jueves, 15 de septiembre de 2011

SÓLO DESDE EL DOLOR Y EL SUFRIMIENTO SE ENTIENDE EL AMOR (Lc 2, 33-35. Jn 19, 25-27)

 Nuestra Señora de Los Volcanes. Patrona de Lanzarote.

El amor se descubre en la adversidad. Por eso, no hay más amor que el que da un padre y una madre, porque lo dan todo desde la gratuidad y hasta el extremo. Al menos así lo sienten. Y eso hizo María, guardarlo todo en su corazón obediente y entregado hasta aceptarlo y sufrirlo con paciencia y fidelidad a la Voluntad del PADRE.

La Cruz es el momento de la prueba, es el momento del testigo de una amor comprometido y confiado al compromiso de la fe. Es la hora de la entrega del hijo a su Madre, y de la Madre al hijo. Nadie es huérfano, nadie queda sin Madre, porque en la Cruz hemos recibo todo el amor de un PADRE que nos da a su misma Madre. María, Madre de DIOS, es también desde la Cruz, Madre de todos los hombres.

Señora, Madre de los Dolores y Madre mía, ayúdame desde
el dolor de la Cruz, que sólo tú pasaste y experimentas,
a aceptar y asumir yo también mis dolores y
mi propia cruz.

Madre mía, a tu amparo me acojo y me entrego,
para que, por tu intersección, sepa encontrar
mi camino de cruz, que sé que lo tengo, y
soportarlo en tu HIJO JESÚS. Amén.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

LO QUE NO SE TIENE NO SE PUEDE DAR (Jn 3, 13-17)

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: «Nadie ha subido al ...

Porque sólo se puede dar de aquello que se tiene. Así, sólo Quien haya bajado del Cielo, puede subir a él, el HIJO del Hombre.Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.

Sólo desde la Cruz podemos encontrar al SEÑOR, porque sólo en el dolor y el sufrimiento necesitamos de ÉL. Sería difícil que, aunque también está, lo podamos ver en la vida fácil, cómoda y a favor de corriente, porque en esos momentos nada nos hace falta. Y cuando no hay necesidades, tampoco hay búsquedas ni inquietudes. Todo está bien. Es lo que sucede cuando tu equipo gana. Se ven los errores, pero sin darle mucha importancia. Se ha ganado que es lo importante.

Por eso, JESÚS nos habla y nos redime desde el dolor, desde el sufrimiento, desde la Cruz. No son sólo Palabras, sino vida testimoniada al final en una muerte de Cruz. Es la autoridad de Aquel que nos salva y nos redime. DIOS PADRE se nos presenta cuando más lo necesitamos, en el dolor y la enfermedad; en los contratiempos y tempestades; cuando la vida se pone dura y difícil de soportar; en las cruces que salen en nuestro peregrinar, porque aunque nos las veamos, están ahí y sabemos que llegarán. Ahí está el SEÑOR, para darnos esperanza y salvación.

DIOS mío, sé que mi vida tiene cruces. Cruces que
desprende dolor y sufrimiento, pero TÚ me
has enseñado primero que eso no es
el final, sino el paso, por la
Cruz, para la Vida Eterna. Amén.

martes, 13 de septiembre de 2011

ÉL ES SEÑOR DE LA VIDA Y DE LA MUERTE (Lc 7, 11-17)


Encontrarse con JESÚS es renacer a la vida eterna, pero, a pesar de eso, evidente y asombroso para muchos de sus contemporáneos, me pregunto, ¿cuántos de aquellas personas que presenciaron la resurrección del hijo de la viuda de Naín creyeron en el SEÑOR? Y cuando digo creyeron en el SEÑOR me estoy refiriendo a que sus vidas dieron un giro de 360 grados.

Porque hoy ocurre lo mismo. Muchos  de los que leemos esta Palabra del SEÑOR continuamos nuestra vida impasible y sin inmutarnos. Otros ni se preocupan de leerla, menos vivirla, y de oírla casualmente, en nada les influye. Para muchos, este mundo es un mundo cuyo destino es la muerte. Por eso viven la cultura de la muerte y hacen de ella un destino y una meta. Sin embargo, JESÚS es el SEÑOR de la Vida, que vence a la muerte y que proclama que el hombre está hecho para la vida. Por eso la defiende.

Sin embargo, si creo que a muchos de aquellos que allí se encontraban les afectó y cambió su vida. Porque encontrarse con JESÚS significa eso. ¿Quién no cambia cuando encuentra la respuesta a que la muerte no tiene poder sobre él? ¿Quién se queda igual cuando descubre que JESÚS de Nazaret es el SEÑOR de la vida y la muerte? Sería irracional quedarse impasible ante tal evidencia.

Supongo que para aquella viuda y su hijo, la vida cambió en ese sentido. Y supongo que para nosotros, que tratamos de vivir ese encuentro, la vida debe cambiar también. En JESÚS  la vida se hace eterna y gozosa, por eso, buscarlo y encontrarse con ÉL debe ser nuestra mayor aspiración.

¿Estás tú en esas coordenadas? ¿Buscas tú ser eternamente feliz? Es decir, ¿buscas la vida y la felicidad para siempre? ¿Existe? ¿Hay Alguien que lo puede hacer? ¿Dónde lo buscas? Son preguntas que todos nos hacemos, pero ¿tratamos de darles respuestas?

SEÑOR, te pido la luz y la fe para tener los ojos abiertos.
Los ojos del alma que me permitan ver tus
hechos, tu Misericordia, tu poder 
sobre la muerte y la vida. Amén.

lunes, 12 de septiembre de 2011

LA FE ES UN DON DE DIOS (Lc 7, 1-10)


Experimento que, a pesar de que quiero sentir la fe, no puedo, y sólo estoy a merced de que entren en mí esos sentimientos de creer. Quiero significar que el hecho de tener fe no es algo que mi voluntad domine, ni tampoco la puedo comprar en algún lugar. La fe es un don de DIOS y la recibimos cuando, donde y como ÉL quiera.

Otra cosa bien distinta es que, yo quiera tenerla y me empeñe en pedirla y en poner toda mi voluntad, que si puedo dominar, al servicio del empeño de creer. Tengo que confiar que nuestro PADRE DIOS, Bondad y Misericordia Infinita, me la dará en la medida que yo la quiera aceptar y recibir. 

Creo que fue lo que pasó con el Centurión del Evangelio. El pensó que JESÚS podía sanar a su siervo, y no sólo lo pensó, sino que su fe en ello le hizo moverse y enviar, porque no se consideraba digno de pedir ese favor, era extranjero y pensaba no tener derecho a merecer nada, a una misiva a pedirle que sanara a su siervo. 

Incluso, su osada fe le llevó  a pedirle que sólo con unas palabras bastaría para sanarlo, porque se decía: Yo que soy un subalterno tengo siervos que les digo hagan esto, y lo hacen, cuanto más, podía hacer ese JESÚS del que había oído grandes prodigios. Verdaderamente, aquel Centurión había tomado conciencia de que se trataba de Alguien diferente, del SEÑOR de la Vida y la Muerte, del HIJO de DIOS.

Y eso, como ocurrió con Pedro, no es cosa de los hombres, sino de un don que DIOS da al hombre que limpiamente se pone en sus Manos. En estos momentos recuerdo y pienso en los niños. Esos niños tan puros y limpios que creen todo lo que sus padres les dicen, y lo creen tan confiados y seguros que lo hacen. Algo así creo que debe ocurrir con nuestro PADRE DIOS.

DIOS mío, aumenta mi fe y aparta de mí todo deseo
razonador y científico que me incita a sólo 
creer lo que veo.

Dame la sencillez de los niños y la confianza de 
dejarme guiar y llevar por tu Palabra, y,
como el Centurión, que no me 
pregunte el cómo, sino
que confíe en que
una Palabra tuya 
bastará para sanarme. Amén.

domingo, 11 de septiembre de 2011

EL FIN DEL CAMINO: "EL PERDÓN" (Mt 18, 21-35)


El recorrido es largo y está lleno de cruces. Cruces que, queramos o no, llegarán, porque el dolor es algo tan natural que tarde o temprano aparecerá en nuestra vida. En nuestras vidas, el dolor, forma parte de ellas y, observemos, que es bueno que venga, porque en los dolores es donde encontramos a JESÚS, y en ÉL podemos encontrar el perdón de ser perdonados y de perdonar nosotros también.

Es difícil reparar en los demás cuando nosotros estamos en la abundancia, en el gozo e instalados en el bienestar. Es más, no nos hace falta nadie ni nada. Lo estamos pasando bien y en esos momentos de bienestar es difícil encontrarnos con JESÚS. Pero cuando llega el dolor y experimentamos necesidad de sanación, buscamos a quien nos pueda sanar. Y es entonces cuando recurrimos al médico, cuando imploramos la ayuda de los otros.

Sin embargo, hay enfermedades que no puede encontrar sanación sino en JESÚS, SEÑOR de la muerte y la vida, y sólo en ÉL seremos salvados. Es entonces cuando experimentamos que el dolor nos ayuda a encontrarnos y a encontrarlo, y en los dolores experimentamos la vivencia del perdón y de perdonar.

Por eso, en nuestro peregrinar, el camino va dirigido a encontrarnos con el perdón, por la Misericordia de DIOS, y a devolver ese perdón a los hermanos. Esa es la perfección que buscamos y que sólo encontraremos en la celebración constante de nuestra fe; en la vivencia de lo que creemos y celebramos y en la oración permanente con el SEÑOR. Porque sólo el SEÑOR nos habla desde el propio dolor: "La Cruz".

Y no es que queramos las cruces en nuestras vidas, sino que las necesitamos para, desde ellas, experimentar y crecer en el amor y el perdón. Sólo en nuestra propia cruz se produce el encuentro con JESÚS.

PADRE del Cielo, dame la Gracia de aceptar y
experimentar el perdón de tu Amor, y
la fuerza de vivirlo también en
el perdón a los demás como
lo recibo de TI. Amén.

sábado, 10 de septiembre de 2011

LOS SENTIMIENTOS DEL INFIERNO (Lc 6, 43-49)


Sí, habría que reconducir nuestros propios sentimientos, y desde edades muy tempranas, porque de tener claros esos criterios la libertad será más libre y la voluntad será más dueña de dirigirla. Porque una cosa es sentir y otra muy diferente lo que se debe hacer. Todo está en función de nuestras responsabilidades, y para un creyente católico sus responsabilidades nacen de su compromiso de Bautismo.

Siento frío, pero no puedo evitar que no haya frío. Sí, otra cosa, puedo combatirlo y guardarme de sentirlo. Igual puedo sentir deseos de concupiscencias o apegos materiales de muchos ordenes, pero independiente de que sean recto o no, debo guardarme de ellos o, por el contrario, darle salida y realizarlos. Eso es, a mi humilde entender, lo que la Palabra de DIOS me dice hoy.

Un árbol bueno, dará frutos buenos, pero un árbol malo dará frutos malos. Ni el uno, ni el otro pueden cambiar sus frutos, pues antes hubo un tiempo de siembra y cultivo que desembocará en los respectivos frutos que cada uno dará. De la misma forma, tus frutos, los míos, dependerá de la siembre y cultivo de mi vida. Y si celebro, vivo y me relaciono con Aquél en quien creo, mi vida derramará frutos que vendrán de ÉL.

Quiero, SEÑOR, celebrar, vivir y estar unido a
TI cada instante de mi vida, para que
los frutos que de ella provengan
sean semillas de tu propia
vida injertada en mí.

Por eso, SEÑOR de mi vida, te pido que
no dejes que me aleje de TI, que 
tu Rostro lo tenga siempre a
mi lado y presente en
mi vida, y que sea
ÉL quien guíe
mi camino. Amén.

viernes, 9 de septiembre de 2011

QUIEN NO VE, NO PUEDE GUIAR A OTRO QUE TAMPOCO VE (Lc 6, 39-42)


Conocido es por todos la lógica y sentido común que quien es ciego no puede guiarse, ni guiar a otros ciegos. Pero, a pesar de ello, hay muchos que siendo ciegos pretende guiar a otros también ciegos, y, lo peor del caso es que siendo ciegos pretende ver la brizna de otros sin recatarse de las vigas que habitan en ellos.

Porque la peor ceguera no es la de nuestros ojos, sino la de nuestra mente, que busca la felicidad lejos de DIOS y en las cosas caducas de este mundo. Por ello, no se ven a sí mismo, y si ve lo malo de los otros. Y eso desemboca el infierno del odio, la venganza, la envidia... el infierno del bienestar que desata la lucha de clases, de riquezas, de poder, de primero yo y después tú ... etc. Es la ceguera de la cultura donde impera los sentimientos y las apetencias antes que la libertad y la verdad. Sometidos a la oscuridad.

Cuando no miramos, primero para nuestro propio interior, nuestra mirada dirigida al otro no es limpia, porque nos consideramos limpios nosotros y son los demás quienes nos manchan. Ese no mirarnos implica una ceguera por nuestra parte que nos hace ver briznas en los demás, pero no las vigas en nosotros.

Y ese mirarnos significa ser sinceros y testigos con nuestras actos y ejemplos, porque el que ve, actúa limpiamente y sinceramente delante del que no ve, precisamente para que vea y haga lo mismo. Eso es evangelizar. Significa eso que limpiamos su brizna, una vez limpiada nuestra viga.

Te pido, ESPÍRITU SANTO, que guíes mis pasos por 
caminos de verdad y ejemplos. Que primero
ponga mi vida, mi actitud y con ellas, mi
ejemplo.

Porque sólo con la verdad y la acción puedo
limpiar mi viga, y luego proceder a
quitar la brizna de mi hermano. Amén.