sábado, 11 de mayo de 2019

¿TE FÍAS DE JESÚS?

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Vivimos momentos confusos, oscuros y donde ver la luz se hace cada día más difícil. La lucha es intensa cada día y difícil de contrarrestar desde el punto de vista cristiano. Los valores cristianos se derrumban y muchos tratan de derrumbarlos. Sabemos que no es nada nuevo, pues ya pasaba en tiempo de Jesús. El mismo lo dice: «Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?». Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: «¿Esto os escandaliza? ¿Y cuando veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?. El espíritu es el que da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Pero hay entre vosotros algunos que no creen»

No ha cambiado nada. La sociedad actual, los pueblos de hoy siguen en la misma actitud. Se alejan de Dios, y no sólo eso, sino que tratan de alejar también a los demás de Dios. Quieren desterrar de Europa, y entre ellas, España, de sus raíces cristianas. Se ha perdido la fe porque el diablo está trabajando para eso y distrayéndonos con las seducciones del mundo y la carne. 

La fe no es sino el resultado de fiarse de la Palabra de Dios, de la misma forma que te fías de otros en este mundo, con la única diferencia que Dios no te engaña y el mundo probablemente sí, pues se busca él y no busca tu bien. Porque, fiarse siempre te trae dudas, incertidumbre y muchos interrogantes que tú sólo no puedes discernir o descubrir, y menos entender. Por la misma experiencia pasaron los apóstoles., sin embargo, ellos acertaron en perseverar y fiarse obedientemente de la Palabra del Señor.

Nosotros ahora tenemos el testimonio de los apóstoles y un testimonio de experimentar a Cristo Resucitado. Hay razones solidas para creer. Y también tenemos el testimonio de la Iglesia y su labor de continuar la evangelización y proclamación de la Palabra de Dios. Porque, sí, el Espíritu está por encima de la carne y sin Él la carne no tiene ningún valor. Es el Espíritu quien nos sostiene y nos da la vida, pero Vida Eterna. Y es la Palabra la que nos acerca al Señor y nos sostiene cerca de Él y atentos a su Palabra. Palabra que, como dice Pedro, es la única Palabra de Vida Eterna.

viernes, 10 de mayo de 2019

ALIEMENTO QUE DA VIDA ETERNA

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Jn 6,52-59
Jesús es el alimento que nos da Vida Eterna y para ello hay que conocerlo. Es el mismo quien nos dice muy claramente: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él».

Comer tiene un significado simbólico y se trata de ir asimilando ese alimento espiritual que nos vaya haciendo como el Señor. Es decir, parecernos a Él; ir asimilando su mismo estilo de vida y sus mismos sentimientos para con los demás. Por eso, se hace necesario la comunión, en y con Él a través de la Eucaristía, como alimento espiritual. 

Por y para eso se ha quedado real y presente bajo las especies de pan y vino en el Sagrario. Y nos ofrece su carne y su sangre en cada Eucaristía como alimento espiritual que nos sostiene, fortifica, transforma y nos convierte para que vivamos según su Palabra. Necesitamos comulgar para mantenernos en unión con Él, pensar como Él, hablar como Él, hacer y actuar como Él realizando las mismas obras y aun mayores - Jn 14, 12 - y, sobre todo, para amar como Él.

En la Eucaristía Jesús se nos manifiesta real y presente y nos unimos a Él espiritualmente para actuar, pensar, sentir y vivir como Él y junto a Él. Porque sin Él no podremos hacer nada. Es en esos momentos cuando advertimos lo pequeños que somos y lo lejos que estamos de su estilo de vida, de sus sentimientos y de, al menos, aproximarnos a parecernos a Él. 

Descubrimos nuestras pobrezas, nuestras miserias y nuestros pecados. Experimentamos la infinita distancia que estamos de Él y, sobre todo, la necesidad que tenemos de estar a su lado, comer su carne y beber su sangre para, de ese modo, ir asimilando su estilo y sus mismos sentimientos.

jueves, 9 de mayo de 2019

EL ALIMENTO QUE DA VIDA

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Jesús ha Resucitado y se ha quedado en la Eucaristía para que le tengamos siempre con Él. Se ha quedado como alimento espiritual que nos da la vida y nos sostiene ante las dificultades y tentaciones de cada día. Se ha quedado porque sabe que le necesitamos y porque de quedarnos solos caeríamos en la garras del demonio. En Él encontramos vida y Vida Eterna.

Su presencia eucarística queda confirmada porque el mismo nos lo dice: «Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo»

En cada Eucaristía nos encontramos con Jesús, y podemos alimentarnos del alimento espiritual de su Cuerpo, que nos fortalece, nos sostiene y nos capacita para resistir todas las tentaciones que nos puedan venir del mundo, demonio y carne. Cada Eucaristía nos enseña y nos ilumina con su Palabra y también con su presencia real en nosotros inundándonos de su Gracia y nos mueve el corazón al amor.

Necesitamos su alimento para crecer en fervor, en fraternidad, en generosidad, en compartir y darnos en servicio, en las medidas de nuestras posibilidades a todos aquellos que lo necesitan y están en esa actitud de dejarse ayudar. Por nuestra naturaleza estamos vencidos y sometidos por el pecado, pero, por la Gracia Eucarística de nuestro Señor, presente en la Eucaristía, podemos vencer y liberarnos de la esclavitud del pecado.

Por eso, Señor, queremos alimentarnos de tu Cuerpo y de tu Sangre, que has querido dejarnos como alimento espiritual que nos conforta y nos da la Vida Eterna.

miércoles, 8 de mayo de 2019

LA CLAVE ES CREER

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Jesús ha venido para hacer la Voluntad del Padre, y la Voluntad del Padre es que creamos en su Hijo, que Él ha enviado para darnos y señalarnos el camino de salvación. Pero, a pesar de las veces que Jesús nos ha dejado claro que Él es el enviado y quien crea en Él alcanzará la Vida Eterna, los hombres y mujeres de este mundo se empeñan en no creerle ni en seguirle. ¿Qué es lo que nos ocurre?

La Voluntad del Padre es que resucitemos en su Hijo el último día. Es decir, al final de los tiempos. ¿Y qué tenemos que hacer para alcanzar la resurrección? Simplemente, ir hacia Él. Es decir, seguirle y esforzarnos en hacer su Voluntad, que no se trata de algo inhumano o heroico, sino simplemente de buscar el bien, la justicia, la paz, la misericorida y, en una palabra, el amor. Y eso, cada cual, donde esté y donde se encuentre.

Jesús, el Señor, es el Camino, la Verdad y la Vida, y nuestro camino debe centrarse en ese empeño de seguir los pasos de Jesús. Eso significa que debemos ponerlo en el centro de nuestro corazón y de caminar unido a Él. ¿Cómo? A través de la oración, los sacramentos, de forma especial, la Penitencia y la Eucaristía. A través de la comunidad, de la reflexión diaria de su Palabra, de la reflexión diaria de nuestra vida de cada día contrastándola con nuestro vivir y obrar diario desde la mirada fija en Jesús.

La clave es creer y no atemorizarnos por las dificultades, problemas, peligros y amenazas que en nuestro camino diario se nos vayan presentando. La clave es confiar y tener fe en el Señor. Ha venido para salvarnos y para darnos Vida Eterna, y sólo nos pide creer en Él. Todo lo demás irá viniendo por añadidura y por la Gracia y Misericordia de Dios.

Tratemos de confiar y de meditar con seriedad y profundidad las Palabras de nuestro Señor Jesús. Él actúa enviado por el Padre y para cumplir la Voluntad del Padre, que no es otra sino la de darnos la Vida Eterna.

martes, 7 de mayo de 2019

CREER EN SU PALABRA


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Jn 6,30-35

Hay momentos que todo nos parece bien y la alegría y la paz inundan nuestra alma. Hay momentos en que todo nos sabe a gloria y creer en Jesús nos parece lo más natural y lo más fácil. Incluso, llegamos a pensar cómo se puede vivir sin creer en Jesús. Pero, todo cambia, y aparecen momentos en que la vida no resulta ni parece de color de rosa. Todo se vuelve ahora difícil, agrio, doloroso, y nuestra fe empieza a resquebrajarse y a llenarse de dudas y de sentimientos de abandono. ¿Qué nos sucede?

Son esos momentos cuando necesitamos sostenernos en la fe y la esperanza. Son esos momentos cuando se hace más necesario que nunca creer en la Palabra del Señor. Son esos momentos cuando nuestra confianza debe superar la prueba de la confusión y el desespero. Son esos momentos cuando debo creer que Tú, Señor, eres el Pan de Vida Eterna que llena mi vida y le das verdadero sentido y plenitud.

Aquel alimento, el maná que caía del cielo, con lo que se alimentó el pueblo en su camino por el desierto después de salir de Egipto, no era la plenitud del verdadero alimento que, ahora, es consumado y pleno en Jesús. Él es el Pan caído del Cielo que nos da la Vida Eterna y nos fortalece ahora en nuestro camino terrenal. Mientras que Moisés solicito para el pueblo de Israel un alimento material para superar aquella travesía por el desierto, el alimento de ahora, encarnado en Jesucristo, es el verdadero Alimento que nos da la plenitud de la Vida Eterna.

Estas son sus Palabras que nos llenan de gozo y de satisfacción y que nos invitan a buscarle y a alimentarnos, tanto de su Palabra como de su Sangre y Cuerpo espiritualmente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».

lunes, 6 de mayo de 2019

INTERESA LO QUE PERDURA Y NO MUERE

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Jn 6,22-29
Una de las cosas más estimadas por la persona humana es buscar aquello que es bueno y perdurable. Cuando compramos algo buscamos que sea bueno, bonito y barato. Y yo añadiría ahora que dure bastante. Es una de las características que nos gusta y más buscadas. Interesa lo que perdura y no muere. Claro, aquí en este mundo sabemos que todo perece y tiene su tiempo.

Por eso, conviene buscar lo que no perece. Es lo que nos aconseja hoy Jesús, que se da cuenta que lo buscan simplemente porque se han saciado de alimento cuando han estado con Él: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello».

Eso es lo verdaderamente importante. ¿Y qué significa eso que nos dice Jesús? Pues, que el alimento de aquí abajo es un alimento temporal, que nos sacia para unos momentos, pero que más tarde tendremos de nuevo que alimentarnos. Un alimento que perece y que no nos da la Vida Eterna. Es ese el alimento que tenemos que buscar y que solamente lo encontraremos en Jesús.

Por todo ello, busquemos a Jesús motivados, no por lo que de material podamos conseguir, sino buscando la Gracia que Él nos da y que nos lleva hasta la Vida Eterna. Es esa agua que prometía a la samaritana cuando le hablaba de esa agua que salta hasta la Vida Eterna - Jn 4, 5-42 -. 

Porque, todo lo de aquí abajo no sirve sino de forma temporal. Y, es verdad, lo necesitamos, pero de forma transitoria y sistemática, porque lo que nos salva es la presencia y nuestra cercanía con Jesús. Es Él el Camino, la Verdad y la Vida, y sin Él no encontraremos la forma de llegar a la Casa del Padre.

domingo, 5 de mayo de 2019

APARTADOS DEL SEÑOR NOS ENGULLE EL MUNDO

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Jn 21,1-19
A pesar de las apariciones del Señor, los apóstoles no reaccionan. Están desolados y desorientados. Quieren volver a su actividad anterior. Deciden ir a pescar, y como a una sola voz todos se lanzan a la actividad de la pesca. ¿Nos ocurre a nosotros lo mismo? Cuando nos apartamos del Señor solemos volver a la rutina de nuestra vida. Nuestro trabajo, nuestras aficiones y entretenimientos y nuestra vuelta a la vida en el mundo que estamos inmersos.

Quizás se te haya pasado un poco la euforia pascual, o te hayas relajado un poco en las aguas de este mundo que, sin darnos cuenta, nos mecen dulcemente o nos violentan fuertemente hasta alejarnos de la presencia del Señor. Posiblemente hayamos salido a pescar, a cultivar, a alguna actividad que nos ayude a pasar el tiempo y eso nos haga perder la mirada en el Señor. Pero, Él no se va de nuestro lado y te espera en la playa, en el campo o en donde tú estés. Quizás, el problema sea que tú y yo no lo veamos.

Tratemos de darnos cuenta, tal y como hizo Juan. Y respondamos como Pedro, que, oyéndolo, se lanza al mar en busca del Señor. Busquemos al Señor y respondamos a su llamada poniéndonos en sus Manos y dejando que nos transforme nuestro corazón, empobrecido por el mundo, en un corazón manso, generoso y dado a proclamar el anuncio de la Buena Noticia de la Resurrección del Señor.

El Señor nos enseñará a pescar, a pescar hombres para su Reino. Porque, sumergidos en el mundo, los hombres se pierden, se ahogan y se condenan. Les falta el oxigeno de la vida espiritual que los purifica y los limpia de todo pecado y les da vida eterna. Él nos da el alimento necesario para que encontremos la fuerza necesaria para ser pescadores de hombres. Porque, a partir de nuestro bautismo todos estamos llamados a dar testimonio de esa nueva vida que nos hace hijos de Dios y coherederos con su Hijo, nuestro Señor, de su Gloria.