miércoles, 26 de enero de 2011

ESTADIOS, PANTALLAS Y MODERNOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN (Mc 4, 1-20)


Hoy, nuestro PADRE DIOS sigue sembrando, sigue hablándonos cada día a través de su Palabra, conservada en sus apóstoles reunidos en su Iglesia, bajo la dirección del sucesor directo de Pedro. Bien, es verdad, que ha cambiado el escenario. Hoy no hay mar, barca y playas, al menos no se suele hablar desde ahí, han sido sustituidas por estadios, pantallas y medios de comunicación, pero la lección es la misma, la siembra es igual y los frutos esperados dependerá de la clase de tierra donde caiga la semilla.

Y la tierra, nuestra tierra, necesita ser removida, preparada, abonada y cultivada con el estiércol de nuestra propia basura, con el sacrificio de nuestro propio esfuerzo, con el abono de nuestra disponibilidad y cantidad de amor, con el riego de nuestra tenacidad, constancia y perseverancia, con la entrega dispuesta de la libertad que se nos ha dado. Sólo así la semilla dará frutos.

Porque, el fruto de santidad esperado, es obra del ESPÍRITU SANTO que nos acompaña en los preparativos, en la removida de nuestra propia tierra, en la labor del abono y cultivo, y en la purificación del estiércol que invade nuestro espíritu. Y nos fortalece para disponernos, para perseverar y darnos totalmente. Todo es Gracia del PADRE, pero necesita nuestra libertad para que la siembre sea productiva y halla conversión.

SEÑOR, que el estiércol y basura 
de mi vida sirvan para que
tu siembra sea productiva.

Haz que mi corazón retoñe
como primavera florida
y de los frutos que 
TÚ esperas recoger. Amén.

martes, 25 de enero de 2011

CONVERSIÓN ES CAMBIAR DE RUMBO (Mc 16, 15-18)


La fe es un encuentro con CRISTO, un encuentro que nos sacude desde la cabeza a los pies y nos transforma. Lleva su tiempo, porque el SEÑOR no parece gustar hacer las cosas repentinamente, aunque como SEÑOR de todo lo puede hacer, pero su forma de proceder parece ser así, al menos es lo que la tradición y la experiencia nos dicen en la vida de muchos santos y apóstoles, entre ellos, el gran San Pablo, que de perseguidor pasó a ser el más ferviente de sus discípulos y defensor de su causa.

Pero, primero pasó unos años preparándose y reafirmando su verdadera conversión ante sus hermanos los apóstoles. Convertirse es consecuencia de una experiencia vital con Aquel que nos llama, que nos espera, a pesar de nuestros rechazos e indiferencias. Es experimentar que lo que buscamos: "ser felices eternamente", está en ÉL y no en otro lugar o cosas. Y, claro está, que cuando uno experimenta vitalmente eso, que es el mayor tesoro que busca, y lo encuentra, corre velozmente a vender todo lo que tiene para comprar ese hermoso y eterno tesoro.

Vender todo lo que tengo es olvidarme de mí, es sentirme lleno de la Gracia del ESPÍRITU SANTO y ponerme a su disposición. Todo, como decía Pablo, lo estimo basura y de segundo orden, para dar al SEÑOR el primer puesto en mi corazón. El resto se irá realizando, según la Gracia del ESPÍRITU, en el camino a recorrer según el tiempo de nuestra vida.

Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación es la propuesta que JESÚS nos encomienda, porque experimentado su encuentro no hay mayor gozo que proclamar y transmitir ese tesoro eterno que se ofrece a todos. La Gracia es tan plena que nos invade a rebozar y contagia. No se puede contener y guardar sino que se transparenta y se transmite con la alegría y el gozo de haber encontrado lo  que buscamos.

Prueba de que el encuentro se ha dado es el nuevo rumbo que nuestro camino toma, porque experimentar a CRISTO sólo te deja una opción: "Seguirle". ÉL es nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida y cuando encuentras tu verdadero Camino, nunca querrás perderlo porque en ÉL está la salvación que buscas.

Como Pablo, SEÑOR, que hoy
conmemoramos su conversión, haz
que nunca me separe de TI, y que
como él sea fiel testigo y transmisor
de tu Mensaje.

Llename con tu Gracia recibida de tu
Santo ESPÍRITU, y dame la fortaleza, 
sabiduría y paz de poder con mi
palabra y vida ser testimonio
de tu Mensaje. Amén.

lunes, 24 de enero de 2011

TODOS NUESTROS PECADOS SERÁN PERDONADOS (Mc 3, 22-30)


Es una gran alegría tomar conciencia de la promesa de JESÚS: "Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean". Estamos, pues, perdonados y, por consiguiente, salvados, y eso es una gran noticia que debemos conservar siempre fresca. Sobre todo en los momentos bajos, de desilusiones, de sentimientos de huidas, de dejarlo todo y volver a las andanzas, al descontrol y los apetitos.

Estar salvado significa que alcanzaremos la Casa del PADRE , y eso es el mejor regalo que se nos puede dar. Mirando esa promesa tendremos fuerza cuando nuestra pobreza y limitaciones no den lo que esperamos dar, cuando nuestros fallos nos derrumben y nos aconsejen la retirada.

No quiero fijarme en otra cosa hoy, porque esta promesa me da mucha esperanza y fortaleza. Sentirme salvado es sentirme victorioso y triunfador y eso es lo más grande que nos puede ocurrir. Simplemente tengo que quererlo, que desearlo y poner toda mi pobreza y miserias en Manos del ESPÍRITU SANTO, para que guiado por ÉL llegue al puerto del gozo eterno.

Claro está que, aquello que no se desea no se puede conseguir, pues eres libre y si tú no quieres entrar en el Reino de los Cielos, no entras. Nada se puede hacer con aquel que rechaza la dirección, el acompañamiento y la asistencia del ESPÍRITU SANTO, porque somos pecadores, débiles, limitados y, por nosotros solos, no podremos conseguir el mérito de la salvación. Necesitamos la fuerza y la acción del ESPÍRITU para llegar a la Casa del PADRE.

Esa obstinación por nuestra parte es lo único que nos puede apartar de ser felices, porque es obvio entender que todos queremos ser felices, ¡no?. Pues lo único que nos aparta de conseguirlo es el pecado contra el ESPÍRITU SANTO. Es decir, el rechazarlo, el no reconocernos pecadores y limitados. Por eso necesitamos ser humildes y reconocernos como tal.

Y eso es lo que está ocurriendo en el mundo que nos rodea. El hombre se ha erigido en dueño y señor de sí mismo, y pretende caminar sólo rechazando la asistencia de DIOS en el ESPÍRITU SANTO. Ese es el pecado que nos pierde.

SEÑOR, que no me aparte nunca
de TI, y que como María,
tu Madre, sepa dejarme
modelar por tu ESPÍRITU
según tu Voluntad. Amén.

domingo, 23 de enero de 2011

RECORRIENDO GALILEA (Mt 4, 12-23).


Al acontecer la muerte de Juan, JESÚS se retira a Galilea. Es tiempor de discernir y de guardar cierta prudencia. Sus enemigos están decididos a matarlo como acaban de hacer con Juan, por lo tanto, es prudente una huida como la de Egipto. Huida que no es cobardía sino tiempo de espera, de aguardar la hora y el momento.

Mientras, alejado del inminente peligro, recorre Galilea proclamando la Verdad del Reino para el que ha sido enviado. Verdad que no le detendrá ante nada y que por encima de todo proclamará según la Voluntad de su PADRE. Y prepara su Iglesia elegiendo a Pedro y Andrés, a Santiago y Juan, a los que les invita a seguirle y les promete hacerlo pescadores de hombres.

Es tiempo de proclamar y curar toda dolencia y enfermedad, y de discernir en la oración que camino debemos tomar enfrentandonos a nuestros propios miedos y huidas, porque sólo en la oración silenciosa y serena de nuestro corazón encontramos la verdad de nuestros actos y si obedecen a cobardía, huida o falta de fortaleza. Sólo en la oración encontramos la paciencia y la paz de nuestros males y desesperos, para aceptarlos y superarlos en la esperanza de alcanzar el gozo eterno.

Es hora de tomar decisiones y recorrerla, porque dicidir se conjuga con actuar ya que si no es así el tiempo queda incompleto. Seguir es proclamar y vivir la Verdad proclamada haciéndola vida en mi vida, sin miedos ni huidas, con prudencia y valentía, y confiados en el ESPÍRITU que nos guía, nos alumbra y nos fortalece para el empeño. Sólo, y es mucho, depende del sí decidido y con paso firme como hicieron Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan, y otros muchos a los que eligió.

Dame, SEÑOR, la paciencia, la
serenidad y paz que necesito
para no desesperar, para no
huir ni temer. Sólo confiar
en TÍ sabiendo que con
tu Gracia todo es posible. Amén.

sábado, 22 de enero de 2011

NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA (Mc 3, 20-21)


Es cosa bien sabida que se nos valora y estima más fuera de casa que en nuestra propia casa. Esa experiencia, que todos hemos experimentado muchas veces en nuestra vida, el refranero tradicional la resume de la siguiente manera: "Nadie es profeta en su tierra". Y es que a quien está a nuestro alcance y conocemos le damos muy poco valor. Sólo nos apercibimos de ello cuando nos falta o no es de lo nuestros.

JESÚS, uno más entre ellos, es cuestionado por sus orígenes, y sabida su procedencia de Nazaret, hijo del carpintero José y la sencilla y humilde María, sus palabras tienen poco crédito y valor. En su misma tierra no se le escucha y se le tiene por loco o fuera de sí. Su celo apostólico lo encasilla como un obsesionado y un maniático.

Ahora, podríamos preguntarnos, ¿hacemos nosotros lo mismo? Porque ocurre que nosotros actuamos de la misma forma, desoímos la voz del Papa, de la Iglesia y de aquellas personas que nos interpelan o nos interrogan con su palabra y conducta al igual que muchos otros lo hicieron con JESÚS. Muchos de nosotros hemos vivido en nuestra propia carne indiferencia, insultos, marginación y hasta se nos ha tachado de fanático, de que nos han lavado el coco o de loco.

No se nos tiene en cuenta y se nos toma a risa nuestras propuestas, nuestras manifestaciones litúrgicas, oraciones y nuestros actos molestan porque descubren la verdad y remueven las conciencias. Es entonces cuando somos reos de persecuciones y de muerte. A JESÚS lo siguieron hasta matarlo, y a nosotros nos puede pasar lo mismo, de hecho está pasando en muchos países.

Que nunca, SEÑOR, sea indiferente 
a tu Palabra, y que siempre esté
dispuesto a defenderla con mi
palabra y vida antes que,
por miedo, callar y
esconderme. Amén.

viernes, 21 de enero de 2011

COLEGIO APOSTÓLICO (Mc 3, 13-19)


Doce fueron los elegidos, y nos preguntamos cómo fue esa elección y a que tipo de actitudes o cualidades correspondieron. Así y todo, uno de ellos rechazó tal elección porque entendió que su proyecto era mejor y no tuvo la paciencia y humildad de fiarse de JESÚS.

Nunca sabemos el por qué esas personas y a que tipo de perfil fue sometida la elección de nuestro SEÑOR JESÚS. Porque el SEÑOR hace lo que quiere y como quiere y siempre está en la Verdad, pues es el SEÑOR, creador y dueño de todo lo visible e invisible. 

Fueron elegidos para continuar su Misión aquí en la tierra y asistido con la promesa del ESPÍRITU SANTO que les acompaña revelándoles en cada momento la verdad y todo aquello que se ha quedado oculto a su entendimiento. Es la Iglesia que las primeras comunidades nos transmiten hasta nuestros días. De tal forma que, Benedicto XVI es fiel sucesor directo de aquel Colegio Apostólico presidido por Pedro, el primer Papa de la Iglesia.

Y hoy, JESÚS, también te elige a ti, porque como hermano suyo e hijo del PADRE del Cielo que lo envió, viene para llamarnos a la herencia que el PADRE nos tiene preparado. Y esa herencia tiene una condición: "Amar, amar y amar hasta el olvido de mí mismo". Ahí está tipificada y contenida, por expresarlo de alguna forma, nuestra llamada y vocación.

En la elección del Colegio Apostólico, todos hemos quedados llamados, unidos en la Iglesia, a caminar juntos amándonos los unos a otros al estilo y como nos amó JESÚS. Esa es nuestra misión, que cada uno tiene que descubrir en su propio ambiente, en el entorno que ha sido ubicado y compone su propio mundo.

Pidamos, todos juntos, la Gracia de
descubrir nuestra propia misión
dentro del lugar donde el PADRE 
nos ha querido situar, fieles al
estilo que JESÚS nos enseñó. Amén.

jueves, 20 de enero de 2011

REALMENTE, ¿QUÉ BUSCAS Y A QUIEN BUSCAS? (Mc 3, 7-12)


No cabe ninguna duda que todos buscamos la felicidad. Felicidad que se concreta en tener un buen trabajo, pero siempre si es mejor que el actual, mejor; tener una buena casa, y si puede ser mejor, mejor que mejor; tener salud, dinero, amor, pero un amor más de eros que de ágape; tener prestigio, poder y... todo aquello que nos procure bienestar, gozo y felicidad.

Y, quizás, en aquellos tiempos, como ahora, buscamos todo eso en donde creemos que lo podemos conseguir. Para muchos, contemporáneos de JESÚS, fue el propio JESÚS, y para otros muchos, en cada momento de su época, también es JESÚS. Posiblemente, ahora, buscamos resolver esos deseos en JESÚS y si no lo logramos o no vemos resultados, nos desilusionamos y nos retiramos a probar por otros lugares y en otras cosas.

Nos olvidamos de JESÚS y rechazamos lo que ÉL nos propone como fuente de felicidad y gozo. No aceptamos esa agua que ÉL nos brinda y que promete saciar nuestra sed hasta la vida eterna. Realmente es lo que queremos, pero si no lo vemos, nos decimos, no lo creemos. Y demandamos resultados más inmediatos, rápidos, gozos que nos satisfagan ahora, en este momento, y sin mucho esfuerzo, sin sacrificios, lo más cómodo y fácil que se pueda. Es la época de lo light, lo ligero, lo suave, lo que no exige ningún compromiso ni lucha.

 Así las cosas, muchos buscaran en el juego su felicidad, otros en el dinero, otros en el sexo, mal llamado amor, otros en el prestigio, poder, fama...etc. Todos buscamos más y con ello conseguir y alcanzar la felicidad. Pero esa felicidad siempre estará en movimiento. Nunca estará al alcance de ser conseguida plenamente, se evapora, se deshace y se esfuma. Termina y caduca. Siempre nos deja con sed, insatisfecho, vacíos.

Queremos encontrar una felicidad eterna pero buscamos donde no está, porque todo lo que hay en este mundo en el que vivimos es caduco y tiene su fin. Sólo JESÚS nos lo puede dar, pero no le escuchamos, no es ese amor que nos propone la clase de amor que nosotros pensamos y ese, dar sin pedir nada a cambio, no entra en nuestras cabezas.

Aquí todo tiene un precio y todo se paga o se compra. Y para eso hay que luchar contra el otro, explotarlo, engañarlo, someterlo, esquilmarlo e incluso matarlo si hace falta. Yo y mis intereses egoístas están primero. Quiero la manzana y comérmela a mi manera, no como me lo digas tú Jesús. Y desde ese momento, la felicidad es cosa del hombre que quiere lograr por sí mismo.

Todos lo buscan, pero sólo aquellos que entienden que es el HIJO de DIOS y que su Reino no es de este mundo, creen en ÉL y tienen paciencia, abiertos, por su Bautismo, a la acción del ESPÍRITU SANTO, pueden encontrar lo que realmente buscan: la salvación de su cuerpo y alma, no sólo para un rato en este mundo, sino para SIEMPRE en la Vida Eterna junto a nuestro PADRE del Cielo.

Haz, SEÑOR, que no cese de buscarte,
que no pare de seguirte, y dame la
paciencia de perseverar.

Haz, SEÑOR, que, como un niño, me
 fíe de TI, que no me canse de 
esperarte, de creerte, de, 
a pesar de no entenderte, 
seguir a tu sombra como
el hijo que, sin su PADRE
no sabe a quien acudir. Amén.