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viernes, 31 de julio de 2026

EL VALOR DE LO CONOCIDO

Mt 13, 54-58

Nos cuesta descubrir el valor de las cosas cercanas, de aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana.  Pocas veces valoramos un vaso de agua cuando siempre está al alcance de la mano.

Nuestro comportamiento es diferente cuando entramos en contacto con algo que nos es extraño, que no conocemos y que nos sorprende. Quedamos deslumbrados y valoramos su presencia.

—Hasta el extremo —dijo Pedro—, con cierto escepticismo, de mostrarnos indiferentes a las palabras de alguien de nuestro propio pueblo.

Manuel, corroborando lo que afirmaba Pedro, añadió.

—Así es, a lo nuestro no le damos importancia; en cambio, magnificamos lo que viene de afuera…

Guardó unos segundos y agregó.

—Al parecer esa es la mala costumbre o la simpleza que nos acompaña. Lo nuestro tiene poca importancia y hace realidad la frase de que nadie es profeta en su tierra.

No hubo ninguna respuesta. Todos parecían estar de acuerdo: con frecuencia miramos con desdén lo que nos resulta conocido.

Manuel se levantó, adelantó unos pasos y con una mirada no muy agradable, como dando a conocer que no se resignaba a tal forma de pensar, comentó:

—Jesús vivió esa experiencia. Se escandalizaron en su propia tierra de sus obras y palabras. Fue Él mismo quien dijo: «Solo en su tierra (Mt 13, 54-58) y en su casa desprecian a un profeta»…

Hizo una pausa y aclaró.

—Ante sus palabras surge el asombro, pero también el escepticismo…

Los miró con firmeza y agregó.

—Los vecinos se maravillan de su sabiduría, pero lo rechazan al recordar sus humildes orígenes familiares, provocando que Jesús señale que un profeta no es estimado en su propia tierra y que no obre muchos milagros allí debido a la falta de fe de la gente.

El ambiente, aparentemente resignado, despertó. Muchos movieron la cabeza; otros rodaron sus sillas, y la mayoría mostraba cara de culpabilidad.

Sí, ¿cuántas veces juzgamos a personas por sus orígenes, a realidades por nuestros prejuicios? ¿Cuántas veces nuestra familiaridad con algo nos impide ver su profundidad y verdad?

Cuando reducimos lo divino a lo meramente humano o nos dejamos llevar por los prejuicios, dejamos de reconocer la gracia de Dios actuando en lo cotidiano.

miércoles, 29 de abril de 2026

EL VALOR DE LAS COSAS

Mt 11, 25-30

En ocasiones, los problemas nacen de nuestras propias apreciaciones y no de la realidad. Colocamos una dificultad donde no la hay y terminamos complicándonos la vida sin motivo aparente.

Aquella mañana, Enrique tenía mala cara. No parecía conforme con lo que le estaba pasando y, desesperado, dio un golpe con el puño sobre la mesa.

Santiago, el camarero, lo miró con extrañeza, sin aprobar aquel modo de reaccionar.

Manuel, sorprendido, se acercó y le preguntó:

—¿Qué te ocurre? ¿Por qué estás tan nervioso?

Enrique escondió la cabeza entre los brazos, sin decir nada.

Manuel se sentó a su lado y, con calma, le dijo:

—Cuando tenemos que afrontar dificultades y preocupaciones, el cuerpo se nos descompone… y terminamos liándonos nosotros solos.

Le puso la mano sobre los hombros y añadió:

—Pero hay algo muy importante: saber mirar lo esencial. Dejar a un lado lo que hoy es… y mañana deja de ser.

Con ternura, continuó:

—Todo lo de aquí abajo tiene su tiempo y su medida. Haz silencio por dentro y por fuera. Mira a Jesús… y todo cobra otra perspectiva; relativizas… y llega el sosiego.

Sacó la Biblia y, señalando el Evangelio de Mateo (11, 25-30), dijo:

—Jesús nos dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré».

Hizo una pausa y continuó:

—«Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas».

Poco a poco, Enrique se fue calmando. Los problemas seguían ahí, pero la vida ya no se veía igual. Porque lo verdaderamente importante no son las cosas de aquí abajo, sino los bienes de arriba.