miércoles, 1 de mayo de 2019

LA LUZ NOS DEJA VER CON CLARIDAD

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El Evangelio de hoy nos abre la mente. Claro, a quienes quieren abrirla y mirar de frente la Verdad. El Amor de Dios es Infinito y no está a nuestro alcance entenderlo. Es un hermoso y maravilloso misterio, porque todo lo que se desprende de él es bueno, agradable, apetecido, gozoso y no acabaríamos de ponerles epítetos tan hermosos y extraordinarios que nos suenan a música celestial. 

Dios nos ama tanto que nos ha creado para hacernos la vida agradable, gozosa y eterna. La realidad es que no sabemos ni cómo expresarlo. Es algo que ni siquiera podemos llegar a imaginarnos. Y ese amor es tan grande que, condenados ya por el pecado, encarnándose se ha hecho Hombre y ha bajado a este mundo para, igualándose como nosotros, acompañarnos a encontrar el único y verdadero camino de regreso a la Casa del Padre.

Pero, y aquí está la clave de la cuestión, no ha querido imponernos esa salvación, que habíamos perdido por el pecado, sino que nos ha, poniéndose Él primero en la fila y entregando su vida de forma voluntaria por nosotros, dejado la libertad de elegir por nosotros mismos. Una elección que exige confianza y fiarse, a pesar de no entender muchas cosas. La misma paradoja que vivimos con nuestros padres que, sin entenderles, nos fiamos de sus consejos y mandatos.

Ocurre lo mismo con el Señor. La distancia entre nosotros y Él es Infinita, y nuestra capacidad, limitada y pobre, no llega nunca a entenderle. Necesitamos fiarnos y creer en Él. Y eso es lo que nos propone. Te fías o no. En ese sentido eres libres para elegir y para jugarte tu salvación eterna. Porque, de no creer en Él quedas ya juzgado. Tendrá un crédito según los años que te queden de vida. pero te urge darte prisa, porque no sabrás nunca cuando acaba ese crédito. Puede ser en este mismo momento o...

Busca la luz, porque quien está en la verdad no se esconde y deja que sus obras sean vistas por los demás. Eso es indicio que tus obras están cargadas de buenas intenciones, y, aunque manchadas por el pecado, buscan la luz que las purifiquen y las limpien. Y, seguramente, la encontraran, porque es Dios quien te busca primero y sale a tu encuentro.

martes, 30 de abril de 2019

¿NOS DEJAMOS DIRIGIR POR EL ESPÍRITU SANTO?

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Jn 3,7-15
Quizás recibimos el bautismo y no incide de una forma decisiva en nuestra vida. Es decir, nos bautizamos y seguimos la misma forma de vida. No ha cambiado nada y, siendo los mismos, seguimos haciendo lo mismo. Y eso debe ser entendido como una mala señal o un mal signo. Porque, si por el bautismo nuestra vida sigue igual a como era antes de bautizarnos y no sufre ninguna transformación hacia una Vida Nueva, significa que le hemos cerrado la puerta al Espíritu Santo.

Y de eso somos nosotros directamente los responsables. Porque, se nos ha dado desde lo alto la capacidad para elegir y aceptar o no la acción del Espíritu Santo. Si bien, el hecho de bautizarnos debe ser signo de que hemos aceptado el recibirlo y darle la libertad de que actúe en nosotros. Pero, al parecer eso no sucede y comprobamos que muchos bautizados siguen luego sus propias iniciativas o apetencias sin tener en cuenta la acción del Espíritu Santo.

Precisamente, hoy nos lo aclara Jesús en el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu»

Nosotros podemos entender a que se refería Jesús, pues tenemos ventaja sobre Nicodemo y que nuestra Madre, la Iglesia nos lo ha enseñado y explicado. Pero, esa ventaja no significa que hayamos abierto nuestro corazón al Espíritu, sino que, peor aún, sabiéndolo lo tengamos cerrado a su acción. Y eso es muy grave para nuestra salvación. Dependerá, pues , de nosotros que el Espíritu Santo actúe y nos transforme, porque siempre respetará nuestra libertad en aceptarlo o no.

Recibir el bautismo significa que aceptamos y queremos ponernos en Manos del Espíritu para que, recibiéndolo nos transforme y nos dé esa Vida Nueva que viene de lo Alto y de la que nos habla Jesús. Una Vida Nueva que nos va a dar Vida Eterna en plenitud. Una Vida Nueva que transformará toda nuestra vida terrenal en los diferentes estados de profesional, cultural, deportivo, lúdico, familiar y, sobre todo, de piedad. Una Vida Nueva que se ve transformada y tocada por la Gracia de Dios.

lunes, 29 de abril de 2019

SEÑALES QUE DESCUBREN TU DIVINIDAD

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Mt 11,25-30
La Resurrección, Señor, deja con claridad meridiana la demostración de su Divinidad. Nadie tiene poder sobre la muerte, y Tú, Señor, eres Señor de Vida y de Muerte. Y es que sin Ti perdemos la vida y entramos en las tinieblas y la perdición. De nada nos valdría ganar este mundo si realmente perdemos la eternidad en plenitud de Vida gozosa en tu presencia.

Sin lugar a duda vamos experimentado, incluso por nosotros mismos, que son los sencillos, los humildes, sean de la condición que sean, los que se abren a la acción del Espíritu Santo y aceptan la filiación divina que nos viene de nuestro Padre Dios. O dicho de otra forma, sólo desde la humildad somos capaces de creer en Dios, nuestro Padre, y aceptar que Jesús es su Hijo, el enviado, para enseñarnos el camino hacia el Padre. 

Y esto lo va descubriendo nuestro Señor Jesús por su propia experiencia humana. Se va dando cuenta que su Palabra es aceptada por la gente sencilla, la que gente que se sabe creada por Dios y que cree que el Padre ha enviado a su único Hijo, el Mesías, encarnado en Jesús, para liberarnos de la esclavitud del pecado y enseñarnos el camino hacia la Casa del Padre. Y Jesús lo expresa de una manera extraordinaria y agradecida cuando dice: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Y consciente de nuestras debilidades y esclavitudes, el Señor nos invita a seguirle y a imitarle. A tratar de esforzarnos en parecernos a Él, no partiendo de nuestras fuerzas, frágiles y debilitadas por nuestra soberbia, por nuestra prepotencia y avaricia, sino descansados y apoyados en el Señor. 

«Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

domingo, 28 de abril de 2019

SE ACERCA EL MOMENTO DE LA BUENA NOTICIA

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Jn 20,19-31
Están todos los discípulos reunidos y convencidos de que Jesús, el Señor, ha Resucitado. Pero, todavía no han recibido el Espíritu Santo que los fortalecerá y les dará la sabiduría para proclamar la Buena Noticia. Mantienen las puertas cerradas por miedo a los judíos y no están preparados para el anuncio de la Buena Noticia. Se acerca, pues, el momento para que sean enviados por el Señor a esa proclamación. 

Es el primer día de la semana y Jesús se aparece entre ellos estando las puertas cerradas. Y les muestra sus Manos y Costado. Ellos se alegran, pero no están todos. Falta Tomás, y cuando llega los discípulos y le hablan de Jesús, él no se cree nada. Exige meter sus dedos en sus llagas y costado para creer. ¿Nos identificamos con Tomás? Porque, sucede que a nosotros nos ocurre algo parecido. No terminamos de creernos que Jesús ha Resucitado, y, aunque no nos resistimos como Tomás, posiblemente, en lo más profundo de nuestro ser, no estamos del todo convencido.

Al menos, el estilo de nuestra vida no lo transparenta de esa forma. Y es que cuando uno está convencido de algo, nuestra manera de actuar se nota y transmite ese convencimiento. Es lo que sucede después cuando, estando Tomas, se aparece, a la semana siguiente, el Señor. Y llamándole le muestra sus llagas y costado para que introduzca sus dedos. La respuesta de Tomás no se hace esperar: «Señor mío y Dios mío».

Sabemos por el Evangelio la respuesta que dieron también los discípulos. Ahora falta la nuestra. ¿Estamos también nosotros a responder de esa forma? ¿O quizás no estamos todavía lo suficientemente convencido de ello? Posiblemente, necesitemos mucha más ayuda para irnos convirtiendo. Pero, no perdamos nunca la esperanza y la fe. Sigamos al pie del cañón injertados en el Señor y esperando pacientemente a que su Gracia nos vaya transformando. Eso sí, estemos abiertos a la acción del Espíritu y dispuestos a dejarnos llenar de Espíritu Santo.

sábado, 27 de abril de 2019

¿DÓNDE HACES VISIBLES TU FE EN CRISTO JESÚS?

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Mc 16,9-15
Confesamos que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios hecho Hombre, pero, ¿dónde y cómo lo proclamamos? Porque, podemos decir y confesar que creemos en Él, pero no basta sólo con la nuestras palabras sino que también deben ir en la misma dirección nuestro estilo de vida. Y eso significa, no tanto en las obras, que muchas veces salen al revés de las intenciones que nosotros pretendemos, sino en nuestras buenas intenciones por hacer presente en Reino de Dios en este mundo. De ahí que siempre tratemos de actuar y obrar desde la acción del Espíritu Santo.

Hoy, el Evangelio, nos habla de como muchos de los apóstoles con creyerón, al principio, a las mujeres ni a aquellos dos que iban de regreso a Emaús. Leemos como, a pesar de haber escuchado lo que el Señor les había dicho y visto sus obras, les cuesta creer en el testimonio de las mujeres y los de Emaús. ¿No está a nosotros también sucediendo eso? Esa es la pregunta que nos cuestiona y que debemos reflexionar sin dejar de estar presentes y pedir su auxilio ante el Espíritu Santo.

Porque, solos no sabremos encontrar respuestas ni quitarnos la venda de nuestros ojos mundanos que nos impiden ver el Rostro del Señor Jesús. No cabe duda que algo tendremos que poner de nuestra parte, pues hemos recibido desde la vida hasta nuestras capacidades y talentos. Y somos libres para poder decidir y optar por un camino u otro. Por lo tanto, debemos ponernos en ese camino de escucha, de atención y de estar vigilantes a la Palabra y enseñanzas del Jesús.

Y eso lo hacemos en la medida que nos acerquemos a Él; en la medida que nos esforcemos en escucharle y estar atentos a oírle con la buena intención de vivir esa Palabra escuchada y hacerla vida en nuestra propia vida. Así, poco a poco, iremos descubriendo la medida de nuestra fe al mismo tiempo que tratamos de proclamarla. Porque, de lo que viva en tu corazón rebozará y saldrá por tu boca en tus palabras.

viernes, 26 de abril de 2019

JESÚS SE LES APARECE POR TERCERA VEZ

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Jn 21,1-14
Con esta aparición a orillas del mar de Tiberiades es la tercera vez que Jesús se les aparece a sus discípulos. Sabe de sus dudas, igual que de las nuestras, y se nos presenta para alentarnos, disiparnos las dudas y fortalecernos en la fe. No podemos sino agradecérselos y sentirnos orgullosos, privilegiados y alegres por la presencia del Señor. Verdaderamente el Señor ha Resucitado.

Los apóstoles no le conocen. Está a orillas del Tiberiades y han salido a pescar sin ningún resultado. Han estado toda la noche pescando sin coger nada. Supongo que tendrían que resultarle muy extraño y hasta poner en duda la invitación de aquel desconocido para ellos que les invita a echar las redes a la derecha de la barca y asegurándoles que encontrarás pescados.

La sorpresa fue la esperada, porque, aunque con cierta incredulidad, ellos esperaban que sucediera algo. También nos sucede a nosotros muchas veces. Cuestinonamos nuestra fe, pero seguimos perseverando, frecuentando la Eucaristía y creyendo en el Señor. Tenemos dudas, pero, a pesar de eso seguimos adelante y echamos nuestras redes.Es verdad que quizás no vemos resultados, pero, de alguna manera intuimos que Jesús nos está mirando y sucederá algo importante que nos sostendrá firmes y gozosos junto a Él.

No tengamos dudas y echemos nuestras redes al mar de nuestras vidas confiados en la Palabra del Señor. Él nos invita a proclamar la Buena Noticia con nuestras propias redes, con esas redes de nuestros testimonios, de nuestros esfuerzos, de nuestras perseverancias, de nuestras pequeñas y humildes obras, de nuestros servicios. Obedezcamos sus invitaciones, porque Él quiere animarnos, darnos pruebas de su presencia y comer con nosotros invitándonos a la fracción del pan. Ese pan que Él transforma y su Cuerpo y ese vino que transforma en su Sangre.

Ese es nuestro alimento, el alimento que nos ayudará a perseverar y ser capaces de ir de orilla en orilla echando las redes de la Buena Noticia que nos anuncia que Jesús, el Señor, ha Resucitado. ¡Sí, verdaderamente el Señor ha Resucitado! ¡Aleluya!

jueves, 25 de abril de 2019

JESÚS SE LES APARECE A LOS APÓSTOLES Y CONFIGURA SU IGLESIA

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Lc 24,35-48
Estos cincuenta días Jesús los dedica a afirmar y consolidad su Iglesia. Se les aparece a las mujeres para que inicien el anuncio de la Buena Noticia, su Resurrección y sucesivamente se les aparece varias veces a sus discípulos para mostrarle todo lo que estaba profetizado sobre Él. Ya a los de Emaús les relata, desde Moisés, pasando por los profetas, hasta esos últimos días de su Pasión y Muerte. Y ahora toca mostrarle lo último, la Resurrección. Todo se ha cumplido.

Jesús apura sus últimos días, por decirlo de alguna forma, para instruir y alumbrar a sus apóstoles. Se les muestra y les invita a que palpen y toquen su Cuerpo y a comer con la intención de que disipen ese temor y esa idea de que es un fantasma. Y les da las últimas enseñanzas alumbrándoles y abriéndoles la mente para que comprendan lo que les dice: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».

Y también nosotros, a través de los apóstoles y la Iglesia ahora, recibimos el mensaje de la Buena Noticia. Un Buena Noticia de salvación que nos llena de gozo, alegría y esperanza. Una Buena Noticia que nos salva ya desde ahora, en este momento y en todos los días de nuestro camino hacia la Casa del Padre. Cristo, con su Resurrección nos ha salvado y, aunque todavía tengamos que sufrir y pasar dificultades hasta entregar nuestra muerte, sabemos que el final será la Gloria si permanecemos y perseveramos en Él.

Ese es el objetivo que no debemos ni podemos perder de vista. Cristo ha Resucitado y eso significa que también nosotros resucitaremos también. Esa mirada fija en Él a lo largo de todos los días de nuestro camino nos fortalecerá y ayudará a sostenernos firmes y perseverar.