viernes, 7 de enero de 2022

GALILEA DE LOS GENTILES

 

La profecía de Isaías dice: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz»

Y todo lo profetizado en Jesús se cumple. Arrestado Juan empieza Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los Cielos» Recorría toda Galilea predicando en las sinagogas, anunciando la Buena Noticia y curando enfermedades y dolencias por todos los lugares donde pasaba. Pronto su fama se extendió por toda la región.

Posiblemente acudían a Él por la fama de curar enfermedades, dar la vista a los ciegos, andar a los paralíticos y expulsar a demonios…etc. Y hoy nos sucede igual. Acudimos al Señor pensando que la vida nos va a cambiar y que los problemas se van a resolver y, de no ser así, nos alejamos y le damos la espalda. Muchos buscan soluciones materiales pero no se cuidan de crecer espiritualmente ni de acoger en sus corazones esa Buena Noticia de la que Jesús nos habla y nos invita a ser partícipes.

De cualquier forma, la Iglesia está siempre ahí para acoger y atender a todo el que se acerca y está necesitado – Cáritas – siguiendo el mandato de su fundador, nuestro Señor Jesús, y abriendo, como Él nos enseñó, los brazos a todo el que se acerca con buena intención y necesita ayuda. El amor no tiende bandera ni frontera, ni exige nada. Sólo se da gratuitamente en beneficio de buscar el bien, dar felicidad y gozo. Pero, sólo quienes, correspondiendo y dando eso que reciben serán también recompensado de la misma manera: Vida Eterna en gozo y plenitud.

jueves, 6 de enero de 2022

SORPRENDENTEMENTE, LAS PROFECÍAS SE CUMPLEN EN JESÚS

Mt 2,1-12

¿Lo has advertido, o, todavía, no te has percatado de esa sorprendente maravilla? En Jesús, desde la profecía de su nacimiento, su propio nacimiento y su camino hasta la Cruz, todo lo profetizado en Él tiene su hora y su cumplimiento. ¿No te parece eso ya milagroso y una prueba evidente de la Divinidad de Jesús? Las lecturas tanto del Antiguo testamento como del Nuevo revelan esas profecías que van cumpliéndose en cada momento de la Vida de Jesús.

«Is 60, 1-6» y «Ef 3, 2-3ª. 5-6» hacen referencia a esas profecías que vaticinan la adoración de los pastores y magos de Oriente – que luego se producen – y hablan de la universalidad de la salvación que significa y trae el Nacimiento del Niño-Dios – nuestro Señor Jesús – a la humanidad necesitada de redención.

Es, pues, sorprendente y admirable como todo lo profetizado va tomando vida y cumplimiento en la Vida de Jesús. Y, esa realidad, debe hacernos pensar que Jesús no es simplemente un personaje importante y destacado en la historia de la humanidad, sino, todo lo contrario. Es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo de quien nos habla Juan el Bautista y nos anuncia que su Reino – que es Él – está entre nosotros. Y, Juan el evangelista nos certifica con su testimonio que el Verbo – que era Dios – se hizo carne y habitó entre nosotros.

Ahora, visto lo visto, y, oído lo oído, lo único y verdaderamente importante es lo que piensas tú. Porque, de eso, dependerá tu salvación

miércoles, 5 de enero de 2022

LA FE MUEVE A LA BÚSQUEDA Y PROPICIA EL ENCUENTRO

 

Es evidente que cuando se tiene fe en algo se activa el deseo de alcanzarlo. Es indudable que la fe te mueve y propicia la búsqueda y el encuentro. Y, sobre todo, cuando eso que se busca es bueno, conviene y nos hace felices, esa búsqueda no se queda en nosotros, sino que se mueve hacia el exterior, con y en el deseo de darlo a conocer. Porque, lo bueno se quiere siempre dar para que otros también lo disfruten.

La experiencia del encuentro con Jesús nos mueve a comunicársela a otros. Nos ha dejado tan sorprendidos, tan felices y gozosos que queremos decírselo a los que no le conocen o no han tenido esa experiencia de encuentro con Él.

Felipe, en el caso que nos ocupa lo hace con su amigo Natanael. Le habla de su encuentro con Jesús y le invita a conocerle. Y, realizado el encuentro, tal como nos revela el Evangelio, Natanael, a lo que le dice Jesús «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» responde:

¿De qué me conoces?

Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.

¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

Ahora, nos conviene pensar, ¿cuál es nuestra propia experiencia con Jesús? ¿Le conocemos? ¿Hemos tratado de buscarle y tener un encuentro, una conversación, diálogo con Él? ¿No crees que, como ocurrió con Natanael, Jesús nos conoce?

Nuestro destino es el Cielo. A eso y para eso hemos sido creados. Nunca para pasarlo mal, y menos eternamente, sino para vivir en gozo y plenitud de felicidad eternamente. Esa es nuestra meta y la que todos sentimos en lo más profundo de nuestros corazones. Y de no conseguirla seremos infelices. Y lo peor es que perdamos el tiempo y sea para siempre.

Los que tenemos unos años sabemos – por nuestra propia experiencia – que en este mundo no se encuentra esa felicidad que buscamos. Por lo tanto, si la sentimos y deseamos es porque existe. Y Jesús nos descubre y revela ese tesoro donde se encuentra eso que tanto buscamos. Está en su Palabra y en su Infinita Misericordia. Él es ese gozo pleno y eterno que tanto buscamos.

martes, 4 de enero de 2022

QUIÉN BUSCA ENCUENTRA, PERO, ¿SIENTES LA NECESIDAD DE BUSCAR?

 

Posiblemente, aquellos dos discípulos que estaban con Juan sentían necesidad de buscar. Evidentemente, Juan los había preparado para acoger al Mesías esperado, que Juan lo presentaba como anterior a él y que ya existía antes que él. De modo, no extraña, que al ver pasar a Jesús, Juan dijera a sus discípulos: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.

La reacción de ellos «nos dice el Evangelio» no fue pasiva sino todo lo contrario. Se activaron y siguieron a Jesús. Se descubría en ello unas ansias de encontrar al Mesías, al Libertador esperado según los Profetas y, sobre todo, lo anunciado por Juan. Pero, sucedió «sigue diciéndonos el Evangelio» que Jesús, al ver que le seguían, les dijo: ─¿Qué buscáis?

Ellos le respondieron: Rabbí «que quiere decir, “Maestro”» ¿dónde vives?

Les respondió: ─Venid y lo veréis.

Y nos dice el Evangelio que fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima.

También, sin lugar a duda, a ti y a mí también, se nos acerca el Señor y pasa por nuestro lado. Quizás no tengas quien te haya dicho mira, ese es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, pero, con toda seguridad, hay o habrá un momento en tu vida que alguien, bien por un buen ejemplo, bien con una palabra o una buena obra te ha indicado que Jesús vive y está presente en tu corazón. La cuestión es tener sed, andar en su búsqueda y estar atento a su Palabra. El Señor no te ha creado para dejarte tirado y sin posibilitar que tú le veas y le sientas. Otra cosa es que tengamos cerrado los ojos de nuestro corazón y solo los abramos para las cosas de este mundo

lunes, 3 de enero de 2022

JESÚS, SEÑALADO POR JUAN

 

Juan señala a Jesús como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. En el Evangelio de hoy lo dice claramente: (Jn 1,29-34): Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel».

Juan habla muy claro hasta el punto que lo que dice queda meridianamente tan claro que no hay ningún punto necesitado de aclaración. Juan no se equivoca. Sabe que Jesús es el Mesías esperado que él tanto ha anunciado invitándonos a prepararnos a su venida con un bautismo – de agua – y de conversión. Y Jesús, tras su vida, lo confirma al entregar su Vida – según la Voluntad del Padre – Is 53, 7 Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió El su boca.

Entrega su Vida libre y voluntariamente desde la Voluntad de su Padre para el perdón de tus pecados y los míos. Sin lugar a duda, ese es el fundamento de nuestra fe, la muerte y Resurrección de Jesús. Una Resurrección que te ofrece a ti, y también a todos, desde la libertad para que la aceptes, la tomes y la acojas. Una Resurrección para compartir con Él la Vida Eterna en plenitud de gozo y felicidad. Simplemente, lo único que te pide es que te fíes de su Palabra y creas en Él. Lo demás correrá de su cuenta porque su Misericordia es Infinita.

domingo, 2 de enero de 2022

Y EL VERBO ERA DIOS

 

En el comentario del Evangelio diario – en la Compañía de Jesús – se dice: Plinio el joven, en la carta que, como gobernador de Bitinia, dirigió al emperador Trajano el año 111 preguntando cómo debía resolver las acusaciones contra los cristianos, afirma que estos «cantan un himno a Cristo como Dios».

Uno de aquellos himnos bien pudo ser el prólogo al evangelio de Juan arriba reseñado. Y cito este comentario como prueba de la historia que certifica y narra esos momentos donde ya se proclamaba a Cristo como Dios. Es decir, el Verbo era Dios. Así lo proclama Juan en su Evangelio: (Jn 1,1-18): En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su…

Es evidente que todo lo creado, tanto visible como invisible, tiene un creador. Juan, testigo directo de su muerte y Resurrección, testifica y lo proclama como la Palabra sin la cual nada se hizo. Y la Palabra era Dios. Esa es la clave, Jesús, es el Señor, la avala y testifica Juan el evangelista y otros muchos más apóstoles que estuvieron con Él después de su muerte, ya Resucitado. Y esto, ocurrido hace ya más de dos mil años, sigue vigente y actual. La razón, está clara, Jesús Vive y está entre nosotros y nos da la fuerza, la fe y la esperanza de resucitar con Él. La decisión está en tus manos.