viernes, 22 de noviembre de 2013

TAMBIÉN HOY HAY PROFETAS QUE NO QUEREMOS VER


(Lc 19,45-48)

Todos los tiempos han sido tiempos de profecía. El camino de salvación está marcado por los designios de Dios que nos va guiando hacia Él. Y cada momento de la historia de ese camino está alumbrado por voces que, en el Espíritu Santo, han gritado y descubierto la vereda por donde se debe ir.

Hoy, yo no me atrevo a señalarlo, hay también voces dentro de la Iglesia o fuera de ella, que gritan y hacen gestos de orientación por donde debe transcurrir el camino hacia la Casa del Padre. De tomar otra vereda podemos perdernos y retrasar nuestra llegada a la verdad o perderla para siempre.

Debemos estar muy atentos, avivar nuestros oídos y encender nuestra escucha, pero sobre todo dejar guiarnos por el Espíritu que sopla y se mueve por y en donde quiere.  Mi Casa es Casa de oración, pero quizás nosotros la estamos convirtiendo también en casa de nuestra oración, no la que quiere el Padre.

Porque orar es dejarnos hacer y actuar en la Voluntad de Dios, no en la nuestra.

jueves, 21 de noviembre de 2013

UN MUNDO DE LÁGRIMAS, PERO TAMBIÉN DE ESPERANZAS

(Lc 19,41-44)


No cabe duda que el mundo en el que vivimos lo podemos mirar desde diversos ángulos o ventanas, que nos depararán diferentes vistas y perspectivas. Así, descubrimos un mundo lleno de resentimientos, de odio, de luchas fratricidas, sangrientas, de guerras y enfrentamientos consecuencias del poder y la ambición.

Pero también, un mundo donde las apariencias y los egoísmos hacen su papel de corrupción, de fraudes, de mentiras, de explotaciones, sometimientos, esclavitudes, desuniones, abortos, eutanasia...etc. Un mundo que no hay por donde cogerlo. 

Apoyados en esa ventana y viendo lo que vemos, nuestras lágrimas inunda nuestras mejillas y sentimos decepción y compasión. Sin embargo, hay otra ventana que nos inunda de esperanza y de luz. Jesús, el Hijo de Dios vivo, ha pagado con su Compasión y Misericordia, entregando su Vida, el precio de la paz; el precio de la concordia y la fraternidad; el precio para que los hombres descubran donde se encuentra lo que tanto buscan en lugares de muerte; el precio del Amor que nos salva.

Lloremos de alegría y de esperanza, porque en, por y con Jesús hemos visto la Luz de nuestra salvación.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

TENEMOS UN TIEMPO PARA RENDIR LO RECIBIDO


(Lc 19,11-28)


El tiempo es el espacio donde tenemos la posibilidad de lograr que nuestra vida sea gozosa y para siempre. Pedir esta gracia es nuestro mayor tesoro. Hagámoslo. 

Y hoy tenemos esa oportunidad, porque Jesús nos descubre que lo recibido, todos nuestros talentos y cualidades son para ponerlas a rendir en función de los demás. No podemos guardar las cosas para nuestra seguridad y provecho, sino que tenemos que arriesgarlas y negociarlas para el bien de todos.

Así, el tiempo de nuestra vida, hasta que el Señor nos llame, está destinado y misionado para hacer realidad esos dones, talentos o cualidades que el Señor ha puesto en nuestras manos. De modo que cruzarse de brazos es negarse a negociar los talentos recibidos.

Y desde aquí, ¿cómo pueden los hombres y mujeres atreverse a quitarles ese tiempo de sus vidas a muchos niños inocentes vivos en el vientre de sus madres? ¿Cuánto bien han podido quitar en uno u otro sentido? Porque para muchos podría ser ese el cometido de su vida, velar por la vida de ese niño.

 La Palabra nos lleva hoy a reflexionar sobre nuestras cualidades. ¿Las estamos poniendo al servicio de los demás?





martes, 19 de noviembre de 2013

¿ME PONGO EN LUGAR DE ZAQUEO?

(Lc 19,1-10)


Las palabras cuando se escuchan, si no tomas tú su lugar, ellas siguen y se van movidas y balanceadas por el viento. Sólo se pararan y anidaran cuanto tú las detengas y las acojas en tu corazón. Así si tendrán vida y actuarán en tu vida. Creo que muchas palabras que han pasado por mi vida han tomado la dirección que le viento les ha dado. Pocas se han hospedado en mi corazón. Sólo se me ocurre decir: ¿Dios mío, gracias porque sé que me perdonas".

Pero, no por eso no dejo de sentir vergüenza, mucha vergüenza, y más cuando descubres que te das cuenta. Quizás, de todas las que se han ido, no tenga mucha responsabilidad, pues no había caído en la cuenta. Pero de las de hoy en adelante empezaré a temblar, porque la Palabra actúa cuando tu la acoges e impides que el viento se la lleve.

Hoy mi nombre es Zaqueo. El Señor en él me llama a mí y se autoinvita a comer conmigo. Me dirás muchas cosas, que si abro mi corazón empezaré a oírlas. Pero, ¿tendré el valor de actuar como Zaqueo? Tiemblo porque mi compromiso se tambalea y mis fuerzas quedan en ridículo. Sin embargo, sé que el Espíritu Santo sigue ahí, quizás con una sonrisa compasiva y misericordiosa, pero animándome a que con Él puedo lograrlo. Jesús no nos pide cosas imposible, sino las que su Padre les ha dicho.

Intentar, esforzarnos, orar y pedírselo es el reto y compromiso adquirido. De repente, experimentas que la vida cambia, que la oración se fortalece; que la necesidad de buscarle, de alimentarte de su Vida, de hablar y agarrarte a Él es lo primero, lo más importante de tu vida. Claro, así la ilusión, a pesar de todas las dificultades, crece y aumenta y experimentas como Zaqueo que puedes llegar a compartir y repartir tu vida y tus bienes con los demás. 

La Gracia del Señor se encargará del resto al que tú ni yo llegamos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

PARA PEDIR, PRIMERO HAY QUE SENTIRSE INDIGENTE

(Lc 18,35-43)


No piden los que tienen, ni, al menos en mi tiempo, le dan becas a aquellas familias pudiente y que pueden dar económicamente estudios a sus hijos. Las becas deben ser para los necesitados cuyos esfuerzos las demandan y las necesitan para alcanzar sus objetivos.

Pedir exige primero sentirse indigente, necesitado y carente de lo necesario para vivir. Bartimeo era ciego y necesitaba ver, porque sin vista, en aquellos tiempos, estabas perdido. Y oído que Jesús pasaba por allí no lo dudó ni un instante. Inmediatamente empezó a llamarle, y a pesar de que le increpaban para que se callara, él seguía cada vez con más fuerza.

Y Jesús, que nos ha aconsejado en insistir, no se hizo de rogar. Le llamó y escuchándole su petición le curó su ceguera. Hoy quizás la vista no nos impide quedarnos marginados. Hay personas invidentes que son famosas y notables figuras de nuestro mundo actual. Pero quizás, si podemos padecer otras clases de cegueras: orgullo, suficiencia, soberbia... que nos impiden no sólo ver sino también pedir.

La Palabra del Señor, nos habla hoy de la necesidad de pedir, pero también de la necesidad de sentirnos necesitados e indigentes para suplicar su presencia y su sanación. ¿Estás tú, cómo también yo, necesitados del auxilio del Señor?

domingo, 17 de noviembre de 2013

NUESTRA HERENCIA: PERSECUCIONES, DIFICULTADES Y MARTIRIOS

(Lc 21,5-19):


Ese es el camino, porque caminamos por un mundo de valores contrario a los que nos señala Jesús de Nazaret. Mientras el mundo espera la muerte sin enfrentarse a mirarla, los cristianos esperamos la segunda venida de Jesús y, por Él, nuestra salvación.

Por eso conviene no desfallecer y mantenernos firme, no haciendo caso a todo lo que se nos diga contrario a la Palabra del Señor. Sufriremos persecuciones, guerras, catástrofes naturales, cárceles, persecuciones, divisiones y hasta traiciones familiares. Seremos también rechazados y odiados por causa del nombre del Señor Jesús, pero al final, si perseveramos seremos salvados.

Es promesa y Palabra del Señor y en Él creemos. Pidamos la fuerza y la sabiduría de ser pacientes, y no dejarnos vencer por nuestros miedos y tribulaciones, sino todo lo contrario: ánimo y coraje para vivir como cristianos ejemplares en medio de todas estas dificultades.

sábado, 16 de noviembre de 2013

PERSEVERANCIA

(Lc 18,1-8)


La oración demanda perseverancia. De otro modo dejaría de ser oración para convertirse en petición de favores según convenga. Así no me acordaré de rezar sino cuando necesite algún favor. Y si estoy muy convencido de que lo podré lograr insistiré en pedirlo, más si no es así terminaré por dejarlo.

Dependerá, pues, de mi fe que continúe o no. Esa insistencia, consecuencia de mi fe, hará que mis rezos de petición se vayan convirtiendo en oraciones de relación, donde hay un diálogo de hijo a Padre, y de Padre a hijo. Porque orar viene a ser eso precisamente: Es ese impulso que te lleva a buscar y hablar con Dios. Un Dios que es tu Padre, y que como Padre te escucha y te da lo que necesites para que vivas eternamente feliz en su Casa.

Debemos tener claro que un Padre siempre estará presto a atendernos, pero también que debemos insistir y pedirle aquello que necesitemos. Porque en el tiempo de nuestra insistencia nos daremos cuenta que lo que se nos ha dado es precisamente lo que nos convenía. Pidamos fuerza y voluntad para entender que nunca debemos dejar de orar, incluso en esos momentos que pensamos que no somos escuchados, porque el Padre siempre está ahí y nos ve y escucha.