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domingo, 16 de enero de 2022

LA BODA DE CANÁ DE GALILEA

 

Esta boda está importantemente significada en el Evangelio de Juan porque marca el comienzo de la presentación – por decirlo de alguna manera – en la vida pública de Jesús. A partir de ahí, su fama se extiende por toda Galilea y el Espíritu de Dios – que ya le había acompañado y presentado en el Bautismo del Jordán y desierto -  continúa su acción para que Jesús cumpla su misión: Anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios y su Infinita Misericordia.

No cabe ninguna duda, María, su Madre, tuvo una intervención, digamos de solidaridad y confianza en la misión Divina de su Hijo. El milagro del agua convertida en vino extendió por toda la región la fama de Jesús y, desde ese momento, el Espíritu de dios actuaba entre los hombres a través de Jesús, el Hijo de Dios, presentado en el Jordán, citado ya antes, y presentado por la Voz que vino del Cielo – Padre – y luego señalado por Juan el Bautista.

Desde ese momento, nuestra relación íntima con nuestro Padre Dios pasa a través del Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y, sólo a través de Él y por Él llegaremos a intimar con el Padre. Jesús, por tanto, será el Camino, la Verdad y la Vida. No hay otro, Él es el único Camino. Conviene, pues, invitarlo también a nuestra boda – porque está entre nosotros – para que transforme nuestras impuras aguas contaminadas por el pecado en vino espiritual de amor y misericordia, eliminando todas nuestras impurezas de soberbia, vanidad, egoísmos, malas tentaciones para que, quedándose en nuestro corazón,  nos limpie y nos deje sólo llenos de amor y misericordia, por la Gracia de Dios. Por tanto, ¡invitémosle!

sábado, 8 de julio de 2017

LO VIEJO Y LO NUEVO

(Mt 9,14-17)
Muchas veces la Palabra se hace difícil entenderla. Bien, porque estamos bloqueados, o bien, porque estamos ciegos. De cualquier forma, no siempre estamos en sintonía con la Palabra de Dios. Por eso, siempre, estemos o no en sintonía y en la misma frecuencia con el Señor, necesitaremos la Luz y la Gracia del Espíritu Santo para poder interpretar y vivirla. 

Eso nos invita, posiblemente, al ayuno. Porque, ayunar no es sólo abstenerse de comer, sino también privarte de tu tiempo para entregarlo a los demás. Porque, ayunar también es poner tu vida en Manos del Espíritu Santo y dejarla correr según su Voluntad. Porque, ayunar, no consiste en mortificarse, sino en darse por el bien de los demás.

Y, es lógico y de sentido común que, cuando estamos con Jesús, todo es diferente. Y todo se vuelve festivo y se viste de alegría y novedad. En las fiestas no puedes poner cara de tristeza, pues de ser así dejaría de serlo. Tiempo habrá para darle salida y ponernos en situación de ayuno y penitencia. Ahora es tiempo de salvación, y Jesús está entre nosotros, motivo de alegría y gozo.

No se trata, pues, de hacer sacrificios como se entendía antes de la venida del Señor. La Buena Noticia renueva nuestra vida y actualiza nuestra fe. Se trata de amar. Amar como el mismos Jesús nos ha enseñado en su estancia terrenal entre nosotros. Porque, quien ama, hace y da frutos.

Pero, más importante aún, porque, quien ama está con el Señor. Y es que no se pude amar sin estar con Él. Él es lo nuevo, la Buena Noticia, el vino nuevo, que hay que conservar en odres nuevos. Nunca echarlo en odres viejos, porque reventarán y se estropearán. La fe madura y se renueva, y, para dar frutos, necesita actualizarse en el Señor. Abrir nuestros corazones y dejarnos guiar por el Espíritu Santo.