sábado, 30 de noviembre de 2024

DESCUBRIR LA HUELLA DE AMOR QUE DIOS HA SEMBRADO EN TU CORAZÓN

Ese es el interrogante de nuestra vida: «descubrir el amor que hay dentro de nosotros». Un amor que se prolonga y se sostiene en nuestro Padre Dios. Un amor por el que hemos sido creados y, también, salvados. Un amor que nos invita cada día a amar como somos amados por nuestro Padre. Un amor fraterno que nos hace hermanos e iguales, e hijos de un mismo Padre.

Ante este hermoso horizonte, Jesús llama a sus discípulos, y entre ellos nos encontramos hoy, después de XXI siglos, también nosotros. Tú y yo, y de nuestra voluntad dependerá, por un lado, darnos cuenta. Y por otro lado, comprometernos a que ese amor que vive dentro de nosotros bulla y llegue hasta contagiar a los demás.

 Porque, de eso se trata, de contagiar el mundo de amor. De verdadero amor fraterno, un amor que busca y trata a los demás como se trata a sí mismo. Un amor como el que nos enseña Jesús hasta el extremo de estar dispuestos a dar la vida por el bien de los demás. Una vida que no se entrega en un acto de heroísmo, sino en el día a día y con un servicio generoso, humilde, paciente y misericordioso.

viernes, 29 de noviembre de 2024

CAPACIDAD DE OBSERVACIÓN

Se nos ha dado capacidad para discernir y observar. Cuando observamos tenemos la oportunidad de analizar lo que vemos y, en consecuencia, discernir. Discernir sobre el bien y el mal; distinguir lo bueno de lo malo; diferenciar lo trascendente de lo intrascendente. En definitiva, ver lo verdaderamente importante: caminamos hacia el Reino de Dios, un Reino de Paz, Justicia y Amor.

Ahora, ¿cómo nos comportamos? ¿Realmente observamos, discernimos y nos preparamos para alcanzar la meta para la que hemos sido creados? Somos capaces de darnos cuenta, así como la proximidad del verano cuando observamos que la higuera ya echa brotes, de que nuestro verdadero destino es la Casa del Padre? ¿Y nos damos cuenta de que podemos perder esa oportunidad si no abrimos la puerta de nuestro corazón al Espíritu Santo?

Darnos cuenta de que nuestra hora está cerca es lo más importante de nuestra vida. Es el Tesoro escondido en nuestro corazón. Y está cerca porque, al margen del final de este mundo, que no sabemos cuándo, tampoco sabemos el final de nuestra vida que puede sorprendernos en cualquier momento.

jueves, 28 de noviembre de 2024

ERGUIDOS POR LA FE Y ESPERANZA

Está meridianamente claro que todos tendremos un fin. De la misma manera que hemos iniciado nuestra vida, sin apenas darnos cuenta, iniciaremos también nuestro final. Con la hora de nuestra propia muerte, o, quizás, ¡quién sabe!, con la venida del Hijo del Hombre. De una u otra forma nos encontraremos con el Señor.

Y eso debe alegrarnos, darnos fortaleza, sostenernos erguidos, en pie y firmes por la fe y esperanza en el Amor Misericordioso de nuestro Señor. Él ha entregado su Vida por salvar la nuestra, y vendrá al final de los tiempo ha darnos esa vida eterna y gozosa que ha prometido a todos aquellos que ha puesto su vida en sus manos y han creído en su Palabra.

Es verdad que las señales del derrumbe y ocaso de este mundo son nefandas y nos ponen en un brete sin posibilidades de efugios, pero nuestra confianza y fe en el Señor nos mantendrá siempre alegres, esperanzados y confiados en nuestra salvación por su Amor Misericordioso.

Por nuestra parte debemos estar preparados. Siempre contando con la Gracia del Señor y la asistencia del Espíritu Santo. Y, confiados en su Infinita Misericordia, esperar con fe y alegría que el Señor nos colme de felicidad eterna.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

NO TENGAS MIEDO

Esta vida vale en la medida que nos da la oportunidad de ganar la otra, la verdadera, la plena y eterna. Su valor – el de esta vida -  está en relación directa con la otra. De modo que «quien pierda esta vida, ganará la otra (Mt 16, 25)».

Es evidente que desde este pensamiento y convicción, el miedo decrece hasta el punto de que llega a desaparecer. Incluso, pensándolo bien, sería hasta una gracia perder la vida por defender la fe en nuestro Señor, puesto que con ello ganamos la verdadera Vida Eterna plena de gozo y felicidad.

Somos humanos y posiblemente el miedo nos invade y amenaza. Es condición humana tener miedo, pero contamos con el Espíritu de Dios, que venido a nosotros en la hora de nuestro bautismo, nos acompaña, nos fortalece y, sobre todo, en esos momentos nos da la valentía y la fuerza para soportar cualquier martirio hasta el punto de dar nuestra vida por defender el Amor y Misericordia de nuestro Padre Dios.

Y no son promesas sino realidades. La ingente, hoy más que ayer, de mártires que están dando la vida en cada instante está presente en la Iglesia. Pidamos con toda confianza que el Espíritu Santo nos fortalezca en esos momentos, si tenemos que dar testimonio de nuestro Señor, para mantenernos firmes en el Señor.

martes, 26 de noviembre de 2024

LA HORA FINAL

Sucede con mucha frecuencia que muchos no quieren oír hablar de la muerte. Menos de su muerte, y esquivan ese tipo de conversaciones o reflexiones. De alguna manara tratan de mirar para otro lado y vivir sin esa preocupación o, peor todavía, ignorando tal acontecimiento.

Si hay algo seguro es la hora de nuestra muerte. Eso está escrito en el corazón de cada persona, y, quieras o no, llegará ese momento. Por lo tanto, lo más sensato y adecuado es hacerle frente ahora, cuando todavía estás a tiempo, y prepararte para cuando llegue ese momento. Porque, no sabemos ni el día ni la hora (Mt 24, 36-51). Ni siquiera la de nuestra propia hora.

Conviene, pues, y es lo más sensato estar preparado en cada momento de nuestra vida. Y eso tiene que ver mucho con estar atento a la Palabra de Dios. Precisamente, en la de hoy – Lc 21, 5-11 – nos señala como debemos comportarnos, escuchar y  actuar. Y estar muy atentos a que nadie nos engañe.

Es, por consiguiente, leer, reflexionar y estar muy atento a lo que la Palabra de Dios nos aconseja, nos dice y nos revela sobre la hora final de nuestro mundo y, también, para nuestra propia hora. Porque, sucede que quizás nosotros no veremos el final de este mundo, pero sí, seguro, nuestra hora final.

lunes, 25 de noviembre de 2024

DAR Y DARSE

Compartir no consiste simplemente en dar algo, quizás de lo que te sobra, sino dar con la buena intención de poner el esfuerzo y en disponibilidad, no solo lo que buenamente puedas, sino toda tu persona. Es ser consciente de que hay que compartir con todos aquellos que necesitan, no sólo satisfacer su hambre, sino sus inquietudes, su sed de aprender, de conocer al Señor, de ser y crecer como persona.

Y, por tanto, en consecuencia, no sólo dar, sino darte de tu tiempo y persona en contribuir a manifestar y testimoniar la Palabra de Dios. Un Dios que nos ama con Infinita Misericordia, y nos invita a amarnos unos a otros como Él nos lo ha demostrado en la Persona de su Hijo, nuestro Señor, en su venida a este mundo.

No se trata de dar, sino también de darse. Y en ese darse se esconde el misterio del compromiso de amor con todos los necesitados. Un darse que implica el esfuerzo de compartir todo lo que tengamos y podamos en beneficio de los que necesitan, no solo calmar su hambre y sed, sino también sus deseos de crecer y madurar como personas dignas de ser verdaderas hijas de Dios.

domingo, 24 de noviembre de 2024

REY DE LA VERDAD Y AMOR MISERICORDIOSO

La grandeza de Jesús no está en su apariencia estética y carencia de poder, sino en la de ser el Hijo predilecto y amado de su Padre que le ha enviado a proclamar la Verdad. Su Reino, por tanto, es un Reino de Verdad y de Amor Misericordioso. Por eso, todos los que creen en Él vivirán en el gozo y la plenitud de la felicidad eterna.

Es evidente que aquí no está ni se encuentra el Reino de Dios. La vida, nuestra vida y nuestro mundo, es un camino donde tendremos que ganarnos – por decirlo de alguna manera – la eternidad gozosa y plena junto a nuestro Padre Dios.

Y digo «por decirlo de alguna manera» porque todo es regalo de Dios. Nada merecemos ni nada tenemos. Todo es Gracia gratuita de nuestro Padre Dios. Su Amor – que nunca llegaremos a comprender en este mundo – es Infinito y Misericordioso. Y gracias a eso tenemos la ocasión y oportunidad de ganarnos esa felicidad eterna que buscamos y perseguimos en este mundo.

Por tanto, busquemos esperanzados la Verdad. La Verdad con mayúscula que la trae nuestro Señor Jesús. Es precisamente esa Verdad la que nos hará libres, y, a pesar de ser un camino de cruz, dará sentido y esperanza a nuestro camino y nos dará gozo y Vida Eterna.