- PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE - PRIMERA SECCIÓN «CREO»-«CREEMOS» - CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
II. Las vías de acceso al conocimiento de Dios
35 Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal. Pero para que el hombre pueda entrar en su intimidad, Dios ha querido revelarse al hombre y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelación en la fe. Sin embargo, las pruebas de la existencia de Dios pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS II.Las vías de acceso al conocimiento de Dios 35
Dios, principio y fin. ¿Quién más que Dios? ¿Tú? ¿Ése?...
Busca a alguien que haya estado siempre aquí: sólo Dios.
Esa es la conclusión a la que le lleva el raciocinio del hombre. Que él no es Dios, que sólo hay un Dios y que no es otro ser humano como él, sino que es un ser perfecto.
La experiencia del hombre es que es y deja de ser. Nace, puede reproducirse y muere.
El hombre es sólo una criatura de Dios.
Tú eres capaz de hallar la fe por la razón humana, porque Dios es el creador de lo humano y es la fe la que nos hace hallar a Dios que es Creador; por lo tanto, la razón humana y la fe, no tienen impedimentos en ir unidas en la realidad de la verdad que es que el hombre es capaz de hallar a Dios porque la naturaleza toda refleja a Dios que la creó al darle el beso del alma, de vida.
Tú, con tu razón ves que la fe tiene una razón de ser: La vida del hombre.
P. Jesús
Mi comentario:
Desde el momento que el hombre sacia su hambre material y humana, surge en él una pregunta, que no puede evitar: ¿Qué es y de donde viene? El hombre se conoce creado, nacido de la nada, y también finito: de la misma manera que nace tendrá que morir. Igual que los seres irracionales, qué por su irracionalidad no se preguntan nada, el hombre piensa en su camino, y busca respuestas que respondan a sus propios interrogantes.
Se sabe finito, pero al mismo tiempo experimenta deseos eternos. Se sabe pecador, con tendencias malas propias de su naturaleza, pero ansía y desea hacer el bien, y se esfuerza en ello. Su deseo más profundo es amar y toda su vida va en esa dirección. Pero experimenta que hace, muchas veces, lo que no quiere hacer, "el mal, y deja de hacer lo que realmente quiere "el bien", es decir, amar.
Experimenta vivencias amorosas, solidarias y generosas en favor de otros, pero pronto se olvida y vuelve a las andadas. Es su lucha y su cruz. Necesita ayuda de ALGUIEN, diferente a ÉL, Poderoso e infinito, dueño de todo lo creado, que lo ama y le promete ayudarle, pero eso exige fiarse, creer y abandonarse en sus Manos.
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
II. Las vías de acceso al conocimiento de Dios
34 El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas "vías", el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa primera y el fin último de todo, "y que todos llaman Dios" (S. Tomás de A., s.th. 1,2,3).
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS II.Las vías de acceso al conocimiento de Dios 34
Tú naces, vives y mueres. Los hijos de los hombres, nacen, viven y mueren; ninguno es Dios.
La tierra se transmuta y dicen que hay manchas negras en el sol; ¿entonces? ¿Qué es lo que perdura? ¿Quién está siempre vivo y siempre igual para que, siendo así, sea el que es y sea para siempre: Dios. Sólo Dios vive, vivió y vivirá; y el mundo y las personas tienen vida por la vida de Dios.
Busca a otro dios que sea Dios y no hay. Sólo hay un Dios: Dios Creador.
Acepta la verdad, y la verdad te hace libre para continuar por las vías de la fe.
El hombre necesita de que algo o alguien lo hiciera y lo siga conservando en vida, cuando tantas especies se pierden, ¿Por qué el hombre es hombre? Por ser a imagen y semejanza de Dios, de ese Ser creador; por eso el hombre crea y avanza en su perfección humana, se regenera la tierra para beneficio del hombre, que no puede hacer llover cuando quiere sino cuando Dios lo permite.
Que sea el hombre conocedor de si mismo, y verá que es semejante a Dios, y más se parece a Dios, cuando es bueno y obra el bien, siempre por unión con el Sumo Bien, que es quien inventó y tiene dominio del bien. El bien es por y para que el hombre sepa que por si sólo no es bueno, que necesita de la Bondad para ser bueno, porque la misma Bondad le enseña el camino del bien, y la bondad solo puede ser una: Lo perfecto: Dios. Esa es la parte espiritual del hombre: su linaje de Dios: Hacer el bien siempre por conocer el Bien que es Dios.
Si un hombre por si sólo pudiera ser bueno y hacer el bien siempre, sería Dios, porque sólo en Dios no hay error; sólo en Dios todo está calculado para ser perfecto en materia Divina, que sacada de ella está la humana, la física, la que vemos en la creación de Dios, pero que no es de principal calidad porque el hombre muere y, si muere es que no es perfecto, y por no ser perfecto no es ¡el no va más!, no es lo mejor de lo mejor. Entonces el hombre, aunque sale de Dios por la materia física que salió del barro de la tierra, sólo es por el hálito de Dios, que le da vida interior y física, perfecto en su imperfección de ser sólo semejante a Dios.
Busca el hombre a Dios en si mismo, porque es lo que conoce, a sí mismo; sabe que existe, porque se conoce y se trata consigo mismo, pero puede el hombre conocerse y tratarse por ser semejante a Dios, que se relaciona con el hombre y deja rastro de su contacto con el mismo hombre, que busca desesperadamente quién lo creó, quién lo amó en la cuna de su nacimiento: Dios, que lo puso allí, por su pensamiento y la acción de una voluntad tan poderosa que puede dar vida a los muertos como hizo Jesús, Dios. ¿Quién más resucitó a los muertos? Nadie, sólo Dios Hijo, por la voluntad del Padre y por Su Nombre: Jesús, hijo de María Virgen y de Dios mismo, y siendo Dios, puede dar vida a los muertos en el físico y en el alma del hombre que recuerda a Dios desde el momento que busca la bondad y la halla en hacer el bien, como pide Dios en el Evangelio: unido a Él, por Su mismo Nombre: Jesús.
Cuando tú desees ser bueno, buscarás la Bondad y hallarás a Dios en ella, porque Dios es el Sumo Bien.
P. Jesús
Mi comentario:
Si observamos en lo más profundo de nuestro ser sentimos el deseo de hacer cosas buenas. Hasta el hombre más sanguinario y retorcido desea hacer cosas buenas, o mejor, ama el bien y la justicia y aun deseándolo hace lo contrario, el mal. Pablo de Tarso experimentó eso: "sentía deseos de hacer el bien e, incoherentemente, hacía el mal. "Hago lo que no quiero y no hago lo que quiero. Esa es nuestra cruz y nuestra lucha: ir contra corriente y contra nuestra naturaleza humana egoísta. Amamos, pero equivocadamente pensamos que queriéndonos a nosotros mismos seremos felices.
Sin embargo, paradógicamente, la felicidad no la encontramos por ese camino. Cuanto más nos amamos a nosotros mismos, más nos alejamos de ser felices. Y eso es algo que todos hemos experimentados. Sólo en la renuncia, en la entrega y servicio a los demás encontramos pepitas de felicidad que nos hacen sentirnos lo que realmente somos: hijos semejantes a DIOS.
Somos semejantes porque sentimos y queremos ser perpetuos, es decir, estamos llamados a la eternidad. No nos conformamos con ser felices temporalmente, queremos ser felices eternamente, y en eso nos parecemos también a nuestro PADRE DIOS. Por donde quiera que nos miremos no podremos negar que somos hijos del PADRE ETERNO y como tal, eso queremos ser. Y nuestro PADRE quiere también que lo seamos: "Sólo depende de nosotros, ÉL nos espera".
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
II. Las vías de acceso al conocimiento de Dios
33 El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La "semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia" (GS 18,1; cf. 14,2), su alma, no puede tener origen más que en Dios.
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS II.Las vías de acceso al conocimiento de Dios 33
Ese deseo del hombre de no morir, de vivir y tener y poseer, y dominar la tierra, de adquirir para sí la belleza misma de la naturaleza, y deleitarse los sentidos en la plenitud gozosa de su corazón intrépido, y deseoso de lo que percibe, aunque sus ojos no ven, pero sabe, siente y presiente el amor en lo creado, en todo lo creado por la delicadeza de un Dios de bien y bondad, de justicia y equidad, porque la equidad es mejor que el bien, es lo justo por su propio ser.
Busca el hombre en sí mismo la alegría de la unidad con el todo, el saber que pertenece al Todo que es Dios, y, aunque no le pone nombre, lo siente suyo y se siente parte de Él, por presentir esa unidad tal, que todo es de todos, y lo cubre el amor de lo perfecto, de ser lo que se es, siendo lo que se es, en ser lo que cada uno es, por la misma gracia de Dios.
Busca el hombre y busca la conciencia del hombre; no son sus manos las que buscan, ni es su corazón el que siente que por querer que, sea lo que desea que sea, sino que la conciencia es lo que es, por ser lo que existe en lo que se ve y en lo que es, y es la conciencia la exactitud en la verdad, y no la verdad que cada uno puede ver según su corazón, sino la verdadera verdad, y la verdad proclama a Dios, y la verdad quiere que cada uno exista en el siempre que es Dios, que ha creado lo que le deleita los sentidos, todos los sentidos, los humanos y los espirituales; y se da cuenta de que hay algo más que lo que ve o lo que siente por deseos de sus percepciones, sino que hay la vida espiritual en el hombre, que es parte de todo lo creado y que pertenece al Creador, porque le atrae como un imán la belleza de la bondad sin mancha, la belleza del beso de amor con que Dios creó al hombre.
P. Jesús
Mi comentario:
El hombre camina y no puede evitar buscar. Su peregrinar errante es un camino de búsqueda. Búsqueda de la verdad y la belleza, por eso es libre, porque siendo libre busca el bien, la verdad,y lo bello. Porque nada falso es bello. Y en ese peregrinar se hace muchas preguntas que le hacen un ser trascendente, un ser que se pregunta por su Creador. Porque todo lo creado le remita a su Creador.
En esta inquietud de búsqueda, el hombre descubre que todo lo que le rodea le habla del Creador y, por lo tanto, toda su vida tendrá sentido si encamina sus pasos a su Origen y Creador. Ir por otro camino terminará destruyéndolo, pues sólo está hecho para salir y llegar al PADRE que lo ha creado.
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
II. Las vías de acceso al conocimiento de Dios
32 El mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.
S.Pablo afirma refiriéndose a los paganos: "Lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad" (Rom 1,19-20; cf. Hch 14,15.17; 17,27-28; Sb 13,1-9).
Y S. Agustín: "Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo...interroga a todas estas realidades. Todas te responde: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión ("confessio"). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza ("Pulcher"), no sujeto a cambio?" (serm. 241,2).
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS II.Las vías de acceso al conocimiento de Dios 32
Sólo lo bello es real, porque sólo lo bello es bueno, y por ser bello y bueno es perfecto.
Lo bello y bueno ha salido del amor, porque, cuando se ama de verdad, sólo puede salir de uno lo mejor de cada uno. Cuando amamos bien, somos mejores; cuando nos gusta lo bello, buscamos el amor, y todo esto está impreso en la realidad del mundo; en la creación de lo creado hay belleza, hay bondad: hay amor.
¿Y quien pudo hacer las cosas, crear las cosas así: bellas, buenas, con amor? Sólo alguien perfecto, sólo alguien que no se dejara influir por otros, y por lo cual sea y es Superior a todos; porque en su sentencia, por las obras que vemos en la realidad de lo que son cielos y tierra, vemos un gran amor, una total libertad de expresión; dejando a la creación crear a su antojo, y desde la pequeña flor al más grande de los planetas, todo es perfecto en ello, y tan perfecto que no interrumpe uno la función del otro, es más, se complementan todas las realidades de todo lo que es y hay en la creación.
Una perfección tal, una demostración de amor tal, sólo puede salir de Dios. Del que es, del que se denomina: Soy el que soy, y por serlo, es lo que es y hace lo que hace, y nosotros, los hombres, dentro de esta declaración de amor de Dios con sus obras, sabemos que el Amor nos creó y nos eligió para la belleza, la bondad, el Amor.
Si investigamos interrogando cada cosa, qué es, cómo es, vemos es cada existencia la totalidad de un Dios de Amor, Belleza, Bondad.
El agua es buena, aunque a veces se desborda y hace maldades, pero el agua es buena de por si, es bella, se entrega con amor, se da de lo que es para saciarnos la sed y limpiarnos por dentro y por fuera del cuerpo, aunque algunos han muerto ahogados por agua; entonces, ¿es mala el agua? La circunstancia es lo que fué mala. Dios hizo el agua, y las circunstancias están sujetas a la unión del todo lo creado, que por el pecado original está entregado al mal, a la no obediencia de lo que es por ser creado como es. Así ocurre también con las personas, no somos malas, pero, o por las circunstancias enfermamos y padecemos mal, o nos hacen maldades por mal funcionamiento de otros, que no son por lo que han sido creados, sino que, usando de su libertad, siendo buenos no hacen el bien, sino que por unos porqués que se dejan influir en ellos, no apartando lo malo de si mismos, llegan a cometer maldades, a no usar del bien, de la belleza, del Amor que son.
Muchos, en momentos críticos, quisieran que Dios, en su bondad, no los hubiera dejado libres, y lloran buscando al amor con que fueron creados por Dios; ese resurgir del hombre en busca de su bien, lo puede llevar al Sumo Bien, y si obedeciera a Dios, cumpliendo con Su Ley, con los diez mandamientos de la Ley de Dios, estarían sujetos, como pretenden. Pero no quieren poner su voluntad; van al otro extremo, pasan de un total libertinaje de la libertad a querer una dictadura, y Dios no es dictador, Dios, que es el Amor, no es dictador; nadie que ama de verdad, exige que se le ame. Quiere que se le ame pero no lo exige; espera de la voluntad del hombre, porque hay en el hombre la predisposición en su libertad de decidir y ejecutar lo que uno decida, y por la perfección del cuerpo, tiene pies y puede marcharse o acercarse, y puede hablar o callar, y puede decidir hacer o dejar de hacer. Y si otros le quitan está libertad de movimiento del cuerpo, tiene el hombre la voluntad de hablar consigo mismo y pensar racionalmente lo que desea hacer en lo que es: alma. Y pueden torturarle personas o enfermedades, pero fiel a su voluntad puede y decide amar al Amor y va a todas por amar al Amor, usa de su cuerpo para expresión de este amor a Dios, al Amor, y nadie puede apartarlo de su libre voluntad de amar con todas sus fuerzas a Dios, ¡antes perdería la vida del cuerpo! Y así quiere Dios que se lo ame: sobre todas las cosas, pudiendo hacerse, teniendo como precedente a San José, que como tú nació con la marca del pecado original, pero vivió para servir a María, su esposa y la Madre de Dios.
Tú puedes hacer como San José y servir a María cuidando de que Jesús, Dios, sea conocido por todo el mundo, a través de tu bondad, de tu belleza en el amor con que amas libremente y con tu propia voluntad a Dios, y haces obras de fe como es propagar el Evangelio, vivir el Evangelio. Porque si el mundo, todo lo creado, te lleva a Dios, Dios mismo en Jesús, que es Dios, al entregarse a ti, al quedarse en la vida por vía de los Santos Sacramentos, que la única Iglesia de Dios posee y cuida y tiene y contiene en su fe; la fe de creer y obrar con libertad en la voluntad de su fe, de proclamar el Evangelio, de vivir el Evangelio, porque la belleza de un Dios de amor y bondad, dejó sufrir a su cuerpo humano, engendrado por Dios mismo en las purísimas entrañas de María siempre virgen, mujer elegida por Dios y cubierta por la Gracia de nacer sin pecado original para así poder libremente contener en ella, por su “Sí”, al Dios de Amor en su interior, y ser el Vaso que contiene el Agua que sacia la sed y que lava el cuerpo y el alma; y digo el cuerpo, porque muchos milagros de salud derrama aún hoy Dios mismo, a través y por intercesión de Santa María al mundo, y sana al cuerpo y sana al alma; la saca de su abatimiento y la envuelve con el amor de la fe y así, cubierta de belleza espiritual, avanza por la vida material con el resplandor del Amor reflejado en ella, y es luz en las tinieblas y es, por el conocimiento de Dios, que amándole sobre todas las cosas, vive la fe que es viva y es buena y es bella por Amor, por amar al Amor y vivir sólo por este amor de amar a Dios sobre todas las cosas.
Cree en Dios, oh alma mía, cree porque todo lo que se ve y se respira es la belleza de su Amor en la acción de su bondad. Oh, alma mía, encuentra a Dios que está en todo lo creado, en todo lo que ves. Interroga a la belleza y te dirá a quien ama, a quien refleja: A Dios, su Creador.
P. Jesús
Mi comentario:
Pocas palabras se pueden añadir al comentario del Padre Jesús, sólo mi pobre y humilde experiencia de constatar lo que él muy bien dice. Todo lo creado habla de su Creación y con ella, nuestro PADRE DIOS se manifiesta y habla a los hombres. Muy tercos y ciegos, embotados por las caducas y finitas cosas de este mundo, tenemos que estar para no darnos cuenta del gran regalo que nuestro PADRE nos hace y lo que no jugamos por basura, como diría Pablo de Tarso, al no escucharle y prestarle atención.
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
II. Las vías de acceso al conocimiento de Dios
31 Creado a imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios descubre ciertas "vías" para acceder al conocimiento de Dios. Se las llama también "pruebas de la existencia de Dios", no en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el sentido de "argumentos convergentes y convincentes" que permiten llegar a verdaderas certezas. Estas "vías" para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana.
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS II.Las vías de acceso al conocimiento de Dios 31
¿Quién hizo el mundo?: ¿tú?. ¿aquel?, ¿algún antepasado tuyo?, ¿un rey?...
Y, ¿por qué tendría que ser un rey? ¿Por qué tiene que haber sido alguien importante que hiciera todo eso que vemos y lo que no vemos? Porque hay muchas cosas, mucha diversidad de seres y cosas y personas: blancos, negros, mestizos, chinos, indios y tú mismo, que también eres distinto a todos, por lo menos te sientes así: distinto a los demás, ¡único!
Te sientes único y grande e importante porque eres a imagen y semejanza de Dios, el Único, el Grande, el Importante: ¡¡Dios!!
Busca el hombre su historia:
“¿De dónde he salido? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?”
“¿Dónde están los que han vivido antes que yo? ¿Por qué se fueron? ¿Por qué se van?”
La existencia del hombre busca, indaga y halla respuestas, pero a veces no son la verdad, porque sólo hay una respuesta, que está en lo que somos: imagen y semejanza de Dios.
Dios quiere que unos a otros nos ayudemos en el camino de salvación. Dios quiere que, como a imagen y semejanza Suya, como él hizo, nosotros también nos entreguemos al servicio de la causa, la causa de por qué vivimos; la causa de por qué los que estaban ya no están.
Todos quieren saber ésto en un momento u otro de la vida, porque muere alguna persona amada y desaparece, no vuelve; entonces: ¿Qué ha pasado?
Lo cierto es que lo natural en todo ser animado, es lo natural en el hombre: Nace, vive y muere; y nacen otros, pero no el que se ha ido. No ha nacido jamás otra persona exactamente y completamente igual a otra que ha partido ya.
Eso nos demuestra que es lo normal en el ser humano: nacer y morir.
Entonces, si es lo natural, ¿Qué hemos venido a hacer aquí?
¿Quién nos ha colocado aquí y para qué?
Estas preguntas y muchas más, martillean nuestra puerta del saber. Golpea la vida con sus porqués a la mente que sabe cosas pero no sabe ésas. Sabe cómo comer, como andar y hablar, pero no sabe de dónde viene ni a donde va. ¿¡¡Porqué!!?
“¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?...”
Tenemos la ayuda de nosotros mismos que deseamos saber y, ¿por qué tenemos deseos de saber?
Como el instinto de comer, tenemos el instinto de querer saber; y este instinto como el comer, nos da vida por comer, y el instinto de querer saber, nos da vida después de esta vida.
Dios nos selló con el instinto de lo que necesitamos hacer y saber para ser.
El hombre, por sí mismo, puede hallar a Dios, porque su instinto se pregunta “¿Por qué?”
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
I. El deseo de Dios 30
30 "Se alegre el corazón de los que buscan a Dios" (Sal 105,3). Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, "un corazón recto", y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios. Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza: grande es tu poder, y tu sabiduría no tiene medida. Y el hombre, pequeña parte de tu creación, pretende alabarte, precisamente el hombre que, revestido de su condición mortal, lleva en sí el testimonio de su pecado y el testimonio de que tú resistes a los soberbios. A pesar de todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo le incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti (S. Agustín, conf. 1,1,1).
Meditación:
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS I. El deseo de Dios 30
Amar a Dios, encontrar a Dios, esta es la alegría del hombre, es su gozo y condición de vivir en la tierra, para que encontrando a Dios se una a Él, ya en este mundo, por la Eucaristía, y viviendo juntos, creatura con el Creador, se alegre el corazón de los que ansían el amor verdadero, el amor que no acaba y que realmente goza con él, con este bello y puro amor, el cuerpo y el alma de toda persona humana. Y no sólo eso, sino que cada quien que tenga a Dios, estando unido en Su Divinidad, esta misma Divinidad de Dios que está en cada bautizado católico. hace que los futuros santos ya en vida sean parte del cuerpo místico de Dios mismo, que viviendo en cada uno, une a cada uno. a todo el amor con que es amado y por lo cual el amor de Dios enciende la llama del mismo amor en cada corazón y en el mundo. Pero para eso hay que amar de verdad y sobre todas las cosas a Dios. Y Dios ama, ama y espera que dejes los goces de la tierra, del mundanismo, de ti mismo, para que desees gozarte en Él, en la felicidad de ser amada la criatura por su Creador: Dios.
Nadie es feliz, verdaderamente feliz sin Dios. Puede tener cosas y disfrutar de ellas, pero nada es comparable a las delicias del amor de todo un Dios que ama y amando crea y creó a las almas que, teniendo cuerpo, viven y lo buscan, y al hallarlo se gozan en el Amado y por siempre jamás descansan al amor de Su Dios de Amor. El Dios que por amor vino al mundo, vivió en el mundo como uno de nosotros y habló al mundo como Dios y así todos oyeron a Dios y se gozaron en Su Palabra, la Palabra del Amor.
No descansa el alma hasta que recupera las caricias del Amor de Jesús en la Cruz; cuando Dios entregó su vida humana para abrir la puerta del SIEMPRE y dejarnos pasar a la ETERNIDAD del Omega, siendo el Alfa la Luz de Amor de todo un Dios que vive Amando y para Amar su propio Amor. Dios y Amor es lo mismo en la Eternidad del Sí de María que lo pronunció para dicha y goce de toda generación, por los muertos que fueron a ser recogidos y llevados cada quien según su propio juicio, y a los que iban a morir después de Él, porque el Cielo abre las puertas que son llamadas: Espíritu Santo, y eso es Dios Espíritu Santo: La Puerta del Santuario del Cielo, del Amor de todo un Dios Uno y Trino. Y digo puertas, porque se abrió el Cielo y se abrió el Purgatorio, para que nadie que no desee ir al Infierno vaya, sino que aun en el último momento, en última instancia, hay el Purgatorio, donde las almas que aman poco, aprendan con el sufrimiento a amar más.
Gracias Amor por Amar.
P. Jesús
Mi comentario.
Muchos de nosotros hemos llegado a pensar que JESÚS, que nos revela al PADRE, fue un paranoico, un revolucionario idealista y trastornado, que nos propone una utopía de salvación contraria a nuestros deseos y apetencias y sentimientos.
Ante estas respuestas respondo desde mi interioridad y deseos más profundos. Y es que nadie puede negarse que el deseo más profundo de su corazón es el amor. Basta simplemente observar desde la sinceridad y la verdad que a todos nos gusta ser amados y tenidos en cuenta. ¿O no es verdad que buscamos ser amados?, pues por mucho que amemos si no somos correspondido no nos sentiremos felices.
Todo nuestros actos son inducidos a desprender amor en los demás y la mejor manera de lograrlo es amando también nosotros. Por eso, el ser humano es relación amorosa, tal cual es el PADRE, que nos ha creado semejante a ÉL. Y sin Amor nada somos, pero un amor que, primero, es entrega, renuncia a sí mismo por el ser amado, entregado, ofrecido, comprensible, disponible, bondadoso, suave, bueno... Y ese es nuestro PADRE DIOS, nuestra referencia y meta.
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
I. El deseo de Dios 29
29 Pero esta "unión íntima y vital con Dios" (GS 19,1) puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre. Tales actitudes pueden tener orígenes muy diversos (cf. GS 19-21): la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas (cf. Mt 13,22), el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios (cf. Gn 3,8-10) y huye ante su llamada (cf. Jon 1,3).
Meditación:
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CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS I. El deseo de Dios 29
Si uno no se une a Dios en una relación íntima: ¡muere!
No se puede vivir sin amor.
No se puede vivir sin que sientas el amor con que Dios te ama.
Una persona no vive cuando no conoce y ama a Dios.
Dios no nos necesita para nada, pero nos quiere. Por eso los mandamientos de la Ley de Dios, no son para hacerlo feliz a Él, Dios se basta a sí mismo para ser feliz, es Él quien hace felices a los demás si esos demás, nosotros, le amamos sobre todas las cosas. Los mandamientos son para que estemos vivos viviendo según el plan de Dios que nos creo por amor. La ley de Dios es para que siguiéndola podamos sentir, vivir, el amor de Dios. El pecado nos aparta de Dios, por eso no es bueno para nosotros, el pecado nos niega la felicidad porque al pecar no podemos sentir el amor con que Dios nos ama, porque el amor verdadero, el amor de Dios es puro y bueno y sólo quien es puro y bueno puede disfrutarlo, por eso Dios tuvo la bondad de darnos las leyes, sus Leyes, la Ley de Dios, para que sepamos como hallar el amor, Su amor, el Amor verdadero.
La unión con Dios es una unión vital porque vivimos de Él, por Él, para Él. Sin Él, sin Dios, morimos. Así de claro os lo digo amados hermanos en Cristo: Sin el amor de Dios en nosotros, nos morimos, y para tener su amor debemos cumplir los mandamientos. ¡No hay otra!
Si no nos unimos a Dios morimos, pero unidos a Cristo, Él murió por nosotros. Su muerte vale por cada una de las muertes de cada hombre nacido de mujer. Antes de la venida de Cristo, las personas morían y morían, no tenían la posibilidad de regresar a Dios, por eso Satanás perseguía la vida de Jesús utilizando de malas personas que deseaban su muerte antes de tiempo; recordemos a Herodes que les dijo a los Reyes Magos que lo avisaran cuando encontraran al Mesías. Y ¿Qué hizo? Hizo matar a todos los niños menores de dos años. La mano de Satanás empuñó la firma que selló la muerte de los inocentes.
Volvamos a la muerte antes de la muerte de Dios. Eso era la muerte; después de morir Dios en el cuerpo de Jesús hay vida, vida en el Cielo o en el Infierno, pero la vida sigue fuera del cuerpo. El amor regresa al amor y quien no es capaz de volver a sí mismo, que cada uno es amor salido de Dios porque Dios lo creo con amor, entonces va al Infierno a vivir sin amor, ¡sin Dios! Es así de claro, es renunciar al amor, a sentirse amados por Dios Creador, Salvador y Redentor.
Y Dios nos llama, Dios Espíritu Santo, después de morir Jesús, Dios nos lo envió para consolarnos. ¿De qué? De la pérdida del amor, al vivir en la vida terrena, en la esencia humana. Dios Espíritu Santo ha venido a amarnos, es Dios mismo que ha venido a amarnos, pero sólo lo podemos hallar en los sacramentos; quien no es católico, éste no puede sentir el amor de Dios, puede sentir sus deseos propios de amarlo, porque toda criatura busca al Amor, pero es, son, sus propios deseos de amor: el amor verdadero sólo está en Dios y Dios sólo está en los sacramentos, está allí verdaderamente presente. Y, ¿Por qué no se nos entrega Dios a todos y cada uno? Y lo hace, Dios se entrega a todos y a cada uno, pero ese uno debe usar de los sacramentos, porque es la única vía de conducta humana que puede conseguir que nos unamos a Dios mismo, porque Dios no es de este mundo humano; vivió en este mundo humano por 33 años, y la única vía de ir a Él, a Dios, es a través de Dios mismo en Jesús. Debéis comprender esto, debéis comprender que sois de otro mundo, hemos venido de otro mundo a vivir a la tierra para pasar las pruebas que le van a demostrar a Dios que su amor, el amor salido de Él, regresa a Él; libremente lo ha encontrado, libremente lo ha buscado y lo ha hallado y libremente dice “Sí, Servían”. Y lo cumple y sirve a Dios, ¿Cómo? ¿Cómo, si Dios no necesita de nadie? Sirviendo a los demás. Así se le demuestra a Dios que se le ama, haciendo lo que Él hizo, se hizo humilde y sirvió a Dios Padre, cumpliendo todos los mandamientos de la Ley, siendo Él la misma Ley cumplida también. No es difícil de entender, es fácil, medítalo que seguiré con ello. Pero mientras no vuelvo a escribir, piensa eso, piensa que Dios te ama, que eres amado por Dios, sencillamente porque eres su amor. Él te ama y tú eres su amor, y dejó libre al amor con que él ama a cada uno de los hombres para que ese amor, ¡tú!, amor de Dios salido de Él mismo, regrese libremente a Dios, de donde salió, porque eres amor, ¡amor!, el amor con que Dios te ama, eso eres tú: Amor, y sin amor, sin lo que eres, y eres el amor con que Dios te ama, no puedes vivir, no eres, porque tu esencia es amor, y los que van al Infierno son los que se han olvidado completamente de Dios, de ese amor que son: desapareció, y olvidándose de Dios, se llenó de esencia de lo contrario del amor: de odio, y el odio no va a Dios, va a Satanás que es su padre, el padre de la negación de ser amados por Dios, de ser hijos de Dios por amor, porque Dios Padre nos creó de ese mismo amor que es Él y que ama y esa manifestación de amor en cada uno de nosotros es Alma, nuestra alma que es amor de Dios y es para Dios y hasta que no reconoce a Dios se juega la vida en la Eternidad de Dios que es Amor.
Quien tenga sentimientos los escudriñe y quien tenga fe crea en que Dios lo ama y es amor de Dios. Eso eres tú, amor de Dios.
P. Jesús
Ser capaz de dar gratuitamente todo el amor que está contenido dentro de nosotros, tal y como lo hemos recibido, no podremos hacerlo sin la asistencia y ayuda de DIOS. Porque de ÉL lo hemos recibido y sólo con, en y por ÉL podemos entregarlo y ofrecerlo a los demás. Como muy bien lo explica el Padre Jesús, sólo DIOS basta y únicamente en JESÚS podremos encontrar la luz que nos alumbre el camino para peregrinar en la Verdad hasta la Casa del PADRE.