él cada día en la Eucaristía teniéndole presente bajo las especies de pan y vino.

La Transfiguración  es un adelanto de la Divinidad de nuestro Señor Jesús, y también de la confirmación real de Moisés y Elías. Es una visión que nos explica que va a ocurrir en la Pasión y que alienta la esperanza de su Resurrección. Es un toque que refuerza nuestra moral y nuestra esperanza al comprobar que realmente Jesús es el Hijo de Dios Vivo. 

La Transfiguración  es una palmadita en la espalda que nos anima e invita a seguir los pasos y el ritmo del camino de Jesús confiados en su Palabra y en su Infinita Misericordia.

domingo, 1 de marzo de 2015

¿NOS DEJAMOS TRANSFIGURAR NOSOTROS?

(Mc 9,2-10)


Jesús nos adelanta la visión de su Cuerpo glorioso transfigurado. Se lo adelanta a Pedro, Santiago y Juan, y por ello, lo sabemos nosotros. Es la autoridad de la Iglesia, que hoy muchos se aprovechan incluso para criticarla y desprestigiarla cuando es por ella por la que conocen estos hechos.

Jesús transfigurado nos anima a enfrentarnos al dolor de su Pasión y Muerte. Después de conocer su transfiguración nuestra esperanza está firme y confiada en su Palabra, porque sabemos que resucitará. Se lo ha dicho a Pedro, Santiago y Juan: "Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos".

Ahora necesitamos dejarnos transfigurar nosotros. Transfigurar nuestro corazón endurecido por un corazón de carne, capaz de amar y de vivir en los criterios y estilo de Jesús. Capaz de transformar nuestra conciencia, para que sea un despertador de nuestros letargos e indicador del bien y del mal; capaz de transfigurar nuestras acciones convirtiéndolas en testimonios eficaz, para que seamos testigos de la Resurrección del Señor.

Miremos con ojos de fe y esperanza la Transfiguración de Jesús, para que ella nos sirva de ánimo y fuerza que nos impulse a, bajando de la montaña, vivir en la lucha diaria de dar testimonio de su Palabra y de su Amor.

domingo, 16 de marzo de 2014

¡CONTAMOS CON VENTAJA!

(Mt 17,1-9)
 
Se hace difícil comprender el lenguaje de Jesús. Incluso para sus discípulos que no entienden lo de la muerte y resurrección. No les cabe en la cabeza que Jesús pueda sufrir, y menos tanto como Él les anuncia. Un Hombre bueno, compasivo y que tanto bien esta haciendo. ¿Por qué se iban a atrever matarlo?

Resulta difícil explicar, pero más difícil les resultaba a los apóstoles entender. Sin embargo, Jesús sabe para que ha venido y lo que tenía que padecer por la soberbia y rechazo de los hombres. Posiblemente, los apóstoles estaban confundido y desconcertados, Jesús se lleva a Pedro, Santiago y a su hermano Juan con Él y sube con ellos a un monte alto y allí se transfigura delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con Él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

¡Que bien nos sentimos cuando estamos con el Señor! Pero la realidad es otra y tenemos que bajar de la montaña para seguir la ruta de nuestro camino por este mundo y en este lugar y momento, porque esta es la hora que nos ha tocado vivir. Y desde el contacto con el Señor y sostenidos por su Alimento Eucarístico encontramos las fuerzas y la esperanza para seguir adelante.

Nosotros si podemos entenderlo, porque Jesús, ya Resucitado, está entre nosotros y su Resurrección nos alumbra y nos revela su triunfo sobre la muerte. En Él podemos confiar porque todo en Él se ha cumplido. ¡Estamos salvados!