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miércoles, 3 de junio de 2026

LLAMADOS A LA ETERNIDAD

Mc 12, 18-27

Juan experimentaba que en lo más profundo de su corazón había un deseo de eternidad. Tenía miedo a la muerte y hacía todo lo que podía para prolongarla.

Ahora Juan empezaba a darse cuenta. Ese deseo interior tenía fundamento; verdaderamente estamos llamados a la eternidad.

¿Y nosotros, no sentimos también en nuestro interior ese deseo de eternidad? Y si lo sentimos, es que Alguien nos lo ha puesto.

Sí, verdaderamente hemos sido creados para ser eternos.

lunes, 6 de abril de 2026

LLAMADOS A LA ETERNIDAD

Mt 28, 8-15

Es cierto que todos queremos vivir. La vida es el regalo más hermoso y preciado. No tenemos conciencia del momento en que comienza.

Consta en el registro civil, pero nosotros no advertimos ese instante en el que hemos nacido a este mundo.

Sin embargo, a medida que crecemos, vamos descubriendo que también llegará el final. Y, aun sabiéndolo, hay algo misterioso en ello: no nos inquieta de manera alarmante.

Cuando Ismael llegó a la plaza del pueblo, se encontró con un grupo de gente que rodeaba a una persona tendida en el suelo.

—¿Qué le ha ocurrido? —preguntó.

—Se ha desmayado —respondió uno—. No sabemos si es fatiga o un infarto.

—¿Han llamado a la ambulancia? —dijo Ismael con preocupación.

—Sí, hace unos minutos —contestaron—. La estamos esperando.

—¿Han intentado reanimarlo? —añadió Ismael, dispuesto a ayudar.

—De momento respira, y eso nos tranquiliza —dijo otro, con la mano sobre su pecho.

En ese instante se oyó la sirena. Todos se apartaron para dejar paso a los sanitarios, que atendieron al enfermo y se lo llevaron con rapidez.

—La vida se nos escapa en un suspiro, y no avisa. Nos sorprende… Por eso debemos estar siempre preparados —susurró Ismael.

Alguien, al oírlo, le preguntó:

—¿Por qué dice usted eso? ¿Acaso podemos prevenir ese momento?

Ismael lo miró con ternura:

—No hemos sido creados para morir, sino para vivir. Nuestra vida no termina aquí; estamos llamados a la eternidad.

—¿Cree usted en la vida eterna? —insistió el hombre.

—Sí, creo —respondió Ismael—. El Evangelio (Mt 28, 8-15) nos habla de la Resurrección del Señor y de la promesa de que también nosotros resucitaremos con Él.

Y, abriendo los brazos, dijo a todos:

—Jesús nos dice: «Alégrense». Y también: «No tengan miedo». Se trata de mirar la vida con valentía, descubriendo en ella las huellas de su presencia.

Algunos se pusieron de rodillas; otros hicieron la señal de la cruz. Muchos se marcharon en silencio.

“Hoy, en este lunes de la octava de Pascua, el Señor nos repite: no tengan miedo, la vida ha vencido.”

miércoles, 10 de septiembre de 2025

¿DE QUÉ LADO QUIERES ESTAR? TÚ ELIGES

Lc 6, 20-26

    Todo tiene su principio, pero también su fin. Nada, al menos en este mundo, es eterno. Sin embargo, dentro de nosotros llevamos una chispa de eternidad. Nuestra máxima aspiración es la vida eterna.

  Obsesionado con estas elucubraciones, Pedro se debatía interiormente buscando respuestas al camino que debía tomar mientras caminaba por este mundo. Su meta era alcanzar esa vida eterna con la que soñaba.    

    Levantó la mirada, y su alegría fue repentina: sus ojos contemplaban la llegada de su amigo Manuel. Con él —pensó— aclararía ese interrogante que tanto le apremiaba.

  —Buenos días, querido amigo. Bienvenida tu llegada. Estaba reflexionando sobre la eternidad. ¿Qué piensas al respecto?
   —Todos buscamos la eterna juventud. Nadie quiere envejecer, y eso llena los gimnasios de quienes desean mantenerse jóvenes.
    —Pero, quieras o no, la vejez llega —respondió Pedro con gesto convencido.
    —Sin lugar a duda, pero esta vida no termina aquí. Se transforma, y seguirá eternamente.
    —¿Cómo es eso? —suspiró pacientemente Pedro.
   —Todos seremos eternos, pero no todos felices. Esta vida nos sirve para ganarnos esa felicidad eterna.
    Pedro, con cara de asombro, dijo:
    —¿Cómo es eso?
   —Como lo oyes. No lo digo yo, lo dice Jesús en el Evangelio (Lc 6, 20-26). Habla de que serán bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que ahora tienen hambre, porque serán saciados… Y al final dice: “Alégrense ese día y salten de gozo, porque su recompensa será grande en el cielo”.
    —¿Es que hay una recompensa en el cielo? —añadió Pedro, algo extrañado.
   —Sin lugar a dudas —respondió Manuel—. Hay vidas generosas, honradas, abiertas, entregadas, que son una verdadera bendición para el mundo, un verdadero reflejo de la presencia de Dios entre nosotros y en la historia.
    —Ahora entiendo a qué te refieres —interrumpió Pedro, convencido de lo que escuchaba.
   —Pero también hay vidas codiciosas, ansiosas de caprichos y privilegios, arrogantes y soberbias, que ahogan y se aprovechan de los demás o maltratan la naturaleza. Unas nos acercan a la presencia de Dios y la experiencia de su Reino; otras, nos alejan y nos lo ocultan. ¿Lo entiendes, Pedro?
    —Sí, ahora me parece correcto —respondió Pedro, mostrando una expresión conforme y paciente.
   —Esa es la elección. ¿De qué lado estás? ¿Del de la vida y la luz, o del de la clandestinidad y el engaño? Las bienaventuranzas nos muestran el verdadero camino.
    —Creo —dijo Pedro con convencimiento— que la elección está clara.

     Jesús nos indica dónde podremos descubrir alegría y consuelo, sentido y luz, paz y solidaridad. A nosotros nos ofrece libertad para que podamos decidir.

domingo, 13 de julio de 2025

HEREDAR LA VIDA ETERNA

De repente, Alfonso sintió cierto hormigueo en sus piernas, una especie de falta de sensibilidad muy parecida a cuando experimentamos el dolor de una mano o pie dormido. Buscó la manera de descansar y miró donde podía sentarse. A poca distancia encontró un banco y disimuladamente se sentó. No quería, ya que era un trayecto que hacía con frecuencia, llamar la atención a los que le conocían o solía encontrarse en el camino. Sacó una revista que llevaba y se puso a leer. Bueno, mejor aparentar que leía, no podía concentrarse y buscaba respuestas a lo que le sucedía. No era algo puntual o casual, eso le estaba pasando ya con cierta frecuencia. Es verdad que hoy le pareció algo más fuerte o doloroso, hasta el punto de que sintió la necesidad de sentarse y descansar.

«Me estoy haciendo viejo y la edad no perdona, pensó. Quieras o no tu principio deberá tener un final, y mi recorrido, quiera aceptarlo o no, está llegando a su fin» Recuperadas sus fuerzas, se levantó y emprendió el camino. Su mente siguió dándole vueltas a lo sucedido. La vida está avisándome, y el momento está cerca.

—Hola, Alfonso, sintió una voz que le saludaba.
—¿Qué tal?, amigo Felipe, ¿cómo te encuentras?
—Pues, bien, a estas alturas no se puede pedir más. Algunos achaques, normales para la edad, pero, ¡hasta el momento!, bien.
—Lo mismo digo, empiezas a sentir que tu cuerpo empieza a avisarte y los achaques confirman que el final puede estar cerca.—¡Hombre!, no pienses así, todavía tenemos cuerda para rato. ¿No te parece?    
—No se trata de eso, sino de que mirar para otro lado es esconder el problema. Al menos yo pienso así. Experimento dentro de mí un ansía de eternidad. Creo que todos lo sentimos, y que todos queremos ser eternos. ¿Tú no?
—Para serte sincero, creo que sí ¿A quien no le gustaría vivir eternamente y plenitud de gozo y alegría? Pero, ¿es eso posible?
—Esa es la pregunta, yo creo que sí. Y lo creo porque, tú lo acabas de decir, todos lo llevamos dentro y lo deseamos. Luego, ¿supongo que alguien lo puso ahí? ¿No te parece?
—Supongo que sí. Pero … 
—¡Eso, supones bien! Y esa es mi preocupación, ganar esa vida eterna.  Y sólo hay uno que me lo propone, y que ha vencido la muerte, por donde tengo irremisiblemente pasar, Jesús. Ha muerto y ha Resucitado. Por tanto, pienso que haciendo lo que me propone también yo puedo alcanzar esa eternidad.  Y en eso estoy. 

La conversación de los dos amigos continuo unos minutos más, pero lo importante era que Alfonso había decidido seguir a Jesús y cumplir su mandato: Amor y Misericordia con el prójimo.

jueves, 10 de abril de 2025

ANTES DE QUE ABRAHÁN EXISTIERA, YO SOY

Estas palabras de Jesús dejan muy claro su identidad Divina: Se identifica con el mismo nombre del Dios de Moisés: Yo soy. Sin lugar a duda, Jesús nos está diciendo que Él y el Padre son uno solo, y de Él y el Padre se desprende el Espíritu Santo que nos acompaña en el camino de nuestra vida. Por eso, desde nuestro bautismo somos acompañados por nuestro Señor Dios y Creador en el Espíritu Santo.

Está tan claro que no verlo es cosa del diablo que nos ciega. Y es que cuando nos empeñamos en seguir el cauce de nuestra razón, nuestra mente queda embotada, limitada y empequeñecida, porque por ella nunca podremos entender la grandeza de nuestro Señor y Padre Dios.

Por nosotros mismos nunca podremos conocer ni entender a nuestro Padre Dios. Nuestra razón no entenderá nunca la grandeza ni el misterio de Dios. Y, ella, nos llevará a razonamientos humanos que nunca serán misericordiosos ni gratuitos. Sólo, abiertos a la acción del Espíritu Santo, podremos ver y creer en el misterio de la encarnación y de la existencia de Dios. Hablamos del don de la fe, que sólo lo puede dar Dios cuando tú eres capaz de despojarte de esa razón que te limita y no te deja descubrir la grandeza y el misterio de nuestro Padre Dios.

sábado, 25 de noviembre de 2023

UN MUNDO FUERA DE NUESTRO ALCANCE: RESURRECCIÓN ETERNA.

No podemos entender los planes de Dios, ni tampoco lo que nos tiene preparado. No sabemos ni podemos imaginar como será la eternidad que nos espera junto al Señor, solo sabemos, porque confiamos en su Palabra, que seremos felices eternamente.

Tratar de dar respuesta a lo que Dios nos ha prometido desde nuestra razón es meter la pata y estar equivocado al cien por cien. Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman (1ª Corintios 2). Esto fue lo que les sucedió a los saduceos de los que nos habla hoy el Evangelio (Lc 20, 27-40).

Somos eternos, seamos quienes seamos, desde la hora de nuestro nacimiento. Es más, desde que Dios nos ha concebido en su pensamiento. Es decir, desde la eternidad. Es evidente que todo eso se nos escapa a nuestro pequeño y pobre entendimiento. Eso prueba y nos demuestra nuestra pequeñez por muy grande que algunos nos creamos.

Hemos nacido para vivir eternamente, y así será. Solo que tenemos la opción, porque nuestro Padre nos ha creado libres, y la gran oportunidad de elegir vivir eternamente dichosos, bienaventurados – como nos llama el Señor – y felices para siempre, o, por el contrario, elegir erróneamente seducidos por el demonio este mundo, vivirlo, nunca plenamente felices, y luego al lugar donde será el llanto y crujir de dientes.

Esta es la única y verdadera opción, todo lo demás es caduco, finito y carece de valor. Solo la oportunidad de amar misericordiosamente hace y transforma esta vida terrenal en una ocasión hermosa, alegre, emocionante, sugerente, llena de vida, Esperanza y Fe que unidas a la Caridad nos pone en relación eterna con nuestro Padre Dios. En Él ponemos toda nuestra confianza y en Él nos abandonamos llenos de esperanza y de fe.

martes, 30 de mayo de 2023

EN LA ESPERANZA DE RECIBIR EL GOZO Y LA FELICIDAD ETERNA.

Todo lo que no huela a eternidad sabe a poco. Es evidente que seguir a Jesús da pérdidas. Pérdidas materiales que erróneamente, y por desgracia e ignorancia, damos más valor que a las espirituales. Jesús nos ha dicho en alguna ocasión: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; “sino haceos, tesoros en el cielo… “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:19–21).

Quizás nos ocurra a nosotros lo mismo que a Pedro y los demás apóstoles. Experimentamos en muchos momentos esa sensación de que estamos perdiendo el tiempo y la oportunidad de conseguir cosas en este mundo que, pensamos, nos harían la vida más feliz. Y eso es oficio de aquel que está al acecho, el Maligno, que conoce nuestras debilidades y dudas y aprovecha para tentarnos y seducirnos.

Tenemos, no no lo olvidemos, ayer domingo nos los decía el Evangelio, al Espíritu de Dios con nosotros, Nos ha sido enviado desde la hora de nuestro bautismo para que, como a los apóstoles, nos fortalezca, nos dé sabiduría, paz y valentía para, por su acción, saber discernir y elegir el buen camino que no es otro que seguir a Jesús.

Porque en Jesús, a pesar de sufrir persecuciones y amenazas, tendremos paz y el gozo de saber que alcanzaremos esa felicidad de gozo y plenitud eterna. Ya nos lo dice en el Evangelio de hoy: Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».

miércoles, 2 de noviembre de 2022

¿HAY ALGO MÁS GRANDE QUE NOS LLENA DE ESPERANZA Y GOZO QUE LAS PALABRAS DE JESÚS?

No se puede ser más feliz cuando se escucha a Jesús decir estas palabras: «No se turbe sus corazones; creed en Dios y creed también en Mí… Juan 14, 1-6.

La muerte deja de tener sentido. Hemos sido creados para vivir eternamente. Y una vida gozosa y feliz. La muerte es, pues, el gozo mayor que podamos experimentar. Es la hora de la cita con Jesús, que hoy nos dice esas hermosas palabras de esperanza y alegría. Por tanto, somos bienaventurados, como nos dice en el Evangelio de ayer martes, cuando nos esforzamos en ser manos; en llorar con los que lloran; en buscar la justicia; en ser misericordiosos…

Vivir injertados en Jesús y abiertos a la acción del Espíritu Santo nos fortalecerá para sostenernos firmes en la espera para, en, por y con Él descansar eternamente en esas moradas que ha ido a prepararnos tal y como nos dice en el Evangelio de hoy. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, e injertado en Él no tendremos pérdida. En Él llegaremos al Padre y a esas moradas que nos ha preparado en la Casa del Padre.

La muerte, o mejor, marcha de este mundo, sabemos que no nos produce alegría. Son días de tristeza. También los paso Jesús, pero, que esconden una esperanza inmensa que nos llenará de alegría eterna. Realmente, ¡vale la pena tal aventura y esfuerzo en cruzar y elegir esa puerta estrecha que nos lleva a ser bienaventurados y encontrar el gozo eterno que realmente buscamos.

sábado, 30 de abril de 2022

EN LUCHA CONTRA LAS TEMPESTADES

 
Sí, nuestra vida es como una barca que navega hacia la eternidad. Sentimos ese deseo interiormente y, a pesar de no rumiarlo con serenidad y seriedad, no podemos de dejar de desearlo. Hemos nacido para la eternidad. Sería injusto y sin sentido pensar de otra manera.

Dios no nos va a crear para un rato. Ha enviado a su Hijo para, entregando su Vida en una muerte de Cruz, salvarnos. Y nos preguntamos, ¿sufre pasión y muerte, entrega su Vida y todo para unos cuantos años? Sería absurdo y disparatado y un Dios injusto. ¿Crearnos con tanto amor y solo para unos cuantos años? Es evidente que hemos nacidos para ser eternos.

Y esa eternidad pasa por superar todas estas tempestades que nos salen al paso en este mundo por el que caminamos o navegamos. Todos vamos en el mismo tren o en la misma barca. Ambos símiles nos valen. 

Nuevas ideologías, género, dictaduras, poder, pensamiento único, cambios climático, pandemias, guerras, muertes…etc., son las nuevas tempestades o tormentas que azotan a nuestro tren o a nuestra barca. ¿Qué hacer y a dónde ir? Y, en ese momento de desconcierto, de temor y miedo, aparece Jesús sobre las aguas. Nos dice que no tengamos miedo. Su poder queda manifiesto a superar toda ley natural y caminar sobre las aguas. En Él encontramos esa esperanza ante tales acontecimientos, tempestades y tormentas. ¡Es el Señor! Él es el Camino, la Verdad y la Vida. En y con Él llegaremos a puerto seguro y eterno. En Él están puestas todas nuestras esperanzas.

domingo, 10 de abril de 2022

DETRÁS DE LA CRUZ SE ESCONDE LA ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN

 

¿A dónde vamos? ¿Quién nos puede guiar y servirnos de modelo en este camino, que, sabemos con certeza, que termina con la muerte en y de este mundo? Nuestro cuerpo, nuestro querido cuerpo, al que cuidamos con esmero, voluntad, dedicación y paciencia, se corrompe. Tiene un tiempo, y bien lo sabemos, y, llegada su hora, alcanza su final.  ¿Qué ocurre después? ¿Se acaba todo o sigue la vida? Descubrimos que, dentro de nosotros, hay una chispa de eternidad. Queremos seguir viviendo y experimentamos que la vida quiere seguir.

¿Quién ha puesto esa chispa de eternidad dentro de nosotros? ¿Es esa el alma de la que tanto hemos oído hablar? Aquí aparece Jesús, ese hombre impresionante, diferente, que habla con autoridad y coherencia, y que haces milagros y obras extraordinarias. Y, el mundo, los hombres de este mundo llamado a la caducidad, no le escuchan ni le hacen caso. Es más, les molesta su presencia y deciden eliminarlo. El Evangelio de este domingo nos narra y cuenta la Pasión de Jesús. Señor de la Vida y de la muerte. Porque, esa es la novedad, Jesús vence a la muerte y Resucita.

Y eso es lo que nos importa y lo que se esconde detrás de todos estos días en los que celebramos eso, la Pasión, muerte y Resurrección del Señor. Nuestro Señor Jesús. Indudablemente, la vida sigue, y sigue porque Jesús nos lo ha dicho y demostrado. Ha Resucitado después de haber sido crucificado y muerto en la cruz. Después de ser sepultado y permanecer hasta tres días sepultado. ¿Cómo es posible que nadie lo haya visto sino sus amigos? ¿Por qué no se les ha aparecido a los que no le creían? ¿Piensas que, de haberlo hecho, le hubiesen creído? Seguro que no. Además, no tendría sentido hacerlo, porque, ¿para qué entonces la fe? ¿Para qué tantas pruebas, libertad de elegir si después se aparece y desvela todo? ¿Se podría ser libre para optar por un camino u otro? La parábola del rico epulón – Lc 16, 19-31 – lo aclara muy bien.

Luego, esta semana santa siempre será diferente, porque, lo verdaderamente importante es encontrar o reencontrar el verdadero camino. ¿Para qué estoy aquí? Y, ¿a dónde me dirijo, y para y por qué? Y, sobre todo, lo más importante, ¿en quién me apoyo y a quién busco para que mi vida sea Vida Eterna en plenitud? Pue bien, llegamos a la conclusión: Jesús, el Hijo de Dios, ha Resucitado. Él, por tanto, será quien nos pueda enseñar y, por su Amor Misericordioso, resucitar y hacernos eternos.

sábado, 20 de noviembre de 2021

LLAMADOS A LA RESURRECCIÓN

 

A la hora de adquirir algo nuevo la pregunta inmediata que viene a nuestra mente y salta espontáneamente es, ¿cuánto dura? La durabilidad está en relación directa con la felicidad y gozo que nos puede dar eso que adquirimos. De no durar – al menos lo suficiente – su valor decrece mucho en importancia.

Porque, todo lo que tenemos y somos queremos y nos importa mucho perpetuarlo. La felicidad si no dura no la consideramos tal. El gozo y el tiempo están en proporción directa con la felicidad. A más tiempo, más gozo y felicidad. Así que nuestro deseo y máxima aspiración es la felicidad y el gozo eterno.

Y concluimos descubriéndonos llamados a la Vida Eterna. A eso nos llama y para eso ha venido Jesús – el Señor – a este mundo. Nos llama a la Resurrección. Una Resurrección que, no sólo cambia nuestra vida, sino que nos transforma en ángeles eternos del Cielo. Una vida que no se concibe como la entendemos en este mundo. Una vida que no podemos siquiera imaginar. Simplemente, somos hijos de Dios y eso lo dice todo.

Nuestro Padre Dios es Dios de vivos y nos ha creado para una Vida Eterna a su lado en gozo y plena felicidad. Pero, una Vida Eterna que tendremos que elegir nosotros optando por creer en la Palabra de Jesús y siguiendo sus pasos. Indudablemente, necesitamos la fe.