martes, 8 de enero de 2013

BUSCANDO ALGÚN INTERÉS

Marcos 6, 34-44

Oigo dentro de mis oídos esta frase: ¿qué regalan aquí? Cuando vemos mucha gente reunida y expectante a la escucha de alguien, inmediatamente nos preguntamos qué es lo que dan. Porque nuestra cabeza nos dice eso, no se da nada gratis, y todo tiene un valor.

Muchos somos movidos por ese interés, el de buscar algo gratis. Las gangas siempre han interesado a las mayorías, y ese interés les induce a moverse. Obviando esa intención, Jesús aprovecha para enseñar a todo aquel que le sigue, y su preocupación, pasado el tiempo, le lleva a preocuparse e interesarse por alimentarle también materialmente.

No solo busca la paz y el alimento del alma, sino que también alimenta el cuerpo. Nos enseña a preocuparnos de forma integral con todos los hombres. Buscarle a Él es buscar que todos los hombres vivan con lo indispensable y necesario para vivir. Y para eso se necesita cambiar el corazón. De un corazón que no da nada gratis, a un corazón que comparte y se da.

De criterios humanos que exigen y conllevan intercambios y contraprestaciones, a criterios divinos de gratuidad y servicios por amor. Sin lugar a duda que el mundo se vería diferente, y, ahora, posiblemente no estaríamos hablando de crisis económica sino de paz y justicia, y de convivencia plena donde todos tenemos lo suficiente para vivir dignamente.

lunes, 7 de enero de 2013

SEGUIR PARA CAMBIAR

Evangelio según San Mateo. Capítulo 4, 12-17. 23-25

No se puede seguir a alguien y estar siempre en el mismo lugar. Seguir implica moverse, y moverse significa cambio de lugar, pero también de actitud. Porque cada lugar trae una vivencia diferente y una forma distinta de entender la vida. Cada problema tiene un enfoque y tratamiento según el lugar donde se produzca, y eso nos compromete a cambiar y a tratarlos todos desde el amor.

Por eso, no hay distinción de clases, ni de razas o color. Todos los hombres son iguales, y todos merecen y necesitan escuchar el mensaje de salvación que Jesús les propone. Un mensaje que resuelve todos los problemas independientemente de donde se produzcan porque los trata desde la vivencia del amor, y ese amor perdona, hace justicia y defiende la dignidad del hombre por el hecho de ser hijo de un mismo Padre Dios.

Jesús recorre todos los lugares y predica que vivir significa amar al Padre Bueno del Cielo, porque todo ha sido creado por Él para el bien de todos los hombres. Y Él es el enviado para anunciarlo y dárnoslo a conocer, y también a merecerlo para nosotros con su Muerte y Resurrección. Enseña en las sinagogas y proclama el Evangelio. Su fama se extiende por toda Siria y cura a todos los enfermos que le traían aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos.

Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Décapolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania. Pero no se trata de seguir buscando la solución del problema o enfermedad. Se trata de un cambio de vida que nos mueva dar un giro de trescientos sesenta grados y transformar nuestro corazón en un corazón de amor y disponibilidad. 

Jesús nos invita a amar al Padre, pero amar al Padre, que no vemos ni podemos tocar, lo podemos hacer como si fuera tocarle y verle amando a los hombres con los que se cruza nuestra vida. Haciéndolo así le estamos viendo y tocando. Ese puede ser nuestra petición de estas fiestas de reyes. Pedir un corazón de amor para acercarnos en esa actitud amorosa de servicio a los que caminan con nosotros en nuestra vida. Si lo pedimos, eso que es precisamente lo que Él nos pide, nos lo concederá.

domingo, 6 de enero de 2013

PONERSE EN CAMINO

Mateo: 2, 1-12

Viajar descubre que se busca algo, bien sea el descanso, el salir de la rutina, el conocer nuevos horizontes o simplemente abrir nuevas rutas de comercio e intercambios. Pero todo eso exige esfuerzos, aventuras,  no exentas de riesgos y de inseguridades.

Moverse y ponerse en camino exige, pues, salir de ti mismo para buscar a otro, a otro que mejore tu vida y que le dé un sentido más pleno y verdadero. A veces pueden ser cosas, y otras veces puede ser una persona. Hoy, el Evangelio, nos habla de tres Magos de oriente que sienten esa llamada de búsqueda y, olvidándose de sí mismos, y sus comodidades, emprenden su búsqueda con entusiasmo y gozo.

Tienen una intuición, siguen una estrella, algo así como una luz que les guía y le señala el camino. Hay también una profecía que señala a Belén como lugar de donde saldrá un Mesías, un Salvador del mundo. Todo se cumple y como signo de una buena estrella son protegidos de aquel que poseído por la envidia quiere matar ese prometido Niño, nacido en Belén, para afirmar y asegurar su reinado.

¿Dónde nos encontramos nosotros? ¿Estamos disponibles y con actitud de emprender la búsqueda? ¿O, por el contrario permanecemos asombrados y admirados de lo que ocurre, pero permanecemos inmóviles como meros espectadores? 

Cantar al Belén, besar al Niño y vivir la Navidad significa estar en camino, salir al camino y recorrer el camino dejándonos orientar por la Estrella que nos describe y señala por donde debemos ir. Cada uno debemos buscar, porque la tenemos, la estrella, el sol o la luna que nos oriente y nos lleve a ese Belén. Ese Belén que guarda lo que buscamos ansiosamente: "La luz que nos guía y nos orienta con la brújula del Amor".

Quizás debemos levantar más nuestra mirada y mirar a ese cielo donde una de las estrellas está destinada a alumbrar nuestra vida y a enseñarnos el rumbo por el que, nuestra vida, debe navegar. Pidámosle esa gracia al Niño Dios que nace en Belén. Amén.

sábado, 5 de enero de 2013

¡ESTAMOS SACIADOS?

(Jn 1,43-51)
Quizás ocurra eso, porque los hombres de nuestra generación no están hambrientos de Dios. Sólo donde permanece el hambre material y las necesidades primarias si siente necesidad y se implora auxilio. Es en esas situaciones donde puede descubrirse la necesidad de un Salvador, de un Dios que satisfaga nuestra hambre material y espiritual.

Es verdad que aquellos que queremos presentar a Jesús a los demás, no lo conocemos bien. Ni lo conocemos ni lo experimentamos como el Salvador y Mesías en nuestra vida. Sí, lo confesamos de palabra, y tratamos de vivirlo, pero nuestros esfuerzos no son proporcionales a nuestras palabras y hechos. Nos quedamos en la mediocridad y en la resignación.

Y lo que no se tiene no se puede dar. O se da mal, a medias tintas y sin convencimiento. Así no se transmite ni se recibe. Me siento impotente y necesitado de que el Señor transforme todo mi ser para responderle como Él espera.

Y si no experimentamos el encuentro con el Señor, tampoco podemos presentarlo a los demás. Quizás haya mucho de esto, porque el Señor es el mayor tesoro que todo hombre quiere encontrar, pero la satisfacción y la carencia de necesidades básicas te impiden ver y descubrir. De eso saben mucho los pobres, aunque el hecho de ser pobre y necesitado no te mueve sino a satisfacerte, y muchos se quedan en eso.

Felipe y Natanael eran personas inquietas que buscaban la libertad, y el encuentro con Jesús les abrió el camino de una libertad nueva, no sólo física sino interior y espiritual. La libertad de buscar y vivir en la verdad y la justicia. Un justicia que busca la paz y el amor.

Es eso lo que debemos buscar y pedir en el Espíritu Santo. La sabiduría y fortaleza de ser libres para desde esa libertad construir un mundo más solidario, más justo, en paz y compartido en el amor. Amén.


viernes, 4 de enero de 2013

NECESITAMOS DAR UN PASO

Juan 1, 35-42


Supongo que la predicación de Juan el Bautista no movió a muchos a disponerse en una actitud de búsqueda y de respuestas a esas preguntas universales que yacen dentro de cada hombre. Supongo que hoy sucede lo mismo, y que siempre ha sido así.

Muchos no somos capaces de dar un paso hacia adelante. A pesar de tener esos interrogantes en el primer plano de nuestra vida, permanecemos quietos, inmóviles. No queremos salir de la situación que tenemos, nos asusta y sentimos miedo, o comodidad. Buscamos asegurarnos, razonar y ver. Nos autoengañamos y nos respondemos distorsionando la realidad. Buscamos justificaciones que nos tranquilicen y justifiquen el por qué de nuestra pasividad.

Nuestra razón nos inquieta, nos da respuestas, quizás no completas, pero sí razonables, fundadas y necesitadas de una parte de fe que la haga saltar y moverse. Luego, la experiencia del encuentro irá dando lo que falta, y siempre, durante toda nuestra vida faltará algo, hasta llegar al momento del verdadero encuentro cara a cara al atardecer de nuestra propia vida.

Cuando no somos capaces de proceder como otros, y sentimos en lo más profundo de nuestro ser que deseamos hacerlo, procedemos a justificarnos y se produce el autoengaño. Es la autotraición de justificar aquello que pensamos deberíamos hacer y no hacemos. Y así pasamos nuestra vida, mintiéndonos y atormentados aunque no queramos admitirlo, hasta el punto de que nuestro corazón se haga un callo duro y cerrado que se cierra a todo.

Andrés y Juan, discípulos de Juan el Bautista, nos testimonian hoy cómo responder a la llamada de Jesús. Primero están abierto a la predicación de Juan, dejan que sus palabras entren en sus corazones y hagan el milagro de transformarlos, pero luego, obedecen a Juan cuando les señala al verdadero y único Mesías, al Salvador y Redentor que viene, enviado por el Padre, a redimirnos.

El encuentro con Jesús es el primer paso. Un encuentro que será el que nos cambie, el que nos termine de transformar, de hacernos ver, de guiarnos y de fortalecernos en el amor a Jesús y, en consecuencia, en el amor a los demás. Habrá riesgos, dudas, tribulaciones, fracasos, tristezas, alegrías, triunfos...etc., habrá de todo, pero ese es el camino. Un camino de lucha, de renuncias y de sacrificios, pero siempre camino hasta llegar al final, punto de partida donde todo será gloria y gozo eterno.

jueves, 3 de enero de 2013

¿ES JESÚS NUESTRA REFERENCIA?

Jn 1, 29-34

Porque esa es la pregunta, no hay otra. Jesús marca la diferencia en todo, y nuestra vida estará bien orientada o no dependiendo de que estemos con Jesús o fuera de Él. Verdad es que muchos no lo creen así, y en esa actitud niegan y rechazan su dependencia de Jesús.

Detrás del poder, de las riquezas, de la prepotencia y soberbia se esconde la actitud de rechazo al Señor. Nada se necesita cuando te sientes fuertes y capaz de ser el mejor. Te bastas tú solo. Sin embargo, todo cambia cuando experimentas la necesidad de ayuda, de pobreza y de salvación. Es entonces cuando estás en el momento de dar paso al encuentro, de encontrarte con la mirada de Jesús.

Juan así lo descubrió. Supo darse cuenta que había llegado su hora y había llegado el que había que venir. Él lo señaló sin ninguna duda a aquellos que le preguntaron, e indicó a sus mismos discípulo quien era el Maestro. Su misión había terminado, y empezaba la de Jesús, el Mesías prometido para la salvación de los hombres.

Pidamos a nuestro Padre Dios que nos de siempre la luz que nos alumbre el camino que conduce a su Hijo Jesús. Él es la luz de la Vida, la Verdad y el Camino que nos conduce hacia la Casa del Padre. Sólo Él es capaz de salvarnos y a Él solo debemos seguir. Amén.

miércoles, 2 de enero de 2013

LA VIDA DE LA GRACIA

EVANGELIO DE JUAN (1, 19-28). Hubo un hombre llamado...

Detrás de Juan viene Aquel que nos dará su propia vida. Fue enviado para darnos gratuitamente con su muerte esa Vida del Padre. Vida eterna y gozosa. Nuestro Padre Dios nos da su propia Vida, Vida de la Gracia, por los méritos de su propio Hijo, enviado para hacer esa Voluntad del Padre.

Y esa puerta de la Vida de la Gracia empieza por el Bautismo. Por él, somos revestido de la misma naturaleza divina que el Padre Dios, semejantes a Él, y heredero de su Gloria en Xto. Jesús. Nos quedamos perplejos y asombrados por tanta grandeza que no cabe dentro de nosotros mismos. Supongo que cuando decimos estas palabras estamos impulsados por el Espíritu Santo, porque se nos hace imposible entenderlo.

Juan nos anuncia este hermoso milagro y don de Dios. Él es el último profeta que nos proclama que estamos salvados en Xto. Jesús. Revestidos de su naturaleza divina, por obra y Gracia del Padre, que nos regala su propia Vida y nos hace, con su Hijo, coherederos de su Gloria. ¿Se puede entender esto?

Sólo dejándonos en Manos del Espíritu Santo podremos ir entendiendo la maravilla de Gracia que el Padre Dios nos ha dejado en su Hijo Jesús. Sólo revestido e injertados en Él y bañados de su Gracia por el Bautismo, seremos verdaderos hijos de Dios llamados a su presencia.

Pidamos al Padre que, abandonados en Manos del Espíritu Santo, empecemos este año abierto a la Vida de la Gracia que el Señor nos regala en el Bautismo, y que cada día seamos capaces de renovarla en la Eucaristía alimentados por el Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús. Amén.