viernes, 19 de abril de 2013

¡QUIERO VIVIR ETERNAMENTE!

 
Jn 6, 52-59

(Jn 6, 52-59): En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí y decían: « ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre». Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

Todavía hoy seguimos discutiendo y poniendo en duda las palabras de Jesús. Nunca entenderemos que su Cuerpo y su Sangre son el verdadero alimento que nos da la vida y la eternidad. Por el contrario, cegados por la luz del mundo continuamos buscando el elixir de la eterna juventud en las cosas caducas de este mundo.

La clave está en preguntarnos. ¿Cuándo vamos a decidirnos a creer en su Palabra? El tiempo es oro, porque no disponemos de todo el que queramos. Quizás cuando nos decidamos ya no tendremos tiempo. El mensaje es bastante claro, no merece ninguna reflexión porque se trata de creerlo o no. Pruebas y razones hay muchas, solo necesitas buscarlas fuera de este mundo, pues aquí todo es caduco, y lo caduco nunca podrá darte ese deseo inmenso de felicidad y eternidad que ansías.

jueves, 18 de abril de 2013

¿DE QUIÉN ME FÍO?


(Jn 6,44-51)

El problema que el hombre tiene hoy es la confianza. ¡No tenemos en quien confiar! Cuando menos lo espera salta la liebre y te experimentas traicionado, engañado. Ya se ha perdido hasta la confianza en los bancos y en las autoridades. Los políticos y gobernantes no nos dan crédito en su bien y justo obrar. Todo se desmorona como un castillo de naipes.

Incluso, la familia está en peligro. Los esposos desconfían el uno del otro. La palabra dada hoy, mañana puede ser incumplida. No hay confianza; no hay palabra; no hay fidelidad; no hay responsabilidad. ¿Hacia dónde camina el hombre?

Sin embargo, hay Alguien que habla en Verdad, Justicia y Verdadero Amor. Todo lo profetizado en Él se ha cumplido, hasta su Resurrección. No hay engaño en Él y su Verdad da esperanza al hombre. Sí, su camino no es de rosa, está lleno de espinas, pero no lo oculta, lo dice y lo descubre. Él es el primero en recorrerlo, y también el primero en salir victorioso. Nos promete la victoria y el tesoro que todos buscamos. ¿Por qué no le escuchamos con atención?:

 Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: serán todos enseñados por Dios. Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo».

miércoles, 17 de abril de 2013

HAMBRE Y SED DE VIDA ETERNA

(Jn 6,35-40)


No hay otra cosa más importante para el hombre que perseguir la vida eterna. Por eso se mueve y trabaja; por eso se esfuerza y estudia; por eso es capaz de darlo todo, porque quiere vivir para siempre. Imaginar otra cosa es perder la verdadera razón y sentido de la vida. El hombre busca la felicidad en la eternidad. Esa es la verdadera razón de su hambre y su sed.

Y Jesús, enviado del Padre, conoce cual es la Voluntad del Padre: "Darnos esa felicidad eterna", y nos la ofrece: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Na hay nada tan claro, sin lugar a ninguna duda ni confusión, que estas Palabras de Jesús. Nadie podrá alegar ni justificar que no ha entendido. Quizás, sí, podrá decir alguno que no lo ha oído porque otros se han callado y despreocupado de decirlo.

Por todo ello, pensar que la Misericordia de Dios nos libra de toda responsabilidad, es pensar muy laxamente y tomarse las palabras de Jesús a la ligera. Tenemos una gran responsabilidad: "Ir al encuentro del Señor y creer en Él". Si esto no lo hacemos de forma seria, responsable y comprometida tengamos en cuenta que nuestra eternidad puede estar en peligro.

Seamos sensatos y pidamos al Espíritu Santo que nos fortalezca y nos guíe por el camino que conduce al encuentro de Jesús y a vivir en el ejercicio de hacer la Voluntad del Padre. Amén.

martes, 16 de abril de 2013

TODO A NUESTRA MEDIDA

(Jn 6,30-35)


La razón de nuestra incredulidad se esconde en querer una religión hecha a nuestra medida y a nuestra comodidad. Queremos que las cosas sean según nuestras apetencias e intereses, y lo que no sea así lo rechazamos. Es nuestra razón acomodada y materialista la que nos guía, y todo queda sometido a ella.

Nos interesa saciar esa hambre de nuestro cuerpo, esos gustos de nuestras pasiones y, por lo tanto, nuestro deseo es acomodar todo a esas apetencias. Y todo lo que no sea así lo rechazamos. No importa las obras realizadas y vistas que nos exigen respuestas de amor, de sacrificio, de compartir. 

No, nuestro deseo es emprender un camino menos exigente, más cómodo, más lleno de satisfacciones materiales y egoístas. Queremos dar satisfacción a nuestro apetito y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin. Queremos soluciones a nuestros problemas materiales, pero nada de creer en Jesús. De Él solo importa lo que podemos conseguir.

Y hoy, ¿qué ocurre? ¿No nos pasa lo mismo? Queremos una religión cómoda, hecha a medida y que no exija compromiso. Cuando se habla de darse, de olvidarse de sí mismo y ponerse en función de los demás, todo atisbo de fe desaparece. No queremos cuenta con el desapego y el desprendimiento.

Esa es la razón por la que nuestra fe se nos esconde: no la dejamos nacer, pues la matamos al no dejar morir la semilla de nuestro corazón y cuidarnos de crecer nosotros mismos ahogando a los demás. El amor necesita morir primero, para luego dar paso a la vida compartida y dada. Esa es la luz que nos alumbra y lo que esconde la Cruz de Xto. Jesús. Tomar nuestra cruz es amar como Xto. nos ama.

lunes, 15 de abril de 2013

¿QUÉ ALIMENTO BUSCAMOS?

(Jn 6,22-29)


No nos es muy difícil descubrir cuál es nuestra primera prioridad. Sabemos lo que buscamos sin ningún temor a equivocarnos: "La felicidad". Ahora, ocurre que no nos ponemos de acuerdo dónde buscarla y cada uno intenta buscarla según sus ideas, sus intereses y su forma de entender la vida.

También es verdad que no nos gusta que nadie nos imponga nada, y estamos inclinados a desobedecer y a hacer lo contrario de los que se nos dice. Es decir, nos cuesta mucho creer, y solo nos movemos por aquello que de forma rápida y satisfactoria nos sacia y nos satisface.

Es el caso de los que siguen y buscan a Jesús. Lo hacen porque Él les ha saciado su hambre y les ha dejado satisfecho materialmente. Y Jesús les descubre que ese alimento es temporal, que volverán a tener hambre y que se trata de un alimento perecedero. Les invita a buscar el alimento espiritual, aquel alimento que permanece para la vida eterna.

Porque ese es el alimento verdadero e importante y el que realmente interesa buscar. De nada nos sirve estar bien alimentado por un corto tiempo. Buscar y alimentarse de aquello caduco es perder el tiempo y malgastarlo en aparentes tesoros que son falsos y efímeros. Lo que importa es buscar la vida eterna en ese alimento que Jesús nos ofrece y que nos da la salvación en gozo y felicidad para siempre.

domingo, 14 de abril de 2013

JESÚS SE HACE PRESENTE, LE NECESITAN


(Jn 21,1-19)

La presencia de Jesús da ánimo y les va preparando para la misión a la que serán encomendados. Sin Jesús todo queda vacío y sin contenido. Cunde la desilusión, el desánimo y la desesperanza. Hay que matar el tiempo y volver a la pesca, a la rutina de la pesca para el sustento y, en este caso, como distracción para matar el tiempo. La sombra de los de Emaús está rondándolos.

No hay pesca porque sin el Señor nada se puede hacer. Y Jesús se hace presente, renace la vida y la esperanza, y abundan los peces. La pesca se hace realidad porque con Jesús hay pesca. Hay pesca y rescate del hombre viejo al hombre nuevo.

Con el Señor todo es diferente y todo se hace posible. La paz y la alegría invade nuestro corazón y nuestra cruz se hace ligera, soportable y hasta gozosa. ¡En Él podemos ser pescadores de hombres! Primero, dejándonos convertir por la acción del Espíritu Santo, y segundo, llevando esa Luz del Espíritu a los demás. Sí, en Jesús, nuestro Señor, somos pescadores de hombres, porque, por su Gracia y en su Gracia, damos testimonio y proclamamos su Palabra y Mensaje de Salvación.


sábado, 13 de abril de 2013

INCAPACES DE VENCER

(Jn 6,16-21)


Ante tanta tentación y tanta debilidad por nuestra parte nos sentimos incapaces de continuar el camino. El camino que siguió Xto. Jesús, y el estilo de vida que Él vivió y enseñó a todos aquellos que le siguieron. Sentimos miedo, incapacidad y nos falta fuerza y voluntad. E incluso nos falta fe y confianza en el Señor.

Quizá por eso Jesús se nos aparece caminando sobre las aguas. Una manera clara de hablarnos de su dominio sobre todas las cosas, y de que con Él nada tenemos que temer. Nos anima a confiar en Él y a vencer el miedo de ser vencidos. Él es el Señor de cielos y tierra, y en Él estaremos seguros de vencer.

Jesús es el ejemplo. Él ha vencido al mundo y nosotros en,por y con Él venceremos también. Sabemos de nuestras debilidades, de nuestras limitaciones y de que, por nosotros, nada lograremos, pero no estamos solos, Jesús está con nosotros y es Él mismo quien nos alienta y nos invita a confiar en Él y no tener miedo.

Nos ha dejado el Espíritu Santo para que nos guíe y nos fortalezca. En el Espíritu seremos asistidos e iluminados y por Él daremos frutos abundantes para Gloria de nuestro Padre Dios.