jueves, 7 de noviembre de 2013

SE NOTA CUANDO ALGO LLENA TU CORAZÓN

Lc 15, 1-10


No hace falta tantos cuidados o preparación, los sentimientos no se pueden esconder y cuando el corazón está lleno de ellos, ellos brotan y contagian. Hablan y transmiten lo que bulle y arde dentro de sí, y proclaman a los cuatro vientos que Jesús es el Hijo de Dios.

Eso quizo decir Jesús a los fariseo y escribas cuando les dice la parábola de la oveja perdida. O la de la mujere que teniendo diez dracamas, una se le pierde. Tanto en uno u otro caso la fiesta es el motivo principal por haber hallado a la oveja o encontrado la dracma. 

Sí, porque es una Fiesta descubrir y encontrar a Jesús, el Hijo de Dios vivo. Porque cuando se encuenta, se nota. El corazón se llena de alegría, de gozo y de paz, y rezuma esperanza y deseos de transmitirlo y contagiarlo. La vida se llena de colores y se hace Fiesta, porque ha entrado la salvación, la verdadera salvación en nuestro corazón.

Y eso no se puede improvisar, aparentar, falsear... porque también se nota y termina por hacer mucho daño. Cuando el encuentro se lleva guardado en el corazón, brota como la semilla, muere y da frutos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

SEGUIRLE ES DEJAR LO DEMÁS DETRÁS

(Lc 14,25-33)

Alguien se compromete con una tarea concreta, supone que esa tarea será cumplida en plenitud. Incluso por encima de otras cosas, salvo causas muy justificadas de índole familiar o laboral o de enfermedad. Se supone también que el sentido común nos dice eso y lo consideramos lógico y normal.

Sin embargo, el Reino de Dios no es de este mundo y en él nuestra lógica no tiene cabida. Seguir al Señor es seguirle por encima de todo. Sean las causas que sean. Eso no significa que cosas muy importantes, como las ya nombradas, se dejen a la deriva o no se atienda como nuestra razón, compromiso y corazón nos señala e indica. Pero sin dejar de ver la prioridad de dejar todo para seguir al Señor.

Porque no podemos estar a dos velas, y justificar unas cosas cuando nos interesan otras. Seguir a Jesús es plantearse toda nuestra tarea desde ese compromiso y seguimiento. Que muchas veces coincide con el que nosotros pensamos debemos hacer. Porque cuando el amor dirige nuestra vida, por amor al Señor, todo lo demás tiene su justo tiempo, su servicio y compromiso y su entrega. Pues es de eso de lo que se trata cuando decidimos seguir al Señor.

Y en ese seguimiento, garantizamos recibir y tener las necesarias fuerzas para llevar a cabo esas tareas que nuestra vida nos demanda en el camino que recorremos junto al Señor.

martes, 5 de noviembre de 2013

ESTAMOS INVITADOS



Nadie está excluido, sin embargo muchos se excluyen por sí mismo. La parábola que Jesús nos cuenta hoy, explica muy claramente lo que ocurre en la realidad. Todos estamos invitados y llamados a gozar de la vida eterna en plenitud, pero muchos la rechazan porque, al parecer, tienen cosas más importante que atender.a

Porque según donde pongamos nuestro corazón, pondremos nuestras inquietudes y nuestras valoraciones. Así damos más importancia, por paradójico que parezca, a las cosas de este mundo: dinero, riquezas, bienes, poder, placer...etc., que a los valores espirituales y, sobre todo, a la Vida de la Gracia que Jesús nos ofrece como Camino para conseguir lo que realmente buscamos: la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad.

Así, todos estamos llamados a participar y gozar de ese banquete al que, muchos, como nos cuenta la parábola (Lc 14, 15-24) rehusan asistir por asuntos que consideran más importante. Asuntos que, por propia experiencia, experimentamos caducos y que al final de nuestra vida no valen para nada.

Pidamos paz, sabiduría y fortaleza para encontrar luz que nos alumbre el camino que nos conduzca al banquete eterno que estamos invitado.


lunes, 4 de noviembre de 2013

ESÉÑAME A DAR SIN ESPERAR RECIBIR


Lc 14,12-14)

Por inercia, sin apenas tiempo para pensarlo, en décimas de segundo, cuando damos esperamos recibir. Es nuestra condición pecadora, humana, imperfecta, egoísta la que nos traiciona. No podemos evitarlo. Nuestros pobres criterios, no vemos más, exigen dar y recibir. Tanto doy, tanto recibo. Y nuestra jerarquía de valores se mide en base a esas dádivas.

De tal forma que, quien no tiene nada que dar, poco recibirá, y disimuladamente será excluido o apartado del grupo de los privilegiados. Y eso, también nos lo dice el sentido común, no es amor. Eso es egoísmo aunque nuestro lenguaje farisaico lo disfrace de amor. Jesús lo denuncia y hoy nos lo recuerda:

«Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos».

No hay duda. Queda bastante claro, y lo entendemos todos. Se trata de amar sin esperar nada a cambio, y la mejor oportunidad para eso es dar a quien no te pueda pagar. Es la prueba del algodón porque ahí la apariencia brilla por su ausencia.

Recemos para que nuestros actos estén guiados por el verdadero amor, que no busca la conveniencia, sino el interés y bien del otro sin esperar nada a cambio.

domingo, 3 de noviembre de 2013

LA INQUIETUD DE CONOCER


(Lc 19,1-10)

Curiosidad, inquietud o simplemente deseos de conocer son los móviles que nos impulsan a movernos y tratar de encontrarnos con ese Jesús del que tanto se habla. Su personalidad atrae y despierta curiosidad, y Zaqueo, aquel jefe de publicano, se sintió atraído por la Persona de Jesús.

Y no reparó en gestos o esfuerzos para tratar de satisfacer esa curiosidad, hasta el punto de subirse a un árbol, pues era pequeño de estatura, con el fin de conseguir verlo. Su inquietud por conocerlo superaba a sus miedos al ridículo o al compromiso. Nunca sabremos como transcurrió aquella conversación de Zaqueo con Jesús, pero si sabemos los resultados de la misma.

Zaqueo transforma su vida, hasta el punto de compartirla con los más desfavorecidos y adquiere el compromiso de restituir cuatro veces más a todo aquel del que considere haberse aprovechado. Queda al descubierto que el encuentro de Zaqueo con Jesús tuvo sus consecuencias y compromisos, y es que sólo hay encuentro cuando de él se desprenden cambios y transformación en la vida de la persona.

¿Está nuestra vida sufriendo y descubriendo ante los demás estos cambios y transformaciones? ¿Hay respuestas al encuentro con Jesús que transforman mi vida?



sábado, 2 de noviembre de 2013

SÓLO NOS PIDE NUESTRAS MISERIAS

(Lc 23,33.39-43)

Un padre siempre es un padre. Es verdad, que aquí en la tierra hay algunas excepciones, pues los hombres están tocados por el pecado y su humanidad, débil y pecadora, se comporta de forma egoísta hasta siendo padres. Sin embargo, el sentido común y la lógica nos invita a experimentar que un padre siempre está dispuesto a dar todo por un hijo. 

Si esto es así respecto a nuestros padres de la tierra, ¿qué será con respecto a nuestro Padre del Cielo que entregó a su Hijo a una muerte de Cruz por cada uno de nosotros? Nuestro Padre sabe de nuestras miserias y pobreza; sabe de nuestras debilidades y limitaciones. Y sabe lo difícil que supone para nosotros mantener la integridad y la limpieza de corazón. ¿Y sabiéndolo se entregó a una muerte de Cruz por nosotros?

Así es, y eso fue lo que experimentó el buen ladrón cuando sientiendo el dolor y sufrimiento de Jesús a su lado, quedó conmovido, e iluminado por el Espíritu exclamo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino».

Gracias Señor por ese santo temor que me mueve a experimentar que Tú eres verdadero Hijo de Dios. Y, repitiendo las sabias palabras del buen ladrón, con él quiero pedirte yo lo mismo con la esperanza de poder escuchar, por tu Amor y Misericordia: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

viernes, 1 de noviembre de 2013

EN COMUNIÓN CON LOS QUE YA HAN LLEGADO

(Mt 5,1-12a)

La comunión de los santos, la festividad que hoy celebramos, es la unión de todos, los que ya han llegado y gozan de la felicidad eterna junto al Padre, ¡dan envidia!, y de las que caminamos todavía en este mundo en dirección a la Casa del Padre. También de aquellos que esperan en el camino purificar sus pecados (Purgatorio)  hasta quedar limpios y entrar en el Reino del Padre Dios.

Es día y momento de celebrar de manera marcada y especial la Vida. Bien es verdad que la celebramos todos los días, pero hoy lo hacemos sobresaltando esta esperanza y realidad a la que aspiramos llegar todos. Y el camino queda marcado y señalado por el sermón que Jesús dirige hoy a la muchedumbre concurrida en aquel monte.

Porque estar junto al Padre y gozar de su presencia, presupone todo lo que Jesús nos proclama en el Evangelio de hoy: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Vivir según este estilo de vida que Jesús nos marca, es caminar bien orientado y con paso firme a compartir con los santos que ya han llegado, esa unión que precisamente hoy celebramos.