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jueves, 26 de enero de 2023

LÁMPARAS PARA DAR LUZ

La lógica nos dice que una lámpara es un artilugio fabricado para dar luz. Sería contradictorio ponerla debajo de la mesa o esconderla debajo de la cama. Su objetivo para lo que ha sido fabricada es para alumbrar y dar luz. Luego no utilizarla en ese sentido sería algo ilógico y contradictorio a lo que se debe hacer.

Su lugar está pensado para ponerla en el candelero y alumbrar a todos para que vean. Ese símil fue utilizado por Jesús para enseñarnos y descubrirnos que nosotros somos, desde la venida del Espíritu Santo en la hora de nuestro bautismo, lámparas cuya luz debe ser la Luz de la Palabra de Dios.

El Evangelio es un don que se nos ha dado para compartirlo y es precisamente a eso a los que nos llama Jesús. Por la fuerza y acción del Espíritu Santo, auxiliados en su Espíritu somos lámparas que irradiamos la Palabra de Dios. Y a eso estamos llamados, a ser Luz del Evangelio en nuestros entornos vitales. Luz que expande la Palabra de Dios reflejándola en su vida. Una palabra que es lo que todo hombre y mujer espera, desea y busca, felicidad eterna.

Pero esa luz no la podremos dar sin estar conectados a la Luz Absoluta que nos trae y anuncia Jesús, el Hijo de Dios. Y que sólo a través de Él podemos alcanzar, descubrir e injertarnos en ella para irradiarla a todo el mundo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

EN ACTITUD RESPONSABLE

Mt 25,1-13
Todo se reduce a ser serio y comedido. Porque, quien es serio es prudente y piensa las cosas dos veces y actúa de forma sensata. A nadie se le ocurre ir de excursión o senderismo sin llevar una mochila donde guardar algo de agua, auxilios médicos o todo aquello que pueda necesitar en el camino. Sería imprudente no actuar así.

Nuestro cuerpo necesita unos cuidados y también un buen uso. Las fiestas necesitan moderación, porque, de no ser así pueden resultar, en lugar de fiestas ser tristezas y pasarlo mal cuando terminen las fiestas. Queremos significar que, de nada nos vale divertirnos si luego lo pasamos mal. Y eso nos descubre que debemos tener cuidado con nuestros cuerpos y nuestras satisfacciones, controlándolos y evitando el desenfreno y la locura.

Para eso, debemos estar vigilantes y atentos a la lucha contra las malas costumbres y contra todos aquellos que nos tientan con la embriaguez y las excesivas satisfacciones que nos descontrolan y nos apartan de la buena conducta y de la Voluntad de Dios. Y eso nos exige cierto control y dominio de nosotros mismos, y de todo lo que debemos practicar y hacer. No sea que se nos apague la lámpara por falta de aceite.

Por eso, debemos ser responsables y medir bien todos nuestros pasos, usando nuestras cabezas y voluntad para dominarnos y controlarnos, pues la experiencia nos dice que detrás de la fiesta viene la calma y el esfuerzo diario. Y para ello debemos estar preparados, con nuestras lámparas provistas del suficiente aceite ,para alumbrar el camino que nos conduce a, eso sí, la Fiesta principal y plena, a la que nos convoca el Novio. 

Una fiesta gozosa que nunca termina, porque con Él estaremos siempre gozando en plenitud y eternidad. Esa es la Fiesta para la que debemos guardarnos y cuidarnos. Y para la que debemos estar siempre vigilantes y en actitud orante y responsable.