jueves, 8 de junio de 2023

AMAR A DIOS LLEVA IMPLÍCITO AMAR AL PRÓJIMO

Dos mandamientos imprescindibles contenidos en uno solo: Amar a Dios. Porque, amar a Dios necesita para realizarse amar al prójimo. El uno sin el otro no será nunca posible. De modo que quien tenga un íntima relación con su Padre Dios dejando de lado al prójimo está perdiendo el tiempo. Esa amistad con Dios quedará siempre interrumpida e incapaz de cristalizar sin la presencia amorosa y misericordiosa de tu amor al que tienes a tu lado.

Pero, sucede lo mismo si volcamos nuestro corazón en amor al prójimo prescindiendo de nuestro Padre Dios o, al menos, sin contar con Él para esos menesteres. Nuestros actos de amor y caridad quedarían en un plano meramente humano y no asistidos por el Espíritu Santo que nos da la única y verdadera medida de amor: Como nos amó y nos ama Jesús.

Por tanto, son dos mandamientos que están tan entrelazados que lo hacemos simplemente uno: Amar a Dios exige amar al prójimo. Y sin amar al prójimo nos será imposible amar a Dios. De forma que si queremos darle un fuerte abrazo a Xto. Jesús tendremos que hacerlo a través del prójimo. Bien supo el Señor de dejarnos atados los unos a los otros como verdaderos hermanos e hijos de Dios.

En conclusión, podemos deducir que nuestra unión íntima con el Señor nos será imprescindible – oración – penitencia y Eucaristía – para que luego tengamos una motivación y disponibilidad, por la acción de su Espíritu, con el más próximo que tengamos a nuestro lado para servirle, acogerlo y asistirle en la medida de nuestras posibilidades y de sus necesidades. ¡La preferencia, claro, los más necesitados!

No tengamos miedo. Sí, lo sabemos, nos será costoso, difícil y duro por nuestra naturaleza egoísta y herida por el pecado, pero nunca olvidemos que el Espíritu Santo trabaja y camina con nosotros. Y en y con Él lo podemos todo.

miércoles, 7 de junio de 2023

IMAGINACIÓN LIMITADA

Es absurdo querer entender e imaginar lo que Dios, nuestro Padre, ha preparado para sus hijos en la eternidad de la Gloria llamada Cielo. Nuestra pobreza intelectual y nuestras limitaciones carnales no alcanza a imaginar como será eso. Es evidente que serán de otra forma, depuradas y libres de su condición humana. ¿Cómo? Solo Dios lo sabe.

De igual manera nos puede la entelequia de la Resurrección y de no poder asumir ni comprender ese misterio que nos sobrepasa. Solo nuestro Padre Dios nos puede ir abriendo nuestro entendimiento para que podamos entenderlo. Es obvio que necesitamos fiarnos de Él como nos hemos fiados den nuestros primeros años de nuestros padres terrenales.

Por eso, nuestro Padre Dios, nos dice que tenemos que ser como niños, es decir, tener la fe de un niño que se fía de su Padre. Y así debemos caminar fiándonos de la Palabra de nuestro Padre Dios y confiando en su Amor Misericordioso. Esa es nuestra prueba, creer en nuestro Padre y confiar en que todo lo que nos da es bueno para nuestra salvación, que, precisamente, es lo que Él quiere.

Y la Resurrección es la clave. Si tenemos que morir en este mundo, no es para dejar de existir sino para pasar a otro mundo. Ese nuevo mundo eterno donde Jesús nos ha dicho en otra ocasión que ha ido a prepararnos una morada para, a su regreso, llevarnos con Él. ¿No es ilusionante y hermoso caminar expectante y alegra esperando ese momento? Por eso, el momento de la muerte vivido desde esa fe es el instante más grande de nuestra vida.

martes, 6 de junio de 2023

LA NO COHERENCIA ENTRE PALABRA Y VIDA SE LLAMA HIPOCRESÍA

La hipocresía siempre ha estado presente en la vida de los hombres. Es la puerta de la mentira, de la falsedad y del pecado. Mientes para aparentar lo que no haces. Dices ser pero mientes en el hacer. Y cuando se descubre esa incoherencia la hipocresía queda desnuda y visible.

El Evangelio de hoy martes plantea ese problema. Algunos de los fariseos y herodianos de la época de Jesús le buscan para plantearle una pregunta con la intención de ponerle en un aprieto y echar abajo su prestigio. Buscan enfrentarlo con el Cesar y le hacen esa pregunta: «Maestro, sabemos que eres veraz y que no te importa por nadie, porque no miras la condición de las personas, sino que enseñas con franqueza el camino de Dios: ¿Es lícito pagar tributo al César o no? ¿Pagamos o dejamos de pagar?».

Conocemos la respuesta: Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios».

Es evidente que cada cual tiene su lugar en la sociedad. El Cesar es el emperador pero también un hombre, criatura de Dios. Tendrá su puesto y lugar pero no deja de ser un hombre. Por el otro lado está Dios, Creador y Señor de todo lo visible e invisible. Señor de la vida y la muerte y Padre nuestro. Un Padre Dios del que nos habla Jesús y del que nos anuncia su Amor Misericordioso y deseos de rescatarnos como verdaderos hijos rescatándonos nuestra dignidad perdida por el pecado.

Y esa es la cuestión, discernir a la luz del Espíritu Santo quien es el Cesar y el lugar que ocupa y quien realmente es nuestro Padre Dios. Por tanto, daremos al Cesar, entendiendo por Cesar nuestros derechos y deberes respecto a nuestros compromiso en el mundo que vivimos, y lo que le corresponde a Dios, nuestro Padre, adoración y alabanza por los siglos de los siglos y, según nuestro compromiso de bautismo, amor a Él y al prójimo.

lunes, 5 de junio de 2023

¿NOS INTERPELA ESTA PARÁBOLA?

Es la pregunta que hoy nos hacemos: ¿Nos sentimos también nosotros interpelados por esta parábola? Es evidente que si nos fijamos bien y escrudiñamos un poco nos vemos retratados. Se nos ha dado la vida, los medios para caminar y vivir en este mundo y la gran posibilidad de recoger los frutos que con nuestras cualidades recibidas podemos cosechar y recoger.

Frutos de verdadero amor que el Padre, que nos ama infinita y misericordiosamente, nos ha regalado gratuitamente para que también nosotros los entreguemos amorosamente y con misericordia a aquellos que lo necesitan. Y eso para demostrarnos que tal como nos ama nuestro Padre también amamos nosotros. Porque es evidente que si nadie necesita no se hace necesario dar o regalar gratuitamente.

Sin embargo, la historia, nuestra propia historia, nos revela que no ha sido así. Ha venido el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús, y lo hemos crucificado en una muerte de cruz. No hemos querido escucharle ni reconocer la Buena Noticia que nos ha anunciado. No aceptamos su Palabra ni le reconocemos como el Hijo de Dios. Nos hemos adueñado del mundo, su creación, y queremos administrarlo como a nosotros no parece.

Y en ese parecer siempre salen perdedores los más débiles, los pobres e inocentes. Se repite lo mismo de siempre: El fuerte quiere adueñarse de todo y ser el que manda. Desea hacer y deshacer a su antojo y que los demás se sometan a sus intereses y caprichos. 

¿No nos resulta esa actitud de actualidad? Al parecer a pesar de tanta distancia en el tiempo nada ha cambiado en la actitud de los empleados de la Viña. Porque se nos ha dado el mundo y mira como lo administramos. No queresmo entregar al Creador los frutos que se nos pide: buenos actos de amor. Todo sigue, a pesar de los adelantos y avances tecnológicos igual. Muchos mantienen su corazón endurecido como ya sucedió en Masah y Meriba -Ex 17,7 -. 

Vino el Hijo del Padre y Creador del Mundo y nuestra respuesta fue la de quitárnoslo de encima: condenado a muerte de cruz, Nos preguntamos, ¿estamos nosotros en esos muchos?

domingo, 4 de junio de 2023

Y MORIRÉ SIN ENTENDERLO. POR ESO, ESE MOMENTO DE LA MUERTE, ES GLORIOSO.

Siempre pienso lo mismo en esos momentos que velamos la muerte de un ser querido o amigo. Pienso que estará pasando en esos momentos de encuentro con el Señor. Es el momento glorioso de poder entender el Misterio de la Santísima Trinidad. Y con esa esperanza camino, vivo y espero el encuentro con el Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Mientras camino por este mundo esperando su llamada y esforzándome en vivir en su Gracia consciente de mis pecados y mis debilidades. Camino esperanzado y confiado en la Infinita Misericordia de mi Padre Dios. Jesús, el Hijo, me lo ha anunciado y me lo ha demostrado vivencialmente en el encuentro con la mujer adultera; en la parábola del samaritano; en la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus súbditos y en muchas otras.

Y, sin quitarme de la cabeza ese pensamiento, trato en cada momento de mi vida ser honrado, decir y vivir en la verdad, pensar en el otro más que en mí y estar disponible y abierto a la Voluntad del Espíritu Santo que me asiste y auxilia. Es verdad que una cosa es lo que quiero y otra lo que hago. Por tanto, soy consciente de que como dijo San Pablo, hago lo que no quiero hacer y dejo de hacer lo que realmente quiero y debo hacer.

En esa tribulaciones y luchas consumo mis días. No recuerdo ni sé mi pasado, al menos con la claridad que me gustaría recordar. Me acuerdo de pocas cosas, pero tampoco me interesa. Sé que mi Padre Dios lo sabe todo y, espero confiado, que me perdonará los fallos, mis meteduras de pata y mis pecados y aprobará mis buenos actos que creo humildemente que hay algunos. Por tanto, desde esas ilusionantes perspectiva esperar la hora final no es una tragedia sino una gran esperanza de llegar al paraíso que mi Padre me tiene preparado. Mientras camino y espero tratando de compartir y anunciar esa dicha hermosa de albergar la esperanza de poder entender un día ese maravilloso e inalcanzable misterio de la Santísima Trinidad.

sábado, 3 de junio de 2023

EL VERBO ENCARNADO

Eso es lo que molesta y lo que no se acepta. Dios ha tomado Naturaleza humana y en la Persona de Jesús, el Hijo, ha bajado a este mundo y habitado entre los hombres. Y nos ha dejado la Buena Noticia: Su Padre nos quiere con Infinita Misericordia y nos rescata nuestra dignidad de hijos, perdida por el pecado, por los méritos de su Hijo, nuestro Señor Jesús.

Esto no se entiende por aquellos que no quieren abandonar su poder, ni sus placeres, ni sus ambiciones de riqueza, ni concupiscencias ni nada de lo que les suponga satisfacciones y felicidad. Sin embargo, sus cegueras son tan profundas que no advierten que todo aquí abajo es efímero y caduco. ¿Para qué tanta ambición y deseos de felicidad cuando aquí abajo todo es finito? ¿No es mejor y de sentido común buscar lo perdurable y eterno?

Esta era la postura de aquellos sumos sacerdotes, escribas y ancianos de su época. Y es también la postura de muchos de nuestro tiempo. Cada cual que se mire interiormente y, a la luz del Espíritu Santo, trate de verse y de dejarse purificar. Jesús es el Hijo de Dios y a partir de ahí todo lo demás se irá entendiendo o, al menos, aceptando con la esperanza de entenderlo cuando el Espíritu de Dios quiera revelárnoslo.

Mientras, caminamos movidos y asistidos por el Espíritu Santo, que nos fortalece, nos da ánimo y sabiduría, iremos advirtiendo la presencia de Dios en nuestro caminar de cada día y reafirmándonos que Jesús, el Hijo de Dios, Vive y camina con nosotros.

viernes, 2 de junio de 2023

SE NO VAS EL TIEMPO, ¿NO LO HAS PENSADO?

Casi sin darme cuenta caigo en la cuenta, valga la redundancia, de que la vida, mi propia vida, está dando los últimos pasos. Soy consciente de que mi camino se me ha hecho corto. Recuerdo cuando observaba la vejez de mi madre y experimentaba cierta pena por sus limitaciones. Ahora lo estoy experimentando en mí mismo.

Hay momentos que la nostalgia se apodera de mí. Experimento sensaciones de que estoy en otro mundo. Todo a mi derredor está cambiando y pocas cosas quedan de lo vivido en mi camino. Incluso muchos de mis amigos, compañeros y gente de mi tiempo ya no están. Experimento la sensación de que estoy solo y de que me muevo por un mundo al que ya no pertenezco o no es de mi tiempo.

En esas conjeturas se establece mi lucha de cada día. Sin embargo, descanso y me lleno de esperanza porque creo plenamente en mi Dios, Padre, en mi Señor, el Hijo, y en el Espíritu Santo que me acompaña, me fortalece, me ilumina y me da sabiduría para aceptar y entender todo esto que bulle dentro de mí. Incluso hay momentos que no temo a la muerte. Es más la deseo, cuando el Señor disponga, como el momento más glorioso de mi vida. Es la cita con mi Dios Padre y, por su Infinita Misericordia, la llegada a un mundo hermoso, placido, de paz y felicidad. No me lo puedo imaginar pero confío en la Palabra de mi Señor. Me ha dicho que ha ido a prepararme una morada. ¡Dios mío, cómo será esa morada preparada por el Señor!

Lo único verdaderamente importante que me preocupa ahora es dar frutos. No secarme como esa higuera por esperar a la época o tiempo de los frutos. Se trata de darlos ahora, aunque mi mundo actual esté lejos del mundo que a mi me gustaría. Todavía, por la Gracia de Dios, y con la asistencia de su Espíritu, mi vida puede y debe dar frutos. Al menos esforzarme en labrar esa huerta que vive y late dentro de mi corazón. Y es que no soy yo, sino el Espíritu de Dios que vive en mí. Él hará que mis frutos sean buenos frutos.